No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 7 de febrero de 2014

Chinchilla

Hola a todos. Ya adelanto que hoy no tengo un buen día. No estoy teniendo una gran semana en general, pero hoy en concreto tengo ganas de morirme. Muchas ganas. A veces cuesta pedir ayuda a los demás, cuando más la necesitamos. A mí me gustaría poder gritar "Socorro", me gustaría poder hablar con alguien con la misma facilidad con la que escribo, pero no puedo. No sobre lo que me abruma ahora, porque si me pongo a hablar sé que mi voz comenzará a temblar y antes de que me dé cuanta estaré llorando. Así que es más fácil escribir. También espero que mis amigos sigan mis expectativas y estén demasiado ocupados estudiando como para leerme. No me atrevo a decirles que me hundo. Tengo la sensación de que me hundo. De que el mundo se derrumba a mi alrededor, la tierra tiembla bajo mis pies y miles de pesadas losas caen sobre mí. Por eso, como siempre me cuesta admitir que estoy mal. E incluso cuando confieso que estoy mal nunca llego a profundizar en cuánto o por qué, necesitamos una palabra clave. Esa va a ser "CHINCHILLA". ¿Vale? Será nuestra palabra secreta que significa que quieres escapar de todo y no quieres seguir. Nuestro código cuando necesitamos ayuda como una especie de S.O.S.

Pues hoy necesito chinchilla. ¿Por qué? Porque parece que mi vida, más que una sucesión de días o de hechos, sea una sucesión de errores. Una metedura de pata tras otra. La que me persigue ahora es la puñetera matrícula. No me fijé, no me preparé antes de hacerla y ahora resulta que estoy en el peor subgrupo. Justo el que acaba el viernes antes del primer examen, que es el lunes. Y lo que me desasosiega más todavía es que arrastré a dos de mis mejores amigas conmigo. Eligieron el mismo para no dejarme sola y todo es culpa mía. Por ser tan tremendamente estúpida. Ahora me doy cuenta de que realmente no encajo aquí, no como estudiante. Soy idiota, no puedo estar en una carrera donde se reúnen los cerebritos de los alrededores. Estoy escribiendo en clase, en mi hora libre, puedo mirar a mi alrededor y los veo a todos hablando. Los oigo, para ser más exacto, hablando de medicina: de prácticas, de horarios, de asignaturas que les gustan o algo así. Me gustaría poder hacer que se callaran todos. No puedo seguir escuchando cosas de medicina. No puedo. Todo me recuerda a cada instante que yo no debo estar aquí, que no pertenezco a este lugar, que no me gusta. Es en días como estos cuando más me cuesta recordar mi razón para aguantar esta tortura.

Pero es que no entiendo por qué tengo que seguir aquí si me parece que cada hora que pasa es una tortura. Mi vida se reduce a la medicina, porqeu estoy siempre en clase o estudiando, y la medicina me parece una tortura. Necesito una luz que me haga pensar que hay algo más, algo por lo que merece la pena seguir luchando. Y sé que lo hay. Solo que la negrura que me envuelve, oculta esa luz. Pero tengo que pensar en mis chicas, que e aguantan a pesar de todo. Que hoy es viernes y vuelvo a casa con mi familia. Que puedo escribir. No toda mi vida es la medicina, porque puedo escribir. Gracias a eso sobrevivo. A escribir y a mis amigas. Sé que no lo leéis, pero gracias chicas, por ser tan buenas amigas y aguantarme. Sois mi mejor razón para quedarme en esta carrera de locos. Os quiero mucho. Y a los pocos que me lean también ;) Gracias a todos.

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