No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 15 de mayo de 2017

Con mis mejores galas

Queridos lectores, 

El último día en el que os escribí para poder contaros todo sobre mi acto de graduación, apenas tuve tiempo de acabar porque el tiempo pasa y la Cacademia me reclamaba, tenía que llegar a clase y todo eso. Pero está bien, porque resulta que no terminé de celebrarlo hasta unos días después. 

Parece que haya pasado mucho desde mi graduación simbólica, ¿no? A mí al menos me parece como si hubiera pasado mucho tiempo y, al mismo tiempo, como si no hubiera llegado a pasar porque esto de estar en prácticas siendo la misma estudiante pringada de siempre pero decir: "no, si yo ya me he graduado" como que se me hace raro. Pero así es la vida de un estudiante de medicina, no más ni menos. 

En fin, como de costumbre, me estoy yendo por las ramas. Os decía que estaba bien no haber terminado de contar todo lo de la graduación el otro día porque lo terminé de celebrar unos días más tarde ¿cuándo? Pues el sábado por la noche, al volver a casa tras un duro día de Cacademia, mis padres me dijeron que íbamos a cenar nosotros para celebrarlo y, sobre todo, darle un segundo uso al vestido ya que me había gastado el dinero. Lo último que me imaginaba yo era que, al llegar al restaurante, me iba a encontrar allí a toda mi familia para una cena-celebración sorpresa. Y una auténtica sorpresa fue, no me lo esperaba en absoluto. Yo entré, completamente ajena a lo que pasaría, y de pronto veo a mi abuelo ahí sentado, a él el primero que vi, y por un segundo me quedé en shock y luego pensé que ¡vaya casualidad, habíamos coincidido para cenar! (Algo raro, si me hubiera dado tiempo a seguir pensando me habría dado cuenta, porque mi abuelo nunca sale a comer fuera, es muy mirado con sus comidas) Pero ya os digo que apenas tuve tiempo de pensar porque enseguida vi al resto de tías, tíos y primos que gritaban y me aplaudían y no supe qué decir. Me supo un poco mal que se hubieran reunido todos para la celebración y solo hubiera sido una graduación simbólica porque aún puedo suspender los ECOES o cagarla en algo, que gran responsabilidad. Me pregunto si, en caso de fastidiarla y no hacer oficial la graduación, tendré que reembolsarles el coste de la cena *aquí me iría bien el emoticono del Whassap pensando*.

Ah, pero ya sé lo que me vais a decir, que deje de ser tan negativa, que claro que voy a aprobar. Desde luego, eso espero porque después de seis años la meta está a tan solo dos exámenes y dos trabajos de distancia. En realidad antes era solo un trabajo pero me han puesto otro, oh pero no me tiréis de la lengua que nos vamos de tema. Dejamos esto para luego. 

En fin, que me hizo mucha ilusión que toda mi familia se reuniera para celebrar mi graduación. Y aunque el vestido me apretaba el estómago y el exceso de tela me dio un calor importante, me lo pasé muy bien. Luego fui a bailar y todo. 

Pero bueno, como de costumbre, esta entrada me ha costado más de lo que tenía previsto y eso significa que se ha juntado con otro gran día: La Cena de Gala. Como su nombre indica, significa ir a cenar con tus mejores galas. Lo mejor de todo es que ahora que ha pasado puedo volver a comer con tranquilidad y sin sentirme culpable por si luego no me entra el vestido. Así que llevo un par de días comiendo helado como si no hubiera mañana y puede o puede que no, esa sea la razón de que ayer terminase por vomitar la cena. Los excesos nunca son buenos. 

En la Cena de Gala, aunque no lo creáis, conocí un mundo nuevo: el mundo del protocolo alimentario. He visto suficientes películas de Barbie y de princesas como para saber lo que es pero nunca, nunca, me había visto en la necesidad de usarlo ni creí que fuera a llegar el día. Eire y Sadee me hablaron de cómo en su casa usan servilletas de tela y tienen su propio servilletero y yo alucinaba, pensaba que era cosa de películas, de verdad os lo digo xD En mi casa usamos, en este orden de prioridad: una servilleta de papel, la manga, un trapo compartido. Y no es que no me guste la elegancia y la sofisticación, pero a veces está tan alejado del modelo con el que he crecido que me sigue impactando su existencia. También Eire me dijo que el truco para poder comerme toda la cena con el vestido ceñido apretándome en el estómago era no terminarme los platos y dejarse siempre algo. Aunque en realidad me preocupaba por nada porque las porciones eran mucho más pequeñas de lo que estoy acostumbrada xD así que me pude comer todo. Menos una bola de helado de chocolate, lo siento mundo, pero no me apasiona el chocolate. Aunque el helado sí, pero de otros sabores. 

Por cierto, si me permitís que lo diga, estaba bastante sexy con mi vestido rojo ceñido y de espalda al aire 7u7...casi diría que entraba en el top ten de las mejor vestidas que, con mis camisetas de minions, Dory y Juego de Tronos, no es algo que pueda decir a menudo xD. Fui a casa de Sadee antes de la fiesta, para vestirnos juntas. Sobre todo yo era la que necesitaba ayuda porque para cerrar mi vestido hacían falta dos personas y, ahora, me dedico a lanzarle a la gente que conozco indirectas directas para que se casen y me inviten y pueda volver a usar mi caro, incómodo pero favorecedor vestido XD.

Bueno y hoy da comienzo la última semana. Parece mentira, a mí me parece increíble estar ya en la última semana. Estoy contenta, claro, porque me voy del piso y adiós chinas, podré ver a mis perros todos los días, no tendré que ir al hospital todos los días, no tendré clases (solo la cacademia). Sí, suena bien. Pero también me da tanta pena irme de la universidad, dejar de refugiarme entre sus paredes. Hoy, en un arrebato emotivo, me he abrazado contra una pared y seguro que me han mirado raro, ni siquiera iba sola que será lo más raro, me han visto abrazándome a una pared, pero yo solo pensaba en lo que echaría de menos este sitio. Y no deja de ser irónico porque en esta carrera me he sentido tan atrapada a veces, aún hay días en los que pienso en lo que me espera y me entra vértigo, náuseas y escalofríos pensando en ser médica y en seguir estudiando a todas horas y en la responsabilidad que me espera y en ¿y si no estoy bien preparada? ¿y si la cago mucho? ¿y si tenía que haberme dedicado a poner una mercería en mi pueblo? En resumen, aún hay días en los que me agobio y el peso de la responsabilidad que adquirimos en esta profesión me sigue abrumando y ni siquiera he empezado. Pero es verdad que en todos esos malos momentos la universidad, no solo ha sido mi segundo hogar como decían en todos los discursos de la graduación, ha sido mi refugio, y este año, con las invasiones asiáticas ininterrumpidas, ha sido mi refugio y mi salvación. Y también echaré de menos tener un sitio así cuando me pase los siete días de la semana conviviendo con mi madre...

Ya tengo ganas de empezar a trabajar para independizarme! xD

Pero bueno, va siendo hora de ponerme con los dos últimos trabajos de la carrera (si no pasa nada y según mis cuentas). Una semana, chicos, apenas cinco días y tendré que decirle adiós a mi Alma Mater, como dijo el Decano, a mi universidad. Acabaré llorando, verás xD Os lo contaré, próximamente. 

Ánimo! 

viernes, 5 de mayo de 2017

Recién (simbólicamente) graduada

Queridos lectores, 

Bueno, pues ya está, estoy oficialmente graduada de manera simbólica en medicina (simbólica porque aún me quedan los ECOES y cosas) pero bueno, ¿y ahora qué? ¿Es ya el momento de cambiar el título de mi blog? No, todavía no, aún me queda quejarme de los ECOES y del papeleo para que me den los títulos. Pero sí, ayer fue el acto de graduación, ese en el que, como en las películas, todos nos ponemos monísimos de la muerte y nos ponen una beca (para profanos: una especie de banda que te colocan sobre los hombros), y fue un momento lleno de discursos tan inspiradores como largos y, de vez en cuando, un tanto...demasiado no breves. 

Mas, hagámoslo bien, mis queridos lectores. Permitidme que proceda al intrépido relato de tan solemne momento de mi vida. 

Todo comenzó una tarde de enero de 1993...Ah, no, no es necesario remontarse tanto. En realidad esta aventura comenzó en 2011, año en el que hice el selectivo. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, era junio y hacía un calor asfixiante en la ciudad donde me tocó hacer el examen, sudaba como no había sudado en mi vida y temía deshidratarme en cualquier momento. El Destino puso todos los obstáculos que se le ocurrieron en mi camino: me vino la regla, dolores de cabeza, mareos con el autobús que nos llevaba a hacer el examen desde el pueblo como cerdos que van al matadero, el examen de historia en el que por primera vez en la, valga la redundancia, historia hicieron dos modelos de exámenes del mismo siglo fastidiando a los que como yo solo nos habíamos preparado uno (y no era ese)... Pero aún y con todo, saqué buena nota, muy buena nota de hecho, la suficiente como para elegir medicina, que es por aquí la carrera más solicitada y con la nota de corte más alta. Entré, de hecho, la número 47, todavía me acuerdo de eso, pequeños detalles, pero que me gusta recordar. 

Recuerdo como conocí a la mayoría de mis amigas. Quizás el encuentro más memorable fuera el que tuve con Sadee. Sadee y yo nos conocimos en los baños de la facultad, una gran historia que podría haber contado en su boda si no me diera tanta vergüenza hablar en público. La había visto en clase hablando inglés como una auténtica nativa. Recuerdo haber escuchado susurros a mi alrededor en ese momento sobre que había estudiado en Inglaterra, y yo, viniendo de mi pueblo sin haber estado en Inglaterra más que una vez que fui una semana de vacaciones, pero siendo mi inglés simplemente el que yo había aprendido en el instituto y por mi cuenta, no os mentiré, me sentí impresionada y algo fuera de lugar. Ese fue quizás el sentimiento predominante esos primeros días, esas primeras semanas, que me había metido en la boca del lobo, que todo el mundo estaba mejor preparado que yo (sobre todo al haber elegido el grupo que hacía medicina en inglés) había gente que había estado en Inglaterra o en EE.UU y yo si había salido de mi pueblo en alguna ocasión había sido bajo extrema vigilancia de mi madre. Aún así conocí a Sadee en el baño, a ella y a Mérida que venían juntas por ser del mismo pueblo, no sé si fue un flechazo instantáneo, sé que de lo primero que hice fue enseñarle las marcas de arañazos en mis brazos que me había hecho vendimiando, porque yo siempre he estado muy orgullosa de mis raíces de pueblo. 

A Ada y a Kim las conocí a la vez, alguien que no recuerdo nos presentó en las escaleras del Hall de la universidad. A Adele me la presentaron Sadee y Mérida porque también era de su mismo pueblo. A Liv la conocí un dia en el que se sentó a mi lado, llevaba un boli de kukuxumuxu y un vestido largo de flores y pensé que era de estas chicas que van siempre monísimas de la muerte. La única que no recuerdo es a Eire, me la presentarían Kim y Ada porque se sentaba delante de mí con ellas. Siempre pensé que fue Mérida un poco la que hizo que me integrara en el grupo, porque al principio había estado con una chica que luego se cambió de grupo y al cambiarse me quedé algo más sola, venía de un instituto en el que las demás compañeras siempre me habían dado de lado y tratado mal, no tenía las capacidades y herramientas para establecer muchas conexiones. Pero ella me dijo que me sentara a su lado cuando me estaba sentando sola y tal vez fue lo que me salvara. 

Hice otras amistades, algunas que se cambiaron de grupo para dejar el inglés, otras que se cambiaron directamente de carrera, como Mérida. Pero aquí estamos ahora, nosotras, yo, vosotros conmigo desde que creé este blog en tercero de carrera. 

No os mentiré, ayer en muchos discursos hablaron de la vocación médica dando por hecho que todos o muchos habían tenido desde temprana edad. Yo desde luego no quería ser médica de pequeña, ni siquiera estaba segura de que quisiera serlo cuando entré en la carrera. Leches, ni siquiera he estado segura durante estos seis años. Ha habido momentos en los que he tenido la certeza de que estaba donde debía estar, y me he sentido realizada, casi como debe sentirse un súper héroe o algo así. Otros momentos en los que he llorado de frustración y amargura y he deseado poder dedicarme a leer libros y no artículos científicos. Pero, de nuevo, aquí estamos. 

Os empezaré a contar el día de ayer antes de perderme en el mundo de los recuerdos. Como todos los días, madrugué y fui a prácticas, aunque apenas fue para hacer acto de presencia porque después salí y fui a la peluquería y a maquillarme donde me pasé casi toda la mañana. Sí, me dejaron monísima, pero después me he dado cuenta de lo absurdo de gastarse dinero en algo tan efímero. Pero bueno, un día es un día. Llegué a casa y comí corriendo para ponerme el vestido y que mi compañero de piso lo abrochara antes de irse. Después me puse unas zapatillas, sí habéis leído bien, porque me negaba a ir en tacones hasta el lugar, tomé el autobús y anduve hasta llegar al lugar de los hechos, que es muy bonito, claro. Y, una vez allí, ya sí, me puse los tacones. Toda mona yo, vi cómo iba llegando todo el mundo admirando los vestidos y los intrincados peinados, los tacones de riesgo y demás complementos de todo tipo y colores. Fue el momento de las fotos, obviamente, y de hablar y estar nerviosos y esperar a que nos dejaran entrar para sentarnos. Una vez estuve sentada empecé a preocuparme por la entrada de mis padres, si encontrarían aparcamiento, si se les haría tarde, si encontrarían sitio. Pero sí, tenían muy buen sitio porque los podía ver y ellos a mí. Así vi a mi padre levantándose cada poco rato porque es, como yo, un culo inquieto y no sabe estar sentado si se aburre, así que se levantaba al baño, volvía, caminaba por ahí. 

Pero dejemos a mis padres y centrémonos en el escenario. Os lo describiré: en el centro una mesa con siete asientos, para personas importantes, obviamente, ¿cómo de importantes? lo suficiente para tener su propia placa con su título. Delante de ellos y a los lados, adornando, adornos florales que le daban color al escenario de madera, un púlpito para los presentadores y, al fondo, el espacio de la banda, todos de negro y con sus instrumentos. Hubieron muchos discursos, en uno de los primeros la Madrina de la promoción se puso a llorar y hubieron algunas perlas en cada uno que me gustaron. También hubieron muchas bromas, sobre todo de los presentadores, haciendo muchas referencias a eventos memorables de este año, como esa vez en el que los estudiantes de medicina salimos en un periódico local por estar haciendo botellón (es decir, bebiendo alcohol) en las puertas de la universidad el día de una fiesta. Yo no estaba porque no suelo ir a esas fiestas, pero fue todo un hito. También hubieron muchas críticas al grado porque somos la segunda promoción que sale de esta universidad con la titulación de grado, que es el nuevo plan, el famoso Plan Bolonia. La verdad es que me reí mucho. 

Y también hubieron cosas que me emocionaron y todo. Me gustó la frase de pase lo que pase mañana, siempre habremos tenido hoy. Y es verdad que yo no he tenido siempre la vocación de la ciencia y la medicina, en concreto, pero sí la de ayudar a la gente, y esos eran los mensajes que más me gustaban. Yo sí me acuerdo de mi primera paciente en mis primeras prácticas en hospital. Estaba en cardiología y le di la mano mientras le clavaban una aguja. Hasta pasé a verla al día siguiente del procedimiento que le realizaron para ver cómo estaban. Tengo buena memoria para las caras, pero he de reconocer que después de cuatro años viendo a bastantes pacientes casi cada día, mi mente se ha saturado de recordar caras, aún así me acuerdo de muchos y, si los veo por la calle, sé decir que han sido pacientes míos aunque ya no me dé para recordar el nombre o exactamente dónde los vi. 

El caso es que ya sabéis como soy o quizás, si habéis leído un poco de por aquí, os podéis imaginar que tengo una incapacidad casi patológica para dejarme disfrutar de las cosas, siempre pongo excusas o disminuyo mi mérito o lo que sea. Así que, tras muchos días, diciendo que no me preocupaba demasiado lo de la Graduación porque, al fin y al cabo, es un paripé ya que no estamos oficialmente graduados porque queda algo de curso; me propuse firmemente dejar mi actitud cínica en casa y disfrutarlo todo lo posible. Dejar de centrarme en las 3 semanas de prácticas que me quedan para haber acabado y centrarme en los seis años (menos tres semanas) que ya he hecho y eso sí que no me lo puedo discutir a mí misma porque lo he vivido en primerísima persona. Puede que no tuviera una clara vocación médica desde niña, o que haya dudado como la que más en esta carrera, pero me he pasado días y días y más días, y cuando pensaba que no podía más, todavía más días estudiando, noches sin dormir, llantos los días previos a los exámenes consumida por los nervios. No importa lo que queda por delante o los malos momentos que hayamos podido vivir en estos seis años, todo ese esfuerzo merece reconocimiento y, al menos, una tarde de celebración. Así que escuché los discursos con mente abierta, aplaudiendo mucho, sintiéndome contenta por haber llegado ahí y graduarme en algo con una ceremonia tan emotiva. 

Me gustaron mucho las palabras del decano, algo así como que teníamos la vida y la muerte de las personas en las manos, y no, no somos dioses ni súper héroes, somos médicos. Somos personas aparentemente sanas que trabajan para cuidar de personas aparentemente enfermas y nuestra labor no se acaba nunca. Hemos adquirido un compromiso de por vida con la Humanidad. Hasta leímos un juramento, la Declaración de Ginebra, que es la versión adaptada del Juramento hipocrático. Nos pusimos en pie y los fuimos recitando. Fue la parte más emocionante de la velada. Dice así: 
PROMETO SOLEMNEMENTE consagrar mi vida al servicio de la humanidad;
OTORGAR a mis maestros el respeto y la gratitud que merecen;
EJERCER mi profesión a conciencia y dignamente;
VELAR ante todo por la salud de mi paciente;
GUARDAR Y RESPETAR los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente;
MANTENER, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;
CONSIDERAR como hermanos y hermanas a mis colegas;
NO PERMITIRÉ que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente;
VELAR con el máximo respeto por la vida humana;
NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso bajo amenaza;
HAGO ESTAS PROMESAS solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Qué bonito todo. Hubo hasta gente que lloró, yo no, pero algunas partes sí me emocionaron. 

Somos médicos y decirlo solo ya me da vértigo, espero que a nadie le dé por perder el conocimiento cerca de mí en un futuro cercano.  

En fin, que me gustó la ceremonia. Aunque luego fui a cenar con mis padres y mi hermano y mi hermano, como digno hijo de mi madre, empezó a decirme que lo habría tenido que estar pasando fatal con todos esos discursos alabando a la medicina, porque le gusta meter el dedo en la herida, como a mi madre. 

Casi que la cena con mis padres me dejó de peor humor, porque en la ceremonia me lo pasé chachi. Me gustó. La sorpresa de la noche, pero agradable, me la dio una de las chicas chinas, con la que no discutí y tengo una relación mejor, que se tomó como empresa el desmaquillarme y empezó a ponerme potingues en la cara incluyendo una mascarilla con la que me sentí como el hombre de la máscara de hierro, pero con una máscara de papel mojado xD pero me reí con ella, hasta estuvimos bailando un rato. Ahora, como os podréis imaginar, me acosté bastante tarde, sobre todo teniendo en cuenta que me tenía que levantar a las 7 am, pero al menos me fui a dormir entretenida otra vez. Y ahora tengo que ir acabando la entrada porque tengo que estar en la academia en menos de una hora y aún tengo que prepararme todo. Así que si me falta algo sobre la graduación que contar tendrá que esperar a mañana :)

¡Que ya somos (simbólicamente) médicos! Omaigad, y yo con estas pintas xD Ánimo chicos! 

lunes, 1 de mayo de 2017

El MIR, ese gran desconocido

Queridos lectores,

En la entrada anterior, una fiel lectora me preguntó qué era eso del MIR. Buena pregunta, sí señora. Y es que claro, me leéis de diferentes países y no en todos se siguen los mismos modelos que hay en España, así que puede ser que por el camino de quejarme de mi vida os haya perdido a algunos con siglas tales como TFG, MIR y cosas por el estilo.

Así que permitidme que volvamos a empezar. En España la carrera de medicina son seis largos y laboriosos años en los que sufres, estudias, sufres un poco más, te vuelves adicto al café, estudias, no duermes, sufres, estudias, aprendes algo, haces amigos y, luego, vuelves a sufrir. Nótese mi gran optimismo y apreciación por la carrera. Bueno, tampoco me toméis al pie de la letra. Me explicaré con más detalle: los cinco primeros años conllevan dos periodos de exámenes en los que sufres, y el resto del año hay clases.  A partir del tercer año ya estamos integrados en los hospitales, así que pasamos cuatro de esos seis años haciendo prácticas en hospitales. No creáis que eso significa que tocamos mucha clínica, la triste realidad es que acabamos con complejos de cactus, ficus o perros falderos (cada cual elige su complejo al gusto, eso sí, tenemos esa libertad) porque normalmente no hacemos gran cosa, sobre todo al principio, y a veces somos tantos estudiantes que hay servicios de los que te echan. Pero sí que es verdad, por lo que vais leyendo de este año, que en sexto las prácticas son bastante mejores y en general, al menos yo, me he sentido muy integrada en los servicios que he tocado.

El último año, sexto, este mi año, es algo diferente porque no hay exámenes como tales sino que hay tres retos a superar, a saber: 1)el TFG también conocido como Trabajo de Fin de Grado y que yo ya he entregado, del que os he hablado mucho y no os aburriré más con eso, es un trabajo, como su nombre indica 2)Los ECOES, que son exámenes prácticos finales, es algo por lo que me leeréis agobiada en breve, de hecho, en muy muy breve. Consisten en actuar como médicos en diferentes supuestos que nos ponen profesores con actores y actrices que hacen de enfermos y crean historias para que "resolvamos el caso" por decirlo de alguna manera. Me da miedo por dos cosas básicamente: una es que hay muchas cosas médicas que no sé y que tengo que estudiarme para esos exámenes y, la otra, que me pongo bastante nerviosa en todo lo que es oral y con gente mirándome, por eso no soy ni he sido nunca buena actriz. Pero bueno, confiaré en el "Efecto Bata", ese boost de confianza que se siente cuando estás todo emperifollado médico. Es verdad que, en prácticas, cuando la gente me pregunta y voy con la bata y es algo que más o menos puedo contestar, me siento menos nerviosa que si me preguntaran siendo una persona normal (aunque normal no soy nunca, pero sin ir disfrazada de médica, vamos). Entonces, espero que la bata haga su magia ese día también. 

3)Y cambio de párrafo porque si no se queda demasiado recargado, las prácticas. Que es lo que os llevo contando todo el año. Un mes en cada servicio y a ese mes se le llama "rotatorio". Cuatro de ellos son obligatorios, a saber: ginecología, pediatría, psiquiatría y urgencias. Y luego eliges 2 médicas (yo elegí neurología y neumología) y dos quirúrgicas (las mías fueron otorrino y trauma). 

Y ese es mi año, como veis está casi todo superado. A falta de 3 semanas de prácticas y habiendo entregado el TFG, solo me queda enfrentarme a los ECOES y vivir para contarlo, y después seguramente habrá mucho papeleo para el graduado y cosas de esas, después colegiarme creo. Pero vamos, que seré ya graduada de medicia. 

Y aquí es cuando llegamos al protagonista de esta entrada: El MIR ese gran desconocido. Las siglas MIR vienen de Médicos Inmensamente Rejodidos...No, en realidad, viene de Médico Interno Residente y es el examen en el que eliges tu especialidad. ¿Cómo funciona? Buena pregunta, después de un año y medio apuntada a una academia en la que me preparan para él, medio año del cual con clases (porque nos apuntamos con mucha antelación) lo que os puedo contar es lo siguiente: El MIR se diseñó por allá cuando yo no había nacido y el mundo era un lugar lleno de Hippies y Punkis y las hombreras todavía tenían mucho que dar de sí, allá por cuando las lentejuelas eran el epitomo de la moda y nunca había demasiada laca en un peinado, al menos así era España. Hasta entonces, uno terminaba la carrera y buena suerte con tu vida, muchacho, o quizás, mejor desearle suerte a los pacientes, porque se buscaban la vida trabajando y buscando una especialidad. No sé cómo funcionaba, la verdad. El caso es que a alguna mente pensante, de las que nacieron para inventar torturas pero en un siglo o un país equivocado, dijo un día: "oye, ¿por qué no hacer un examen global, nacional, para todos los recién graduados de medicina, y según la nota que saquen pues eligen en orden de mejor a peor, una plaza? Pues la verdad, cinismo y amargura mía aparte, no fue una mala idea. El MIR es un examen de cinco horas como cinco soles en el que te examinas de toda la medicina (porque así lo dice el BOE, temario: medicina) y puede entrar de todo, desde las enfermedades más prevalentes, a técnicas, a bastones (hecho real). Es tipo test de opción múltiple y todos lo hacemos el mismo día, a la misma hora. Según la puntuación, después podrás elegir una plaza que es una especialidad en un hospital. Y básicamente, eso es. 

Es decir, que cuando acabe la carrera, dentro de tres semanas escasas, tendré que empezar a prepararme el MIR para hacer ese puñetero examen de manera decente y al menos poder elegir una especialidad que me guste (sigo entre pediatría y psiquiatría por ahora). Entonces, ¿qué más nos queda por contar? Esto es lo básico, claramente, tendréis mucho más de mí odiando el MIR en próximas entradas, cuando sea verano, me esté asando de calor y tenga que pasarme ocho horas estudiando y no tenga tiempo de escribir (no tanto como querría al menos). 

Pero, por ahora, es verdad, que mi mayor preocupación se centra en pasar los ECOES, después me preocupará que no se me olvide ningún papel burocrático de estos para que me den el título y apuntarme al MIR, porque si no me apunto bien, malamente lo podré hacer. Y, entonces ya, cuando solo me quede el MIR por hacer, pues con eso me agobiaré. 

Por ahora, estoy en el piso preparada para cenar e irme a dormir y enfrentar la semana en la que empieza la cuenta atrás. ¡3 semanas y contando! Además esta semana me gradúo, me pondré un vestido y zapatos y tendré que hacer un juramento. Ya os contaré todo en su momento, lo prometo, prometido. Por ahora me despido para irme a cenar. ¿Listos para afrontar la antepenúltima semana de mi carrera? Creo que es algo que me tendría que preguntar a mí misma. Y la respuesta puede que sea que no, que ahora mismo solo estoy preparada para cenar, y ni siquiera eso porque tengo que cocinar, pero seremos positivos, y diré que sí ;)

miércoles, 26 de abril de 2017

El principio del fin

Queridos lectores, 

¡Feliz Día del Libro!...Atrasado. Lo sé. Y no es que me olvidara de tan noble fecha, no. La verdad es que fue un día lleno de eventualidades. Mi padre y yo nos fuimos, como es costumbre los domingos, a montar a caballo. Tenía mis sospechas previamente, pero mis temores de confirmaron cuando noté que a mitad del camino y en plena naturalezs con los caballos... me bajó la regla. Oportuna como ninguna -.-' pero por suerte el almuerzo es una cita obligada y mi madre me trajo...em...elementos femeninos. Espero que no estéis en la edad en la que nos daba vergüenza hablar de la regla y no os escandalice que yo lo publique hasta en mi blog xD.

En fin pero eso no fue el final, que va, ni siquiera fue el principio del final, citando medianamente a Churchill, tal vez fuera el final del principio xD. A ver, sin liarnos. Lo verdaderamente malo pasó después cuando, sin motivo aparente, me fijé en que mi perro Brave estaba tumbado en el suelo y no nos seguía. Al principio parecía que le dolía una pata pero al observarlo vi que cuando trataba de ponerse en pie, se tambaleaba y caía. Asustados, mi padre y yo bajamos de los caballos y fuimos a ver. Mi padre me cargó con las riendas de los caballos, pero andaba listo si creía que me iba a quedar mirando. Los medio sujeté en unas ramas y fui a socorrer a mi Brave. Mi padre empezó a decir que se estaba paralizando y que si le habría picado algún  insecto venenoso o una víbora. Sin embargo, yo mantuve la calma porque, vamos a ver, ni en España ni menos en mi pueblo hay serpientes venenosas que causen parálisis.  Tumbé a Brave y lo relajé, soltándole el collar para que respurara mejor mientras pensaba. Por suerte, todos mis planes sobre llamar a mi madre e ir a algún veterinario de urgencias fueron innecesarios puesto que en un rato Brave se recuperó y siguió como si nada. Mi padre no paraba de decir que se había asustado mucho. Y la verdad es que me sorprende que yo no me sentí asustada realmente, quizás alarmada, pero para mí miedo suele significar ansiedad y eso no me llegó a pasar. Me alegra poder pensar que en casos de urgencia vital toma el control la Yo más capacitada y con ciertos conocimientos médicos y es capaz de pensar con claridad. De hecho yo solo me sentí preocupada pasadas unas horas sin verlo tras dejarlo en su casita e ir a comer fuera porque para asegurarme de que no era algo digamos agudo quería  tenerlo en vigilancia y controlar que no se repitiera. Pero está bien eh, tranquilos todos.

Lo siguiente que pasó pero que después de esto pierde relevancia, es que el caballo de mi padre me dio un cabezazo cuando se giró bruscamente negándose a cruzar un río y ahora llevo un chichón. Ah y como guinda del pastel, se me rompió un estribo. Pero estuvo chachi porque se me ocurrió que podía usar una de las cadenas que llevábamos para atar a los perros para enganchar el estribo. No podía apoyar todo el peso, pero ya no era ir solo con una pierna. Y eso me reafirma en mi convemcimiento de que todo tiene solución menos la muerte, es una frase hecha. Pero que si lo piensas un poco y eres algo imaginativo y creativo puedes encontrar soluciones para estas cosillas.

Así que, en general, y ahora que lo escribo y me doy cuenta. Fue un día en el que demostré mi potencial: manteniendo la calma ante la urgencia y con buenas ideas. Ya era hora de tener un día inspirado después de una semana y media retrasando el ponerme a estudiar.

Y tras esta narración de mis heroicidades, comenzaré con el tema que nos ocupa y es que ayer empecé mi último rotatorio. ¿Os acordáis cuando en la entrada pasada no hacía más que repetir "4 semanas"? Bueno, pues ya son 3 semanas y 2 días. El tiempo vuela cuando no miras. ¿Adónde han ido a parar estos 6 años de carrera? ¿Cómo han pasado tan rápido? Si ya lo decían los antiguos literatos, Tempus Fugit, el tiempo vuela (menos cuando te aburres estudiando y esperas a que llegue la hora de la merienda, o estás esperando a que sea la hora de salir de prácticas.

¿A qué venía todo esto? Ah, sí, es mi último rotatorio, en ginecología y obstetricia. La verdad es que ayer me gustó para ser el primer día, pero hoy no tanto. Ayer estuve viendo ecos de bebés, y es bonito ver la cara de emoción de las mamás. Hoy he estado en urgencias y he visto muchas cosas, entre ellas, un parto y, llamadme rara, pero me dan casi más asquito los partos que las operaciones que he visto o, incluso, las autopsias. Es que me dan muchas más ganas de adoptar, sinceramente. Con cada parto que veo se incrementa en un 1% mi deseo de adopción xD. Quizás incluso sea mayor el porcentaje pero las matemáticas ya se me han oxidado.

Aunque quizás lo verdaderamente interesante es que se trata de mi último rotatorio. En apenas unas semanas tendré los ECOE que son los exámenes finales prácticos en el que tienes que hacer de médico delante de profesores que te ponen casos y me lo tengo que preparar porque tengo la sensación de que no tengo ni puñetera idea de medicina y que a menos que la señora me venga con un resfriado y le pueda mandar paracetamol, no voy a saber qué hacer con mi vida...ni con la suya. Dicen que en realidad es muy fácil y que nadie suspende, que solo el presentarte e ir aseado y ser como simpático te suma puntos, pero qué queréis que os diga, llega un punto en el que yo ya no sé qué preguntar en una anamnesis.

Por si fuera poco, se nota que se acerca el final de curso porque la biblioteca está petada. Hoy casi no encuentro sitio al volver de mi paseo (hoy no voy a decir ni la palabra correr porque solo he andado, la verdad). Todos aquí estudiando como pollicos y yo escribiendo en el blog y pensando en qué puedo hacer hasta que sea hora de irme al piso xD.

Ah ya sé qué más os tenía que contar, en gine el jefe de servicio está enamorado conmigo, yo no me había fijado pero una compañera me lo ha dicho hoy y me ha hecho gracia. El primer día me llamó por mi nombre (que se lee en mi tarjeta de identificación, no es que se lo supiera) y me preguntó si era alumna interna en algo del hospital porque me veía mucho por ahí, yo no le hablé de mi misión de huir de las chinas ni de mi uso del hospital como refugio, más bien y por una vez quedé bien diciéndole que iba siempre a todas las prácticas e intentaba aprovecharlas al máximo, por eso estaba mucho en el hospital. Y, hoy nos han hecho presentarnos diciendo algo de nosotros, justo delante de mí hablaba Adele que claro ha dicho que es enfermera, sueca y cantante y para tener algo a su altura pues he hablado de mi novela, hasta he dejado caer que estaba en Amazon y que si la querían se la firmaba, yo toda diva xD, y entonces luego me ha estado preguntando sobre mi novela.

Es difícil creer que ya queda tan poco, sobre todo cando es necesario encontrar algo de ganas de estudiar para prepararme los ECOE, pero bueno en realidad si lo pienso bien, acabar la carrera no es el final, ni mucho menos, aún me quedará el MIR y la Residencia y trabajar y algo que la gente conoce como vivir, que no está mal. Así que, como dijo Churchil, de nuevo lo repito pero esta vez habiendo buscado la frase en internet para asegurarme: "No, este no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio". Lo dijo en plena Segunda Guerra Mundial, creo que tras el desembarco de Normandía, no estoy segura ahora mismo, y no podría ser más adecuado, porque menuda batallita de seis años llevamos.

¿Y qué más os puedo contar que no sepáis ya mis queridos lectores? Desde luego mis pocas ganas de estudiar ya las conocéis. Así que no os mareo más por hoy y me sacaré algún libro para fingir que soy uno más en la biblio ;)

Ánimo!

sábado, 22 de abril de 2017

Lo que quiero ser de mayor

Queridos lectores,

¿Alguna vez habéis jugado con imanes? Es una fuerza extraña la magnética y recuerdo que, en el instituto, cuando daba física y todos mis saberes impartidos no giraban en torno a la medicina y podía además usar mi tiempo en divagar porque no tenía tanto que estudiar, me entretenía acercando y separando los imanes, sintiendo la fuerza con la que los polos opuestos se atraían y la resistencia que oponían a separarse, cono dos trágicos amantes sacados de la más clásica obra de Shakespeare.

Pero incluso más me gustaba enfrentar a los polos de la misma carga y ver cómo se repelían, como un se alejaba cuando le acercaba al otro.

Pues bien, me temo que yo misma estoy siendo objeto de tan bonitas fuerzas de atracción. Aunque no os emocionéis, sería más exacto hablar de fuerzas de repulsión. Que es básicamente lo que siento cada vez que mi mirada o mi mente intentan concentrarse en un manual de la Cacademia. La Cardiología me repele. O cualquier otra asignatura, si os he de ser sincera.

Y es muy frustrante porque sé que me voy a arrepentir; ya me estoy arrepintiendo aunque me mienta a mí misma que aún me quedan días por estudiar.

No importa. Porque realmente ahora lo que me apetece es ser bailarina. Ah podéis reíros, sé que mis padres se reirían si lo dijese así delante de ellos. Leches, hasta a mí me da la risa. Tanto estudiar, seis años de carrera y, aquí me tenéis, pensando en cuándo llegará la hora de ponerme a hacer "mis ejercicios" que consisten en ponerme música y bailar. Tanto que ha desplazado mi hora de correr porque así es una hora más bailando. Culpo a la película de Billy Elliot y la de Ballerina, aunque en realidad siempre me ha gustado bailar.

Recuerdo cuando era pequeña y mis padres se echaban la siesta, justo a esa hora hacían un programa de videclips de canciones y yo me ponía a baimar intentando imitar a los bailarines. Siendo como anécdota central la vez que estaba bailando al son de Britney Spears y su "Oops, I did it again" (porque ya os he dicho que era pequeña y eran los 90 y Britney Spears era la princesa del Pop y los monos de látex rojo se llevaban xD) y, entonces, cuando acabó la canción, entraron mis padres en el comedor aplaudiendo supongo que tras haberme visto en mi pobre intento de seguir los pasos. Me acuerdo de la vergüenza que sentí sobre todo xD.

Pero sí, me gustaba bailar, ponerme películas de musicales y rebobinar mi canción favorita una y otra vez hasta que mi padre venía a reñirme diciendo que fastidiaría el vídeo.

En el fondo siempre me he dicho que tengo alma de artista. Me gusta todo lo que se considera un arte: bailar, cantar, dibujar, escribir... La lástima es que el arte no me ame tanto a mí y mis habilidades sean más bien limitadas. Aún así, en la soledad de mi cuarto, y siempre que la cámara de mi ordenador no esté hackeada y algunos tipos aburridos de algún punto perdido del planeta me estén observando, (lo cual muestra su profunda falta de algo que hacer con su vida que sea productivo) pues puedo olvidarme de mis carencias y pensar que domino la pista. O agarrar cualquier objeto cotidiano a mi alcance y convertirlo en micrófono improvisado para mayor tortura de mi hermano y vecinos.

Así que sí, mis queridos lectores, aquí me tenéis a punto de graduarme en la carrera más larga que existe y pensando en si todavía podría adquirir la flexibilidad para bailar ballet (probablemente no). Pero la pregunta está en el aire: ¿qué haré? ¿qué seré? A menos de un mes para graduarme, me encuentro a mí misma pensando en mi futuro más que nunca. Es raro supongo, al menos para mí. Nunca me he puesto a imaginar cosas serias sobre cómo vivir y qué hacer, llamadme loca, pero si me imaginaba algo de mi futuro siempre tomaba el control mi mente de escritora y creaba las más imposibles fantasías que me hacían feliz. Sin embargo, ahora me toca enfrentarme al mundo real en el que las cosas no son tan fáciles ni tan bonitas como las imagino, donde hay bolsas de trabajo y paro y declaraciones de Hacienda (que es algo que, obviamente, jamás incluyo en mis fantasías chachis). Y ¿qué haré? ¿que seré? Sigue repitiéndose en mi mente como una canción desentonada. 

¿Qué haré? Bueno, el futuro es incierto, pero por ahora las cosas van por puntos: 1) Terminar lo mejor posible las últimas cuatro semanas de carrera. 4 semanas. Después de 6 años, ¡me quedan 4 semanas! No se me da bien encajar lo de que se me acabe un sitio, nunca he sido buena para las despedidas. Y me cuesta creer que sean solo 4 semanas ya. 2) Lo siguiente está claro también, hacer los ECOES, preferiblemente aprobarlos y luego, seguramente, habrá que hacer papeleo para estar oficialmente graduado. Vale, seré oficialmente, graduada en medicina, ¿y, entonces, qué? 3) Prepararme el MIR e intentar no morir en el intento de desesperación absoluta y aburrimiento magno. 4) Cambiar el título del blog porque haré dejado de ser, oficialmente, una estudiante de medicina, ¿cómo lo titularé? Aún no estoy segura, imagino que Diario de una estudiante de MIR o algo así, porque no creo que esté preparada para perder lo de estudiante. 5) También quiero repasar y corregir la segunda novela, aunque aún no he hecho una gran labor extendiendo la primera. 6) Hacer el MIR e intentar sobrevivir, de nuevo, en el intento. 

Y, suponiendo que para febrero de 2018 haya hecho el MIR y siga viva y más o menos pueda elegir una plaza, entonces qué. Ah pues entonces, mis queridos lectores es cuando empieza el verdadero juego. Tendré que hacer 3 cosas de nuevo: 1) Elegir especialidad, ¿pediatría o psiquiatría? Me gustan los niños, pero la pediatría es tan clínica que hay muchas cosas que no domino y temo no ser capaz; la psiquiatría es algo que me viene de manera más natural porque tiene un componente psicológico mayor y se me da mejor leer a las personas, hablar con ellas, comprendo mejor las enfermedades psiquiátricas que las causadas por desequilibrios hidroelectrolíticos. 2) Lugar, ¿me quedo cerca de mis padres o me voy a la otra punta del país para que me dejen espacio vital? Es algo que debato mucho conmigo misma. Por un lado ya conozco los hospitales de aquí y eso te da cierta seguridad, por otro, no me gusta mucho esta ciudad, la verdad, soy más de montaña que de playa y quedarme en la ciudad de aquí significaría vivir, ahora ya sí, vivir ahí sin escaparme los fines de semana a mi pueblo. Y esto ya va más allá de estar cerca o lejos de mis padres, no tiene nada que ver con ellos de hecho, lo que quiero es un lugar que pueda llamar hogar, al menos durante cuatro años. No pasarlo mal como estos años de alquiler por los compañeros de piso o el ruido de la calle. Quiero que me guste, estar a gusto, dormir bien por las noches. Y a lo mejor para eso tengo que vivir en algún pueblo de al lado y madrugar todos los días para ir al hospital o algo así, pero no me importa. Entonces, aquí, a la hora de elegir el lugar es realmente complicado porque no puedo ir ciudad por ciudad de España viendo dónde podría dormir mejor xD. Y 3) Volver a cambiar el nombre del blog y, esta vez sí, reconocer que soy médica y o poner diario de una ex-estudiante de medicina, algo así. 

Oh, tantas decisiones, y a mí que me cuesta decidir qué quiero para desayunar O.O. 

Y ni siquiera me he puesto a pensar en qué pasará después, ¿querré estudiar otra cosa? ¿buscaré talleres online de escritura o cursos online de cosas literarias o históricas chachis? ¿Me iré con Médicos sin Fronteras a ayudar a niños? Eso me gustaría. Ayer se me escapó delante de mi madre y se pasó el resto del día enganchada a esa idea, ¿cómo lo diría?, no es que me dijera que no me iba a dejar ir porque ya estaría independizada, con mi carrera y mi trabajo (en ese supuesto hipotético), era algo más psicológico como recordarme o echarme en cara todas las comodidades que tengo en casa: un cuarto grande, el ordenador, internet, agua... básicamente cada vez que me veía con algo en la mano me decía "pues de eso no tendrás en África o donde quiera que te vayas, ¿cómo vas a sobrevivir?. También se lo dijo a mi padre en tono de burla, algo así como: "esta cría, que se quiere ir de vacaciones a una ONG". Tuve que matizar que no me iba de "vacaciones" con la ONG, me iría en mi periodo de vacaciones, que es otra cosa. En fin, el resumen es que no le gustó la idea y se esforzó lo posible por hacerme sentir incapaz de hacerlo, pero no es nada nuevo en mi madre ni en su modus operandi, así que tampoco hay sorpresas en ese respecto, solo que yo fuera lo suficientemente descuidada como para hablar de lo que quería hacer. En mi defensa diré que pensaba que estaba medio dormida. Pero se ve que eso la despertó. 

En fin, aún me queda mucho por decidir, por hacer, por vivir, por aprender.... y, por supuesto, por estudiar. No por nada esta entrada ha empezado sobre cómo los manuales repelen mis intentos por leerlos xD Así que trataré de volver a la carga...después de publicidad...Nah, es broma...en parte. Jo, es que tengo mucho que estudiar, pero también tengo tanto por leer que es como una lucha interna entre el Bien y el Mal que tiene lugar en mi mente, entre mi deseo de leer y mi sentido de la responsabilidad. Solo que mi pobre sentido de la responsabilidad lleva tantas batallas a su espalda que el pobre, yo creo, que se está tomando un descanso y no está luchando con demasiado interés, para mí que se ha ido de vacaciones o, bien, se ha fugado con mi memoria a algún rincón del plante de cuyo nombre, obviamente, no puedo acordarme. 

Pero hasta aquí por hoy de mi apasionante vida en esa batalla constante que resulta. PD. Ha entrado una mosca a mi cuarto y no la quiero matar, pero por más que le abro la ventana e intento guiarla a la libertad se niega a abandonar mis aposentos. Os contaré más, mucho más, ¿logré estudiar al menos unas páginas? ¿encontró la mosca la salida? ¿podré aguantar una merienda sin lanzarme a las napolitanas que mi madre ha comprado para tentarme y echarme en cara que en África no me darán napolitanas? Todo eso y mucho más...más o menos por aquí, algún día de estos xD.

Ánimo!

miércoles, 19 de abril de 2017

Maldito seas ácido láctico

Queridos lectores,

Hola a todos y a todas, espero que no siguierais preocupados por mi bienestar desde la última entrada. Para aquellos menos optimistas, confirmo que sigo viva. Como toda gran discusión en mi casa la del ... ¿sábado o era viernes?  (en vacaciones todos los días me parecen iguales), fue seguida por un periodo de Guerra Fría en el que básicamente reinaba el silencio en mi casa por miedo a que cualquier comentario hiciera explotar una nueva bomba. Por mi parte, y mirando el lado positivo, mis pocas ganas de encontrarme con mi madre hizo que me saltara el almuerzo y la merienda en más de una ocasión, beneficiando así mi intento de aplanar el abdomen para que me quede mejor el vestido de la noche de gala. 

Mas no temáis, mis queridos lectores, porque como suele pasar después de uno de los cortocircuitos mentales de mi madre, en cuanto a ella se le pasa el enfado todo debe volver a la normalidad. Y así ha sido. El día siguiente a los hechos relatados me preguntó hasta en tres ocasiones si estaba enfadada con ella a lo que respondí que no, porque ¿qué otra cosa iba a decir? Decir que sí hubiera significado exponer mis razones y arriesgarme a otra discusión sobre por qué ella tenía la razón y yo no tenía por qué enfadarme. Aún así y aunque supongo que es verdad que no estoy lo que se dice enfadada porque no está en mi naturaleza el estar enfadada demasiado tiempo, sigo sin querer estar demasiado con ella. Más que enfado, es como decepción, al recordar lo que me dijo y paso, básicamente y explicado en términos sencillos. Sin dejar de ser cordial, claro, no queremos que se repita lo del otro día, intento hablarle lo menos posible para evitar riesgos. Y ayer me dijo que estaba apática, ah como si no lo supiera yo. Sadee me dijo algo que me hizo gracia, me dijo: "si por lo menos se hubiera disculpado" (mi madre) y me hizo gracia porque ni lo había considerado la posibilidad de que se disculpase conmigo. Falta de costumbre imagino. 

El caso, pasando a hablar de otros temas, es que mis buenas y sinceras intenciones de utilizar las vacaciones para ponerme al día acaban topando con una barrera infranqueable: mis pocas o nulas ganas de estudiar. Qué rollazo tío. Pensaba que era solo cosa de ginecología porque tanto hablar y ver fotos asquerosetas de ciertas partes de la anatomía femenina podían quitarle las ganas a cualquiera, pero ahora que tras varios días (varios de retraso además) he logrado terminar gine y me tengo que poner con cardio (que la tengo atrasada desde que estuve con el TFG y me dio pereza mirarla) pues sigo igual o peor. Ah, traicionada por mi propia mente. Aunque quién me puede culpar, como decían y ya que estamos en las vacaciones que corresponden a la Semana Santa, "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" y si alguien tiene ardientes y fervorosos deseos de ponerse a estudiar los manuales que llevo atrasados puede apedrearme lo que quiera con tal de que se los lleve y se los estudie por mí (sé que esto incluye a Kim y a Ada, cuyo amor por la medicina e ir al día en la Cacademia trasciende límites, y estoy bastante segura de que tras tantas dominadas el brazo de Kim puede ser matador, pero confío en que no se tomen mis palabras al pie de la letra, o la próxima vez que os escriba lo haré desde el bonito mundo de la contusión craneal). 

Hablando de cosas craneales y solo porque me acabo de acordar, ¿os conté que una de las chinas de mi piso me preguntó qué tenía que hacer para que le hicieran un TAC? Sus razones eran que le dolía la cabeza y (mi favorita) que le habían salido canas xD. Mira, cómo tuve que esforzarme por no reírme en su cara y explicarle que el TAC 1) Es para urgencias y lo hacen los médicos cuando quieren, no cuando el paciente lo pide y 2) Ella no tiene ni siquiera seguridad social, tiene un seguro privado. Pero en fin, pueden agradecerle a quien quieran que soy buena persona, la diagnostiqué de una gran enfermedad conocida comúnmente como catarro o resfriado, le di hasta un frenadol y al día siguiente, después de haberse dormido todo el día (en serio, se levantaba cuando yo llegaba del hospital para comer) ya estaba mucho mejor. 

Pero, retomemos el tema, que parece que no puedo dejar de hablar de mis queridas compañeras chinas ni mi semana libre de ellas. No tengo ganas de estudiar, lo cual no es nada nuevo. Quizás lo más novedoso es que, para sentirme menos culpable, en esas horas de la tarde en la que estoy deseando tirar los manuales por mi balcón, en vez de relajarme leyendo como hago el resto del día, me pongo a hacer ejercicio. Ya os comenté, creo o puede que no, que he estado saliendo a correr y estoy una hora...andando, después de haber corrido 10 minutos. Pero ejercicio es ejercicio, oye. Sin embargo, justo estos días se ha puesto a llover tormentosamente en mis horas de salir a correr, y, por no seguir estudiando sin ganas, decidí ponerme vídeos de youtube de estos de Cardio y ejercicio intenso. Es mucho más productivo que correr xD. Porque como al final acabo andando en mi marcha de paseo pues sudar, lo que se dice sudar poco y si sudo algo es porque salgo a las 15:00 horas. Pero con los vídeos de youtube, no sé, tienen algo que me motiva. Además, ayer descubrí que hay vídeos de baile y me encanta bailar, ahí sí que lo doy todo. Ayer, de hecho, casi sin darme cuenta, me pasé una hora y media haciendo ejercicios entre vídeos y vídeos. Y me tuve que parar para ponerme a estudiar, que si no sigo. 

Es raro, pero bueno qué le vamos a hacer. También pago las consecuencias porque tengo unas agujetas de campeonato. Me duelen músculos que no sabía que tenía (a pesar de haber estudiado medicina y haber aprobado anatomía). Incluso anoche que me dio el insomnio y se me hicieron las dos de la mañana y estaba aburrida hasta de leer, no se me ocurrió mejor cosa que ponerme a hacer ejercicios de piernas. Así que sí, tengo unas agujetas que no me dejan ni respirar. De ahí el título, porque era el ácido láctico el culpable de las agujetas, ¿no? Para lecciones de fisiología os remito al Guyton, yo de medicina aquí solo suelo hablar para quejarme de ella. Y me acabo de levantar, no seáis tan exigentes. 

A veces lo pienso y me rio, porque sin comerlo ni beberlos, sin pensarlo apenas, he caído en casi todos los clichés que salen en las películas románticas tras una ruptura: 1) Fui a la peluquería y me hice más rubia, aunque eso fue antes de romper y se debe más que nada a querer llevar el pelo chulo para la graduación y eso 2) lo de hacer ejercicio como si no hubiera un mañana con sus respectivas agujetas, aunque también se debe a lo del vestido de la cena de gala. Pero aún así, y aunque en mi mente sé que no tiene nada que ver, me siento un cliché andante.

Bueno, me quedan ya pocas cosas que contaros para justificar el seguir un rato más sin ponerme a estudiar, así que supongo que tendré que animarme y ponerme a ello...a menos que me entre hambre en unos 10 minutos y, ¡vaya! pobre de mí, casualidades de la vida, escribiendo la entrada del blog se me ha hecho la hora de almorzar y todo el mundo sabe que no se rinde igual con el estómago vacío ;)

Hasta pronto y suerte! 

domingo, 16 de abril de 2017

El día en el que acabé llorando por las calles de dos pueblos

Queridos lectores,

Como imagino que nos pasa a todos, hay cosas de mí que me gustan, otras que me soporto porque no me queda más remedio que pasar tiempo conmigo misma y otras que, sinceramente, odio con toda mi alma. Una de estas últimas es ser una completa, absoluta e irremediable llorona en cualquier momento de la vida. Soy de esas personas que lloran cuando está triste o compungida, pero también he llorado de alegría o de un exceso de emoción. Y, al menos, yo lo reconozco porque he conocido personas que me decían con todo su toque dramático de alma torturada de novela que "ya eran incapaces de llorar" y luego han sido aún más lacrimosos que yo.

Aún así, odio que me vean llorar, siempre parece un signo de debilidad y, además, siendo sinceros, tampoco tengo un llanto lo que se dice elegante, me pongo roja y se me constriñe el cuello impidiendo que me pase el aire haciendo que durante unos agónicos segundos tenga la sensación de que me voy a ahogar, hasta que la única forma que me queda de volver a obtener oxígeno es soltar el aire que retengo sin darme cuenta en forma de un lastimero gemido. Un poco patético todo para mi gusto.

Aunque, dentro de esto, lo que de verdad odio es no poder evitar llorar de frustración. Y aquí empieza la verdadera historia: con el día en el que mi madre me hizo llorar por las calles de dos pueblos como a una chiquilla de jardín de infancia.

Mi madre, ese incomprendido ser que puede ser perfectamente afable y una buena madre, queriéndonos dar todo lo posible y que realmente tampoco necesitamos en ordenadores y regalos varios. Tan amable a veces que por momentos se te olvida la bestia que puede habitar en su interior y entonces es cuando cometes el primer error. Porque lo que debes saber con ella y nunca, nunca, nunca olvidar, es que se cumple uno de los derechos de detención de EE.UU: "tienes derecho a permanecer en silencio, todo lo que digas podrá y SERÁ utilizado en tu contra".

Pero, como siempre, voy a contaros la historia de la manera que pueda resultar más objetiva (siempre es difícil ser objetivo cuando cuentas tu propia historia) sin embargo, trataré de no ser en exceso victimista durante el relato de los hecho para que podáis ser vosotros mismos jueces de la situación. Tampoco es mi intención pintar a mi madre como la reina de todos los males, solo sabéis que necesito escribirlo para desahogarme.

Y las cosas fueron más o menos así... 

Corría una hermosa tarde de primavera. Habían venido estos días a pasar las Pascuas los primos de Barcelona con sus respectivos hijos, que son niños y a mí me encantan los niños (aunque aprovecho para decir que me di cuenta de que, además de mi ardua tarea viendo dibujos para estar al día con los niños, voy a tener que empezar a investigar sobre videojuegos porque ya no ven ni dibujos!). En fin, siendo su último día en el pueblo ya que se iban al día siguiente, mis padres y ellos decidieron comer juntos. El plato principal era paella que básicamente es arroz, pero como el día anterior en casa de mis tíos (en otra reunión familiar) ya comí paella y sigo en mi Cruzada de mantenerme en el peso para que me quede bien el vestido y no engordar más de la cuenta, yo decidí comer con mi abuela algo sano y ligero, para después reunirme con ellos un rato en la zona de las paellas. 

Hasta ahí todo bien, todo perfecto y chido, comí con mis abuelos tan tranquila. Y cuando se acercaban ya las 4:00 p.m. pensé si los niños me estarían esperando o algo para jugar y decidí ir para allá, también con la idea en mi mente de ir antes de ponerme a estudiar para no tener que interrumpirme luego para ir a verlos. 

Resulta que la paellla no era simplemente hacer una paella en casa de alguno de los primos y ya está, sino que era parte de la fiesta del pueblo, en la discoteca. Cuando entré al lugar de los hechos y vi a la gente, pedo como Alfredo ya a esas horas, con música de banda sonando y tanta gente gritando...puede que una parte de mí se sintiera transportada al infierno. Y, entonces, una bombilla se encendió en mi mente. ¿Sería acaso aquel evento el mismo que hicieron el año pasado (al que yo no fui) con otros primos y del que no regresaron hasta casi las 8:00 p.m.? De ser así eso supondría que toda mi tarde de estudio se vería claramente afectada, porque me había llevado libros, pero estudiar con mi abuela que está mal del oído viendo la tele no es lo mejor para la concentración. Así que, todavía en shock por el descubrimiento, mi madre vino hacia mí y, sin poder contenerme le dije algo así como:

- "Esto es como la fiesta del año pasado en la piscina que no llegasteis hasta las 8 de la tarde? Porque no voy a poder estudiar. Si lo llego a saber, no vengo."

Mi madre, afectada por mis palabras, decidió ir a por las llaves del coche y llevarme a casa (que mi casa está en otro pueblo, aunque más o menos cerca) para que no la molestara luego por no haber podido estudiar. En el tiempo en el que fue a buscar las llaves del coche, me quedé pensando y, aunque no me apetecía pasarme toda la tarde sin poder estudiar, tampoco me quería ir ya corriendo 1)Porque entonces no me daría tiempo a despedirme de los niños que se iban al día siguiente y 2) porque no quería molestar y hacer el numerito de la "hija estudiante-agobiante" que hace que la lleven a estudiar. Porque, sinceramente, ¿cuántas veces os he dicho que estaba escribiendo por no ponerme a estudiar? Creo que podía permitirme otra tarde de no estudio intenso, y repasar un poco o subrayar con los libros que había dejado en casa de mi abuela. 

Así que le dije a mi madre que daba igual, que no me llevara a mi pueblo. "Estoy aquí un rato con los niños y me voy a casa con la abuela, a estudiar. Y luego me iré a correr, total, esta tarde iba a salir a correr, pues salgo ahora y esta tarde en casa estudio." 

Mi madre casi pareció convencerse entonces, estuve un rato más fuera, pero empezaron a salir dos primas de mi madre para ver qué pasaba y yo les dije que no hacía falta que me llevaran; y mi madre les dijo que si no me llevaban luego iba a estar (perdonad la expresión, pero es por ser fieles a la realidad) "dando por culo". Me comprometí totalmente a no dar por culo si me dejaban que me fuera a casa de mi abuela. Básicamente le dije "no te voy a molestar ni te diré nada". Pero la prima de mi madre, que en realidad fue la primera que me dio ganas de llorar ahora que lo pienso, se metió en la conversación diciendo: "claro, tu madre tiene razón, si vas a venir dentro de una hora o dos a dar por culo cuando estemos con los cubatas o pasándolo bien, mejor que te vayas ahora y nos dejes tranquilos".

A lo que, sintiéndome tan querida en ese momento (modo ironía on) volví a repetir mi deseo de quedarme y de no darle por culo a nadie. Y, no queriendo discutir más, aunque aún no me había despedido de la gente, decidí irme a casa de mi abuela con la promesa de no volver a molestarlos en toda la tarde, pensando en que podría correr una hora por el pueblo que es bonito y buscar algún sitio tranquilo para estudiar. 

Pues bien, no había ni doblado la esquina cuando oí a mi madre, que se había quedado con sus primas, diciendo que me iba a llevar a mi casa, y salió andando detrás de mí. No queriendo volver a mi casa, ni montar el espectáculo ni que mi madre me acompañara en un pueblo en el que hasta mis primos de Barcelona de cinco y seis años van solos por la calle en bici, seguí andando sin esperarla. Pero eso no detuvo a mi madre, que tampoco pilló la indirecta y empezó a chillarme por la calle. Así fue, al cabo de un rato de esta lastimosa persecución en la que yo le gritaba que me dejara en paz y volviera a la fiesta, que no me quería ir y ella me decía que sí, que me iba a mi pueblo, empecé a llorar. ¿En qué momento exacto? No lo sé. Sé que por el camino mi madre ya empezó a hacer ciertos comentarios algo hirientes, pues ella estaba y, seguramente aún lo estará, convencida de que todos mis problemas de temperamento en ese momento se debían a que, según ella, me había dejado mi ex-pareja, eso ya empezó a gritarlo por la calle: "si estás tonta porque te han dejado no es mi culpa". Llamó a mi padre al móvil, lo hizo ir con el coche a la puerta de la casa de mi abuela, por el camino me encontré con un par de primos de unos doce años o así que estaban en la calle con más libertad que yo, y me saludaron y les devolví el saludo con mi cara de lágrimas y mi madre siguiéndome mientras gritaba, tomé mis cosas de casa de mi abuela, me despedí de ella mientras seguía gritando y le dije que me llevaban a mi pueblo porque mi madre quería y me subí al coche. 

Recé y de verdad lo deseé, que cumplido su anhelo, mi madre me dejara entonces tranquila y se quedara con sus primos mientras mi padre me llevaba a casa para encerrarme donde pertenezco, pero en el fondo sabía que no sería así porque una vez liberada la bestia no va a volver a su guarida tan fácilmente. Antes, querrá disfrutar del sabor de las lágrimas y el sufrimiento de sus víctimas. 

Obviamente, en todo el trayecto del viaje en coche no fue necesario el acompañamiento amenizante de la radio, ya que los gritos de mi madre lo ocupaban todo. No puedo, ni quiero recordar todo lo que decía. Obviamente, que le había hablado de muy malas maneras (véase mi primera frase en esta historia, y casi la última sobre que tenía que haberme quedado en casa, que tal vez se lo dijera en mal tono, no me grabé para comprobarlo, pero desde luego sus gritos superan de nivel a mi tono de enfado), que siempre hago lo mismo para fastidiarla, ah sí, que todos estamos en su contra, eso es, pobre de ella, porque decía que lo había hecho a propósito para arruinarle la tarde con sus primos sabiendo que ella se lo estaba pasando bien. Más cosas de ese estilo. Y, otra vez, mi momento favorito (por favor, nótese la ironía de nuevo), cuando me dijo exactamente que estaba "amargada", esa fue la palabra exacta, porque me había dejado mi ex-pareja. Se pasó por mi mente matizar que fui yo quien dio el paso de acabar con la relación, pero no creo que a mi madre le interese nada de mi vida si no es de su conveniencia; tampoco le especifiqué que ya hacía un mes de eso y que, incluso, suponiendo que hubiera estado mal ella no me preguntó en ningún momento cómo estaba o si necesitaba algo, meramente se ocupó en atacarme con las armas que tenía en ese momento. 

Y luego, se repitió y se repitió y se repitió, la misma cantinela, los mismos gritos, sobre que todos estamos en su contra y queremos fastidiarla y la queremos dejar a ella como la mala cuando ella era la que tenía toda la razón y la única víctima aquella tarde. La discusión, que realmente era el monólogo de mi madre enfadada, duró toda la tarde y toda la noche y mi madre no volvió al pueblo con sus primos, prefiriendo quedarse en casa conmigo donde podía estar enfadada con libertad. 

Aún así, logré irme a correr, será mi pequeño logro, y aún así lo hice porque como no se iba de casa, tenía que estar todo el rato luchando por contener las lágrimas (sin mucho éxito) así que salí a correr, entre otras cosas, para poder llorar a gusto. Y así fue como acabé llorando por las calles de, todavía, otro pueblo, eso sí, por las afueras. Me jode mucho que, después de todo y de lo enfadada que estaba con mi madre en ese momento por todo lo que me había dicho y el espectáculo que había montado por una frase, no fui capaz de irme a correr por el río, que es la zona no permitida por ella y acabé siguiendo el camino asfaltado. Aunque ese es otro tema, porque a mi madre el río que va por fuera del pueblo y por el que va todo el mundo a correr, le parece sumamente peligroso; pero que me vaya al polígono, que está mucho más abandonado y solo hay algún que otro hombre por ahí, le parece mucho mejor. Sinceramente, si me preguntáis dónde creo que corro más riesgo de ser secuestrada y vilmente asesinada apostaría mi dinero por el polígono, pero ese es otro tema. 

En fin, somos todos culpables en nuestras partes, porque si A) yo no hubiera hablado y hubiera recordado que cuantas menos cosas le diga a mi madre en un tono que no sean sonrisas y palabras agradables, mayor será el riesgo de que pasen cosas así (lo mismo que pasó en mi cumpleaños, vamos) la cosa no habría empezado, B) que, aún habiendo provocado que comenzara a despertarse la bestia, me hubiera callado y resignado a que me trajeran a mi casa sin tratar de oponer resistencia, tal vez tampoco se habría liado tanto, pero C) estamos hablando de una frase, ¡una frase!, una oración compuesta expresando mis pensamientos más íntimos sobre mi arrepentimiento momentáneo de no haber sabido previamente exactamente a qué me exponía cuando iba al pueblo a comer, y, sinceramente, no me excuso, pero es que aunque lo hubiera dicho en el peor de los tonos imaginables, aunque lo hubiera dicho con un coro de demonios a mi espalda haciéndole burla a mi madre, me parece desproporcionado todo el jaleo que se montó y los reproches de mi madre, ya no sus gritos, pero sobre todo el golpe bajo y rastrero de intentar hacerme sentir mal sobre mi ruptura que sería lo único que le venía a la cabeza. 

Ah, y otra cosa que me da mucha rabia es que, obviamente, y por mucho que mi madre quiera decir y luego, de ansiedad e impotencia de ver que llegados un punto no le hacíamos caso, se pusiera a llorar diciendo que todos estábamos en su contra y que ella tenía la razón, que la queríamos dejar como la mala; si, en caso de una discusión así en la que todos perdemos años de vida y dignidad, se puede decir que ha ganado alguien, esa será mi madre, porque mi madre siempre gana y esa es una lección que sí tengo aprendida, porque la historia de los vencedores es la que se cuenta. No aquí, claro, porque yo os cuento mi versión. y si esto llega a oídos de mi madre temeré seriamente por mi vida, pero la versión que se moverá en la familia, la que llegará a los primos sobre por qué nunca volvieron a la fiesta y por qué yo iba llorando por la calle, será algo que me haga quedar como una adolescente caprichosa que tiene que hacer lo que quiera y cuando quiera y quiere fastidiar el bienestar de sus padres, a pesar de tener 24 añazos. Y me da mucha rabia. Porque seré muchas cosas, muchas cosas malas también, pero desde luego no soy caprichosa, ni hago lo que quiero cuando quiero a pesar de lo que diga mi madre. Para ella que tome una decisión que va en contra de lo que ella quiere o dice es hacer lo que yo quiera siempre, y lo dice recriminando como si fuera algo malo. Pero, lo repetiré sin vergüenza, tengo 24 años, soy joven, pero ya no soy una niña, yo soy la que tiene que tomar mis decisiones, claro que tengo que hacer lo que yo quiera, para eso es mi vida. Sin embargo, no soy ni nunca he sido alguien egoísta, si he tenido que anteponer a mi familia o a cualquiera antes que mis deseos, lo he hecho. Kim me preguntó qué iba a hacer con la vendimia y el MIR esta año, porque el trabajo físico de un día entero no pega con las 8 horas de estudio obligatorias y ella me decía que sacarme mi plaza era más importante; pero a mí nunca, en ningún momento hasta que me lo dijo ella se me paso por la cabeza la idea de que estudiar mejor durante el mes que dure la vendimia podía ser más importante que ayudar a mi familia, como hago todos los años. 

No me considero perfecta, pero desde luego no soy egoísta y, quizás por eso, porque me esfuerzo en no serlo y en ser la mejor persona posible, me da rabia que al final la visión que se vayan a llevar los primos de mi madre de mí sea precisamente lo contrario porque su versión prevalecerá. Menos aquí, porque este es mi rincón, y, a pesar de haberme comprometido a ser objetiva en el relato, al final he terminado dando mi opinión, claro. Aunque los hechos en sí han sido más o menos objetivos dentro de lo subjetivo de la memoria. 

En fin, al final, como pasa en todas las guerras, todos salimos perdiendo, porque ni ella pasó la tarde con sus primos divirtiéndose ni yo pude apenas estudiar entre las discusiones, los gritos y el dolor de cabeza de llorar. Pero de nuevo, la que una vez llegados aquí no quiso volver a la fiesta fue ella, porque yo lo que más deseaba en aquel momento era precisamente que se fuera y me dejara tranquila. Así que en esa parte no me culpo. Sobre el comienzo podrá ser todo cosa mía, podrá sumarlo a mi lista de pecados imperdonables por llevarle la contraria en algún asunto de la vida, pero no volver a la fiesta y pasarse toda la tarde y toda la noche discutiendo y ni dormir ni dejar dormir, eso fue ella y solo ella, porque yo llegó un punto en el que dejé de hablarle, dejé de escucharla y me limité a contestarle a lo que preguntaba y darle la razón cuando me la pedía. 

¿Objetivo todo verdad? Bueno, cosas de la vida. A ver si al menos ahora que ya me he desahogado por aquí y mis padres se han ido a pasear, puedo aprovechar la paz para ponerme a estudiar y claro, merendar, porque por no enfrentarme a mi madre estoy evitando salir de mi cuarto todo lo posible. Así que, ahora que lo pienso, aprovecharé para ir al baño y traerme provisiones a mi cuarto. 

Ánimo y suerte!