No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 31 de julio de 2017

Curar sin secuelas

Hola mis queridos lectores, 

Sí, he vuelto a cambiar la apariencia del blog. Me gusta la hierba, pero no me convencía del todo, demasiado verde fosforito que, por otro lado, me recordaba a mi color de subrayador favorito. Así tenemos libros, yuju, libros en honor al que he publicado, al que tengo que corregir pero se me hace eterno; al que quiero escribir pero me falta tiempo; y a los que quiero leer a escondidas. Y, por supuesto, en honor a los que me tengo que estudiar. 

Hace tiempo que no escribo por aquí, y es que ya sabéis que básicamente tengo una hora libre al día y no me da tiempo a hacer todo lo que me gustaría. Es verdad que muchas noches de estas, sea por el calor, el ruido de la calle o vete a saber el qué, me está atizando con fuerza el insomnio y hay días en los que pareciera que Sabina cantaba solo para mí porque "me dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres..." y dejo de mirar el reloj porque sé que cuanto más lo miro, menos probabilidades hay de que me duerma. Es como una regla proporcional. Así que aprovecho para dormir o para soñar despierta disfrutando de mi cómoda cama e intentando no pensar en lo mucho que querré matar a alguien cuando mi despertador suene por la mañana y tenga que ponerme a estudiar. Aunque podría escribiros a esas horas, pero cuando uno está falto de sueño a veces es tan peligroso escribir como cuando va sobrado de bebida (no que yo lo sepa, que en toda mi inocencia y santidad no me he emborrachado nunca, pero eso me han dicho las malas lenguas...)

Como iba diciendo, hay poco tiempo libre, pero la verdad es que no me molesta tanto como hubiera predicho, sobre todo viendo que casi entré en depresión cuando nos mandaron el horario de la academia y vi que se acercaba el momento. No, la verdad es que estar de 8 a 10 horas estudiando cada día no me molesta demasiado, casi me entretiene. Y mis ratos de enfado van más dirigidos a cuando llego a esas pocas horas del día y no puedo hacer lo que quiero porque mis padres están, como es una costumbre muy paternal, listos para tocar las narices. No pasa tampoco tan a menudo, no creáis, pero sí que me trastocan porque me dicen de hacer cosas que no estaban en mi lista de opciones o no me dejan el coche o cosas por el estilo. En fin, no importa. 

El caso es que estudiar en sí no me está matando y puede que sea por la fuerza de la costumbre. Pero a ratos también me entran las dudas y pensaré ¿que no estoy demasiado tranquila? ¿Y si estoy estudiando mal o poco o no lo suficiente? Y me entra todo el agobio y entonces es el acabose. Aaaah ¡muerte y destrucción! Mis neuronas se dedican a correr despavoridas por mi mente con las manos sobre la cabeza gritando como si no hubiera un mañana y todas las luces de alarma encendidas. O si no es el agobio porque me va a salir fatal y no voy a sacar plaza, es el agobio por lo mucho que voy a engordar porque en esa hora libre si mis padres me empiezan a marear no me da tiempo ni a hacer algo de ejercicio, o si hago ejercicio no escribo y estoy en una encrucijada. El MIR como tantas otras cosas en la vida, será una patología que dará su comorbilidad asociada (a saber un aumento de brotes psicótico y del riesgo cardiovascular por pasar más de seis horas sentados) que, llegado el día, curará, si será con o sin secuelas, ya depende de nosotros, y por ahora yo me veo con un hermoso panículo adiposo como regalo por estos estupendos Juegos Del Estudio, en el que solo falta que en clase nos empiecen a disparar con flechas para poder sentirme toda una heroína superviviente de mi tiempo. 

Ah pero no toméis mi pobre intento narrativo de mis peripecias en el MIR por negativismo, qué va, solo a ratos y no usaré ese rato para escribiros, lo usaré para contenerme en no tirar los libros por la ventana y fugarme a las Vegas. Además hoy es mi día libre, ni siquiera tendría que estar hablando del MIR pero tengo poco más que contaros si no hablo de eso. Qué sad todo, lo sé, lo sé. 

También me he terminado un libro buenísimo, El laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón. Es el último de una saga de cuatro libros, independientes pero conectados. Y hay varias cosas que me enfadan de este hecho: 1) que voy a tener que rectificar con mi hermano de cuando le dije que las sagas son o deberían ser siempre números impares y que pueden ser tres o cinco o siete, tal vez es admisible dos, pero que cuatro no era un número para una saga. 2) Que es un libro buenísimo como os decía, pero tardó tanto tiempo en sacarlo desde los anteriores que he olvidado muchas cosas y ahora siento que debería releerlos todos para poder sacarle de verdad todo el sabor a la historia, en realidad, tendría que haberlos leído primero los anteriores. Aunque lo que más me mata siempre que leo a este autor es lo bien que escribe y mi alma de autora lo envidia tanto y al mismo tiempo lo admira tanto que no sé ni como expresarlo. 

Además hay muchos personajes escritores que se dedican de lleno a la literatura a pesar de ser una amante caprichosa y, cuando lo dicen así, me hacen sentirme mal por no dedicarme solo a la literatura. Eso es algo que me pasa cuando me rodeo de literatos, como si haber estudiado medicina me restara valor en el tema de los libros porque no he perseguido a las letras como a una estrella fugaz. Y, bueno, podéis dadme vuestras opiniones, pero desde que me propuse trabajar en mi autoestima para convertirme en alguien con cierta confianza en su persona (empresa ardua y en la que empiezo a trabajar) he decido que en vez de sentirme mal por no dedicarme solo a la literatura, debería sentirme, no mejor, pero sí bien conmigo misma, especial, por tener dos mundos entre los que poder moverme. Es cierto que a veces es algo locura porque no terminas de encajar en ninguno o porque el tiempo es más finito que mis obligaciones y quehaceres y no siempre se pueden coordinar bien. Pero tengo menos posibilidades de aburrirme si puedo pasearme entre las Letras y las Ciencias como uno de aquellos antiguos Humanistas que podían ponerle nombre a un hueso y escribir una novela, ser abogados, filósofos y teólogos sin que fuera nada extraño. Es una lástima que el mundo se haya especializado tanto. 

Así que, como decía, no voy a sentirme mal por no ser escritora las 24 horas del día porque estoy orgullosa también, aunque a veces me pese o me sature o me asuste lo que no está escrito, de ser médica y poder dedicar mi vida a ayudar a los demás de una forma más o menos directa, dándoles desde apoyo a tratamientos, además de ponerle voz a mis personajes y contar las historias que descubra y se me presenten en este loco mundo en el que vivimos. 

También he aprendido algo para ser escritora y es que hay que tener mucha paciencia y no lanzarse a escribir sin pensar o a no pensar en lo ya escrito y solo seguir hacia delante. Más que me pese, y creedme que me pesa, apenas llevo dos capítulos de mi nueva novela por lo del MIR y aún así he decidido que tengo que empezar de cero porque no estoy logrando transmitir lo que quería, no es el camino que necesita esta historia para ser contada. 

Hay días en los que me levanto con una gran sensación y esa intención de estudiar a fondo y mejorar, de superarme. Luego me tomo el café, me pongo delante de los manuales y el intento se pierde, no en la ausencia de ganas o intención, sino en la capacidad de mis neuronas sobrecargadas. 

En fin, mis queridos lectores, no me cabe duda de que, con tiempo y paciencia, se puede lograr casi de todo. Y de que el MIR llegará y pasará y dentro de unos cuantos años, cuando estemos luchando por la vida de personas reales y no solo de casos clínicos en papel, todo esto nos parecerá casi una quimera y un tiempo, quizás no dorado, pero sí más fácil al que desearíamos volver, o al menos no nos parecerá esa gran montaña en la que se convierten los retos que uno solo ve cuando la está subiendo. Mi pronóstico, pues, es que el MIR curará con las secuelas necesarias, con suerte sin ninguna, y todo será menester de volver a la configuración inicial y seguir con el tratamiento de esta vida a base de paciencia, confianza (y no diré polvo de hadas por si alguien piensa que hago referencias a productos ilícitos xD)

Ánimo y buena suerte. 

martes, 11 de julio de 2017

¿A cuánta gente he ayudado hoy?

Queridos lectores, 

Uff, lo sé, cuánto tiempo sin escribiros. No creáis que no me acuerdo de vosotros, pero es que cuando tienes que estudiar de 8 a 10 horas al día hay un número limitado de cosas que te da tiempo a hacer en tus ratos libres, esa es la verdad. Y, teniendo en cuenta que me paso la mayor parte del día sentada en mi casa, una de las tareas prioritarias que ocupan mi tiempo libre es hacer algo de ejercicio. Aunque solo sea para poder comer con menos culpabilidad al día siguiente. Porque soy una de esas personas que come mucho cuanto está estudiando. Culpo al aburrimiento la verdad. Es que es tan fácil poner la excusa del hambre para bajar a la cocina a por un tentempié y descansar unos minutillos y vaguear algo más. 

¿Y qué  os puedo contar sobre mi preparación para el MIR tras estas semanas familiarizándome más con el estudio en verano? Pues como ya os adelanté en mi anterior entrada justamente lo de estudiar no me molesta, la verdad es que me ayuda a ocupar un tiempo que no sabría utilizar de otra manera. Lo sé, qué sad ;.;. Una cosa que me gusta de estudiar es que hace que todo lo que no sea estudiar me guste mucho más. Un ejemplo: cuando tenía días libres y pensaba en ponerme a leer y estaba ya bastante rato leyendo, llegaba un punto en el que me aburría un poco y pensaba si no se me ocurriría otra cosa que hacer; pero, ahora que tendría que estar estudiando, ponerme a leer se convierte en algo mucho más interesante y tentador. Y no debería sentirme orgullosa de esto, lo sé, y no lo estoy, lo prometo, me daría de golpes contra la pared si no necesitara mi cerebro en las mejores condiciones posibles. Porque no tendría que leer mientras estudio, no tendría que leer "y punto". Uno pensaría que con las ganas que tengo de irme de mi casa, independizarme de mis padres, irme a vivir por mi cuenta, tal vez con mi hermano que empezará la universidad pero eso está bien porque tenemos buena relación y se me hará más ameno que vivir sola (al menos podré cocinar y que alguien se lo coma, porque si no engordaré un montón). En fin, que cualquiera pensaría que tengo motivación de sobra para estudiar como si no fuera un mañana. Y así es. Pero es que...me aburro taaaaanto. Oh madre del amor hermoso, como me aburro si no leo. Y los libros son tan bonitos. Estoy tan enganchada a las historias de amor que no puedo ni daros una cifra de la de fics que podría leerme en un día si me pongo a ello xD. 

Así que, mientras estudio, me parece una buena idea y algo muy merecido, el ponerme a leer un poquito como descanso para relajar la mente. Pero entonces me engancho y "un par de páginas" se convierten en "un capítulo más" y luego en "media hora más" y "aún tengo tiempo". Y, cuando me doy cuenta, voy de culo y me tengo que apresurar. Arg ¿por qué me gustará tanto leer? ¿Por qué? Porque no es como si pudiera deshacerme de la tentación, ¡mi cuarto está lleno de libros! Y la única posibilidad de ir a estudiar a un sitio tranquilo que no sea mi cuarto es ir a la Biblioteca de mi pueblo que, sorpresa, sorpresa, está llena de libros. Vida cruel, como sufres con mi desdicha. Total que cuando termina el periodo de estudio me quedo sintiéndome tremendamente culpable y me veo repitiendo el MIR por no haber sacado plaza, y me digo firmemente que el día siguiente estudiaré con una dedicación que rallará la locura y la obsesión. Pero luego me pongo a leer desayunando y ya estoy perdida...

Es trágico. 

El lado bueno es que los dos libros que he terminado estos días han sido bastante bonitos. El de intriga ha tenido un final bueno y el que estaba escrito por una psiquiatra, aunque al final de su trayecto se metió en temas de espiritismo y cosas que no sé muy bien cómo interpretar, me dejó un mensaje muy bonito con el que me guío ahora cada día. Que al final de la vida o, sin ser tan dramáticos, al final del día, la pregunta más importante es ¿a cuánta gente has ayudado? ¿a cuántos has amado? ¿cuánto amor has dado y recibido? Y me gusta. Vale que no ayudo a alguien cada día, sobre todo no estando en el hospital y estando en este estado de clausura, pero cuando tengo momentos de bajón en los que me digo que ya tengo 24 años y no voy a hacer nada con mi vida (porque no importa que acabe de terminar la carrera más larga y complicada que existía seguramente o que haya publicado un libro que ha gustado a los lectores que se han aventurado a leerlo, sigo teniendo esos momentos casi diariamente), me digo que he hecho algo: he ayudado a mis pacientes. Y me acuerdo de una señora que se llamaba Flora a la que iban a operar de un glaucoma y, en oftalmo las operaciones se hacen con el paciente despierto, y yo estuve hablando con ella de su nieto para que se relajara y me dijo que era "un ángel" (tal vez influida por la anestesia que la dejó drogui, pero qué más da); me acuerdo de Remedios, a la que aferré de la mano y dejé que me apretara mientras le clavaban una aguja para meterle una vía por la arteria y después me dio las gracias y me dijo que la había hecho sentir como si su hija (que estaba estudiando en el extranjero y no había podido ir a verla) hubiera estado con ella; me acuerdo de una mujer a la que acababan de diagnosticarle artritis reumatoide siendo relativamente joven y, literalmente, lloró en mi hombro porque el tratamiento le impedía seguir con sus planes de intentar ser madre; o de la mujer de un paciente oncológico que me abrazó cuando fui a darle el pésame porque había pasado a saludarlos todos los días que roté por onco aunque no me tocaran ellos, me gustaba pasarme a saludar a todos. 

Y bueno, podría seguir con la lista, aunque no he hecho nada maravilloso, no he salvado vidas, no he sacado a alguien de un paro cardíaco con una RCP, ni he operado yo sola a nadie, claro está. Pero me gusta pensar que no es necesario ser tan drástico, que no es necesario salvar una vida para mejorar una vida, a veces el mero hecho de sentirse escuchado o comprendido puede ayudar mucho a una persona. Así que os invito a que no dejéis de haceros esa pregunta

También tengo muchas luchas internas, precisamente por esto, sobre qué especialidad debería elegir (en el optimista supuesto de que me ponga a estudiar en serio y saque un número que me permita elegir): psiquiatría o pediatría. Son mis dos grandes dudas. Porque pienso que es importante hacer algo en lo que pueda estar contenta y pasarlo "bien", en el sentido de estar feliz con mi trabajo, y, sin duda, me divierto más cuando estoy con niños que cuando estoy con pacientes psiquiátricos. Pero también creo que tenemos, cada persona y quizás sobre todo en medicina, la responsabilidad de no hacer solo aquello que nos gusta, sino también aquello en lo que mejor podemos ser. Quiero decir, si tú tienes cualidades para ser un buen, no sé yo, cardiólogo porque tienes un oído finísimo para los soplos, pero se te da fatal hablar con personas deprimidas, por interesante que te parezca la psiquiatría, ¿no es más responsable para con tus pacientes que uses tus mejores habilidades en su mejor interés? No lo sé, es lo que pienso. Porque yo creo que se me da bien la psiquiatría, sea de escribir o de leer o de que va conmigo mejor, identifico las patologías psiquiátricas con una facilidad relativa que no tengo para las cuestiones más "médicas", también creo que se me da bien hablar con gente que tiene problemas psiquiátricos, por experiencia; y que, no sé si será por mi cara de niña buena o qué, pero muchas veces es fácil para la gente crear un vínculo conmigo y contarme cosas, sobre todo con niños, es verdad. Se me dan bien los niños, también, al menos eso creo yo, pero el problema es que no sé si se me da tan bien las cuestiones más clínicas. ¿Y si no sé identificar un shock o una sepsis? Sí, estos pensamientos me ocupan. También es verdad que la psiquiatría me gusta más como conocimiento en general, a la hora de hacer trabajos e investigaciones, me parece que la mente humana es interesante. 

Pero bueno, hablaremos de eso más adelante, por ahora creo que me iré a leer y volveré a prometerme a mí misma que mañana estudiaré a tope. Esperemos que lo cumpla. Deseadme suerte ;)

jueves, 29 de junio de 2017

Nuevo Look

Queridos lectores, 

No, no os asustéis, no os habéis equivocado de blog. Sigo siendo yo, la misma Laura Novel de siempre, con la mínima, ligera diferencia de que ya no soy una estudiante de medicina, sino una graduada en medicina o médica, si queréis acortar. 

Así que tras seis duros años de carrera y tres años de blog contando todas mis penas, ha llegado el día en el que, para poder ser sincera, tenía que cambiar el título. Ha sido muy emocionante y emotivo. Pero, oye, vida nueva, blog nuevo. Al menos un cambio de imagen, no está mal. Hemos cambiado el look otoñal por algo más verde esperanza, a ver si me anima para el MIR. 

Ah sí, porque no me parecía del todo cierto poner "Diario de una médica" ya que no estoy trabajando ni en el hospital. Quizás podría haberlo llamado "Diario de una médica sin pacientes" y oye, me gusta, lo pensaré y tal vez lo use, pero por ahora, estudio el MIR. Lo típico, Keep calm and estudia el MIR. 

Y, realmente, si os soy del todo sincera, los días previos a que comenzase la época de estudio del MIR estaba convencida de que las entradas del blog se convertirían en un tipo de Diario de Bitácora, en el que iría contando mis días como si fuera una larga travesía o una condena. Pero el caso es que no. Y eso me hace dudar, no creáis, ¿será que lo estoy haciendo mal? ¿Estoy estudiando menos de lo que debería? ¿Se me está olvidando algo? Porque no me explico lo contenta que estoy desde que me puse a estudiar. De hecho estoy de mucho mejor humor que mis semanas libres. Creo que llevo toda mi vida preparándome para este momento. Porque todos los veranos de mi vida, sin yo saberlo, estaba esperando a que llegara este episodio de mi vida en el que mis días no serían una sucesión de no saber qué hacer y pasar calor. 

Que sad ;.; lo sé, pero el caso es que yo siempre he estudiado tanto que, cuando termino de estudiar, no sé qué hacer con mi vida. Normalmente reveo todo lo que hay que ver sobre las obras de Jane Austen y las hermanas Bronte, me releo todos los libros y dejo que me invada ese espíritu de dama inglesa en búsqueda de un marido de fortuna a la que le apetece pintar, dibujar, leer, bordar y escribir y, de vez en cuando, cocinar. Sobre todo, el resto de veranos, esperaba a que llegaran las 7:00 pm para ponerme a escribir porque es la hora a la que da la sombra en mi sitio de escribir. 

Y, resulta que tener un calendario de estudiar es casi más divertido que todo eso xD oh estoy tan loca, que sad todo, lo sé. Pero oye ya que tengo que estudiar, mejor hacerlo de buen humor. Y así es, mis queridos lectores, como ha pasado mi primera semana del MIR. Me planteo si tendré alguna especie de síndrome de Estocolmo raro, porque pensaba que esto de estudiar me iba a tener como prisionera, pero ahora va a resultar que me encanta. Tendría que haberme empezado a preparar el MIR en todos mis veranos. 

La verdad es que el horario de estudio es más relajado que el horario al que estoy acostumbrada que me implanto yo misma. Porque tenemos de 8 a 10 horas y yo, en épocas de exámenes, puedo estar entre 16 y 18 horas. Y, cuando tenemos clase, pues las 8 horas de clases y prácticas con las cinco horas de la tarde hasta que me ponga a cenar. Así que, sí, muchas más horas. Resulta que o bien los de la academia me miman o yo me he torturado a mí misma toda la vida. 

Hablando de torturas, no he descartado que todo esto se deba a que tengo un toque masoquista muy profundo que puede necesitar ayuda profesional. Lo investigaré. 

Lo único que me preocupa, digamos, es si me podré concentrar en escribir porque tengo una historia pensada y lo que quiero hacer, pero con esas dos horas libres al día a veces me cuesta centrarme porque quiero hacer ejercicio y ver a mis perros. Y, aunque yo me organizo bien, muchas veces mi padre viene a decirme si quiero ir a ver a los perros y acabo yendo, lo cual me parte esas horitas libres. Pero poco a poco. Ahora estoy creando una historia nueva, pero todavía está en el proceso de creación. Si fuera a "parir" esta historia ni siquiera habría empezado trabajo de parto XD cuello formado y cerrado. A veces me asusto a mí misma con lo nerd que soy xD

Pues bueno chicos, lo que sí que me ha costado estos últimos días ha sido levantarme de la cama porque con el calorcito y el ruido de la calle me cuesta algo más dormir en verano. Bueno... y que me quedo leyendo hasta tarde, pero no me juzguéis que tengo pocas horas libres al día. Hablando de lo cual...me voy a leer. Mañana será otro día. 

Mucho ánimo a todos :)

lunes, 26 de junio de 2017

Ahora sí, es oficial

Queridos lectores,

Cada día que os escribo soy un poco más médica. De hecho, ¿me atrevería a deciros ya hoy, 26 de junio de 2017, que ya soy médica? ...Pues sí, queridos lectores sí!!! Espero...Acabo de hacer el trámite online para cerrar el expediente y solicitar el título y, para mi mayor sorpresa, creo que lo he hecho bien. Eso sí, he estado más de diez minutos en algo tan simple como darle a continuar cinco veces porque tenía que asegurarme a cada paso de que lo hacía bien. Pero bueno, lo importante es que tengo el resguardo de solicitud del título y con eso ya podría trabajar, ¿os lo podéis creer?

Hoy empieza una nueva etapa, no solo en mi vida, sino también en este blog, que viene a ser un fiel reflejo de mi existencia. Hoy es el día en el que dejo de ser, ahora sí que sí, oficialmente oficial, una estudiante de medicina y me convierto en una graduada en Medicina... en Médica, con todo lo que ello conlleva y significa. No lloré en mi graduación, y sin embargo creo que podría llorar ahora. Supongo que es parte de mi personalidad, soy tan poco optimista (lo reconozco, soy una ceniza) que no me dejo disfrutar de las cosas hasta que estoy totalmente segura de ellas, porque como una nunca sabe cuándo va a atacar la Ley de Murphy, suelo mantener la calma y esperar  a comprobar que todo está bien. Eso hice con mi graduación, evitando hacerlo oficial hasta que no me ha quedado más remedio de aceptar lo inevitable: ya soy médica.

Aunque, ¿qué es una médica sin pacientes? Como una madre sin hijos, no es más que un alma que anhela el momento de tener a alguien a quien cuidar y ayudar. Eso soy yo o seré hasta que tenga mi plaza MIR o alguien de mi familia se ponga enfermo y venga a pedirme consejo, cosa que conociendo a mi madre, es mucho más probable que pase antes.

Por otro lado, hoy era mi primer día en esta nueva etapa de preparación del MIR. Había pensado empezar a narrarlo con algo así como:

"Día 1 de mi nueva condena,

El tiempo no podría pasar más despacio. Los minutos se convierten en horas y las horas en días, mientras el verdugo del día espera a que mi mirada lo alcance y mi mente, no tan sedienta de nuevos conocimientos como me gustaría, trata de aferrarse a esos cuantos conceptos que logra comprender y se esfuerza por memorizar..."

¿Demasiado DramaQueen? Seguramente. Además, estoy decidida a considerar el día de hoy, primer día en la fase intensiva del MIR, como todo un éxito, aunque solo sea porque esta mañana, cuando ha sonado el despertador, he logrado recordar que tenía que levantarme a estudiar y pasar la tentación de simplemente apagar la alarma y seguir durmiendo. No puedo deciros que haya estudiado al 100%, pero ya no es tanto culpa mía, porque me ha venido la regla y me encontraba fatal. Pero bueno, está hecho.

Realmente, estoy tan acostumbrada a tener tan poca vida en verano que no creo que pasarme las mañanas estudiando me cambie demasiado los días, de hecho, los llena más que no tener nada que hacer. Casi me gusta levantarme y tener un propósito para hacer algo.

¿Sabéis de qué me di cuenta ayer? De que voy a echar de menos el hospital. No volveré a uno como médica hasta el año que viene. Aunque he ido algún día con mi tía que es pediatra. Supongo que podré repetir si tengo demasiado mono.

Desafortunadamente queridos míos, se ha acabado mi escasa hora libre. Porque entre hacer lo del título e ir a ver a mis perros el tiempo voló. Así que me despido por hoy, tras este día que, a pesar de hacer comenzado con dolores de regla y haber sido ocupado por 10 horas de estudio, me deja una gran sensación. La sensación de que termina algo bueno y comienza otra cosa. Es como terminar y libro y empezar otro. ¿Qué nos deparará esta historia? Solo el tiempo lo dirá. 


lunes, 19 de junio de 2017

El bajón del calendario

Queridos lectores, 

Se acerca el invierno... O, en otras palabras menos dramáticas (o quizás más, según quién opine), el final de mis pequeñas vacaciones. 

Como sabéis, hace apenas una semana hice mi último examen de la carrera. Sigo sin saber la nota, la verdad, ni me preocupa porque son vacaciones. Había vivido en una pequeña y hermosa nube desde el pasado martes, cocinando, viendo series, bailando, leyendo y con unos días en la playa, hasta hoy. El fatídico sonido que anunciaba la llegada de un mail no podría haberme preparado para la funesta noticia que iba a recibir. Y no importaba cuánto hubiera previsto aquel mensaje, ni que hubiera sabido desde el principio que este día llegaría. Mis temores y más oscuras pesadillas se volvieron tangibles en el momento en el que abrí dicho e-mail y me encontré con el calendario y horario de la Cacademia para este verano. 

Y, en aquel preciso instante, en ese fugaz momento en el que mis ojos se encontraron con las coloridas guías de la academia, toda la energía y felicidad que podía haber sentido durante estos breves días de vacaciones se esfumó, probablemente se fugó con las mejores y más inteligentes partes de mí misma, que sabían lo que les esperaba, a algún recóndito y tranquilo lugar del mundo. O me las dejé el domingo cuando volví de la playa, sabía que me dejaba algo, siempre me dejo algo...

En fin, como os iba diciendo en este, mi tono de narradora drama-queen, me han enviado el calendario de la academia que te detalla que asignatura tienes que estudiar y los temas, y las clases, Uff. Sé que es absurdo porque sabía la fecha en la que tendría que empezar a estudiar desde hace meses. Sabía que me iba a pasar todo el verano estudiando desde quinto de carrera. Pensaba que ya estaba mentalmente preparada y que podía hacerlo, pero estaba equivocada. Ni estaba preparada ni lo voy a estar. Que poco ánimo tengo. 

Por si fuera poco, he hecho galletas para intentar animarme y se me han pegado. Maldita sea xD

Como le he dicho a una amiga, ojalá pudiera mandar el calendario a la porra, pero a estas alturas es algo tarde para echarse atrás. ¿Y siendo mi vida como ha sido, qué es un año más estudiando? Nada, la verdad es que estaré en mi salsa. Creo que más que el tema de estudiar es lo de que me controlen tanto lo que no me gusta. Pero qué le vamos a hacer.

Sé que soy muy breve hoy, pero solo quería compartir con vosotros este día tan aciago y ahora voy a ver si puedo hacer otras galletas para resarcirme de las quemadas de esta tarde. 

¡Ánimo!

jueves, 15 de junio de 2017

Extraoficialmente médica

Queridos lectores,

Os escribo ya, después de seis años de carrera y tres de blog, como médica!!! (Extraoficialmente porque me faltarán los papeles que lo acrediten, pero yo creo que casi lo podría decir ya). Ayer fue mi último examen, ese famoso ECOE, en este caso, el de pediatría y ginecología. 

Así que, ya puedo decir que soy médica, ¿no? Yo casi lo digo ya y me da hasta vértigo pensarlo, es algo extraño, pensar que soy médico después de tanto tiempo, bueno seis años que no es poco, aunque aún no tengo especialidad ni un título que lo demuestre, ni siquiera grandes conocimientos que me acompañen xD pero si ahora fuera por la calle y alguien cayera inconsciente y fuera una parada cardíaca tendría mucha más responsabilidad para hacer una RCP de calidad. Menos mal que no salgo mucho de casa...

Estoy en esos escasos días libres que durarán hasta finales de este mes cuando tendré que ponerme a estudiar para la Cacademia. Y podéis matarme si queréis, pero llevo dos días libres y ya casi quiero que lleguen esos días. Me voy a entretener mucho más. No sé organizar mi tiempo bien si no tengo que estudiar. Por ahora, ayer, en ese primer y esperado (casi me atrevería a decir merecido) día libre, hice una lasaña de verduras, una empanada de cereza (cherry pie) receta típica americana con las cerezas de mi cerezo que estaban algo tocadas, para aprovechar las partes buenas, ordené un poco mi cuarto y leí. Mi hermano se fue justamente ayer de viaje de fin de curso, así que voy a estar en mis días libres sin él, que es el que más buena cuenta da de lo que cocino. Así que hoy no puedo hacer otra tarta o dulce porque mis padres se quejan de que los cebo. Puede que le lleve un trozo de tarta a alguien para poder hacer otra. Cocinar me relaja. Y aunque sigo sin pillarle el truco al puno de sal porque cuando empecé con la dieta me metían que la sal era tan mala para todo y tengo miedo de que me quede la comida salada (porque soy incapaz de comerme algo si sale excesivamente salado, me da demasiada sed) bueno, por lo demás, y salvo que quede algo soso algunas cosas, está bueno. Me gusta improvisar en la cocina y hacer cosas raras, cuanto más manipule mejor, por eso me gusta hacer postres, porque puedo hacer masas y amasar con las manos y pringarme, es divertido. También da cierto sentido de orden el cocinar, porque tienes que priorizar los pasos, qué poner primero al fuego porque va a tardar más, como aprovechar al máximo la comida, el tiempo, limpiar entre un paso y otro para que la cocina no sea un desastre...

Pienso que el año que viene, cuando empiece a trabajar y me independice oficialmente, puede que me apunte a clases de cocina, pero se pone a la cola en las clases de baile y de escritura narrativa xD. Aún no sé el tiempo libre que tendré y ya lo estoy ocupando. 

Otro tema importante es el de escribir, que todavía no he podido arrancar. Tengo que corregir mi segunda novela, que es la continuación de la Rosa de Sangre, aunque corregir me da taaaanta pereza... También quería acabar la tercera novela, aunque estoy pensando en reescribirla. Y eso, tengo ideas, pero tengo que ponerme a leer en serio (y en castellano, porque últimamente leo muchas cosas en inglés) para activar el modo narrativo. Obviamente y conociéndome, no estaré inspirada para escribir hasta que empiece el MIR y no pueda y entonces esté enfadada con la Academia por no poder escribir más horas al día. Pero eso es solo porque soy una contrahecha, al menos lo admito xD.

Y la verdad es que mis días libres son tan poco emocionantes como mis días de estudio. Os podré escribir más, eso sí, pero resulta que ahora que ya no vivo con las chinas, no voy a prácticas y no tengo exámenes de los que quejarme, ando algo escasa de temas de los que hablar xD. Y ni siquiera estoy tan libre porque tengo unos cuantos manuales sin subrayar atrasados, porque me centré en los ECOES y me olvidé de subrayarlos. Bueno, no me olvidé, solo pasé de hacerlo. Y eso que mientras me los estudiaba podría haber subrayado, pero no me apetecía ni me quedaba tinta en los subrayadores. 

Que dura es la vida de los estudiantes...Aunque técnicamente soy graduada ya. Tengo hasta una beca amarilla que lo confirma. Y la experiencia de estas 24 horas como médica recién graduada en las que ya me han bombardeado con consultas médicas, desde un tío recién operado hasta una amiga de la amiga de mi madre que no sabía qué crema ponerse. Oh, queridos míos, esto no ha hecho más que empezar. A este ritmo y si todo el mundo, sobre todo mi madre, se dedica a bombardearme así, creo que solo se reafirmará mi idea de vivir cual ermitaña en algún lugar recóndito de la montaña. Eso sí, con wifi para poder contaros mis aventuras criando gallinas y cabras xD. 

Pero no, en serio, no creo que pueda transmitiros la emoción que sentí el martes pasado al salir de mi último examen de la carrera y pensar "ya está, no me quedan más exámenes, ni prácticas, ni trabajos ¿ya soy médica?...¡Ya soy médica!" Y sigo teniendo esta pesadilla recurrente en la que me dejé algún crédito sin saberlo y todavía me queda algo por hacer para graduarme porque parte de mí piensa que es imposible...increíble...inconcebible...que ya esté, que lo haya logrado, que me haya graduado. Que sea algo además de "estudiante". Quiero decir, claro, sigo siendo estudiante, del MIR, pero podría estar trabajando si quisiera, me han ofrecido varios puestos para cubrir vacaciones este verano, pero 1)Tengo 10 horas de estudio diarias con el MIR y no es plan de ponerse a trabajar 2)Realmente no estoy preparada para enfrentarme a la vida, la enfermedad y la medicina, como diría Celine Dion, all by myself. Porque en la residencia sigues siendo un "aprendiz", sí, aún eres como un becario y cobras menos, pero estás aprendiendo y hay alguien por encima de ti que te guía y te ayuda cuando estás más perdido que las sardinas por el monte tralará, por no hablar de que tu responsabilidad penal sigue recayendo sobre un superior, y eso alivia un poco el estrés. 

Igualmente, y sé que voy a pasar los próximos meses (me niego a contarlos) en esta relación de amor-odio con la academia, tan parecida a la que viví con la carrera, pero recordad este momento cuando me esté quejando de mi vida y la Cacademia, porque realmente cuando me quitan las responsabilidades y todo lo que tengo que estudiar, hay una pequeña (no diré minúscula, aunque me gustaría), parte de mí que se queda vacía. Me lo podéis recordar, lo tendré merecido xD. 

Ánimo para los que aún estéis de exámenes, por imposible que parezca, un día se acaba!!! Y te da pena y todo xD


jueves, 1 de junio de 2017

Adiós, Santiago, adiós.

Queridos lectores,

Siento haberos tenido tan tremendamenta abandonados. Hace más de una semana que empecé a escribir la entrada de despedida de la universidad porque era mi último día de prácticas y todo fue muy emotivo y muy bonito, el problema es que no la terminé y me sumí en el océano de nervios por los ECOES y, aquí estoy ahora, tras mi primera tanda en estos encantadores exámenes prácticos con los que el nuevo sistema de estudios nos regala.

Pero no nos liemos, esta es una historia que merece ser narrada con mimo y, no temáis, pues hoy ya me he dado a mí misma el día libre, a pesar de lo que esa pequeña voz en mi mente (también conocida como conciencia, que ha ido perdiendo fuerza con los años) me pueda decir.

Como os decía, hace unas dos semanas terminé mis prácticas en la universidad y, supongo que con ello, las clases y realmente podríamos decir que fue el final de esta tortuosa historia de amor que he tenido con la carrera de medicina, a la que cuando más he querido ha sido en el momento en el que tenía que abandonarla, para dejar mi puesto a nuevas mentes más jóvenes e idealistas, aunque claro que no es el final de mi relación con la medicina, solo de nuestro idilio protegidos entre las paredes de la universidad que nos vio conocernos, aprender el uno del otro, gritarnos, odiarnos, llorar (probablemente la Medicina no hizo nada de esto y fui solo yo, pero me siento mejor hablando en plural mayestático), mi continua aventura "extra-profesional" con la literatura, y poco a poco, a paso lento pero seguro, tras seis años de convivencia, llegamos a un entendimiento mutuo, cargado de afecto y apoyado por tantas personas (pacientes) que nos vieron crecer de polluelos ignorantes y asustados a... polluelos que saben ocultar mejor su miedo. Y así, llegamos a este maravilloso sexto año. Maravilloso porque no había época de exámenes, ni clases, ni seminarios... solo días de hospital, hablando con la gente y haciendo como que aprendía cosas o, con suerte, hasta aprendiéndolas de verdad. Con un par de trabajillos, un trabajo gordo y muchas tardes en la biblioteca igualmente para huir de las chinas.

Y, así es la vida, queridos lectores míos, seis años de carrera para mí, tres años de blog y quejas para vosotros y llegamos al final de la aventura universitaria. No es el final de la historia, ni mucho menos, pero sí el final de un importante capítulo. Dentro de poco tendré que cambiarle el título al blog.

En fin, que en mi último día, que fue algo apresurado, porque me dijeron que no hacía falta que fuera el último día a prácticas y no había previsto la despedida temprana, me paseé por los pasillos de la universidad para decirle adiós con el corazón, que con el alma no puedo. Y el resto de la canción. Sobre todo, fue especialmente emotiva mi despedida a Santiago, sí hombre, Santiago, ese hombre que ha estado esperándome a la puerta de la Facultad para recibirme con su más sincero rostro durante mis seis años de carrera, sin fallar ni un solo día, lloviera, tronara o fuera huelga. Todos y cada uno de los días, ahí estaba, en la puerta, para recibirme un nuevo día. No, no penséis que tengo un acosador del que no sabíais nada, Santiago no es otro que Santiago Ramón y Cajal, cuyo busto reina y preside en el centro del Hall de la Facultad y es una de las primeras cosas que ves en la entrada. Siempre me ha gustado Santiago, no solo porque podía confiar en él para que me recibiera cada día en clases y que fuera un gran médico-investigador. Mi relación con él se hizo más profunda el día en el que, en Historia de la Medicina, el profesor contó cómo él no quería estudiar medicina, sino que quería ser pintor y fotógrafo, le gustaba el dibujo, el arte, las imágenes, y eso lo ayudó, mezclando sus habilidades con lo que había estudiado para hacer los famosos dibujos de las neuronas y en sus investigaciones. Cada vez que pienso que hubiera sido mejor que estudiara algo de letras para escribir y me siento mal, porque no sé si estoy en el camino adecuado, pienso en él y me digo que quizás hay algo en mí, en la parte de mi ser que se va hacia las letras, que me puede ayudar a ser una gran médica.

Pero bueno, hablemos ya de los ECOES, antes de que mi conciencia gane y me tenga que ir a estudiar. Ayer fue el de medicina, cirugía y psiquiatría. Los ECOES son exámenes prácticos en los que hay actores que hacen de pacientes y tienes que hacerles la anamnesis, dar un diagnóstico, pedirle pruebas y todo eso. Estaba tan nerviosa que al principio, con el primer actor que hacía de paciente, me estaba trabando y no sabía si me saltaba cosas de la anamnesis porque no sabía muy bien cómo iba a ir la cosa. Luego en la siguiente estación no sabía si el médico hacía de examinador, de paciente o de familiar y me lié yo sola...pero bueno, más o menos fue saliendo bien. En el de psiquiatría había un paciente con Manía y la cosa es que si hubiera durado un poco más la estación hubiera intentado ligar con él. Bueno no tanto, pero nada más entrar me dijo que mi fone era bonito, pero no tanto como mis ojos y me tomó de las manos y yo como "muy bonito todo". Claro, estaba tan nerviosa que ni lo pensé, seguí intentando convencerlo de que tenía que ingresar (aunque casi me convence él a mí, porque usaba argumentos muy contundentes sobre por qué era mayor de edad y podía gastarse su dinero como quisiera). Total, esa me salió algo regular, porque con tanto hablar no tuve tiempo de decirle medicación ni nada y no sé si lo hice bien. Pero sé que desde ayer, me estoy preguntando si el chico este diría lo de mis ojos de verdad o era parte del acto y si no podría haber pedido su número en otras circunstancias... La vida está llena de oportunidades perdidas. Pero mi prioridad era no cagarla demasiado en el examen, así que otra vez será.

En fin, la cagué, a pesar de mis mejores esfuerzos, en muchas pequeñas cosas, como en la RCP que estaba tan estresada que se me olvidó poner la carga de las palas. Todo una locura. Menos mal que el actor de ahí era super majo y me colocó hasta las palas bien sobre el muñeco porque yo ni miré xD qué desastre. Bueno, se supone que no van a suspender y no me puedo quejar porque los profesores que me tocaron fueron bastante majos y los actores también en general. Aunque ayer no podía dormir porque no dejaba de pensar y repasar mentalmente todas mis cagadas.

Ahora queda otro, del que empezaré a preocuparme en cuanto acabe esta entrada y meriende y os contaré cómo me va con ese. Y hasta aquí todo lo que podía contar.

Mucha suerte a todos los que tengáis exámenes!