No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 5 de abril de 2014

Con jardín y biblioteca

Queridos Lectores, 
Creo que fue Marco Tulio Cicerón el que dijo que, con un jardín y una biblioteca, una persona es feliz y no necesita nada más.  La verdad es que no sé si él siguió este principio y se conformó con tener esas dos cosas o vivió con más "cosas dispensables pero tentadoras". Pero yo, la verdad, sí que me siento bastante feliz con mis libros y mis plantas. Ahora que estoy en casa, en el pueblo, y la primavera ha vuelto a traer la vida, la colección de plantas de mi terraza está comenzando a florecer y la verdad es que me encanta verlas, oler su perfume, regarlas por la mañana y hasta cantarles. Sí, soy muy principesca para eso, solo os digo que otra cosa que hago por las mañanas, es poner migas de pan en la terraza para los pajaritos
Sí, casi una cosa así, pero en versión cutre y solo con pájaros porque ardillas, mapaches y ciervos es raro encontrar en mi terraza. 
Así que tengo mis libros y mis plantas, y estoy muy contenta con las dos cosas, pero, aunque me pese, he de discrepar con Cicerón. Las personas necesitamos algo más que una biblioteca y un jardín (aunque yo estoy deseando tener una gran biblioteca)

Las personas necesitamos muchas cosas para vivir cómodamente. Al menos, sentimos, creemos que necesitamos muchas cosas para poder ser felices. Vivimos en una sociedad consumista, ¿no? Y sea por eso o por la propia naturaleza ambiciosa del ser humano, siempre queremos más y conozco a pocas personas, aparte de Cicerón, que se conformarán con unos cuantos libros y unas plantas. Pero no es verdad, no necesitamos muchas cosas para ser felices. Lo único que las personas necesitan es a más personas. Somos seres sociales por naturaleza, vivimos en manadas (también llamadas sociedades) y necesitamos del cariño, de la compañía y, muchas veces, la aprobación de otros para ser felices.

¿Por qué os digo esto? Porque llevo un día en casa con mis padres y he intentado decirles lo que os dije a vosotros en mi última entrada, lo del libro que he escrito y que le ha gustado a mi amiga. Eso que, desde un punto de vista objetivo, no es quizás tan relevante, pero que es muy importante para mí. Y lo he expresado bien, lo he intentado. A mi padre no le gusta mucho que escriba. A mi madre sí se lo he contado y ella se lo ha tomado bien, lo que pasa es que mi madre se alegra de mis logros porque encuentra en ellos una excusa para presumir ante los demás y hasta que no me publiquen, que es difícil, no se alegrará del todo. Por ahora, ella se monta más castillos de arena en la cabeza que yo misma. Mi padre es otra historia. Él quiere que sea de una manera determinada, que cumpla el prototipo que supongo tendrá marcado como hija ideal y yo no puedo cumplirlo. En momento como este mi cabeza empieza a cantar sin que pueda impedirlo la canción de Mulán (no sé si funcionará bien, es la primera vez que adjunto un vídeo)


 













No sé muy bien qué más quiere de mí. Llevo toda la vida estudiando, sacando buenas notas, estudio medicina en inglés con notas aceptables para la dificultad y ayudo en lo que puedo. Si me dicen que hay que vendimiar, voy a vendimiar; si hay que coger almendra, oliva, lo que sea, yo siempre ayudo. Pero no puedo dejar de escribir, ¡no puede pedirme eso!

Bueno, a ver, voy a explicarlo mejor. No es que mi padre no me permita escribir, lo que pasa es que, dentro de esa idea de la hija que debería ser, está que me encanta lo que a él le encanta, sobre todo, montar a caballo. Y a mí me gusta mucho montar, tengo los caballos desde pequeña y los quiero mucho, pero no estoy disponible para salir a montar todas la semanas ni siempre que él quiere, porque tengo que estudiar. Así que cuando nombro que he estado escribiendo algo, como un libro largo que me habrá quitado mucho tiempo, pues me mira como recriminándome que tenga tiempo para escribir y no para montar. Pero no es igual porque yo me puedo poner a escribir mientras almuerzo, meriendo, antes de irme a dormir, en momentos en los que los vecinos hacen mucho ruido y no puedo estudiar... de manera que no pierdo tanto tiempo de estudio. Montar a caballo no lo haces en intervalos de cinco minutos, se te va más de medio día y no siempre me lo puedo permitir. 

Y no puedo prescindir de mis momentos de ponerme a escribir para acumular ese tiempo y usarlo en montar a caballo. No puedo dejar de escribir, me piden imposibles, como si me pidieran que dejara de respirar, o de sonreír. Y, entonces, cuando veo que no me siento libre de contar algo que a mí me hace feliz, como lo de que a alguien le guste lo que escribo o que tengo un blog, o cuando digo algo de lo que pienso y veo su mirada de desaprobación... y pienso ¡¿qué más quiere que haga?! Ya estudio medicina, ¿no? Ya saco buenas notas, ya me esfuerzo y trabajo todo lo que puedo. ¿Tan malo es que haga algo que me hace feliz a mí? ¿Tan mala hija soy por preferir pasar una mañana escribiendo a montando a caballo?

Así que lo siento mucho Cicerón, pero ya ves que yo tengo un jardín y muchos libros, pero no lo tengo todo. A veces me falta lo más importante. Me acuerdo de este verano cuando estaba escribiendo el libro del que hablo. Resulta que yo estaba muy enfrascada en mi mundo creativo y no me di cuenta de que el viento estaba a punto de tirar la sombrilla. Al final, la tiró y la sombrilla se rompió un poco. Digo un poco porque al final la arreglamos. Pero mis padres se enfadaron conmigo por no haber guardado la sombrilla a tiempo. Y no me acuerdo de la frase exacta, lo que se quedó marcado fue solamente como mi padre se refería a escribir mi libro como "esa tontería". Dijo algo como que si no hubiera estado haciendo esas TONTERÍAS mías y hubiera estado más atenta, pues no hubiera pasado nada. Yo reconozco que fue culpa mía lo de la sombrilla, pero tampoco hacía falta que me faltara tanto al respeto llamando a escribir "esas tonterías tuyas". Aunque en realidad me hizo un favor, ahí decidí que el eje central de la novela iban a ser los conflictos paterno-filiales. Y así fue. De hecho, si tengo suerte y algún día me publican y decidís leerlo (por favor, leedlo ^^) Os daréis cuenta de que todos los personajes están unidos por un sentimiento común o situación común: la frustración porque sus padres no les comprenden o algo parecido. Cambia un poco según los matices del personaje. 

Menos mal que tengo a mis chicas, ya las conocéis a casi todas, ellas me aceptan como soy y eso es casi un milagro porque ellas sí que han visto mi locura en todo su esplendor. Tengo a mis chicas y ya está. Anastasio se irá de Erasmus y no lo veré más. Porque a saber dónde estoy en 5º, lo mismo ya he reunido el valor y me he cambiado de carrera. O me he vuelto del todo loca. Nadie sabe lo que depara el futuro. Solo podemos esperar y soñar. Yo sueño con que me publiquen, mis libros tengan algo de éxito y poder demostrar así a mis padres que escribir no era una mera tontería. Pero hasta que los sueños se cumplan, tendré que seguir estudiando ;)

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