No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 4 de febrero de 2014

Mi razón

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que no controláis vuestra vida? Yo sí. Lo siento cada día. Casi a cada instante. No sé qué hago aquí, en esta universidad. Siempre hay algo, un profesor, una clase, un comentario sobre lo que los demás han estudiado… que me hace sentir como una completa inútil. Y es que me siento como Alicia en el País de las Maravillas cuando se toma la poción de encoger y se hace pequeñita, pequeñita, con cientos de pies caminando de un lado a otro, amenazando con aplastarme. Es increíble lo rápido que parece que va todo de repente. No debería afectarme tanto, no debería dejar que me afectara tanto, lo sé. Lo intento. Pero la realidad me abruma y solo encuentro consuelo en mis libros, en sus historias, en sus sueños, en sus vidas… En realidad me encanta leer, la literatura, la historia… Y aún así estoy aquí. En medicina, chupándome clases interminables de cosas que me parecen aburridísimas, fingiendo un interés que querría poner en otras cosas, que siento por otras cosas. Pues por si alguien se ha plateado estudiar medicina, estudia medicina y no sabe por qué o no sabe qué estudiar, voy a compartir vosotros mi razón. La verdad es que entré en esta carrera más por inercia que por mi propia elección. Era joven, en mi instituto sacaba muy buenas notas y en aquellos tiempos, me creía capaz de todo. La medicina solo era un reto más. La nota más alta, la carrera más difícil y en inglés, por si me aburría. No me había planteado nunca ser médico. De hecho, como en el instituto no me relacionaba muy bien, pensaba que se me daba mal la gente y solo quería encerrarme en un laboratorio (pero esa es otra historia). Poco a poco, sin embargo, al encontrar buenos amigos que me quieren como soy, descubrí muchas cosas nuevas de mí misma. Y también, mi verdadera razón para estudiar medicina (además de ser masoca)
A ver, yo sé que no soy la más lita, ni la más decidida y, a veces, lo que realmente temo y por lo que pienso que no encajo aquí es porque no estoy segura de si seré una buena médica. Se supone que para ser médico hay que ser rápido, saber tomar decisiones, actuar, pensar con claridad en situaciones de estrés, almacenar conocimientos sin fin. Es una gran responsabilidad, tanto que al pensar en días de estos en los que estoy floja pues me supera totalmente. Y luego, también pienso. Y es que no soy la más lista, ni la persona con la mente más médica del mundo. Pero tengo corazón. Me preocupa realmente la gente. Los conocimientos se adquieren con la experiencia y la práctica, pero la humanidad es algo que no se aprende en los libros. Por eso quiero ser médica. Por una niña de seis años que se estaba ahogando con una crisis asmática en la puerta de urgencias porque el personal presente pensaba que estaba exagerando y su conversación era muy interesante. Por la gente como mi padre o mi abuela, que no se quejan nunca aunque se estén muriendo y que si pillan un médico con pocas ganas son incapaces de insistir en lo mal que están, por lo que esos médicos pasan de ellos. O por la gente un poco hipocondríaca, como mi madre, que se queja tanto que cuando está mal de verdad, los médicos no le hacen caso. 
Lo hago por ellos. Por los locos, los raros, los incomprendidos del mundo. Por toda la gente que quiero y querré. Por todos los hijos, padres, madres, abuelos y hermanos que muchas veces necesitan más el consuelo de una sonrisa que el de una pastilla más. Y porque, a pesar de lo que diga mi padre, en esta profesión, no hace falta ser el mejor para ser bueno. Y siendo bueno, ya eres el mejor para tus pacientes. Lo hago por las sonrisas de los niños cuando llegan a la consulta muertos de miedos y luego les das una piruleta. Por todas esas personas del mundo que merecen ser tratadas como personas. 

Y si queréis una razón algo más egoísta, también es porque ayudando a otros pienso que todo el esfuerzo y las horas de estudio han merecido la pena. 

Esa es mi razón. Y a veces casi lamento haberla encontrado porque me encadena a este lugar tan estresante y desesperante, pero en fin, es mi razón. Buscad la vuestra, aferrarla con fuerza y no la dejéis escapar porque, si estudiáis medicina, os hará falta una buena razón. 

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