No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 22 de febrero de 2014

Más vaga que un linfocito perezoso

Por fin sábado. Un día entero para levantarme a una hora decente, ponerme a estudiar, aprovechar para ponerme al día. Sí, por fin sábado, pero...
Nada, nada. Soy más vaga que un linfocito perezoso. De hecho, tengo las mismas ganas de estudiar que de que me metan un erizo por los pantalones y me pongan a correr una marathon. Y lo peor es que no tengo excusa para no estudiar, es decir, tengo que hacerlo sí o sí porque el lunes empiezo en el hospital


Miedito...Sí, la verdad es que me da algo de pánico y solo espero no cagarla demasiado. Madre mía, si es que con lo desastre que soy, me dejan sola, y rompo el hospital entero, a saber. Conmigo hay que esperar lo inesperado. En fin, no os aburro hoy con esto, lo dejaré para mañana cuando mis índices de miedo absoluto lleguen a sus máximos. 

Hoy, además de ocuparme en no hacer nada, he estado pensando nombres para mi futuro perrito. ¡Sí! Me van a dar un cachorro. La verdad es que en estos últimos meses he perdido a dos perritas. Una ya os lo conté, la otra murió en diciembre pasado. Perder a las dos en poco tiempo y esto de estar haciéndome mayor, me afectó un poco. Con Luna y Ani (mis perras) murieron muchos de mis recuerdos de una infancia que pasé entre animales (como una más podría decir). Así que me hizo mucha ilusión cuando mi padre me dijo que le daban un cachorro. Será como volver a recordar aquellos años en los que no tenía preocupaciones y podía estudiarme los exámenes en menos de una hora y pasar el resto de la tarde con mis animales. Pues eso, que mi hermano y yo no nos ponemos de acuerdo con el nombre. Se admiten sugerencias. 

Hablando de mi hermano, el fin de semana se enfadó con él mi padre y el anterior, mi madre ¿lo recordáis? Pues se ve que este fin de semana me toca a mí, lo que pasa es que a mí se me da mal lo de estar enfadada así que he optado por la vía rápida. Estábamos haciendo el bruto (porque lo reconozco, soy muy bruta) y en un movimiento, sin querer, le he pegado un cabezazo (Oops) Ha sido sin querer, que conste, pero creo que eso ya cubre mi enfado de esta semana. 

Por cierto, hoy comiendo he visto las noticias. Y que asco de mundo ¿no? He estado atenta y no ha habido ni una sola noticia buena, nada alegre. Muerte y más muerte, muerte y destrucción. Guerras, conflictos y pobreza. Esa es la imagen del mundo que me llegaba a través de la pantalla de la televisión. Y es curioso, porque contrasta tanto con la imagen que me llegaba desde la ventana. Si salgo a la calle y escucho el canto de los pájaros, siento el calor de los rayos del sol en mi piel, veo la hierba verde meciéndose con el viento, me cuesta mucho creer que pueda haber tanta belleza y tanta maldad al mismo tiempo. Pero claro, hay una diferencia, lo que yo escucho son los pájaros, lo que siento es el sol, lo que veo es la naturaleza; mientras que en las noticias, lo que observo son personas. Nosotros le hemos quitado la belleza al mundo y es justo que se la devolvamos, que sepamos mirar las pequeñas cosas con la grandeza que se merecen. Ahora que empieza la primavera, las aves vuelven y las flores comienzan a nacer, me doy cuenta de que, a pesar de tener el escenario perfecto, hemos convertido la obra de nuestras vidas en una tragedia. No sé por qué lo complicamos todo tanto. Con lo fácil que sería simplemente vivir, nos empeñamos ¿en qué? Aún no tengo muy claro cuál es el fin o las motivaciones de ciertas personas, ni sé si llegaré a entenderlas algún día. 

En mundo de verdad está ahí, tanto detrás de una ventana como detrás de una pantalla. Imágenes opuestas y distorsionadas, pero reales. Los dos mundos son reales. Las guerras, las muertes injustas, las revueltas están ahí; el sol, el silencio y la brisa también. ¿Qué mundo eliges? 

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