No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 15 de febrero de 2014

Esas mentiras que nos contaron

Hola a todos, ¿qué tal el día? ¿Habéis estudiado mucho? Que pregunta más tonta ¿verdad? Yo estoy aburridísima, no me ha pasado nada interesante. Mi hermano ha vuelto a liarla parda y eso ha sido lo más entretenido. Esta vez el emisor de los gritos ha sido mi padre. Os cuento, yo soy de pueblo, pero de pueblo pueblo, de los que somos cuatro gatos, hace un frío que pela y además tenemos campo. Y por campo no me refiero a Alcampo ni ninguna cosa de esas, hablo de viñas simple y llanamente. Para los pitiminis de ciudad que no hayan visto una viña en su vida, ilustro con imágenes:
En esa foto están en otoño y la verdad es qeu están muy bonitas, con las hojas de colores. ¿Problema? Que por mucho que coloreen el paisaje, hay que cuidarlas para que en septiembre den cosecha (uva, para los más inexpertos en campo) En invierno toca podar y sarmentar que consiste en cortar las ramas más largas de las cepas. Pues eso, mi padre se encarga y se quería llevar a mi hermano para que empleara su fuerza bruta en algo bueno para la humanidad. Pero mi hermano, que es algo vago, no tenía ninguna gana de ir y claro, ahí se ha liado. Aunque al final el tío se ha librado.

Y aquí entra en juego algo que hace tiempo que quería comentar. No sé si ha vosotros os ha pasado, pero a mi me han mentido burda y descaradamente. Cuando era pequeña, y hablo de tener tres años, mis padres me dijeron que si era buena niña, estudiaba y hacía mis deberes sería mucho mejor porque de mayor trabajaría en lo que quisiera, no tendría que ir a la viña como ellos y tendría más premios. Ja ja ja (risa irónica) porque yo he estudiado, lo juro por Snoopy. He estudiado hasta dejarme los codos y ¿qué hago en septiembre? voy a la viña, pero no a un festival rock, no, no. A la viña, viña a pringar como cualquiera. Bueno, como cualquiera menos mi hermano, que ya tiene edad para arrimar el hombre y no estudia tanto como yo, aunque saque buenas notas, pero que siempre consigue escaquearse, es una cosa impresionante.

Si la cosa se quedara ahí, pues no pasaría nada. Pero aún no os he contado el momentazo de enero en el que mis padres decidieron, en mitad de época de exámenes, irse a esquiar a los Pirineos. Matizo que nunca habíamos ido a esquiar ninguno de nosotros, y se van la primera vez a un sitio bastante chulo mientras estoy en plenos exámenes y sin mí, obviamente. Y fue como "estupendo" ¿para eso me sirve estudiar? ¿Para trabajar cuando los demás trabajan y estudiar cuando los demás disfrutan? Pues vaya asco.

Así que todo eso que me dijeron de pequeña sobre las recompensas de estudiar: Mentira como una catedral. Y no solo eso, los padres se pasan la vida mintiéndonos: que si los bebés los trae la cigüeña, que si los Reyes Magos y el ratoncito Pérez, por no hablar de cuando nos dicen que tienen mucha prisa por hacer algo que acaba siendo dormir la siesta y a ti te dejan con el marrón del fregue ¬ ¬
Así que abogo por una relación más sincera entre todos, padres e hijos, pero también entre amigos. Atreveos a ser sinceros.
Nosotros como hijos no nos tenemos que esforzar tanto. Solo quitar un par de mentirijillas:
- Descanso un poco y me pongo a estudiar.
- Sí, te estoy escuchando mamá.
- Este año me pongo las pilas.
- Estaba con una amiga...

Bueno... puede que lo debamos dejar tal y como está ;)
Hasta luego bichos!
PD: y que conste que yo no suelo mentir... casi nunca

No hay comentarios:

Publicar un comentario