No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 1 de marzo de 2014

Esto es lo que soy

Hola queridos lectores,

Estar en casa, con mi madre, no mejora para nada mi estado de ánimo ni me ayuda a pensar con claridad sobre todo este tema de si debo seguir con la medicina o no. Es un poco hipocondríaca, pero, sobre todo, MUY miedosa y que yo sea una futura médica le viene como anillo al dedo. Estoy en tercero, pero ya empieza a mirarme como si yo tuviera todas las respuestas. Me pregunta como si lo supiera y si no le respondo, se enfada como si lo tuviera que saber.

Ahora mismo tiene molestias que coinciden con clínica de infección de orina. Ha subido a verme y me lo ha dicho. Ha ido al médico y se lo han confirmado. Ahora se tiene que tomar el antibiótico y me pregunta... No sé muy bien cómo expresarlo, me trata como si fuera un libro de respuesta, un médico ya, como si tuviera que curarla con mi mera presencia y yo estoy en tercero. ¡me quedan años para poder contestar a sus preguntas con verdadera razón! Por ahora me invento las respuestas hilando lo poco que sé. El caso es que me doy cuenta de que mi madre nunca me dejará descansar. Nadie nunca me dejará descansar. Seré médico las 24 horas del día. Ser algo que no te gusta las 24 horas del día. Qué horror...

Por eso me estoy refugiando tanto últimamente en los libros, en leer, mucho y a todas horas. Leyendo no pienso, no siento nada, no de mí. Vivo lo que otros viven y siento lo que otros sienten en mundos lejanos e irreales que no pueden dañarme. Y durante las horas (porque son horas) que paso leyendo consigo realmente abstraerme de todo y de todos. Me olvido del mundo que me rodea, me meto de cabeza en la historia y soy el personaje. Me encanta leer. Siempre he tenido una cabeza con tendencia a pensar en todo demasiado, a tener demasiados remordimientos, demasiadas cosas dando vueltas por mis pensamientos, ideas, culpas o miedos que no me dejaban tranquila y me creaban un desasosiego que no se iba con nada. Excepto con la lectura. Es mi tabla de salvación. Un buen libro que me absorba, me transporte y me haga olvidar, al menos, por un rato todo lo que me atormenta.

No solo leer. Me encanta escribir. Hoy es el día de confesarlo. Quiero escribir, lo que sea, cuando sea, tengo que contar historias, tengo que expresarme de alguna manera porque si no lo hago, las palabras se acumulan en mi cabeza y solo me relajo de verdad, solo puedo tranquilizarme, escribiendo. En ese momento, mientras mis dedos golpean las teclas como hacen ahora, dejando por escrito pensamientos que yo misma descubro al momento de plasmarlos y no antes, en esos momentos me siento relajada y tranquila. Porque puedo controlarlo todo, en mis libros, en mis cuentos, controlo a los personajes, los lugares, las acciones. No sé. Me siento más libre que en ninguna otra parte porque puedo estar donde yo quiera, como yo quiera.

Escribir y leer son uno. Para escribir hay que leer, me lo enseñó un gran profesor que tuve. Y ese todo, esas dos cosas que forman una, no son un mero pasatiempo, no lo hago para no aburrirme, no lo hago para olvidarme un poco de la medicina. No. Lo hago para respirar, para vivir y sentirme viva. ¿Cómo os lo explico? Cuando estoy escribiendo y las palabras vienen a mí formando una historia que muchas veces desconozco antes de escribirla, porque dejo que la historia se vaya escribiendo a sí misma, en los momentos en los que sé exactamente qué decir, qué escribir, siento una alegría que no siento en ningún otro momento. La sensación de que todo va encajando y de que he creado algo.

Mis padres, sobre todo mi padre, me han dicho muchas veces que escribir es un pasatiempo, un hobby, incluso lo han llamado tontería. ¡Tontería! ¡A la pasión de mi vida! (Frustrante) Pero no es nada de eso, no es algo que haga por placer o por elección, lo hago por necesidad. Porque cuando no leo mi cabeza está vacía, las palabras no fluyen, no tengo escapatoria del mundo que me rodea. Y cuando no escribo siento las lágrimas de frustración quemando en mis ojos porque tengo que dejar salir todo lo que hay dentro de mí.

Tengo 21 años y aún no sé muy bien quién soy. Hay muchas dudas que todavía no puedo compartir con vosotros. Mis padres me han controlado siempre mucho y a veces no sé dónde empiezo yo y dónde acaban ellos. Si lo que quiero lo quiero yo o lo quiero porque ellos quieren que lo quieran. No estoy preparada para explicar algunas de esas cosas, pero lo de estudiar, la medicina y todo eso ha sido obra suya. No me entendáis mal, son buenos padres, me cuidan y eso, pero soy muy manipulable, muy blanda y ellos me han empujado, queriendo o no, a todo. Menos a una cosa. A leer y a escribir. A eso no, ninguno lee demasiado y a ninguno le gusta que escriba, así que es lo único que sé 100% seguro que es mío y solo mío, que proviene solo de mí. Es la cuerda de mí misma a la que me agarro cuando no sé por qué hago lo demás.

Quiero escribir, soy escritora, soy lectora y no lo voy a cambiar. La pregunta es si también podré ser médica.

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