No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 12 de junio de 2018

Primeras impresiones

Queridos lectores, 

No, tranquilos, que no me he olvidado de vosotros. Lamento no haberos escrito antes para contaros las novedades de esta vida médica. Y aunque, la verdad, no es que pueda achacar mi retraso al escribiros a el deber estudiantil (que debería, pero no ha sido así), sino simplemente a que las horas del día me vuelan y, la verdad, las musas no siempre me acompañan.

Estas últimas semanas, desde que empecé en mi nuevo hospital como trabajadora, residente de psiquiatría, y no como estudiante por primera vez en mi vida, aunque ni el hospital ni yo parecemos habernos dado cuenta del cambio, he estado intentando acoplarme a mi nueva vida, por decirlo de alguna manera, hacerme mi nueva rutina. Y, sobre todo, que como estoy viviendo en un sitio nuevo y soy muy especialita para eso aún me estoy ambientando y adaptando, así que según lo inspirados que estén, no mis musas, sino mis vecinos y tenga más o menos ruido puedo sentirme más o menos inclinada al escribir.

Por ahora aprovecharemos este momento de calma para hablaros de que estoy bastante bien, me siento bien en el hospital, la gente es muy amable, todo el mundo que he conocido hasta ahora parece muy majo y dispuesto a enseñar. Y, aunque no conozco aún a demasiados de mi servicio porque empiezo con rotaciones externas, por ahora me han caído todos muy bien.

Empezar a trabajar no es tan diferente de empezar en un cole nuevo, por ejemplo, tienes esas ganas de hacer amigos, de caerle bien a la gente, de tener una nueva piñita con la que compartir estos cuatros años de experiencias y trabajo. También vives un poco pensando qué pasará, qué harás, si la liarás en algún momento, que seguro que sí, todos lo haremos.

Por ahora, he tenido mis buenos momentos. Como os digo, por ahora no me diferencio demasiado de un estudiante o de mí misma cuando era estudiante. Por las mañanas tenemos charlas y clases teóricas que me impulsan a buscar refugio en mi propio mundo de fantasía porque la verdad que después de seis años de carrera y otro de MIR lo último que me apetecen son más clases teóricas, me gustan cuando son más prácticas. Luego bajamos a prácticas, valga la redundancia, que no son prácticas, pero como si lo fueran porque miro cual pequeño ficus de nuevo, aunque me dejan preguntar, escribir y toquitear cosas. La gran diferencia, maravillosa en sí misma, es que esta vez me pagan por ser una planta decorativa.

Mi mejor momento, que es lo que os quería contar, fue el otro día con una chica joven, no me adentraré en problemas ni datos por la protección del paciente, solo deciros que entró en observación llorando, muy nerviosa y terminó riéndose de mis tonterías. Tendría que haberme llevado mi nariz de payaso (cosa que no es broma, tengo una y la suelo llevar en el estuche del fonendoscopio para momentos especiales). Quizás lo más remarcable es que, en mi ímpetu por acompañar y tranquilizar a esta chic, yo estaba con una caja de pañuelos en las manos (porque le había ofrecido) cuando dijeron que alguien tenía que acompañarla a radiología, para lo que me ofrecí (aunque no sabía todavía dónde estaba radiología) y en mi ímpetu como os decía, me giré pensando qué hacía con los pañuelos y detrás de mí resultó estar el Jefe del servicio de urgencias. El Jefe en sí mismo. Pues ni corta ni perezosa le endosé la caja de pañuelos con un:

-"Toma, que me voy con la chica a radiología."

Menos mal que no es mi jefe...xD. Haciendo amigos en altas esferas.

Interactuar con los pacientes siempre suele ser mi parte favorita del ejercicio médico. Ahora también me gusta cuando hay algo de psiquiatría y estoy en urgencias y hago como que sé mucho xD bueno realmente de psiquiatría sé más que de otras cosas porque siempre me ha interesado más y se me ha quedado más fácilmente. Pero hasta el punto de que llego a recomendar tratamientos, ¿qué os parece? Estoy que me salgo.

Con mis compañeros también hay buena relación por el momento, siempre hay gente con la que te llevas mejor o vas teniendo más cosas en común, pero en general me parecen todos majos. Y esto no tiene nada que ver con que ya le haya dicho a varias personas que tengo un blog y puedan entrar a leerlo...Es todo totalmente sincero xD. Bueno, sí que lo es.

Y poco más chicos, la verdad es que aún estoy reconectando con mi nueva realidad. Espero tener más que contaros próximamente. Además, se aproximan las guardias y ya las temo, qué poco voy a dormir xD.

¡Mucho ánimo a todos!

domingo, 27 de mayo de 2018

Sobrepasando Límites

Queridos lectores, 

Pues ya estoy aquí. Os prometí que os contaría mi primer día y no lo cumplí en ese mismo día porque llegué a casa muy cansada, pero aquí estoy, lista para contaros mis primeras experiencias. 

Pues por ahora hay en mí una mezcla entre mucha felicidad y total y completa incertidumbre, porque la verdad es que no tengo aún casi ni idea de lo que tengo que hacer ni cómo ni cuándo. Aún no nos han puesto tutora y estos días parecen ser de comidas y cenas. Por ahora ya he ido aun almuerzo de bienvenida, una comida de bienvenida y una cena de bienvenida. Solo me falta la merienda. Y aunque mi cuerpo de gimnasio empezará a quejarse pronto por tantas invitaciones culinarias, la verdad es que yo no me quejo xD. ¿En qué trabajo puedes decir que tus primeros días solo te tienes que dejar invitar a comer? 

Es difícil contaros ahora algo, porque tengo ganas de deciros una cosa. Acabo de llegar al piso después de volver el fin de semana a casa de mis padres, y llovía tanto, nunca había conducido con esa lluvia torrencial y carreteras encharcadas. Y he pasado tanto miedo, queridos lectores, la verdad es que sí. Una parte de mí quería parar el coche en alguna parte y, yo qué sé, teletransportarme. Pero ahora que he llegado sana y salva, la verdad es que me siento entre muy cansada y capaz de cualquier cosa. Así es como puedo resumir estas últimas semanas de mi vida. Estoy haciendo tantas cosas que nunca me creí capaz de hacer que siento que, si me esfuerzo ya puedo hacer casi de todo. No solo conducir y conducir sola, además, moverme por la ciudad, ir a pueblos de alrededor para buscar a médicos que me tenían que firmar. El otro día tomé el metro para ir a otra ciudad (a 15 minutos)pero no me puse nerviosa. Sé que puede parecer una tontería si no recordáis o no habéis vivido, como yo, la ansiedad que yo he sentido en algunos momentos de la vida por cosas tan cotidianas como tomar el metro o un autobús e ir a lugares desconocidos. Y deseo que nunca la paséis la verdad, porque es muy desagradable. 

Por eso me alegro tanto de hacer cosas, simplemente hacerlas, sin sentir miedo, ansiedad o sin evitar hacerlas y darme cuenta de que hace apenas dos o tres años habría sido incapaz de lograrlo, la ansiedad me habría superado, así de simple. 

No os creáis que todo es fácil. Me siguen costando muchas cosas y, a veces, la ansiedad está ahí aunque no la note y me siento terriblemente cansada. Es una lucha constante. 

En fin, voy a ser breve porque con esto de luchar contra los elementos estoy deseando tumbarme, pero quería deciros que estoy bien, que estoy muy contenta, a la vez que nerviosa y expectante, aún con muchas cosas por descubrir, que estoy conociendo gente que me parece genial y espero hacer buenos amigos. Y que creo sinceramente que, con esfuerzo, dedicación y una profunda introspección para ser conscientes de qué es lo que debemos mejorar de nosotros mismos, podemos superar cualquier miedo y conseguir esos pequeños retos que nos proponemos. 

En otro momento, y cuando haya tocado lo que se dice hospital, os hablaré un poquito más de mis nuevas experiencias. Mañana me pondrán las primeras guardias de junio, espero que no coincida con el cumple de mi padre u.u

¡Mucho ánimo a todos!

miércoles, 23 de mayo de 2018

Una nueva aventura

Queridos lectores, 

Ya sé que os dije que os escribiría cuando empezara en el hospital y eso, para ser exactos, es mañana. Pero acabo de instalarme en la que espero que sea mi nueva casa y digo "espero" porque aunque el contrato está firmado y será mi nuevo piso, de ser una vivienda a ser una casa o un hogar con lo que eso conlleva hay una gran diferencia. Anteriormente, he vivido en varios pisos donde alquilaba la habitación, con compañeros de piso que no eran ni de mi elección ni siempre de mi gusto. Lo cual dificultaba muchas veces la convivencia. Ahora, estaré con mi hermano, que tiene su genio pero al menos nos llevamos bien y sabemos respetarnos el uno al otro y no invitar a una horda de chinos cuando queramos dormir o estudiar. 

Os escribo hoy, antes de lo acordado porque estoy en ese punto entre nerviosa y excitada de no saber qué hacer con mi vida, no sé si me explico. Esta mesa nueva aún no me convence para escribir por cierto, la medida no le va bien a mis manos y me equivoco al darle a las teclas, pero bueno, ya me pondré un escritorio mejor si lo prefiero. 

Volvamos al punto que me disperso. Voy a ser breve porque la verdadera aventura empieza mañana pero quería compartir con vosotros estos nervios anticipatorios que, por una vez y para variar, no son de ansiedad o pre-exámenes, sino el cosquilleo en el estómago y las mariposas revoloteando a las que te enfrentas antes de enfrentarte a una nueva aventura. 

Y, antes que nada quiero decir dos cosas: Una, que la vecina de abajo está sorda y tiene la tele súper alta, y Dos, que me siento muy afortunada de estar aquí escibiéndoos. Vale que mi nota en el MIR no fue para tirar cohetes ni para ponerla en Instagram (hubo gente que lo hizo), pero aún así he podido coger una especialidad que siempre me gustó en un buen hospital en la ciudad que era mi primera opción. Además mi CoR, la que será mi compañera en estas aventuras a las que nos enfrentamos es mi amiga Liv a la que ya conocía y ha sido una suerte tener a alguien conocido para preguntarle si sabía qué hacer o solo para sentirnos perdidas las dos sin complejos xD.

Conozco a gente que quizás mereciéndolo tanto o más que yo no pudieron coger la especialidad que querían o tuvieron que irse más lejos o repetir el MIR.

En fin queridos lectores, que espero impaciente el momento de poder contaros todas mis nuevas aventuras en un escenario, por otro lado, ya conocido porque no salimos de los hospitales xD pero a la vez desde una perspectiva quizás un poco diferente o muy diferente, eso se irá viendo. 

Me ha dado pena, claro, despedirme de mis amigas del gimnasio, de las chicas de pilates, y ni siquiera pude ir ni ayer ni hoy a despedirme de mis perros u.u pero no importa porque el sábado vuelvo a casa xD. La verdad es que me he traído maletas y me he despedido como si me fuera a la guerra cuando voy a volver en tres días. Sobre todo mi madre no paraba de repetir que si me independizaba como si fuera a suponer un gran cambio en mi vida. Pero yo no lo siento así. Puede parecer algo extraño, sobre todo, cuando yo misma os dije no hace demasiado que esperaba que mi vida cambiara. Y así es, pero no lo quiero ver como un gran cambio, sino como una progresión natural de la vida. 

Es verdad que habrá cambios, cambios necesarios por otra parte, quiero ser más libre y sentirme más independiente y valiente, pasar tiempo con amigas y hacer cosas que disfrute. Pero seguiré yendo a mi pueblo porque me gusta mucho y están mis perros allí. 

Bueno, mis queridos lectores, me voy despidiendo por hoy porque es hora de ir haciendo la cena y decidir qué peli o serie quiero ver hoy xD Mañana volveré, si nada me lo impide, para contaros, entonces sí, las impresiones de mi primer día. 

¡Deseadme mucha suerte!

domingo, 20 de mayo de 2018

Perfectamente Imperfectos

Queridos lectores,

No sabéis cuánto me alegro de no haber deseado nunca ser mayor de lo que soy. Porque, ¿sabéis esos niños que llegan a los 12 o los 13 y empiezan a salir, a fumar y a beber? Todos los adolescentes que piensan que no pueden esperar a ser mayores de edad, a todos esos niños y gente joven que está deseando "hacerse mayor"...pues si yo alguna vez hubiera pensado así ahora mismo me estaría dando cabezazos contra la pared. Hacerse mayor, madurar y todo ese paquete trae consigo grandes aventuras, sí, seguro, pero también grandes responsabilidades. Como diría el tío de Spiderman: "un gran poder conlleva una gran responsabilidad"

Y es que el mundo es complicado. Y el mundo de los adultos, todavía lo es más. Yo, personalmente, me alegro de haber disfrutado mi infancia al máximo y haberla estirado todo lo posible hasta llegar a los 25 años enamorada de los unicornios, poseyendo camisetas de los Minions, con Dory como mi fondo de pantalla y llorando con las películas Disney (por no hablar de que me sé todas las canciones). Y espero que los horrores y estreses de la vida adulta moderna no mate nunca a la niña que llevo dentro. 

Pero crecer está muy bien. Ya que es inevitable tratemos de verlo por el lado positivo. Ante nosotros se abre un nuevo mundo y, hasta cierto punto, tenemos la suerte de poder decidir cómo vivirlo, qué clase de personas queremos ser. Hagamos que los niños que llevamos dentro se sientan orgullosos. Se habla mucho de cómo deberíamos vivir, qué es la felicidad o cuáles son los pasos básicos a seguir. Por ejemplo, ahora que ya tengo trabajo y una carrera (orden inverso, pero da igual) mi madre no puede esperar a que me eche novio, me case y la haga abuela. Y, aunque no estoy en contra de la idea del amor romántico y me gustaría mucho ser madre, la cosa es que tenemos muchas más opciones de cómo queremos vivir. 

Yo no quiero quedarme esperando a que llegue mi Príncipe de alguna tonalidad azulada, ni quiero conformarme con la primera rana que pase e intente ligar conmigo. Yo quiero vivir sin miedo a la vida. Quiero salir de mi casa, literalmente, salir de mi casa por las tardes y no estar encerrada. Parece una tontería pero cuando te han criado con muchas paranoias sobre los peligros del mundo y lo "frágil" que eres por ser mujer, que en cualquier momento podrían raptarte y violarte por la calle (así es mi madre) pues algo se te queda dentro y te da como algo de miedo hacer ciertas cosas, ir a ciertos lugares, salir de tu casa, básicamente. Pero yo ya no quiero seguir viviendo con miedo, no quiero vivir sintiéndome una víctima, andar pendiente de lo que me rodea por si me atacan. Y creo que eso nos pasa a todas las mujeres, de una forma u otra, aunque no sea por la paranoia de nuestras madres, sino simplemente por lo que vemos en los medios, por nuestras propias experiencias. Queremos vivir nuestras vidas sin miedo. 

¿Sabéis qué quiero también? Vivir aventuras. Aunque mi presupuesto no me da para viajar al Everest ni al Amazonas, aunque sean aventuras chiquititas, aunque solo sea un viaje a Teruel. Quiero ayudar a la gente y sentirme bien. Y, claro, en todo esto, me gustaría tener compañeros, amigas, gente que quiera, y, por qué no, quizás incluso un novio, pero como mi compañero de aventuras, no como un condicionante para una vida impuesta. 

La vida ya es bastante complicada como está, no sé por qué la gente se empeña en complicarla más. 

Cuando empiece a trabajar echaré de menos mis plantas y a mis perros, y a mi hermano y a mis padres, también mi gimnasio y a la gente. 

Pero en estos días de papeleos interminables y profunda reflexión me he dado cuenta de algo. Quizás, si me lleváis leyendo mucho tiempo o me conocéis en persona, recordaréis esas épocas en las que odié realmente la medicina. Fue sobre todo en cuarto de carrera cuando estaba atravesando una depresión y culpaba a la carrera de todos mis males. Fui bastante injusta en ese momento, pero espero que tanto la medicina como vosotros me perdonéis con la excusa de que estaba pasando una depresión mayor (cosa que es cierta por cierto). Lo que quiero decir es que, por más que renegué entonces de la carrera y deseé cambiarme y estudiar otra cosa, hoy doy gracias al Destino por haberme llevado por este camino que yo no siempre me imaginé tomando, pero que creo que me ha ayudado a descubrirme a mí misma y a mejorar como persona de maneras que, quizás, otra carrera o cualquier otro camino no habrían logrado. Y por eso, me siento agradecida.

También es probable que la medicina me haya ayudado un poco a entender ciertas partes un tanto indeseables de mi personalidad. Tengo unos neurotransmisores un poco defectuosos y, ya sea por genética o por crianza, aunque sobre todo culpo a la genética, me siento (y estoy) probablemente más predispuesta a sufrir una depresión mayor que otras personas, ya he pasado dos de hecho y ni siquiera soy muy mayor todavía, así que todavía me quedan. También tengo la ansiedad impregnada en el ADN y a pesar de mis mejores esfuerzos en controlarla, todavía hay muchas cosas y muchos momentos en los que sufro ataques de ansiedad sin poder evitarlo. Puedo controlarlos una vez que pasan y, si sin estímulos conocidos los que lo provocan, puedo anticiparlo y quizás sí evitarlo un poco, pero si el estímulo que me causa la ansiedad es inesperado pues es difícil controlarlo. En fin, la verdad es que no es agradable, pero quizás gracias a mi formación médica puedo ver la parte más biológica de los hechos y entender por qué soy así, qué me sucede, aceptarlo igual que otras personas pueden sufrir otras enfermedades hereditarias o genéticas en general, y a partir de ahí, aceptando que así es como soy. No estoy loca, no estoy mal de la cabeza, no soy rara, simplemente en la lotería de la configuración genética me tocó ser así y mi crianza lo afianzó. Pero ahora depende de mí poder aceptarlo y superarlo y seguir adelante con mi pequeña carga que forma parte de mí, para bien o para mal. Es molesto, sí, pero también me permite comprender mejor a pacientes y personas en general.

Porque nadie es perfecto, mi muy querido lector o querida lectora, la perfección es un ideal y además muy subjetivo, porque no todos la entendemos igual, obviamente. Y, como somos humanos, somos imperfectos y, además, algo originales en nuestras imperfecciones, cada uno tendrá la suya. Empeñarse en negarlo, esforzarse en ser perfecto y superar todos y cada uno de nuestros defectos sin aceptarlos, es meterse por un camino muy escabroso.

No hay nada mejor en esta vida, o pocas cosas mejores, que la paz y la tranquilidad placentera, por decirlo de alguna manera, que sientes cuando te dices a ti mismo: "así es como soy, esta es la persona que soy, la persona en la que me he convertido, con todos mis fallos y virtudes, con todos mis errores y mis aciertos, me acepto así, me quiero así (por cursi que suene), me siento orgullosa de mí misma y me perdono todos los errores por los que me martiricé en el pasado".

Suena a votos matrimoniales, pero es algo así. Me he dado cuenta de que los humanos vivimos con una carga muy pesada que nos lastra y nos impide ser felices. Y proyectamos esa carga, pensamos que viene de nuestro pasado, de malas experiencias, de viejas heridas que alguien nos pudo infligir y nos marcaron, de errores que cometimos...y puede que algo de razón tengamos, obviamente, todo nos va marcando, nos va moldeando, pero la verdadera carga está en nosotros mismos, en no permitirnos ser humanos, ser imperfectos, en no perdonarnos nuestros propios errores o perdonar a los demás, que también es importante.

Así que, bueno, ese es mi consejo y yo pues también intentaré seguirlo. No siempre es fácil, pero vale la pena.

Probablemente esta sea mi última entrada antes de empezar a trabajar en el Hospital, porque empiezo esta semana, así que para la próxima os contaré mis impresiones y experiencias y, seguramente, os aviso, volveré a cambiar el nombre del blog xD pero eso será PRÓXIMAMENTE...(To be continued) como en las series.

¡Mucho ánimo y suerte!

sábado, 12 de mayo de 2018

Las dichas de ser una planta

Hola, hola, mis queridos lectores,

¿Os acordáis de aquellos días como estudiante de medicina, de trabajos y prácticas en las que me quejaba por ser un cactus o un ficus (es decir, no pintar nada)? Pues no sabéis cuánto los echo de menos ahora mismo.

Estoy con la dura tarea de encontrar un alquiler para vivir y, creedme, al lado de esta Odisea el MIR me pareció un lindo paseo. Pero bueno, qué le vamos a hacer. Es curioso porque vivimos la vida por etapas, no sé si os habéis fijado, y estoy bastante convencida de que durante esas etapas, básicamente, nos dedicamos a mentirnos a nosotros mismos. Por ejemplo, cuando empezamos el instituto, esa época de cambios mentales y hormonales tan complicada por la que todos pasamos. Esos seis años, más o menos según cada caso, se nos hacen eternos. Sobre todo si, como yo, sois un poco los marginados de clase. Yo guardo grandes recuerdos de mi instituto, de hecho hace apenas dos días fui a la reunión en la que celebraban su 50 aniversario como Instituto, le tengo un gran cariño a todos mis profesores y siempre que puedo, me gusta ir y recordar, ver la biblioteca a la que iba todos los patios, el baño en el que me escondía para almorzar antes de ir a la biblioteca todos los patios...Como veis no tenía una gran vida social, pero tuve mis buenos momentos, como sacar las mejores notas y ganar muchos concursos. Aunque, a lo que iba, entonces recuerdo que estaba deseando que empezara la Universidad y cambiar de aires, irme de mi pueblo, no porque no me gustara, que me encanta, sino porque aquí me sentía asfixiada, intimidada, por toda esa gente que me había tratado mal durante el instituto. Y creía, pobre de mí, que en la Universidad las cosas serían más fáciles.

Craso error.

Bueno, tuve amigas y me alegro por ello. Pero las cosas no fueron, ni mucho menos fáciles. Y luego llega el MIR que te hace recordar con cariño los exámenes de la universidad que solo duraban de dos a tres horas. Después, llega todo el estrés del número y la plaza y el viaje a Madrid y extrañas la tranquilidad de solo dedicarte a estudiar durante el MIR y no tener que pensar. Y piensas, que parece ser la raíz de todos nuestros problemas, que una vez tengas la plaza las cosas irán mejor, pero entonces es cuando empieza el juego, amigos míos, porque encontrar vivienda es más difícil que acertar por azar una pregunta tipo test.

Y eso que ni siquiera hemos llegado a la peor parte y que más miedo debería darme y me dará: trabajar. Tener a personas bajo mi responsabilidad, velar por su salud, hacer guardias...

Ah, echo de menos ser una planta y preocuparme solo de salir de vez en cuando al sol para hacer la fotosíntesis. ¿Por qué nos empeñamos en dejar de ser un cactus, si los cactus son felices? ¿Son los humanos felices?

Es una pregunta muy seria, queridos míos, ¿somos felices? Tú que me estás leyendo, ¿eres feliz? Porque aún no he empezado a trabajar como psiquiatra, pero todo el que me conoce me adopta como psicoterapeuta, tiene que ser mi cara que da confianza o algo, y analizando lo que la gente me cuenta, he llegado a la conclusión de que los humanos hemos avanzado mucho tecnológicamente: tenemos aviones, ordenadores, internet, productos transgénicos...pero por más que hemos aumentado nuestro conocimiento sobre el mundo, no nos hemos parado a conocernos a nosotros mismos.

Es curioso ver que nuestros problemas, aunque diferentes para cada uno a su manera, son bastante similares en términos generales. Supongo que los seres humanos no somos tan originales como nos gustaría o como nos creemos.

Creo que el estrés me está volviendo muy profunda, porque el otro día, mientras arreglaba las plantitas que tengo en mi terraza (y que tengo miedo de que mueran cuando yo me vaya porque mi madre no se acordará de regarlas) tuve un pensamiento muy curioso. Mientras cortaba las flores que ya se habían marchitado para tirarlas me pregunté si sería algo parecido a la vida y, sin querer faltarle al respeto a la fe o las creencias de nadie, pero empecé a pensar si podría ser así cómo nos vería un ser superior, un dios, si hubiera un dios encargado de recoger las vidas de las personas ya marchitas como yo recogía aquellas flores, ¿qué sentiría, qué pensaría? ¿sentiría pena por la belleza perdida? Tal vez, pero para un ser eterno seríamos poco más que flores, nuestras vidas nacen, florecen y se marchitan en un parpadeo.

Lo que pasa es que en ese espacio de tiempo desde el florecer y el marchitar, las flores se dedican a hacer la fotosíntesis y nosotros nos llenamos de problemas. También vivimos más aventuras que una planta, o eso espero, al menos esa es mi aspiración: vivir más aventuras que una planta (lo acabo de decidir) incluso aunque con ello vengan también más responsabilidades.

De todas formas, id tomando conciencia de que tan pronto como tenga el tema del alquiler de piso solucionado la semana que viene (que si no pasa nada, firmaré el contrato y entonces ya podré hacer público que he superado otra más de las pruebas de la vida moderna), empezaré a tomar conciencia de que no solo voy a ser médica de palabra, sino que voy a empezar a trabajar como tal con sus guardias en urgencias y todo y la vida de personas dependerá de mí. Cuando pienso esto es cuando más feliz estoy de haber elegido psiquiatría, por lo menos la presión de las Urgencias vitales no me acompañara toda la vida, solo durante la residencia, pero no cada día.

Que, por cierto, lo siguiente en lo que empezaré a concentrarme cuando tenga lo del piso listo será en encontrar un gimnasio y una biblioteca cerca. Lo que ya tengo lista es la musiquita para viajes en mi coche.

¿Sabéis de qué tengo miedo realmente ahora que empiezo esta nueva etapa? A que realmente no sea diferente a lo anterior. Y eso tiene que ser grave, porque yo siempre he sido una persona que se asustaba bastante ante los cambios gordos, pero esta vez no solo los quiero sino que el miedo es a que no se produzcan. Quiero cambiar de verdad. No cómo soy o mi personalidad ni nada de mí, solo mi forma de vivir la vida. Quiero vivir sin miedo, sin presiones más allá de las que tiene todo ser humano, sin pensar en que tengo que llamar a mi madre a una hora o mandarle un mensaje, poder quedar con amigos a tomar un café, tomar el coche e ir a sitios, ir a ver a Sadee si me apetece, o a vivir alguna aventurilla. Quiero vivir, básicamente, como una persona normal y no como una planta, esperando a que me recojan cuando me haya marchitado.

Así que no todo son dichas siendo una planta, al fin y al cabo. Vaya, qué decepción.

Por ahora, me voy a ver a mis perros que los echaré mucho de menos cuando empiece a trabajar. Pero vosotros tranquilos, que incluso aunque consiga realizar mi gran cambio no dejaré de escribiros para contaros lo que voy aprendiendo de esta vida ;)

Ánimo y suerte!

domingo, 29 de abril de 2018

And the winner is...

Queridos lectores, 

Como sé que todos estabais en tensión, sin saber qué hacer con vuestras vidas, esperando impacientemente para saber qué me depararía finalmente el día de mi elección, qué vendría a contaros, si pude o no elegir psiquiatría, si pude o no quedarme en la ciudad en la que estudié o acabaría marchándome a algún lugar recóndito de España, si acabaría haciendo Hidrología en Alpedrete. Como sé que esta semana, desde que os avisé de que se acercaba el momento de la verdad, habéis vivido conmigo desde la distancia los nervios y las dudas, os habéis estado preguntando en esos momentos muertos del día ¿qué pasará con Laura? como sé que habéis estado actualizando la página del blog cada segundo con la esperanza de que el momento llegase antes y yo os agradezco en el alma vuestro apoyo y ánimo moral que he sentido en la distancia...He venido a sacaros de toda duda y a contaros, de una vez y por todas, dónde y de qué haré la residencia.

Pero eso será después de la publicidad. 

Es broma, es broma.

Aunque, para seguir creando expectación, os iré contando cómo fue la experiencia. La noche previa a mi fecha de elección en el Ministerio de Sanidad, en Madrid, apenas dormí. No solo estaba nerviosa por el hecho de que al día siguiente se decidiría mi futuro (al menos los futuros cuatro años). Sino que estaba preocupada por todo lo que el viaje conllevaba: madrugar, coger el AVE, llegar a Madrid, no cagarla eligiendo y volver a casa sanas y salvas. Y hablo en plural, no porque el estrés me haya hecho desarrollar un trastorno de personalidad múltiple, sino porque mi madre se vino conmigo. 

Me levanté a las 5:15 a.m. que debería ser ilegal, pero era necesario. La verdad es que esta fue la segunda vez que tomé el AVE con destino a Madrid, la primera que lo hacía desde la estación que usé el viernes, y estaba algo nerviosa porque era muy, muy, muy importante, no perder el tren. Y es que a la gente le gusta contar historias de miedo sobre la vida real. Me habían hablado mucho de que, como esta es una estación pequeña y el AVE es muy puntual, apenas paraba unos segundos y prácticamente había que saltar al vagón para que no te dejara en tierra. Y lo mismo para bajar a la vuelta. Me habían pintado una imagen casi de película de acción en la que, poco más, y le faltaba una explosión de fondo para que me la robaran en Hollywood. Otras personas me habían repetido mucho que mirase bien la vía, que había que cruzar al andén por un túnel, que había gente que se había olvidado de cruzar y se habían quedado en la vía equivocada, y yo les decía "pero habrá alguien que me especifique dónde es cuando pase los billetes", pero empezaban "es que no suele haber gente, es que yo no recuerdo ver a nadie" blablabla. Pues bien, mis queridos lectores, me alegra comunicaros que todo resultó ser una patraña del tamaño de la Puerta de Alcalá. Porque mi tuve que saltar en ningún momento ni a ni del tren y además hubo gente que muy amablemente me confirmó dónde me tenía que poner para esperarlo. Así que fue todo bien. 

El viaje no fue demasiado largo y llegamos a la hora prevista, es decir, terriblemente pronto. Pero, como os decía, es una estación pequeña y los trenes que cogí eran los únicos disponibles que pasaban por ella. De haber querido tomar otros tendría que haber hecho una hora en coche para ir a la estación grande y luego pillar el tren. Aprovechando que estamos en el trayecto hacia Madrid, permitidme que os relate las maravillas del paisaje. Puede que yo no haya viajado mucho (casi nada, de hecho) y quizás no puedo decir que ame España en el sentido de estar de acuerdo con gobiernos y políticas de todo tipo, pero me encantan los paisajes, sobre todo los de esa España profunda, más perdida, de Castilla-La Mancha, ahora en primavera cuando todos los campos que se han sembrado están verdes y las praderas se convierten en océanos de colores y de vida hasta donde te alcanza la vista. Me encanta. Aunque hay que ir en primavera, porque en otras épocas del año no hay tanto verdor. 

En fin, cuando llegamos a Madrid sabía que lo peor...estaba por llegar. No, al contrario, aunque no lo creáis, mi mayor miedo era perder el AVE o algo por el estilo. Estando ya en Madrid, con el ministerio a la vista y sabiendo que llevaba todo lo necesario, sabía que no podía hacer nada más, así que simplemente me propuse pasar la mañana por la ciudad lo más entretenida posible. Paseé por el Parque del Retiro, vi el Palacio de Cristal que me quedé sin verlo la última vez que estuve allí, vi muchos patos, me senté en la mitad de los bancos que encontré (porque quería conservar todas mis fuerzas), almorzamos, tomé mucha cafeína porque no había dormido... básicamente hice una mañana turística, pero limitándome a la zona cercana al Ministerio, que no me quería perder. Luego, resulta que mi amiga Liv elegía esa mañana así que cuando salió fui a verla, a felicitarla porque ella también quería psiquiatría y había podido coger la penúltima plaza del hospital que quería, bueno, de la ciudad que quería, porque así como yo no tenía tantos problemas si me tenía que ir a otro lugar, ella quería quedarse en Valencia. Así que la felicité, estuvimos un rato hablando, me relató su experiencia, y luego ya, yo me fui a comer y ella también, pero por otro lado.

Cuando llegaron las 14:45 sí que estaba nerviosa. Ese momento de esperar a que dijeran mi nombre, con miedo a no oírlo por cualquier ráfaga de viento o a que un funcionario se saltara una línea y se olvidara de mí, qué pánico. Pero en el momento en el que entré en la sala y me senté, supe que todo iría bien. De una forma u otra, mi Destino ya estaba decidido y a mí solo me quedaba averiguar cuál sería. 

Para aquel momento, quedaban 4 plazas que quería y otras tantas que no me hubiera importado tomar. Así que me sentí tranquila, por decirlo de alguna manera, sabiendo que, a menos que se me cruzara algún cable, saldría de aquella habitación siendo una futura residente de psiquiatría. Antes de llegar hasta aquí, os tendría que contar, que toda la semana fue frenética. Desde el primer día comenzaron a cogerse muchas plazas de psiquiatría y, como en Cataluña ha habido mucha inestabilidad política a causa del proceso de Independencia, muchos futuros residentes optaron por no elegir esta comunicada, y claro, lo que Cataluña perdió fue a parar a la Comunidad Valenciana. El miércoles se acabaron de golpe casi todos los hospitales de Valencia, en psiquiatría, y solo quedaban 2 plazas en la ciudad. Una de las cuales, como os decía, se quedó mi amiga Liv. Así que el jueves lo pasé pensando que acabaría en cualquier lugar de España. Pero cuando llegó el viernes por la tarde y todavía quedaba 1 plaza en Valencia y otras 3 en ciudades algo más lejos, pero a una distancia que no me dejaba de ser cómoda y que e gustaban, me sentí tranquila, como os decía. Solo quería acabar con aquel proceso, elegir una plaza, y seguir desde ahí. 

Eligieron 192 personas antes de que llegara mi turno y en 192 ocasiones escuché atentamente sus elecciones para saber si debía o no tachar una de esas 4 plazas que quería. El Destino quiso que justo a mi izquierda se sentase una chica que quería hacer psiquiatría, pero no en Valencia; y, a mi derecha, otra chica que quería venir a Valencia, pero no coger psiquiatría. A la primera le cotilleé la hoja de elección para preguntarle dónde quería ir (porque iba antes que yo) y me dijo que no me preocupara, que tenía muchas opciones antes de Valencia; y a la segunda le di mi número para que conociera a alguien en Valencia porque ella era de Zaragoza. ¿Sinceramente? No terminé de saber qué cogieron ninguna de las dos, porque una vez en el estrado estaba tan concentrada en elegir que el resto del mundo desapareció durante unos minutos. 

Pero volvamos un poco atrás, antes de subir al estrado, antes de decir qué era lo que quería, cuando empezaron a quedar solo 100, solo 80, solo 40, solo 20 personas delante de mí y ya podía saber, prácticamente, que esa última plaza en Valencia podía ser mía si la quería, entonces empecé a comerme la cabeza xD ¿Y si prefiero Albacete? ¿Y si prefiero Castellón? ¿Qué hospital era mejor? Ya ni me acordaba de qué tenía cada uno, ¿y qué ciudad me gustaba más? Solo he conocido algo más Valencia. ¿Y si prefiero conocer gente nueva porque en Valencia ya conozco gente? No lo sé, me hice toda clase de preguntas. Y quizás algunas estaban bien, pero ya era algo tarde, porque en ese momento yo tenía mi lista y sabía que pensar demasiado sería meter la pata porque hice mi lista pensando, un día en el que podía pensar tranquila en mi casa, con mis notas sobre los hospitales y la calma de no estar presionada y delante de gente, y decidí el orden de elección. Y por muchas dudas que me entraran en ese momento, ese era mi orden, esa era mi lista y tenía que seguirla. Es cierto que, desde el momento en el que escribí mi orden de elección, deseé ir a ese hospital, ese en el que quedaba solo una plaza, pero también descarté ir allí, porque era muy difícil que con mi nota, lo que se estaba demandando Valencia, lo que se estaba demandando psiquiatría, pudiera cogerlo. 

Pero allí estaba yo, delante del último ordenador en el que podía y debía elegir mi plaza, y ese último puesto estaba ahí y era mío si lo quería. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Qué elegir? ¿Elegiría esa plaza o me iría a Asturias, más lejos de mi madre?

Lo sabremos a la vuelta de publicidad. 

Pues aquí seguimos. En el mismo lugar en el que lo dejamos. Y para acabar con vuestra intriga y permitiros por fin dormir por las noches: sí, elegí esa plaza. ¡Voy a ser resi de psiquiatría! Y no me tengo que ir muy lejos, lo justo supongo. Además ya conozco a mi co-R, que es una de mis amigas de la uni, así que no puedo pedir más. 

Espero que la emoción haya valido la pena xD me gusta recrearme en las historias. Ahora solo tengo que hacer...un montón de cosas, pero nos ocuparemos de eso otro día. Dejaré esta entrada como positiva, en modo somos guays. 

Y eso es todo lo que tengo que decir. Se vivieron momentos de tensión: personas llorando, personas con ataques de ansiedad (ninguna de ellas fui yo, que conste), incluso hubo una chica que estuvo a punto de elegir la última plaza de gine, que estaba en el culo de España y ella era de la otra punta, donde estaba su novio y su familia (justo la que estaba a mi lado la conocía y lo lo dijo) pero en el último momento dijo que no y se quedó en su casa con su novio (oooh que bonito); otro que con un 145 había esperado hasta el 3000 y pico para elegir con su novia. Vaya, cuánto amor en el MIR. 

En fin, una cosa menos, ahora solo quedan un par de retos más en el calentamiento y para finales del mes que viene os empezaré a escribir en ansiedad perdida sobre el auténtico reto. Empieza el juego. Casi no puedo creerme que vaya a empezar a ejercer de médica en menos de un mes, espero no matar a nadie. No os pongáis enfermos por ahora, ¿vale? Dejad que me centre un poco primero y recuerde todo lo que he olvidado en estos meses post-MIR. Va a ser divertido, al menos para vosotros que os iré contando mi experiencia. Ojalá me dé para escribir un libro xD.

En fin, fuera bromas, sé que seguramente no habréis perdido el sueño por mi elección, pero aún así sé que algunos de los que me leéis os habéis interesado, ya sea porque me conocéis o solo me leéis, algunos me habéis escrito para mandarme ánimos, algunos ya sabríais al empezar esta entrada cuál sería el final porque ya sabíais qué plaza había cogido xD pero indistintamente, muchas gracias a todos por vuestro apoyo. Y os seguiré viendo (o no viendo, pero escribiendo) en esta nueva etapa de mi vida para la que puede o puede que no vuelva a cambiar el título del blog. Ya se verá. 

Muchas gracias y mucho ánimo a todos ;)

jueves, 19 de abril de 2018

Se acerca la elección

Mis queridos lectores, 

Mañana empieza la etapa de selección de plazas del MIR y creo que no estaría tan nerviosa ni siquiera si, en vez de elegir plaza, fueran a sacar papelitos para elegir a los tributos para los Juegos del Hambre. Quiero decir: ¿una isla llena de peligros, gente que intenta matarte, bestias y bayas venenosas? Sin duda puedo con eso. ¿Funcionarios, papeles y burocracia más un viaje a la capital? Uff solo pensarlo me aterra. 

Por suerte para mí, que no tengo la mejor nota, aún me quedan unos cuantos días para que las demás me expliquen cómo ha ido y asegurarme de que no me falta nada. 

Y un lector anónimo me comentó diciéndome si psiquiatría era mi "elegida". Bueno, por el momento solo en mi mente pero espero que también lo sea en la realidad. Aunque a veces me pregunto qué clase de psiquiatra seré. Igual que a veces me planteo qué clase de persona soy. Y sí, estoy intentando llevar la conversación a un tema más profundo. 

Porque, como quizás sabéis, soy una persona un tanto alocada cuando me encuentro bien, me gusta la alegría, simplemente la felicidad de las cosas pequeñas, porque la vida ya es lo suficientemente estresante y dura tal y como es, no tenemos por qué empeñarnos en que todo sea aún más difícil. ¿Por qué no disfrutar de los pequeños momentos del día, de esos retazos de felicidad? Como ver, realmente ver, un paisaje, aunque lo hayas mirado ya miles de veces, aunque sea el mismo camino que haces cada día hacia clases o de vuelta a casa, por muchas veces que hayas visto el mismo árbol, no siempre será el mismo: florecerá, perderá sus colores, tendrá nuevos, lo teñirá el otoño y cambiará en invierno. Y  el mundo es tan bonito en primavera. Cada prado verde logra emocionarme y alegrarme, como si fuera lo más bonito que he visto nunca y, quizás, lo es. 

La vida es suficientemente difícil tal y como está y yo soy consciente de ello porque me enfrento cada día a mis ansiedades derivadas de un trastorno de ansiedad generalizado, combato taquicardias y crisis de angustias, nauseas y otros malestares diversos. He pasado dos depresiones mayores con una gran ideación suicida en ambos. Tuve las pastillas en mis manos más veces de las que quise contar antes de convencerme de seguir peleando. Y eso que mi vida ni siquiera ha sido demasiado dura. No he tenido ningún trauma infantil que realmente me marcase, no he sobrevivido a grandes tragedias ni a guerras. Tan solo se ha mezclado una crianza patológica con unos neurotransmisores predispuestos a la ansiedad y la depresión. Mal cóctel. 

Pero sigo viviendo con alegría. Porque, y estoy convencida de esto, somos precisamente las personas que hemos pasado por momentos así, por depresiones y ansiedades, las mismas que tenemos esa sensibilidad especial y que, en el fondo de nuestros corazones, sabemos y tememos que podemos volver a caer al pozo en cualquier momento; las personas que más valoramos la felicidad, por tonta que sea, por simple que sea. Reírse por un chiste malísimo, alegrarse de una manera casi infantil al ver una mariposa, emocionarse por las cosas que los demás dan por hecho o ven normales. Porque no saben realmente lo oscuro que puede volverse el mundo si dejas de valorar esas pequeñas luces por el camino. 

Y me hace gracia porque ahora en el gimnasio hay mucha gente que me dice que estoy loquísima, que soy la alegría personificada (eso me han dicho hoy, no me lo invento), y además me han dicho que (cito textualmente) soy la mejor tras llevar una tarta a clase de pilates, que es lo más normal del mundo porque ¿quién quiere fortalecer el centro con abdominales cuando puedes rellenarlo con un poquito de tarta? Me hace ilusión, claro, cuando me dicen estas cosas, pero al mismo tiempo me pregunto qué pensaría esta gente que cree que soy todo alegría y locura infantil si les dijera que he pasado dos depresiones mayores, qué pensarían si les hablara de las veces que he deseado simplemente morir. ¿Entenderían que la alegría que ellos ven no es una mera locura ni un comportamiento infantil, sino que se convierte en una necesidad, en un mensaje que quiero transmitir al mundo? El mensaje de buscar la felicidad por encima de todo. 

Quizás el problema y por lo que no suelo aceptar bien estos cumplidos es porque siento que no me conocen, que no saben cómo soy ni lo que he vivido y, quizás, si lo supieran ya no me considerarían la "alegría personificada". ¿Y de verdad eso importa? Pues no lo sé, lo que sí que sé es que el paso más importante es el de aprender a conocerse y a aceptarse a uno mismo, y es un paso largo, puede costar toda una vida. Pero también es el paso más satisfactorio porque una vez que lo has hecho y logras estar en paz contigo mismo, lo demás es cuestión de tiempo y paciencia. 

Así que esta soy yo, con mis ansiedades y mis nervios, y los recuerdos de las depresiones que llevo conmigo, y la que le hace tartas a gente que apenas conoce porque se entera de que están embarazadas, y le lleva un termo de infusión a la profesora de pilates porque está enferma, y piensa en las personas a las que ha ayudado y podrá ayudar cuando necesita buenas sensaciones que sobrepasen a los nervios. No soy perfecta, ni mucho menos, ¿pero quién lo es? La vida es el camino, no te olvides de mirar el paisaje, por repetido que parezca, porque puedes encontrar algo nuevo y maravilloso en él. Y, pudiendo elegir, pues seamos felices, aunque sea por las pequeñas cosas como una buena canción, un buen libro o una gran serie. O simplemente porque sí. 

Y hablando de elegir, os deseo mucha suerte si vais a escoger especialidad. A poder ser, no cojáis psiquiatría porque espero que me quede plaza. Y que comiencen los juegos del...digo, la elección de plazas.