No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

No es perder el tiempo

Hola queridos lectores,

Hoy es el día D. El día "grande de las fallas" y grande es, grande. Es una GRAN molestia. Mi pobre Brave, mi cachorrito asustadizo, se pone muy nervioso con las mascletàs esas. Si vierais cómo se me ha subido en la última, hace apenas media hora. El pobre no sabía dónde esconderse y se ha echado a mis brazos temblando. Y es que imaginaros, es como estar en pleno campo de batalla: ruido atronador, petardazos e implosiones por doquier sin que puedas saber dónde caerá el siguiente. Aunque, bien pensado y viendo cómo va el mundo, no nos viene mal acostumbrarnos a sentirnos en mitad de una batalla campal.

El caso es que a mí las fallas no me gustan, ya lo sabéis. Es una fiesta incomprensible para mí, casi terrorífica, más que Halloween. Y ya no es que lo diga yo, nos lo dice el sentido común. Nada que haga llorar a bebés y asuste a cachorritos puede ser bueno. Personalmente, y por los falleros que conozco, solo son gente a los que les gusta acaparar la atención, sentirse observados y admirados y por eso tiene que ir por todas las calles del pueblo tocando música y lanzando petardos para que la gente sepa que están ahí. Os diré una cosa: sabemos que estáis ahí, pero es que no os queremos ver.

En fin, yo lo siento si a vosotros os molan las fallas. Intento ser comprensiva y respeto a la gente que le guste, pero es que yo no puedo con ellas >.< Acepto que las fallas en sí, como monumentos o figuras, son bonitas o graciosas, es un modo artístico de expresión, de sátira e ironía y, como aspirante a escritora, me gusta todo tipo de arte que muestre los pensamientos del autor. Algunas son muy bonitas, a mí me suelen gustar las infantiles porque ponen hadas o muñequitos y yo soy muy infantil. Pero bueno, que las fallas en sí, están bien. Lo de que las quemen me choca a veces un poco porque se gastan el dinero en hacerlas y  contaminan, pero el fuego purifica y, al fin y al cabo, es lo único de la fiesta original que se conserva. Cuando se daba la bienvenida a Perséfone quemando lo viejo para purificar así la entrada a un nuevo año. Os hablo de la tradición griega, que los romanos robaron y después, tras el concilio de cuyo nombre nunca me acuerdo (creo que el de Nicea), se fue amoldando a la religión cristiana. Claro, pensad que cuando el cristianismo comenzó a surgir, los romanos tenían dominada gran parte del Mediterráneo, tierras adyacentes y más allá. Entonces, cuando el emperador Constantino I, que ya había mostrado su aprobación por este nuevo culto en un edicto en Milán, decidió que la nueva y verdadera religión era la cristiana, después de haberlos perseguido y masacrado durante siglos, pues a la gente le costó un poco. Y para facilitarles la tarea, muchas de las fiestas y tradiciones romanas se mantuvieron disfrazadas de cristianas. Pero claro, ¿cómo hace una religión monoteísta para suplir las fiestas y cosas de las casi 44.000 deidades que los romanos llegaron a amasar? Pues ahí le dieron a la máquina de pensar y comenzaron a surgir santos, mártires... y demás.

En fin, me estoy desviando como siempre. Solo una última cosa, una vez me leí un libro en el que, la tradición que tienen muchos pueblos como el mío de sacar a la Virgen de un sitio y llevarla a otro durante las fiestas, pues ya lo hacían. Eran romanos de la Península íbera que sacaban a sus dioses para atraer la lluvia, lo único que cambiaba es que ellos le prendían fuego a un zorro, no sé por qué. Me leeré el libro otra vez y os lo diré.

Volviendo a las fallas, pues que la fiesta original de Perséfone se la quedaron los carpinteros y la cosa ha evolucionado. Y a mí me encanta el fuego, menos cuando me quemo, pero en muchos de mis relatos los personajes salen ardiendo, literalmente, tengo cierta tendencia a quemar a todo el mundo. O sea, que por lo que veis ahora, a mí la fiesta no me parece mal. Lo que me saca de mis casillas y me enfada es la música y los petardos. Porque chicos, sí, la fiesta será muy bonita y todo lo que queráis, pero dejad la libertad de que cada uno lo celebre a su manera. Yo estoy estudiando y no me mola nada que vengan tocando comparsas. Ya sé que son las fallas, me estoy pelando días de clase gracias a eso, así que por favor, comenzad a ser algo más sutiles.

Pero hoy no es solo día de fallas. Es el día del padre, aquí en España. Mi padre es un hombre contradictorio, por un lado se pasa las semanas de antes diciéndote que a él le da igual lo del día del padre, que no nos gastemos el dinero, pero luego cuando llega el día señalado te echa en cara que no hayas comprado nada. Claro, que cuando le compro algo lo acabo devolviendo. Espero que este año no me pase porque no pienso devolver a mi cachorrito de 200 euros, Brave. Por ahora es mi cachorrito porque a mi padre no le van los bebés, está esperando a que crezca un poco para llevárselo a la viña, a montar a caballo y a cazar. Así que por ahora es mío, mi pequeño bebé, para jugar, despistarme y no estudiar lo que me dé la real gana. Que yo intento concentrarme pero cuando le oigo llorar y llamarnos para que lo saquemos de su cajita pues no me puedo aguantar, me da tanta pena que se sienta abandonado. Ya sabéis, me recuerda a lo que le hice a Esmeralda. Y es que es un pequeñín que solo va a crecer una vez, luego se hará grande y mi padre le enseñará a obedecer y no jugar conmigo. Y ¿sabéis qué? yo siempre he estado muy obsesionada con el tiempo y estudiar y con lo que me quita tiempo de estudiar. Pero estoy comenzando a aceptar que estudiar no es lo más importante, por mucho que Anastasio (que pensaba que era imposible, pero es peor que yo en este aspecto) se queje de que pierde cinco minutos de su tiempo sin estudiar por hacer lo que sea, intento pensar que los exámenes se recuperan, pero el tiempo perdido no.

Si por jugar con Brave suspendo algún examen, podré repetirlo, pero estos meses de mi perrito, estas carantoñas, esta pequeña bolita crecerá y eso no se puede recuperar. Ahí sí que no hay vuelta atrás ni recuperaciones que valgan. Así que voy a disfrutar de mi señor bolita mientras sea mío y el señor complemento inmunológico puede irse donde yo le diga jijiiji (que malota soy...)

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