No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 27 de febrero de 2014

Yo me bajo aquí

Dudas, chicos. Tengo dudas. He pasado 4 días en el hospital y, si no fuera porque las prácticas son obligatorias, no volvería. Acabar estos días integrada en lo que se supone será mi mundo laboral me han hecho dudar una vez más sobre qué hago aquí.

No sé si es que estoy triste o cansada y por eso lo veo todo negro o es real, no sé. Es que no me ha gustado nada, y a otros compañeros sí, ellos aprenden y se sienten bien o luego están contentos. Yo me he pasado toda la semana de mal humor, hartándome de médicos y hospitales. El único rayo de alegría en estos días han sido las personas que he conocido, los pacientes digo, de todos ellos, unos cuantos que recordaré para siempre espero. Eso es lo que me gusta y por lo que sigo aquí, por la gente, por las personas, para hablar con ellas y tranquilizarlas. Pero a veces todavía me pregunto si vale la pena tanto luchar y tanto sufrir para hablar con un par de señoras mayores, para eso acabo antes con una visita a la carnicería o al mercado o a la peluquería.

El caso es que no lo tengo nada claro. Solo sé que no sé nada, como dijo Sócrates. Y si estas prácticas estaban hechas para que aprendiéramos a mí no me han servido de nada. Al menos, no he aprendido medicina. Solo a coger el metro (que para lo paleta que soy no está mal) y poco más.

Así que esa es mi mayor duda y mi mayor temor en estos momentos. ¿Y si no debo estudiar medicina? ¿Y si todo ese discurso lacrimógeno que puse sobre mi razón para seguir en esta carrera no es más que una forma de engañarme a mí misma? ¿Y si sigo tan cegada por el "qué dirán" o lo que piensan mis padres si dejo la carrera que soy incapaz de ver la verdad? Soy incapaz de verme a mí misma, de saber quién soy o qué quiero. Yo solo sé hablar con la gente y no es un don tan extraordinario, lo tiene mucha gente y son mucho mejores que yo. ¿Qué debo hacer? Necesito parar y pensarlo, pero no tengo tiempo, el mundo va tan rápido. Me siento como si viviera constantemente en un metro en hora punta. Siempre rápido, siempre apretujada. Camino por inercia siguiendo a la masa por los pasillos hacia los transbordos y más transbordos y más metros. ¿Pero y si quiero parar para ver por dónde voy? Pues no puedo, porque la masa sigue moviéndose, sigue avanzando, no para y me empuja para que continúe ese camino ¡a ciegas! No tengo tiempo ni fuerzas para pararlos, ni para ver más allá de esa masa incongruente de gente que me aplasta y me exige que sea algo que no sé si soy o podré ser. ¿Qué hago? ¿Sigo hacia delante o paro en seco y busco otra salida?
¿Pero qué pasaría si me bajo del mundo, si dejo la medicina y luego resulta que en realidad sí que era mi carrera? Ya no sé si soy yo o la dosis masiva de novela erótica-romántica-fantástica que me estoy metiendo entre pecho y espalda para acallar las voces de mis pensamientos, pero estoy tendiendo a darle a todo un sentido un poco trascendental, ya soy muy triste.

Además, de esta duda intrínseca en mí, hay algo más que me carcome. Otra vez el puñetero jueves y otra vez, Anastasio se va de fiesta y me deja sola. No me hace nada de gracia. Si me hubiera dicho antes que no cenaba conmigo me hubiera ido a mi pueblo. Que leche le daría a veces ¬ ¬... No me apetece quedarme sola con el dramón que llevo encima yo sola conmigo misma. Pero no hay más remedio. Esta noche disfrutaré de una agradable velada con mis dudas y remordimientos. Y mañana será otro día.

PD: los jóvenes están locos. No os ofendáis, pero ahora mismo estoy escuchando gritos por la ventana que anuncian el comienzo del desenfreno de la noche y recuerdo por qué me encanta muchísimo más mi pueblo chiquitín y silencioso.

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