No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 9 de marzo de 2014

La Fábrica I

Queridos lectores,

Soy una cobarde. He escrito hace un momento una entrada poniendo verde a mi madre y, al final, la he eliminado porque me sentía demasiado culpable. No es que me faltara razón en mis quejas, pero por mucho que a veces me ponga de los nervios, sigue siendo mi madre (mal que me pese). Así que voy a intentar olvidarme de ella, por un momento, ignorarla. Solo quiero que todo el miedo y la ansiedad que me ha transmitido durante toda mi vida, desaparezcan. Por eso vamos a hacer como si hoy no me hubiera hartado, de aguantarla, como si hoy no hubiera confesado que ella me rompería un ala antes de dejarme volar del nido, y os voy a poner una historia que escribí hace algunos años, la tarde de antes de un examen. Los nervios me impulsan a escribir, y no es muy buena, pero a mí me gusta y me apetece que alguien la lea. La pondré en partes para no saturaros ;)

La Fábrica

Luz. Mucha luz. ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? Miro  mi alrededor, no hay nada, salvo luz. Poco a poco empiezo ver siluetas amorfas.
  En mis pies no había más que una extraña cinta que avanzaba siempre hacia delante, siempre hacia delante. Lo que dejábamos atrás nunca regresaba. Yo tenía miedo, casi siempre, tenía miedo de lo que me esperaba, o más bien de no saber lo que sería. Hasta que comprendí.

  Me llamo Keirel y soy un proyecto. Nos llamamos proyectos porque suena mejor que amasijo de arcilla sin forma que es lo que en realidad somos. No sabemos cuál será nuestro futuro, ni en que nos convertiremos, nuestro destino nos es totalmente desconocido aunque en realidad está determinado desde que nacimos.

Yo nací hace poco, aquí, en la Fábrica, era un día caluroso de eso estoy seguro porque se me derritió más arcilla de la que hubiese debido y ahora estoy algo delgado comparado con otros Proyectos, pero no creo que importe, al fin y al cabo la arcilla es la misma. Como decía, todos nacemos iguales, como masas amorfas esperando a que la máquina nos dé vida. Avanzamos lentamente pero sin detenernos jamás por la cinta. Esa es una de las normas más importantes “la fabricación nunca para”. Nunca. Pero nosotros, los Proyectos no nos ocupamos de eso, solo nos dejamos llevar. La cinta avanza y se abre en mil caminos, yo sé aunque nadie me lo ha dicho que cada camino te lleva a un destino distinto a otra fábrica o a otra sala de la Fábrica, de eso no estoy seguro, lo que sí sé es que según tu destino acabas siendo un jarrón, una pieza de arte, un juguete… cientos de posibilidades, mundos por descubrir, vidas por vivir y todo depende de la cinta, que avanza y avanza y nunca para.

Nadie sabe cuál es el destino que la máquina elegirá para él pero ese no es mi caso, no, yo sé a dónde voy a llegar. Podéis pensar que estoy loco, quizás lo esté, pero lo sé. Lo sé des de hace unos días, cuando nací. La primera parte de la máquina me dejó caer con poca delicadeza sobre la cinta y en el momento en el que el húmedo barro tomó contacto con el metal en movimiento supe que estaba aquí, que existía. Sonreí para mis adentros y miré a mi alrededor y lo primero que me llamó la atención fue la luz. Mucha luz. Una luz intensa, cálida, brillante, una luz prometedora y tentadora. Intenté preguntar al resto de mis compañeros, las masas de arcilla que habían nacido conmigo si ellos sabían de dónde procedía aquella extraña luz, pero ninguno me escuchaba, todos seguían demasiado ensimismados en sus mundos de barro, asimilando el hecho de que tenían vida y nadie, salvo yo, parecía haberse dado cuenta de lo que les rodeaba. Así que alcé la mirada y busqué en las distancias la procedencia de mi captora y entonces lo vi: el Final. El estante de la Gloria. El lugar al que iban a parar las mejores figuras, las que eran únicas, aquellas figuras que estaban hechas de una pasta especial, me pregunté si mi masa también sería especial, pero la verdad era que no lo parecía, era exactamente igual que la del resto de mis congéneres y aún así no me importaba. Yo quería llegar allí, aquel era mi destino, lo sabía. Desde el momento en que abrí los ojos y me cegó aquella hipnótica luz supe que aquel era mi destino. Llegaría al estante del Triunfo. Sería importante, sería especial.

  Los días pasaban y la Fábrica nunca descansaba, yo nunca dejaba de moverme, de avanzar y de crecer. Vi a muchos de mis compañeros de fabricación caer por los bordes de la cinta porque se habían despistado y no se daban cuenta de que se estrechaba, algunos incluso decidieron saltar por su cuenta porque la incertidumbre de si destino final los acongojaba demasiado; a otros los vi partir por caminos distintos, algunos los eligieron, malos caminos que conducían a finales funestos pero era en lo que ellos se querían convertir, a otros la cinta los llevaba por nuevos recovecos oscuros y no volvían. No sé dónde están, no sé dónde han ido ni si serán felices. He perdido a todos los rostros conocidos con los que nací, con los que avancé mis primeros metros en esta cinta interminable, pero en realidad poco me importa pues yo sí tengo una meta. El estante del Triunfo está cada día más cerca, su luz cada vez me acaricia con más fuerza, y lo sé, estoy seguro de que podré llegar, es un camino algo más largo que los demás, muchos de mis compañeros ya están terminados, han sido fabricados, pero yo aún sigo aquí. Estoy solo, no hablo con nadie porque casi nadie me entiende, pocas figuras y menos masas amorfas pueden comprender que yo haya decidido mi propio destino y que este no sea otro que el camino más alejado, más costoso, pero es mi decisión, mi sueño y para mí vale la pena. Además estoy muy ocupado en esforzarme para conseguir mi objetivo, me muevo cuando la máquina de pintar emite un sonido agudo porque sé que van a dar más retoques, y yo me giro, me muevo y hago contorsiones imposibles para que me dejen lo mejor posible, porque solo los mejores llegan. Me esfuerzo al máximo y estoy seguro de que lo lograré, aunque a veces el camino parezca eterno ya queda menos.


  Han vuelto a pasar los días. Hay menos rostros conocidos, más nuevos. Otras figuras cuyos caminos se han unido a mío. Las miro cuando no me ven, las observo y las admiro en silencio, son preciosas, delicadas, majestuosas, imposibles de imitar, son perfectas. Yo me miro, solo soy un muñeco, bien hecho, claro, pero solo un muñeco. A veces me deprimo y pienso que el esfuerzo no ha valido la pena, no era de una masa especial, estaba destinado a ser un muñeco, ahora debería estar en manos de un niño, ya podría haber abandonado esta aburrida fábrica, pero no quise, me obcequé en apartarme de los caminos que me llevaban fuera, me escurrí entre la cinta para que siempre me escogiera para seguir y ahora estoy aquí, rodeado de figuras especiales que llegarán al estante de mis sueños. ¿Pero y yo qué? ¿Y si me comparan y se dan cuenta de que la máquina se ha equivocado? ¿Y si no me creen merecedor? Ya no podría regresar por otro camino, la cinta nunca da marcha atrás, solo puedo continuar. Y arriesgarme. Es difícil, pero sigue siendo mi sueño. Ya estoy aquí, ya queda menos, sé que el destino con el que siempre he soñado está muy cerca, ¿debería abandonar ahora? ¿Debería elegir alguno de los nuevos caminos, fáciles, cortos, que sé que me llevarán a un buen lugar? Un lugar en el que estaré a salvo, sé que estaré bien, pero no es el mío, no tiene esa luz, esa atracción hipnótica, no es el que ocupa mis sueños. Me quedaré en la cinta y avanzaré. Es mi destino…tiene que serlo. 

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