No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 15 de marzo de 2014

Pero no es Esmeralda

Hola queridos lectores, 

Brave ha sobrevivido a las primeras 24 horas en casa. A mi madre le hace gracia, la verdad es que es imposible que no te parezca completamente adorable, es una bolita de pelo de ojos azules que hace carantoñas. Es monísimo y toda mi familia: tías, primos, hasta mi abuela están como locos con el perrito. Solo que mi abuela ha decidido llamarlo Whisky en vez de Brave. Mi abuela es única, es la mejor, dice lo que piensa y mete mucho la pata, pero es natural y divertida.

En fin que Whisky... digo, Brave ha encajado muy bien en la familia. ¿No os he comentado nunca que mi familia es exageradamente numerosa? Eso es porque todavía no he pasado ninguna reunión familiar mientras escribía el blog, pero pronto lo haré porque solemos reunirnos en fallas y Semana Santa y ya os adelanto que es un completo espectáculo. Puedo comentaros que en Nochevieja hacemos un concurso de karaoke desde que tengo memoria que ha ido progresando y degenerando hasta convertirse en mi tío de barriga generosa imitando a Miley Cyrus, desnudo incluido (no se incluyen fotos por respeto a personalidades sensibles).

El caso es que todos están encantados con Brave y yo también, no me entendáis mal, me encanta, es un solete, pero no es Esmeralda. Claro, ya os habréis perdido. Pues para que entendáis este giro de mi mente, tenemos que remontarnos a la época en la que yo contaba con apenas dos años y medio. Entonces mi padre, que siempre había tenido perros de caza, trajo a casa a una perrita, una podenca portuguesa marrón de apenas mes y medio. Claro, los nombres estaban a mi cargo por ser todavía hija única y la llamé Esmeralda por la chica del jorobado de NotreDame, se conoce que me gustó la película. Esta:
Pues eso, las dos éramos unos bebés, yo era bastante cansina, recuerdo llevarla de un lado a otro de mi casa hasta hacer incluso que la pobre vomitase la leche, recuerdo darle biberones con mi padre. Cuidar a Esmeralda de cachorrita son algunos de mis primeros recuerdos y, de hecho, la tuve desde tan temprana edad que no hay un solo recuerdo de infancia en el que no aparezca. Recuerdo cuando mi padre venía con ella a recogerme a clase y ella venía corriendo a saludarme. También cómo se subía a mi regazo cuando me daba unas palmaditas en las piernas y no antes, me miraba suplicante hasta que le daba la señal para lanzarse sobre mí y dejarse acariciar. Sí, crecimos juntas, pero crecimos y yo tuve que ponerme a estudiar más en serio. Ella dejó de vivir en casa cuando se hizo grande y estaba en una nave que tenemos donde están los perros de caza de mi padre, los caballos y el tractor y esas cosas que se tiene en el campo. Cuando era pequeña venía con nosotros a todas partes, se subía en el coche, en el tractor, era una más. No sé deciros lo que era para mí: si una hermana o mi mejor amiga. Pero el tiempo pasa inexorablemente y para cuando yo tuve quince años, ella también los tuvo. Y mientras yo entraba en la edad del pavo con sus consecuencias y tonterías, ella entraba en la vejez perruna.

Empezó a encontrarse mal y mi padre la llevó al veterinario. Detalle que muestra lo mucho que la queríamos porque mi padre, en general, pasa de gastarse dinero en los perros como para ir al veterinario, o los cura él o se mueren. A Esmeralda la llevó y nos dijeron que tenía un tumor en los ovarios. (Me estoy poniendo a llorar, así que esto lo explicaré rápido) La operaron pero no sirvió de nada, la tuvimos en casa, pero ella sufría, le dolía y un día la llevamos al veterinario, creo que a otra operación, no lo sé, no me acuerdo. Me despedí de ella allí entre aquellas frías pareces. Le dije que hasta pronto, que iríamos a por ella...pero no fuimos. Nos llamó el veterinario aquella noche para decirnos que no iba a poder hacer nada por ella y que lo mejor era sacrificarla para que no sufriera. Madre mía, si han pasado seis años y solo por contároslo a vosotros ya estoy llorando y parando de vez en cuando de escribir para evitar un torrente lacrimoso, imaginad lo que me pasó cuando me lo dijeron. Mi padre le dio el visto bueno, la autorización y, ya sabéis, mierda me cuesta un montón, la sacrificaron esa misma noche. Sin que me despidiera.
Eso es lo peor, lo que más me duele y me impide dejar de pensar en ello, pasar página. Le dije hasta pronto y no adiós; le dije que volvería a por ella, pero la dejé morir sola. No sé hasta qué punto son capaces de pensar o sentir los perros, pero yo no puedo evitar pensar que ella creería que la habíamos abandonado y estaría muerta de miedo y dolor, sola. Me acompañó toda mi vida y al final, yo la dejé sola. Fue mi mejor amiga y no estuve con ella cuando más me necesitaba. (Vale, voy a acabar ya del tirón aprovechando que mis padres han salido, porque lo que no quería era que mi padre me viera llorar, no le gusta que lloremos).

El caso es que la dejó sola, no fui con ella, no estuve a su lado en el peor momento y eso es algo de lo que me arrepentiré toda mi vida. Por eso, esta semana, cuando Sadee me comentó que iban a sacrificar a su perra porque tenía leishmaniosis y no mejoraba, yo le dije que, aunque no quisiera, aunque luego te quedes con esa imagen de ella muriendo en tus brazos, le dije que era mejor estar allí, que yo estaría allí porque no estuve cuando tuve que estar y me lo recrimino cada día. Tendría que haber estado allí para darle mi último adiós. Porque fue mi mejor amiga; durante mucho tiempo, mi única amiga y yo se lo pagué con años de estudio y abandono y una muerte en soledad. Fui muy mala amiga y no me merezco a ningún otro perro ni me merecía a Esmeralda, pero tuve la gran suerte de tenerla en mi vida y se quedará siempre aunque no esté, estará siempre por muchos perros que tenga, por muchos cachorros monos y adorables, porque ninguno serán ella y con ninguno podré corregir mis faltas.

En fin, quizás el perro perfecto sea como la pareja perfecta y siga la máxima de la media naranja única. Quizás solo se tenga realmente un perro y yo ya la tuve.

Mierda, joder, joder, ahora han venido mis tías de visita y yo con la cara roja de llorar. Pues nada, a ver qué excusa pongo. Deseadme suerte =S

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