No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 8 de febrero de 2014

Se ha despertado la bestia

Hola! Por fin es un nuevo día, y vaya día. Hoy parece que el cielo se haya levantado enfadado. Un viento furioso se entretiene en asustarme dándole golpes a mis ventabas. La lona de mis plantas hace tiempo que está volando sin control por la terraza. Tan solo he conseguido sujetarla con unas cuantas macetas encima, pero aún así, parte de la tela azul se eleva con cada ráfaga de aire dando la impresión de que puede escaparse en cualquier instante. El cielo está gris, no deja pasar ni un mínimo rayo de sol, pero por una vez, no está del mismo color que mi humor. Me gusta estar en casa. Al menos tengo a mi hermano pequeño que me fastidia mucho (como cualquier hermano pequeño), pero también me ayuda a distraerme y a reírme.

La que sí parece haberse contagiado del enfado del tiempo es mi madre. Os explico. Mi querido hermano es muy bueno cuando quiere, pero en plena adolescencia es un pedazo de bruto. Al parecer, al abrir el armario para coger una chaqueta ha roto una puerta O.O, no me preguntéis cómo. La ha sacado de la guía cual superman. Claro, mi madre al verlo, se ha puesto hecha una furia. Porque en general, mi padre consigue mantenerse en un envidiable estado de pasar del mundo en general, con sus programas de cotilleos y sus dulces, pero hay ciertas cosas que consiguen despertar al monstruo adormecido de su interior. Y entre esas cosas están los muebles. Así que cuando hayas tocado algo que no debías y veas en tu madre una cara, más o menos, así:

¡Sal cagando leches de ahí! 
Aunque como yo no siempre cumplo los consejos que doy, me he quedado por ahí. He cometido el terrible error de caerme al suelo haciendo ruido y en seguida ge escuchado un grito: "¿Qué ha sido eso?" Que miedito... había despertado al dragón cuando todavía seguía hambriento. O.O No os preocupéis por mí, sigo viva. Aunque en el caso de mi hermano todo depende del pronóstico de la puerta del armario que haga el carpintero. 

Y ya que hablo de madres, no quería dejar pasar la oportunidad sin poneros esta tira de mafalda. 
Me encanta. Se lo diría a mi madre... si no temiera por mi vida. 
Ya sabéis eso de que madre no hay más que una, y a Dios gracias, ¿verdad? Pues nada, me voy a poner a estudiar antes de que suba y me vea escribiendo. Oh, oh, oigo pasos que suben, voy a darme prisa. ¡Deseadme suerte!

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