No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Felicidad, amor y psiquiatría

Queridos lectores, 

Hoy tenía un perfecto plan consensuado conmigo misma que consistía en pasar la primera parte de la tarde (cuando los vecinos tienen puesto el aire acondicionado que reverbera y hace que mi cabeza amenace con estallar) y, después, más o menos como ahora, me pondría a hacer algo de provecho como hacer un caso que tengo pendiente para presentar o estudiar...en fin, algo productivo, ya sabéis. No sé si escribir una entrada del blog cuenta como ello, pero aquí estoy xD.

Creo que ya os comenté en la entrada pasada que ahora estoy ya en la sala de hospital de psiquiatría, con los pacientes ingresados y, supongo, que ya os dije que me ha sorprendido lo mucho que me está gustando: 1) porque a mí la hospitalización en general no me suele gustar demasiado, siempre me parecía como que la gente veía dos minutos al paciente y el resto del día era escribir en el ordenador y esas cosas, 2) la verdad, os confesaré, que cuando empecé con las guardias en el hospital, entrar a la sala me daba algo de miedo. Básicamente yo creo que lo desconocido siempre asusta, sobre todo aquello que activamente luchamos por desconocer porque las respuestas nos asustan demasiado y, creo yo, la enfermedad mental entra en esta categoría, pero esto es más para el resto de la población. En mi caso en particular, pues ver a algunos pacientes pululando por ahí pues sí me daba algo de miedo al principio porque es algo desconocido. Sin embargo, basta pasar un par de días en sala para darse cuenta de que son personas como cualquiera, ¿que hay alguno que otro conflictivo? Pues sí, claro, pero como en cualquier otro servicio. 

En fin, resumiendo, porque todo esto creo que lo dije ya en la entrada pasada, que estoy muy a gusto en la sala de psiquiatría y, además, una de las cosas que más me gusta de esta especialidad es que puedes volverte muy filosófica. Como, por ejemplo, ¿qué es la felicidad? ¿Cuándo un paciente está maníaco (quiere decir que está en un episodio en el que está con ánimo exaltado, exultante, animado, piensa que es capaz de todo...) es feliz? Él se siente feliz y si él (o ella) se siente feliz, hasta qué punto podemos querer quitarle esa felicidad. Está claro que no todo es tan simple como para reducir la enfermedad a que esté feliz o no, y que hay otros peligros aún mayores porque cuando un paciente bipolar está en fase maníaca puede gastarse todo su dinero, puede tener prácticas sexuales de riesgo, puede ponerse en peligro a sí mismo y eso es algo que hay que controlar, porque no está siendo él mismo. Pero, ¿está siendo feliz? Yo conozco casos de pacientes bipolares que se dejaban la medicación porque echaban de menos estar maníacos, porque era cuando mejor se sentían. Como si te dieran un subidón de drogas o algo así será. 

Entonces, ¿le quitamos la alegría? Debemos hacerlo, quiero decir, nuestros fármacos no nos dan otra opción, no hay una pastilla que quite los riesgos, le permita ser él mismo pero le deje toda esa energía inagotable y esa autoestima mejorada (bajándola un poco, eso sí, si piensa que es algún tipo de Dios o súper héroe). Pero, ¿antes de tratarlo está siendo realmente feliz?

Todos los médicos a los que se lo pregunto me dicen que no, directamente, no está siendo feliz porque es todo falso, es su mente que lo está engañando, es su enfermedad, son sus neurotransmisores mandándole señales confusas. Es un constructo de su mente, algo así como un espejismo. Y, vale, para mí eso tampoco es la verdadera felicidad. Para mí, la verdadera felicidad viene de dentro, de aceptarse a uno mismo, con tus errores y tus aciertos, y estar contento con tu vida, aceptando que siempre habrá fallos y cosas que no puedas lograr, pero mientras te sientas orgulloso de quien eres y te aceptes como eres, lo demás tan solo serán baches del camino y, entonces, para mí, puedes sentirte feliz. Obviamente luego habrá cosas que la aumenten, pero primero, como siempre, lo basal. Entonces, partiendo desde ahí, empezando por un axioma, como si fuéramos matemáticos e imaginando que todos aceptamos mi definición de felicidad como la buena, que ya me parece algo arriesgado, pero consentidme en esto un poco para que pueda seguir con mis pensamientos. Si acepto esta definición de felicidad he de aceptar que no todo el mundo la conseguirá, simplemente porque somos humanos y no es posible para todos recorrer el camino de autodescubrimiento, maduración y aceptación como para llegar a quererse a uno mismo o porque tenemos una sociedad algo enfermiza que nos hace odiarnos por alguna razón que todavía no he llegado a comprender. Pero, digamos que no todos llegaremos a alcanzar esa felicidad a la que llamaremos "Felicidad Pura", entonces ¿qué nos queda? ¿Ser desgraciados toda la vida? Che, qué dramáticos sois. 

¿Y si entonces solo nos queda una felicidad más superficial, más efímera, más de todos los días, pero felicidad al fin y al cabo? Pues yo la aceptaría, siempre será mejor que nada. Y esto me lleva a preguntarme: ¿y si la felicidad de la manía es la única o de las pocas que conocen esos pacientes? o, sin ser tan drásticos, ¿y si es simplemente un tipo de felicidad que se engloba en la "felicidad cotidiana o de cada día"?

Porque me dicen que eso no es felicidad, que es más como una "sensación" de felicidad, una reacción química del cerebro, ¿pero acaso no es eso también todas aquellas alegrías que no vienen de una felicidad pura?

Da que pensar. Claro que, después de esto, aclarar, no me entendáis mal, yo estoy a favor de tratar los episodios maníacos xD es simplemente que me gusta pensar y darle vueltas a las cosas. Y sinceramente no creo que podamos diferenciar la sensación de la felicidad de la manía de otras sensaciones de felicidad efímeras que aparecen en momentos no demasiado buenos. Pero aún así es mejor tratarlos que dejarlos ponerse en peligro. 

Luego, otra cosa que he estado observando en la sala es lo desperdigado que está el amor. ¿Queréis creer que ligan más en la sala mis pacientes (entre ellos) que yo fuera del hospital (y dentro, realmente)? Todo muy sad, si no fuera todo tan bonito. Obviamente no es un amor en el sentido de que salgan de allí parejas dispuestas a casarse, pero algún que otro acercamiento romántico se ha producido. También...yo creí que el mal de amores se pasaba en la adolescencia, ya sabéis, como la varicela, que se pasa de pequeño porque de adulto es más grave pillarlo. Pues algo por el estilo. Uno pasa el mal de amores en la adolescencia, te das cuenta de lo que puedes y no puedes dar; de lo que es real y lo que no; se caen algunos mitos que las películas Disney se han empeñado en enseñarnos y aprendes otras cosas nuevas a cambio y así, para cuando eres adulto, puedes intentar enamorarte sin tanto riesgo. Pero a lo mejor era un pensamiento demasiado optimista. Quizás de los dramas no te inmunizas con una sola etapa vírica. Quizás hace falta pasarlo varias veces. Pero, más aún, parece, y soy la primera que siente comunicaros esto, que el mal de amores no tiene una edad máxima, puedes seguir pasándolo y sufriéndolo no importa la edad que tengas. 

Así que no os ilusionéis si ya lo habéis pasado y seguid con cuidado para próximos contagios. Espero, al menos, que algo de virulencia sí que se vaya perdiendo con la edad. Viste, unos sufren por amor...y yo sufro por hambre. Esa es como la frase de mi vida. 

Y, bueno, básicamente eso es todo lo que he aprendido esta última semana y que os puedo resumir en una página y media hora. Ahora, con respecto a la segunda mitad del trato que hice conmigo misma, no sé si salir a caminar o intentar hacer algo de trabajo xD. Hacer ejercicio es algo útil también, ¿no?

En fin, mis queridos lectores, mucho ánimo en la felicidad y el amor y no perdáis la cabeza...no demasiado al menos ;)

viernes, 14 de septiembre de 2018

Bienvenidos al mundo adulto

Queridos lectores,

Si mi vida fuera una partida de los Sims ahora aparecería en una esquina un letrero que diría: Laura se siente cínica y desilusionada con el mundo.

Y es que os prometo que me esfuerzo en conservar mi inocencia infantil y la esperanza en el ser humano, pero vaya si no me lo ponen difícil mis contemporáneos en este mundo.

Aunque vayamos poco a poco, por lo pronto hoy me siento agotada. Puede que una de las novedades más importantes que ha planteado para mí la residencia con respecto a estudiar la carrera es que tengo coche, básicamente porque el hospital que elegí tiene un área muy grande y se extiende por diferentes pueblos, pero además psiquiatría está desplazada a otro hospital que no se encuentra en la ciudad y al que es muy difícil llegar si no vas en coche porque está fatal comunicado, ni siquiera la gente de las zonas de alrededor tienen más facilidad para llegar que yo porque no llega el metro y el autobús tiene un horario más caótico que el estado de mi cuarto. Y mi cuarto, ya os digo yo, que es El Caos con mayúsculas.

Así que voy y vengo en coche con lo que ello conlleva, sus cosas buenas como poner mi música e ir cantando, no tener que esperar ni depender de nadie; y sus cosas malas AKA los atascos, aparcar y pagar el combustible. Y justamente hoy (que ya no es hoy porque ese día no pude acabar la entrada, pero seguiremos con el hilo conductor) me enfrenté a mi Primer Gran Atasco. Qué debacle. Qué horror. Qué desesperación. Un accidente automovilístico había ocupado dos de tres carriles, lo cual coincidía con otra entrada de un cuarto carril que se cerraba, así que ya os podéis imaginar, todo un cuello de embudo que dice mi padre. Estuve parada una media hora, avanzando de metro en metro. Lo peor para mí es la gente que, sabiendo que esos carriles están cortados y que al final tendrá que ponerse en el carril de la derecha, decide ir por los otros carriles porque van más rápido y luego meterse a la fuerza en u carril. Pero a la fuerza es a la fuerza, porque van metiendo el morro del coche como diciendo "o paras o te doy" pero conmigo que lo intenten. Porque todos estos suelen ser hombres y se estiman su coche más que sus vidas, así que si yo no paro, paran ellos. No es que sea una conductora poco solidaria, pero me niego a dejarles pasar después de ser unos aprovechados. Si se pusieran desde el principio en el carril que corresponde probablemente habría menos atascos. Así que no se me coló ni uno. Eso sí, llegué 10 minutos tarde al trabajo, y solo fueron 10 porque suelo salir temprano y llegar con tiempo. Entré preocupada por si me decían algo por mi retraso, yo corriendo para un lado y para otro, y resulta que entro y me dicen que no había llegado nadie más y que era la primera. Pues vamos bien. Así que había pillado el atasco a todo el mundo xD por lo menos para el próximo atasco ya estoy más tranquila.

Luego llega otra Odisea que es aparcar. Por suerte, en los 5 días que he estado yendo y viniendo al trabajo, he aparcado sin demasiado problemas. Vamos, que no he tenido que estar dos horas esperando, tampoco es que encuentre sitio rapidísimo. Pero ayer justo llegaron a tocarme las narices. Están los llamados "gorrillas" que son personas, por lo general hombres, que se ponen a señalizar huecos, te intentan dar instrucciones y luego esperan que les pagues. Normalmente, yo no tengo problemas en darle dinero si tengo algo suelto aunque hubiera visto el hueco igual con ellos que sin ellos y no es que me lo estuvieran guardando, pero el hombre del otro día fue muy desagradable. Sus indicaciones me ponían nerviosa y no ayudaban y cuando le dije que me dejara hacerlo a mi manera, tiene las santas narices de decirme "pero tú lo estás haciendo mal". Y luego querrás que te pague por molestarme. Que además ese día no tenía suelto (ni ganas de darle, pero que tener, no tenía) y empezó a insistir en que le preguntara al chico que venía conmigo, un compañero de trabajo que había acercado porque no tenía coche. Qué cara más larga. Para la próxima casi prefiero estar dando vueltas que meterme en el hueco que me señale y luego tener que darle dinero.

Del combustible solo puedo decir que está caro xD.

Siempre agradezco no haber sido nunca de esas niñas que tenían ganas de hacerse mayores y crecer rápido, porque sino ahora mismo estaría abofeteando mentalmente a mi yo interior infantil. Disfruté de ser niña todo lo que pude y si alguien tiene alguna duda tengo todavía hoy mis camisetas de Dory y de los Minions para demostrarlo, pero lo cierto y la verdad es que algún día hay que crecer.

Me recuerdo en la carrera, cuando en psiquiatría nos ponían las escalas del crecimiento y las teorías, en las que unos decían que la adolescencia duraba hasta los 18, otros que hasta los 21 y otros a los 22 y yo siempre elegía la que me permitía retrasar lo de ser adulto todo lo posible, al menos, de forma nominal. Y aunque siempre he sido madura y responsable, el escalón que separa ser una niña responsable a una adulta es demasiado grande, no insalvable, pero sí algo agotador.

Aunque tiene sus cosas buenas. Mi trabajo me gusta mucho más que mi carrera, he de decir. Puede resultar chocante puesto que se supone que me dedico a lo mismo de lo que estudiaba, pero es un mundo completamente distinto, incluso aunque en la carrera ya había muchas prácticas. Porque ahora realmente eres la médico del paciente, escribes, pautas tratamientos... y la motivación que te da eso para estudiar no te lo dan los exámenes (no sé vosotros, pero me da más miedo matar a alguien que sacar un aprobado justo xD). Tampoco creáis que estoy estudiando a tope, pero en fin, me gusta más.

Además la psiquiatría, ah, que no es el resto de la medicina. Eso está claro. Llevo una semana en la sala de agudos y yo pensaba, sinceramente, que era lo que menos me iba a gustar, no sé por qué, pero era la sensación que tenía, pues me está encantando. Supongo que es algo impresionante cuando entras por primera vez a una sala de agudos y ves a la gente andando de un sitio para otro, algunos gritando, otros llorando, otros...bueno, muchas cosas. Conozco de hecho varias personas, otros residentes, que dudaban entre psiquiatría y otras especialidades como médico de familia, que para salir de dudas fueron un día a una sala de agudos (una incluso quiso hacer una guardia y quedarse allí a dormir) y, claro, aquello fue precisamente el hecho que motivó que ambas decidieran olvidarse de la psiquiatría. No me quejo porque una de ellas estaba por delante de mí a la hora de elegir plaza y me la habría quitado xD, lo que quiero decir es que, como todo lo nuevo y desconocido, asusta e impresiona, pero si le das una oportunidad y te molestas en conocer a los enfermos verás que son personas como tú y como yo (no sé si yo soy un buen ejemplo porque se me va la cabeza mucho, pero me entendéis), que no saltan a matarte si vas andando por el pasillo ni ninguna cosa extraña. Son personas, algunos mejores, otros peores, como en todas partes, obviamente. Pero tampoco son monstruos ni bichos raros y, desde luego, son enfermos de los que nunca puedes aburrirte porque cada uno tiene una historia diferente que contar. Dos pacientes con insuficiencias cardíacas o dos neumonías podrán ser iguales: mismo bicho, mismo tratamiento. Pero dos pacientes con esquizofrenia o delirios...bueno, cada uno es un mundo. Y vaya cosas estoy aprendiendo. Incluyendo cosas sobre drogas, porque claro viene adictos también, que por cierto tendré que ver Narcos o algo para ver si me pongo al día xD

Todavía no hago gran cosa la verdad, pero poco a poco.

Así que nada, todo será ir acostumbrándose a la vida adulta. Y bueno disculpadme si hoy no estaba muy inspirada porque no he sentido que la entrada estuviera muy bien escrita, pero estoy agotada y mañana me voy a recoger almendra u.u.

Mucho ánimo mis pequeños adultos y no tan adultos ;)

martes, 28 de agosto de 2018

La adaptación del ser humano (o cuando pienso demasiado)

Queridos lectores,

Cuando somos pequeños realizamos, sin darnos cuenta, gran parte del aprendizaje que va a servirnos para el resto de nuestra vida. Asentamos la base de nuestra personalidad, aprendemos nuestra lengua materna, a escribir, matemáticas, formas y colores, desarrollamos nuestra propia identidad poco a poco. Pero, una vez pasado eso, cuando ya creemos que lo sabemos todo de la vida tras los dolorosos años de la adolescencia y las nuevas lecciones de la vida, seguimos aprendiendo. Claro que este aprendizaje es algo más duro, porque nuestro no es tan plástico como cuando éramos niños y porque, ahora, nuestros errores tienen más consecuencias que el equivocarse como la "m" y con la "p". Y eso general mucha ansiedad, no os voy a mentir, Pero es igualmente importante y determinante de cómo viviremos nuestras vidas.

Porque el ser humano no es muy complejo, la verdad, nos creemos complicados y especiales, como si tuviéramos la clave de la vida. Y no lo creo, sinceramente, para mí que somos simples, muy simples, solo que somos complejos en nuestra simplicidad porque a lo mejor tenemos cuatro cosas, pero cómo nos liamos entre esas cosas xD.

De lo que he aprendido en mi corto periodo como residente de psiquiatría y más largo periodo como ser humano en este planeta son dos cosas bastante fundamentales: 1) que, en situaciones desesperadas, ante todo, prima sobrevivir. Y 2), aunque esté conectada, que precisamente por el motivo 1, los seres humanos nos adaptamos de una forma increíble. Todo por sobrevivir.

Supongo que estoy leyendo mucho sobre guerras y torturas y campos de concentración, y esta entrada es una muestra más de que tendría que empezar a leer más fantasía, pero en fin, ya que estamos aquí...

Me maravilla la mente humana. La ambivalencia entre lo instintivo y lo moral, la capacidad que tiene de engañarnos a nosotros mismos; de ser, al mismo tiempo y sin perder esencia, una muestra de nuestra consciencia propia y una especie de controlador que es capaz de darle al interruptor para cambiar entre uno y otro cuando es preciso. Porque nuestra personalidad, esa voz que oímos cuando pensamos y creemos que es nuestra mente, que es solo eso, que lo controlamos por completo, es solo un porcentaje de lo que ocurre en nuestro cerebro. Tal vez esto se pueda correlacionar con el Yo, Ello y Superyó de Freud, sin duda alguna, no voy a tildarme aquí ni en ningún sitio de ser original. Aunque quizás para mí es algo más biológico que simplemente tres personalidades luchando por la dominancia. Para mí el ser humano es, como diría el Asno de Shrek, como una tarta (o una cebolla, según os sintáis sobre el glaseado) nuestro cerebro tiene capas y, aunque hemos ido añadiendo capas cada vez más bonitas a nuestra tarta con el paso de lo siglos, el avance tecnológico, el ligero y mejorable avance moral y ético, la comprensión de algunas cositas sobre el universo... lo cierto es que no podemos cambiar el bizcocho del que estamos hecho (no sé si se nota que se acerca la hora de la cena y puede que tenga hambre). No podemos cambiar esas partes más innatas que permanecen latentes, dormidas, pero esperando a tomar el control cuando sea necesario. ¿Y cuándo es necesario? Cuando hay que sobrevivir.

Me maravilla la mente del ser humano, desde luego, cómo es capaz de crear las cosas más originales, impactantes, con alma, simplemente maravillosas; cómo es capaz de desarrollar un pensamiento racional y ha ido evolucionando, cambiando en códigos morales y costumbres o tradiciones y nombres, pero que siempre repite los mismos patrones, como las mitologías, por ejemplo. Cómo se repite la historia, que es siempre la misma aunque cambien los nombres y el paisaje, si os fijáis. Me maravilla. Pero no os engañéis, porque lo cierto es que dentro de cada nosotros sigue vivo el animal que, por más superiores que nos creamos, nunca hemos dejado de ser.  Y ese animal no es una bestia ni es un monstruo. No lo creo así. Hay quien lo entiende de esta manera, pero lo cierto es que los animales no son monstruos por querer sobrevivir ni tampoco lo somos nosotros. Creo que el verdadero monstruo nace en unas condiciones muy especiales y concretas, pero ya llegaré a eso más tarde.

Nuestro animal interior es nuestro aliado, el problema es que a veces nos puede hacer renunciar a cosas a las que no renunciaríamos en un estado normal, pero la vida no siempre es normal.

Vamos al ejemplo más extremo y del que viene todo este tostón que os estoy dando hoy: un campo de concentración. Y, aunque me baso en los nazis por ser el que más conozco, lo cierto es que valdría cualquiera.

Por un lado, los prisioneros. Los prisioneros eran personas normales, como tú y como yo, chicas o chicos que tenían su vida, su colegio, sus amigos, su identidad, y de la noche a la mañana aparecían rapados, golpeados, vejados y semidesnudos en un lugar desconocido. No es un ambiente al que cualquiera se acostumbre rápido, de hecho no parece algo a lo que nadie pudiera acostumbrarse, pero lo hacían porque debían hacerlo, porque hacerlo era la única opción para sobrevivir. Así que sus captores, carceleros y verdugos, les quitaban sus bienes, les quitaban su ropa, su cabello, sus nombres y les daban a cambio harapos, zapatos heredados de un cadáver y un número que los identificaba. Pero es posible que su identidad tan solo se la quitaran ellos a sí mismos o, mejor dicho, su propia mente. Que, en un último intento desesperado de salvar la vida, es cuando esa parte de nosotros que ha permanecido hasta entonces plácidamente dormida, se despierta y toma el control. Y puede parecer que lo toma para luchar, a veces sí, a veces pelea, pero en otros momentos sabe que adaptarse es su única opción. Y puede que, en ese momento, sea esa parte de nuestra mente (y digo nuestro porque aunque ponga como ejemplos a prisioneros de campos de concentración es algo que compartimos todos los seres humanos) sea capaz de desprenderse de cualquier cosa, la dignidad, el nombre, la humanidad, con tal de no perder la vida. Porque ante todo, más que vivir, los humanos hemos evolucionado para sobrevivir.

No me malinterpretéis porque desde luego todo este rollo no es una especie de apología extraña de los campos de concentración ni nada por el estilo. Simplemente he estado leyendo mucho y me he empezado a dar cuenta de ciertos patrones de pensamiento que se repetían entre personas que estuvieron atrapadas y eso me dio que pensar.

Y no creáis que la adaptación se limita a los desafortunados prisioneros. Se puede observar, si pudiéramos introducirnos en la mente de soldados y militares, un mecanismo parecido que no deja de ser un mecanismo de defensa de la mente. Imaginaos el caso: eres un soldado. No es que tengas una ideología clara, ni mates por un país que ni conoces ni por una extraña idea sobre la superioridad de los rubios cuando tú mismo eres moreno y castizo, eres simplemente un soldado y cuando tus superiores ordenan, tú obedeces. Y tu orden es disparar. Pero no disparar a un enemigo que te está atacando, sino disparar a un grupo de personas que te miran sin vida en los ojos y sin oponer resistencia a lo que pueda pasar. Y tú sabes que disparar te convertirá en un asesino porque no estás en una batalla, no hay una lucha, no hay fuego enemigo que te permita justificar lo que vas a hacer, porque lo vas a hacer. Porque sabes que tienes otra opción, que es decir que no, pero esa opción supondría tu muerte y tú quieres vivir. Entonces, cuando dicen "fuego" tú disparas. Pero permanecer vivo no es el único requisito para sobrevivir, para poder sobrevivir con tu conciencia, con tu culpa, tu mente tiene que engañarte, mentirte e hiperracionalizar lo que has hecho, darle un significado, transfigurarlo todo hasta que eso te permita dormir tranquilo por las noches. Y la mente sabe hacerlo. Entonces, encontramos a soldados que empiezan a "proyectar" su odio, el odio que sienten hacia sí mismos por haberse convertido en asesinos y en sus superiores por haberlo precipitado, en sus víctimas, y empiezan a odiar a sus víctimas porque si ellas no estuvieran allí, ellos no tendrían que disparar.

La proyección es un mecanismo de protección de la psique casi tan antiguo como el ser humano porque a veces no podemos sobrevivir con nuestros propios pensamientos o con nosotros mismos. Un ejemplo típico y repetido es la persona que es homosexual pero no se permite serlo, no cabe en su mente el hecho de serlo, por crianza o creencias, y acaba odiándose a sí mismo sin entender por qué, así que proyecta su odio hacia todo lo que le recuerda a sí mismo convirtiéndose en un homofóbico de primera línea.

Quizás lo más peligroso de esta adaptación de la que somos capaces los seres humanos es que es algo tan gradual que ni siquiera nos damos cuenta. ¿Y cómo podríamos darnos cuenta si es nuestra propia mente la que está cambiando, verdad? Eso lo hace peligroso. Pues, por beneficioso que sea para los seres humanos saber adaptarse, creo que significa que también somos muy manipulables. Creo que cosas, situaciones, hechos que ahora nos parecen impensables podrían llegar a ocurrir porque podríamos adaptarnos a ello. La Segunda Guerra Mundial no fue hace tanto tiempo. Siria era el país más avanzado de Oriente Próximo. Sigue pasando y seguirá pasando porque no podemos cambiar la configuración de nuestra mente como si fuera un ordenador. Pero supongo que estar atentos y ser conscientes de lo manipulables que somos podría resultar útil.

Porque a mí el mundo en el que vivimos me da mucho miedo, mucho más que los mundos que leo en los libros, y me sorprende mucho más. A veces, viendo las noticias tengo como una sensación de dejà vú y me doy cuenta de que, no es que sea vidente ni nada por el estilo, sino que la Historia se repite más que la morcilla de mi pueblo, como diría el gran Benito Pérez Galdós, y se repite tanto que me da miedo y, no os mentiré, algo de vergüenza pensar en todos los siglos de Historia que llevamos vividos y lo poco que hemos aprendido de ella.

Solo los humanos somos capaces de tropezar tantas veces en la misma piedra. A veces creo que todavía no hemos madurado lo suficiente, que seguimos siendo los adolescentes de la Naturaleza. Sí, ya sabéis, como esa época en la adolescencia en la que puedes valorar los riesgos pero, de alguna forma, tu corteza prefrontal te miente y te convence de que tú puedes con todo, de que esos errores de los que hablan no te van a suceder a ti, que vas a hacerlo bien esta vez y, entonces... hola de nuevo querida piedra de nuestra existencia.

Me maravilla la mente humana porque es compleja y simple a la vez, porque es un misterio y una certeza, porque es capaz de lo mejor y lo peor, y de adaptarse a lo mejor y lo peor. Pero también me desespera porque, sinceramente, si después de dos guerras mundiales, incontables guerras civiles y dictaduras, bombas nucleares y campos de concentración no hemos logrado madurar, no sé qué más necesitamos. A lo mejor, una colleja.

Y después de esta larga, intensa y, espero que, interesante entrada estaréis pensando que tengo mucho tiempo libre, lo cual no es del todo cierto porque tengo muchas cosas que hacer, pero no estoy haciéndolas porque soy una procrastinadora nata, así que es algo cierto, solo me queda despedirme de vosotros con la promesa de que voy a seguir vagueando y, en mi vagueza, pensando en este tema para que así mi conciencia se sienta tranquila por no estar haciendo nada útil (hablando de mecanismo de adaptación y compensación...xD)

¡Ánimo a todos!

miércoles, 15 de agosto de 2018

Cuando llaman a tu busca y no precisamente el amor

Queridos lectores,

Que maravilloso día para escribiros por fin. Llevo un tiempo empezando entradas sin tiempo de acabarlas, porque el calor del verano en esta ciudad me hacía sufrir más de lo decible, por no hablar del ruido de las obras. Pero recemos a los dioses, cada uno que elija los suyos, para que lo más que llegue a molestarme sea la tele del vecino de abajo con una de esas películas antiguas tan prejuiciosas sobre indios y vaqueros en el antiguo oeste que tanto me recuerdan a mi abuelo, y pueda terminar la entrada. 

Tampoco puedo decir, en honor a la verdad, que tenga grandes novedades que contaros. Estoy trabajando, a veces siento que demasiado, otras que apenas hago nada por lo que merecer el sueldo, pero ahí estoy yo, incansable, día tras día, yendo al hospital. Me gusta ir conociendo a la gente, que las enfermeras, auxiliares, celadores y otros médicos me vayan saludando. Es importante llevarse bien con la gente en tu ambiente de trabajo, pero aún más, encuentro que lo hace todo mucho más fácil si llegas a un sitio y sientes que la gente te recibe con cariño. Y, la verdad, es que si fuera difícil me lo podría plantear, pero no parece haber nada más fácil que ser simpático con los demás, ser amable y tratar a la gente como te gustaría que te tratasen a ti. Ya que estamos con este tema, permitidme una reflexión para mis compañeros tanto actuales como futuros médicos: hay gente, de esos médicos que se licenciaron en el mesozoico, que siguen pensando que el Médico es el superior de todo y de todos y que las enfermeras o cualquier otra persona están por debajo de él, y no tienen reparos en decirlo y de actuar conforme a ello. Pero, ¿sabéis una cosa? Que en un hospital, al final, lo más importante es el bienestar del enfermo y para que las cosas funciones bien el médico es una pieza fundamental, pero un engranaje no funciona sin todas las piezas y, sinceramente, el trabajo en equipo es fundamental. Porque no sirve de nada recetar y pautar todos los tratamientos de los enfermos si luego las enfermeras no se lo dan como corresponde; no sirve de nada tener al mejor cirujano en un quirófano si el celador no trae al paciente que tiene que operar y así miles de cosas pequeñas y no tan pequeñas que son fundamentales en el correcto funcionamiento de un hospital. 

Así que lo que supongo que os quiero transmitir es que no seáis clasistas. El médico no es ni más ni menos que nadie, tiene su trabajo y una gran responsabilidad, eso es cierto, pero necesita de la ayuda de todos para que las cosas marchen bien y hay que valorarlo como se merece. No tengáis miedo de saludar a todo el mundo y presentaros. A mí, sin ir más lejos, el otro día me llegaron a mirar totalmente sorprendidos cuando llegué al mostrador de enfermería en mi primera guardia de psiquiatría y dije mi nombre y quién era. 

- "Es que nadie se presenta nunca"- me dijeron. 

Y ya no pregunté si ese nadie hacía referencia a los psiquiatras, a los residentes o a los médicos en general, pero ahí estaba. Y no cuesta tanto decir tu nombre, a no ser que sea muy largo vamos xD. 

Tampoco hay que tener miedo a hacer tareas que en principio "no te corresponden". Y vale que a veces todos estamos muy atareados, pero podemos quitar una vía (si yo he aprendido cualquiera puede), podemos llevar una silla de ruedas hasta encontrar al celador en su puesto y que siga el viaje. Son tonterías que agilizan mucho el trabajo y no desprestigian a nadie, al contrario. Yo estuve con una médica una vez en prácticas que ya me recomendó que aprendiera siempre todo lo posible, aunque no fueran cosas de mi campo, ni de mi profesión, porque si alguna vez te ves solo o sola lo necesitarás. Así que no tengáis miedo de aprender. Y, además, creo que a la gente le sienta bien que lo saluden, ¿no? que le sonrían, que le traten con respeto, lo llames por su nombre y te intereses también por sus labores. Parece una cosa muy tonta, lo sé, pero me han dado ya las gracias tantas enfermeras, auxiliares y celadoras solo por presentarme y pedir las cosas por favor que empieza a parecerme que ya no es algo tan tonto, no, y que algo estamos haciendo mal por el camino si decir que me llamo Laura revoluciona a toda una mesa de enfermeras. Además no nos engañemos, las enfermeras son las que tienen las cafeteras en los hospitales xD...pero eso es aparte, no creáis que soy maja por el interés de la cafeína...

En otro ámbito de cosas, la última guardia que hice fue, sin lugar a dudas, la peor guardia que he tenido hasta la fecha. ¿Por qué? Pues bueno, llevaba toda la mañana viendo dolores abdominales, porque así es la vida y la población urbana que me rodeaba parecía haberse confabulado con el personal de triaje para que en mi mañana de trabajo tan solo hubieran dolores abdominales. Cruel broma del destino, por tanto, cuando, tras haber tenido por fin hueco para subir a comer y engullir más que otra cosa un cuenco de gazpacho andaluz y un poco de pollo con patatas (la comida del hospital no es lo más gourmet que os podáis encontrar) empecé a sentir un ya familiar dolor abdominal que me estaba apretando las entrañas como me apretaba el miedo de pensar que, si no se pasaba pronto, iba a tener que cambiarme a la silla del paciente en la consulta. Duró más de lo que me hubiera gustado y empecé a sentir una cierta nausea, tuve por seguro que era cosa del gazpacho (nota mental: no volver a pedir gazpacho en las guardias) y esperé que mi estómago pudiera combatir la acidez. Por suerte para mí y el resto de compañeros a los que no tuve que dar más trabajo, se me pasó el dolor de estómago y pude seguir mi día de trabajo, pero eso sí, no me atreví a comer nada más en toda la tarde. Y eso es grave porque para aguantar 24 horas del tirón trabajando cada uno abusa de lo que puede (normalmente café) pero en mi caso los hidratos son la clave y tengo galletas, bocatas y rosquilletas para dar y regalar. Imaginaros mi estado mental cuando llegué a la hora de la cena (sobre las 2 a.m.) sin haber ingerido nada desde que comí a las 15:00h. Me estaba muriendo, sinceramente. Y, normalmente, aún hago un resopón antes de irme a dormir a las 5 a.m. cuando me toca hacer el primer turno y dormir luego, pero de nuevo no me quise arriesgar a enfadar a mi estómago después de que la cena casi me diera otro susto. 

Como consecuencia de mi lamentable estado rozando la desnutrición (no me lo creo ni yo, pero hambre tenía) unido al aire acondicionado del cuarto de residentes, ahora tengo un resfriado del copón. Y un oído taponado, qué molesto. Bebo más agua que los patos y no paro de ir al baño porque todo lo que entra tiene que salir xD. 

Hablando de eso...

***

Y tras volver del baño... Es broma xD o quizás no, pero qué más da. En fin, no me queda mucho más que contaros en realidad. He tenido varias reflexiones filosóficas, pero puede que sean delirios por el resfriado. Ya he empezado a tocar la psiquiatría, sobre todo, en forma de guardias. He de contaros cómo fue la primera, creo que aún no lo he hecho. Veréis, mi amiga y co-R (residente de mismo años) había hecho su primera guardia antes que yo y me dijo que había ido muy bien, que no había mucho trabajo, que me llevase un libro para ratos muertos y que, al ser la primera guardia, no nos dejaban el busca todavía. Así que, toda inocente yo, me fui a la guardia con esa idea en mente. No solo no tuve tiempo de leer, sino que apenas paramos ni para comer, desde el principio hasta el fin de la guardia fueron cayendo marrones. La médica con la que estaba me miraba y me decía que no había visto una guardia así en su vida y que haber si era mi mala suerte. A mí no me parecía algo imposible. Pero, más aún, imaginaros mi sorpresa cuando empieza a ponerme supuestos de casos por los que me podían avisar y qué tendría qué hacer. Yo pensaba que eran casos hipotéticos para aprender, pero resulta que me estaba hablando de qué hacer cuando me llamaran al busca. O.O me quedé un poco muerta y se me tuvo que notar en la cara, no esperaba después de lo que me dijo mi co-R que me dejarían el busca, pero ahí estaba yo, con el móvil en la mano esperando que me llamaran en cualquier momento y pensando qué responder xD. Así que ya veis. No os podéis imaginar la cara que se nos quedó a esa misma médica y a mí cuando, en mi tercera guardia, volvimos a coincidir. Las dos dijimos enseguida que nuestras anteriores guardias habían sido buenas. Por suerte para las dos y nuestra futura relación como compañeras, fue una buena guardia y rompimos la maldición que nos perseguía tras nuestro primer encuentro. 

También he de decir que me gusta llevar el busca solo para poder decir: "Psiquiatría" en un tono de lo más formal y propio de una secretaria entrenada, solo para convertirme en un lío de nervios incomprensible que no sabe qué hacer ni qué responder ante lo que preguntan y piden. Y es que no suelen llamar para desearte una buena guardia ni para hacer declaraciones románticas, precisamente, más bien suelen ser pequeños marroncetes. Aún así, intento parecer una profesional y que no se note demasiado que no tengo ni puñetera idea de lo que me está diciendo. Por ahora, tengo un don para aceptar todo lo que me proponen (y hablo de pacientes no de proposiciones indecentes, tristemente) y es que no sé decir que no a muchas cosas, pero aún menos cuando me dicen que es alguien que podría beneficiarse de mi ayuda, por más que me hayan repetido que las crisis de ansiedad no tenemos por qué verlas xD pero allí estoy yo, haciendo de escucha para el mundo. Así que espero que se me destape el oído para entonces porque si no solo tendré una oreja que ofrecer a mis pacientes. 

Bueno, pues me despido ya sin saber cuándo volveremos a hablarnos (o leernos) porque soy la nueva reina de la procrastinación y tengo muchas guardias xD pero mucho ánimo a todos y espero que, los que podéis, estéis disfrutando del verano porque si me quejaba de mi blanco estudiante tendríais que ver mi blanco médica a juego con el pijama del hospital. Podría camuflarme con las paredes si no llevaras unas zapatillas tan fosforitas, cosa hecha a propósito claro xD. Que por cierto me recuerdan a Dory y me encantan. 

Muchos besos a todos y daros un bañito de mi parte ;)

jueves, 19 de julio de 2018

Una semana intensa

Queridos lectores, 

He tenido una de las semanas más intensas y, probablemente, raras de mi vida que ha incluido: tener la razón terapéutica frente a una médica más experimentada, un funeral, mi primer día libre del trabajo y saltar un muro para recuperar mi ropa interior. 

Así que vayamos poco a poco y empecemos por el principio. 

La semana comenzó bien, en fin, nada diferente a las demás. Trabajo, pasando sala, aprendiendo lo que se pudiera aprender y mi mente fuera capaz de asimilar que no suele ser demasiado. Aunque de vez en cuando diga algo con cierto acierto e incluso criterio médico. A mitad de semana me levanté lista para afrontar un nuevo día, nada diferente a los demás, es decir, con el tiempo justo y la idea de que tenía que correr algo para no llegar tarde. Vi que tenía muchos mensajes en el grupo de la familia y cuando me puse a leerlo me enteré de que mi abuela había fallecido aquella noche. La verdad es que fue un golpe duro porque no me lo esperaba, quiero decir que no había estado enferma gravemente. De hecho, yo el sábado anterior había ido a verla porque estaba con un catarro y la ausculté sin escuchar nada raro. Y no negaré que me sentí algo culpable porque, ¿y si se me había pasado algo? ¿y si no había escuchado bien? A veces estamos en negación y no queremos ver en personas cercanas lo que podríamos ver en otras personas que no son familiares. Pero vamos que yo no era su médica, había ido al centro de salud y posteriormente acudió al hospital.

No me quiero alargar en este tema porque ¿por qué? Fui al velatorio después de trabajar, con todo el lío que suele conllevar hacer papeles que no saben que existen. No sabría cómo explicarlo. Estábamos allí todos mis primos y compartimos esas grandes anécdotas sobre mi abuela, y la verdad es que casi todas estaban relacionadas con la comida xD. De hecho mi mayor anécdota del velatorio está relacionada con la comida: cuando a las 19h fui al Consum más cercano para comprar merienda para mis primos, tíos y padres.

Soy una persona bastante empática y a veces demasiado emocional, me cuesta mantener el tipo cuando veo a gente llorar porque me transmiten sus emociones, no sabría cómo explicarlo, pero siendo mi familia y mi abuela todavía más, tuve que esforzarme para que mi llanto no resonara por la iglesia, no queda nada elegante lo de sonarse los mocos sonoramente. Pero bueno, al final lo importante es que vivió su vida, que tuvo una gran familia y que, si hay un más allá, podrá reunirse con mi abuelo, al que echaba mucho de menos desde que faltó. Así que, al menos, espero que pueda descansar y, no es que yo sea una persona muy o poco religiosa, sobre qué hay después de la muerte me mantengo sin pronunciarme, ya lo sabremos en nuestro momento, pero al menos si tuvo ese momento de lucidez antes de partir, espero que lo viviera con la alegría de reunirse con él.

Y eso es, me dejaré ya de sentimentalismos porque soy de lágrima fácil. Y la cosa es que mi estado mental sufrió ligeramente, pero el sábado tenía guardia y yo podía cambiarla con facilidad, tampoco pensé que hubiera necesidad, ya me parecía demasiado, así que volví a la ciudad la tarde de antes de la guardia y decidí poner una lavadora. No sé exactamente qué toqué, pero digamos que la fastidié y para cuando abrí la lavadora todavía tenía agua, así que la ropa que fui a tender estaba del todo mojada, con la mala pata de que al colgar una toalla se cayeron dos bragas al patio de la vecina xD Así que tuve bajar a su casa y preguntarle si me dejaba pasar, hasta me tuve que llevar una escalera porque una se había quedado en el muro de separación xD en fin, todo un show. Menos mal que la guardia fue bien aunque agotadora, el lunes posterior a la guardia seguía en una especia de resaca post-guardia.

Por cierto, nunca he tenido resaca pero creo que estar saliente de guardia se le parece bastante: te duelen las piernas, la cabeza, a veces tienes hasta malestar y mucho sueño.

Y hasta ahí lo que os puedo contar. Ahora a por la próxima guardia que, por cierto, también me pilla en sábado xD soy así de afortunada

domingo, 8 de julio de 2018

Conocer el origen de los males


Queridos lectores,

¿Sabéis algo curioso? Esta es la primera vez que estoy trabajando en verano, a menos que contéis el MIR. Pero es la primera vez que estoy en la ciudad en verano y corro un serio riesgo de deshidratarme. Qué calor. Qué humedad y qué de todo.

Aunque no me adentraré en mis quejas urbanísticas ni climáticas, porque tenía algo que contaros. En fin, nada importante ni de riesgo vital. Solo una reflexión, espero que, interesante.

Hoy tenía formación de psiquiatría y un compañero me ha hecho pensar en algo: no hay nada más peligroso que un psiquiatra narcisista o falto de humildad. Y quizás o preguntéis, ¿y no es eso peligroso en cualquier tipo de médico? Pues obviamente, ninguna persona narcisista o falta de humildad será un gran compañero, digo yo, y creo sinceramente que un médico tiene que trabajar, entre otras cosas, desde la humildad porque nada es absoluto y en la medicina es tan difícil llegar a la verdad, imposible diría yo, encontrar una verdad absoluta, que siempre tendría uno que estar dispuesto a admitir que podría no estar del todo en lo cierto o que podría estar equivocado.

La diferencia es que un radiólogo puede ser un narcisista y no querer admitir que algo está roto, pero la radiografía le quitará la razón sin lugar a duda. En otras especialidades médicas, hay pruebas que avalan o desmienten a los profesionales. Pero en psiquiatría, no. La mayor prueba diagnóstica es la entrevista con el paciente y lo que él o ella te cuente y eso será interpretado por un médico. Después será su criterio contra el mundo. Claro que hay tests y criterios ya definidos y cosas así, pero todo es algo más subjetivo. Y, el problema, veo yo, con estos médicos que creen que están en posesión de la razón es que le pueden colgar el sambenito de la enfermedad a quien no corresponde o de la enfermedad que no corresponde, o no atienden a un cambio al paciente.

En otro ámbito de cosas, llevo unos cuantos días paseando por el río y siguiendo cierta rutina y, dentro de mi rutina, ha entrado encontrarme con una pareja de ancianitos de lo más entrañables. Nada raro, solo resulta que nos sentamos en dos bancos contiguos cada tarde y, a veces los observo, nada stalker, y me hace pensar sobre la vida. Sobre estar enamorado de alguien durante cuarenta o cincuenta años, o no estarlo pero estar con esa persona esos años, que es peor xD. La fragilidad de la vida, el paso del tiempo. En fin, tantas cosas que no podemos controlar y para las cuales, el único arma que tenemos, es sentarnos en un banco a esperar que lo peor pase o lo mejor llegue. Ella ha perdido su mente, su memoria, parte de sí misma, y él la cuida, sale con ella cada tarde porque se está mejor fuera que en casa con este calor y le retoca el pelo cuando lo mueve el viento. Ahora es cuando sí que parezco una stalker. 

Qué curioso es el tiempo, que curiosa es la vida. Y pensar que nos la perdemos esperando a que llegue. 

Qué profunda me he puesto...

En fin, a mí no me va mal. El trabajo me gusta, los días pasan sin que apenas me dé cuenta y aunque la mayoría de mis problemas psicológicos siguen como estaba, se me da algo mejor (un poco al menos) afrontarlos. 

Sí que es verdad, y esto os lo quería consultar, que ayer mis padres me dijeron que me extralimitaba en mis tareas médicas. En sus palabras, que "se me subía el cargo a la cabeza". Vamos apañados. La razón de ello o de que me lo dijeran al menos, son una par. Prueba A: que mi abuela, que está ya mayor, se puso enferma, y el resfriado la descompensó un poco y se puso fatal. A través del grupo de móvil familiar yo veía que mis tías y hasta mis primas se iban turnando para cuidarla o estar con ella, y consideré que lo menos que podía hacer era ir a explorarla y ver como estaba cuando fuera al pueblo. Ya que estaba allí, le hice una exploración completa, más por tranquilidad de mis tías que por necesidad, la verdad, pero en fin, nunca está de más auscultar a las personas mayores o ver si tienen edemas y esas cosas. Y ya puestos, pues les hice algunas indicaciones, cosas sobre todo básicas, como que intentaran que paseara un poquito para mover mejor el moco, que bebiera mucha agua y que consultaran con su médico de cabecera algunos cambios en medicamentos que yo había visto que se estaban haciendo en el hospital y me habían explicado como beneficiosos. Según mis padres haciendo esto solo lograré que la gente venga a preguntarme cosas de medicina y que al final me haré una pasota y no le haré caso a nadie, que es lo mismo que al parecer quieren que haga, así que no sé muy bien cuál es su razonamiento: ¿hacerme despreocupada por la gente ahora o más tarde?

Y Prueba B: aquí sí que les doy algo la razón, pero fue más un fallo que algo consciente. Fui a ver a una amiga de mi abuela que le tengo mucho cariño y había estado ingresada por un tema serio. Yo solo quería ver cómo estaba, pero se empeñó en sacarme su informe médico por si me lo quería leer. Lo cierto es que su caso era súper interesante, de estos de libro que tú crees que solo te los ponen para fastidiar en exámenes, pero en este caso era real. En fin, que yo de eso no le dije nada, pero luego hablando con ella, por la conversación simplemente se me escapó un detalle muy médico sobre su enfermedad (que dudo que nadie supiera, la verdad) pero que dice mi madre que si ella no lo sabía era porque a lo mejor la familia no quería que lo supiera. Para que me entendáis un poco era el posible origen de la infección. Y vale, que no quería meterme donde no me llamaban ni decirle nada que la asustara o la dejara intranquila, fue un fallo por mi parte, pero no algo hecho con alevosía ni por mostrar cuánto sé. Pero por otro lado, en el momento en el que lo dije y se lo expliqué ella me dijo que había estado pensando y repensando cómo podía haberle pasado, qué había hecho mal. Y ese sentimiento de culpa es algo que pasa, es algo que tienen muchos pacientes cuando no saben por qué pasa algo o a qué se debe. Si tú sabes que te has hecho una fractura en un hueso porque te has dado un golpe, pues es una cosa, pero si te levantas con una fractura y no sabes de qué es, ¿no te volverías un poco loco pensando cómo ha pasado? Pues en este caso (todo y que yo no pretendía decirle nada, pero a cuento de lo que me dijeron mis padres), ¿no es mejor saber las razones si la persona las quiere saber? Y ella las quería saber. La incertidumbre aumenta el dolor, eso está demostrado. 

El caso es, este caso aparte, ¿está mal que me detenga a explicarle a la gente que me pregunta las cosas? ¿Está mal que intente traducir a otros médicos cuando los pacientes se quedan con cara de póker y no han entendido ni qué tienen ni por qué ?¿Está mal que alguien conozca el origen de su dolencia? ¿Y si no lo sabe, no le dará esto aún más angustia, pensando qué le está pasando, por qué y qué ha hecho mal? En mi limitada experiencia, es así, y me gusta hablar con la gente y ayudarles con sus dudas, pero ya no sé qué pensar. ¿Qué creéis vosotros? 

Bueno, chicos, mucho ánimo en todo y nos vamos leyendo ;)

domingo, 1 de julio de 2018

El nutritivo bolso de Mary Poppins

Queridos lectores,

¿Qué tal os va mis pequeños amores? Ay que cursi me he levantado. Creo que es el efecto que tiene dormir en un cerebro que lleva una semana arrastrando el sueño de su segunda guardia. Soy una insomne perenne, qué bonito, menos por el sueño y la mala leche que me da el sueño. 

Pero en fin, vengo a contaros. Hice mi segunda guardia esta semana que también estuvo chula. Aunque me gustó más la primera, he de decir, creo que me tocó con una médica que me caía tan bien y una residente mayor con la que también tenía ya mucha confianza y claro eso hizo que me lo pasara genial. ¿Queda mal decir que me lo pasé bien cuando se supone que estuve viendo gente enferma? En mi defensa diré que no vi nada grave de vida o muerte. Unos cuantos casos interesantes, eso sí. Pero no os los contaré (Que mala soy), pero vamos es que ni que esto fuera un blog de casos clínicos. Solo os contaré una bonita experiencia que me dejó mi último día de rotatorio por urgencias. 

Yo estaba pasando consulta con una médica a la que acababan de operar por algo de una muela y, la pobre, se encontraba fatal, hacía de médica pero podría haber sido la paciente perfectamente, así que me ofrecí a ponerme con ella para ayudarla, por lo menos escribir y hacer las cosas y exploraciones y así ella podía ir más light con su dolor. Entonces, mientras estaba ahí vino a buscarme otra médica para ver si quería ir a ver a una paciente que había llegado muy nerviosa, llorando, en pleno ataque de ansiedad para ver si podía hablar con ella y tranquilizarla. La verdad es que no sé exactamente qué quería esa médica que hiciera, si hablar un poco, o me lo dijo porque yo era de psiquiatría y me podía ir bien la experiencia aunque no me necesitase porque ella lo podría haber hecho o, y esta es mi mejor hipótesis, que a ella le hubiera gustado hablar con la paciente y dedicarle más tiempo pero como en urgencias el tiempo aprieta y escasea me buscó para ver si yo, que hago menos por allí, quería estar un rato con la paciente porque le sabía mal dejarla sola. En fin, sea cual sea el motivo no me enteré, porque en cuanto me lo dijo yo me puse en modo "salvadora on" y le dije que claro, que me llevaba la paciente a una consulta vacía para que pudiera hablar y tranquilizarse, fui a buscarla y me la llevé. 

Por un lado, está genial porque me buscaron activamente para hacer algo. Desde luego para leer un electro no vendría nadie a ver si puedo echarle una mano (soy malísima con los ECG) pero para esto sí. Además, quiero pensar que ayudé, porque tranquilicé a la chica, hablamos un poco de lo que le preocupaba, trabajé en quitar el sentimiento de culpabilidad y dejé que se fuera cuando vino una amiga suya a buscarla y así no estaría sola. Cuando volvió a entrar en la consulta con la otra médica para ver que las pruebas estuvieran bien y se sintiera mejor para darle el alta, me agradeció mi ayuda y dijo literalmente "hemos estado hablando como si fuéramos amigas de toda la vida" que está bien, ¿no? Luego me dio un abrazo, le deseé suerte y se fue. Y, entonces, la médica me dio otro abrazo y yo flipaba con aquello, era el día de los abrazos y nadie me había avisado. Pero me sentí tan bien de haber podido ayudar.

Ni siquiera terminaron ahí mis abrazos, porque por la noche fue la Graduación de mi hermano y hablando con una antigua profesora que me estaba contando lo feliz que la hacía ser profe, terminé dándole un abrazo, ¿por qué? La respuesta es ¿y por qué no? Me lo pidió el cuerpo. 

Hablando de la graduación de mi hermano, fue larga pero bien. Claro que no puedo quejar después de lo que mareé para que alguien me cambiara la guardia porque sí, mi segunda guardia era técnicamente el día de la graduación de mi hermano y me cambiaron un viernes por un martes, cosa que nadie quería hacer, pero mira, encontré un alma caritativa. Así que no hay reproche posible para esa noche porque tuve que amarla pero...si somos sinceros...se hizo súper largo. Todos los chicos de todos los cursos quisieron hacer discurso, que en mi época no se hacía y terminó tardísimo, pero por lo demás todo bien. 

¿Qué más? Pues esta semana empiezo en un servicio nuevo, así que ya os iré contando. Voy a echar de menos urgencias. La verdad es que la gente era tan maja que daban ganas de quedarse allí a vivir (quizás no tanto) Pero es verdad que es muy importante, sobre todo, en tu lugar de trabajo o donde pasas muchas horas, que la gente sea agradable, porque si estás a gusto se hace todo mucho más fácil y con mejores ganas, te motiva a seguir trabajando y aprender y te lo pasas bien, simplemente. No creo que el hecho de acostarme a las 4 o 5 a.m. de la mañana trabajando fuera algo que disfrutase sino. Y tampoco creáis que lo disfruto tanto que a partir de las 3 de la mañana me estoy durmiendo sobre el teclado. Menos mal que existe la cafeína y mis interminables reservas de alimentos. 

Ah eso es verdad. Mirad, yo soy algo rara en algunos aspectos de mi personalidad pero mi orgánica organicidad también es algo extraña en sí misma y puedo vivir sin dormir un par de días pero no puedo sobrevivir sin comer durante más de dos horas seguidas, por eso sabía que para sobrevivir a las guardias necesitaba bastantes reservas de alimentos. Me llevé: zumos, café, cola, agua, rosquilletas, smothies, nueces, cerezas y galletitas saladas, solo para picar, luego dos bocadillos para la merienda y menos mal que la comida y la cena me la dan en el hospital. Podría sentirme avergonzada por el pozo insaciable que resulta ser mi estómago, pero en vez de eso, he encontrado un nuevo objetivo en la vida: ser la persona a la que todos recurren para conseguir comida en las Guardias. Seré como un camello de dulces, como la abuela que siempre tiene algo listo, como esa madre cebadora, como el bolso Mary Poppins pero solo con comida. Quiero ser conocida como la persona que más comida lleva al hospital. Y creo que voy por buen camino. EN mi última guardia el residente y yo prácticamente montamos un picnic en la consulta. No había pacientes, claramente, eran las tantas de la mañana y me preguntó qué tenía para picar. 

9.9 justo la pregunta que estaba esperando...Prepárate. ¿Qué tengo? Tengo cerezas, tengo nueces, tengo zumos...todo esto casi que cantado. Sobre todo, me encantó que me lo preguntara porque ya tenía hambre y aproveché. 

Mucho ánimo con todo chicos!