No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 21 de abril de 2014

Cuando bordeamos un abismo

Queridos lectores,

Tengo una pregunta: ¿por qué todo es tan difícil? ¿por qué la vida se vuelve oscura, de repente? ¿por qué es tan grande el vacío? ¿Por qué nos asola la tristeza y nos acecha la soledad? Los pensamientos y los deberes se agolpan. Mañana tengo que ir a hacer una práctica, tengo que volver al hospital y solo de pensarlo siento frío, me siento helada, desprotegida, hastiada. ¿Por qué tengo que ir? Bueno, esa pregunta sí que la sé responder, porque si no voy me suspenden. 

Hoy vuelve a estar nublado. ¿Sabéis qué? Cuando era más pequeña llegué a pensar que tenía poderes para controlar la metereología cual Tormenta de X-men porque siempre que estaba triste, el cielo se nublaba. Pero ahora creo que soy yo la que se condiciona y se deja influir por el color del cielo y no al revés. Aunque no solo me imaginaba lo de los poderes por eso, es que también, cuando era más pequeña no siempre me apetecía montar a caballo =S Fue a la edad esa en la que ya era lo suficientemente mayor como para saber los riesgos que suponía montar en un animal enorme, pero todavía demasiado pequeña como para sentirme capaz de controlarlo. Entonces, tenía miedo, pero mi padre se me llevaba igual y no podía decir nada. En fin, ahora me gusta mucho y ya no tengo miedo, pero porque soy mayor y llevo muchos años a lomo de mis pequeñines. A eso de los diez, once años, no me sentía tan capacitada como ahora y como no podía decirle a mi padre que no quería salir con él a montar a caballo (porque cogía una pataleta y amenazaba con venderlos o cosas así) pues iba con él, pero por el camino me concentraba y deseaba con fuerza que lloviera. Y para mi sorpresa, muchas veces, llovía. 

Aunque, la verdad es que la idea de tener poderes especiales ha rondado siempre mi mente. ¿Quién no ha soñado alguna vez con recibir una carta de Howards? Yo la esperaba a los once años, como Harry Potter. Después, a los quince, dieciséis, también esperé que despertara en mí algún poder especial porque era la edad de la protagonista de muchos de mis libros de fantasía. Mi última esperanza está en la saga que me leí tiempo atrás que me dejó Mérida, en la que la protagonista despierta a los 22 años, pero ya empiezo a pensar que la vida es realmente tan anodina como parece y no hay magia esperándome. Es una lástima que los poderes sobrenaturales estén reservado solo a unos cuantos personajes de libro cuando tantos de nosotros querríamos sentirnos así, llenos de magia, de poder... pero, sobre todo, especiales. Sentirnos como los "elegidos", únicos. 

Sí, podéis llamarme creída y ególatra, pero siempre me ha gustado pensar que podría hacer algo especial en la vida. No sé el qué, simplemente algo distinto, algo que mereciera la pena recordar. En el instituto era fácil pensar así, porque destacaba mucho, los profesores le daban alas a mi imaginación y yo volaba. Pensaba, soñaba que sería capaz de lo que me propusiera. Tanto que llegué a pensar que podría ganar un Premio Nobel, bueno, pensaba en ganar tres: el de literatura, el de ciencias y el de la paz. En fin, era joven y no sabía mucho del mundo. Pero ya me lo decía mi padre en aquellos años de bonanza: "el tuerto es el rey en el país de los ciegos" y yo era el tuerto (como Odín que está tuerto por cierto) y ahora en la universidad, sigo siendo un tuerto, pero el resto de mis compañeros tiene dos bonitos ojos. Para usar una metáfora más bonita, en el instituto yo era una bombilla en un lugar con más velas que bombillas, y en la universidad estoy rodeada de lámparas fluorescentes halogenadas de esas. 

Bueno, a lo que iba. Que yo me sentía capaz de todo, tenía un sueño y una esperanza, y ahora tengo prácticas de radioterapia y apuntes interminables. 

En fin hoy ha llovido, sobre la tierra y sobre mi ánimo por lo que parece. Menos mal que a mí me encanta bailar bajo la lluvia. 

Pero estoy helada, como el agua de los charcos, y de repente no siento nada, solo el frío y el hastío. Cuando me pasaba esto de pequeña y no podía sentir, de pronto, ni alegría ni nada, al principio me asustaba porque pensaba que me estaba convirtiendo en una psicópata o algo así porque no lograba sentir. Solo notaba el vacío, la sensación de que me falta algo. Es una sensación muy molesta ¿verdad? Desconsoladora. Bueno, pues cuando me asolaba de pequeña descubrí el remedio: me ponía a escribir e impregnaba en los cuentos y las poesías toda la oscuridad que me había sobrecogido. Aún conservo las libretas llenas de poemas, tristes en su mayoría, algunos se los leí a Sadee cuando vino a mi casa, no los más lúgubres, le leí los de amor y eso. Casi voy a agradecer tener que ir mañana a hacer las prácticas de radioterapia porque estar encerrada en mi casa me está deprimiendo mucho y lo de hablar solo con mi perro, el cual no me puede contestar, tampoco favorece. 

En realidad, lo único que me pasa es el que el cielo está gris oscuro y yo soy muy camaleónica, así que me vuelvo del mismo color, metafóricamente. Así que dejémonos llevar por el instinto, es lo que hago cuando estoy triste, por la frase de Armando Palacios: "Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo" Y mi instinto me dice que me ponga a escribir mientras como helado de chocolate :S este instinto mío quiere que engorde ¬.¬ 
Hasta pronto chicos =)

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