No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 11 de abril de 2014

Dos por el precio de uno

Hola queridos lectores, 

Sabéis, con esto del Gran Secreto (la boda de Sadee para los olvidadizos) se me olvidó contaros que el miércoles estuve en casa de Ellen. Ellen es la amiga que se ha leído mi libro. Ella vive relativamente cerca de mí, a unos 15 minutos andando deprisa. Así que, a la ida y a la vuelta de su casa, estuve mirando a mi alrededor (práctica muy recomendable con el pequeño inconveniente del aumento de la incidencia de caídas). El caso es que, en los primeros momentos de mi paseo, estuve pensando en que me quejo por vicio, porque yo llego aquí y me pongo a contaros mis cosas y mis problemas como si fueran algo enorme, cuando, comparados con el dolor del mundo, son piedrecitas en el zapato. Kim lo dejó caer por lo bajo y tiene toda la razón del mundo. A veces, parece que quiero ser la protagonista como la canción esa de "Mamá quiero ser artista, mamá, la protagonistaaa" Pues es eso. Por eso pido disculpas.

Bueno, pero lo que os decía era que por el camino vi a muchas personas, demasiadas, tiradas en la calle, descalzas, con niños, sucios, sin dinero ni comida. Y así, viendo toda esa miseria que me entristecía, pasando por obras y más obras, sorteando los coches, las calles sucias y oscuras... no paraba de pensar en lo feo y amenazante de la ciudad. Me parecía todo horrible, sinceramente, esperpéntico. Personas que no tenían que comer cerca de tiendas pijas donde la gente pasaba lejos de ellas como si fueran apestados. El ruido por todas partes, las sirenas de las ambulancias, la policía, los coches... Solo veía la fealdad del mundo. 

Pero, luego, entré en un parque que me pilla de camino. Todo estaba verde, el aire traía consigo el aroma a primavera, a flores, las rosas coloreaban en los arbustos y cientos de colores se agolpaban a mi alrededor. Había niños jugando, columpiándose por todas partes, personas corriendo con sus perros, madres paseando carritos, enamorados haciendo...bueno, haciendo cosas en la hierba. Y entonces, encontré la belleza. 

Luego resultó que Ellen tenía que hacer llamadas de trabajo, así que estuve casi una hora mirando el cielo en la terraza, por lo que tuve tiempo de pensarlo todo. El mundo es dispar, es dual. Dos antítesis en constante lucha por dominar a la otra. Existe la belleza, lo bonito y lo bueno en las cosas más sencillas: en las plantas, en el cielo, en los pájaros que surcan libres los aires, en las sonrisas inocentes de los niños. El problema es que el dolor, la fealdad y el horror también nos acechan, disfrazado de políticos que dan grima =S o que no respetan las normas, como guerras injustas, muertes crueles, hambre, pobreza, enfermedades...Y el problema de este dúo es que, a veces, la maldad es tan apabullante, el horror tan indescriptible y la fealdad que nos rodea tan cegadora que nos impiden ver las cosas buenas y, con el tiempo, casi nos olvidamos de que están ahí. No pensamos que llega la primavera, llegan las alergias; no nos paramos a ver las flores porque no nos queda tiempo, porque hay que estudiar, hay que trabajar, hay que escapar del agujero negro en el que parece convertirse nuestra existencia y todo porque cerramos los ojos ante los destellos de luz. 

Sí, tristemente Anastasio me hace ver todas las mañanas las noticias y durante el resto del día me persiguen las imágenes de lo que veo: guerras, destrucción, robos e injusticias. Te quedas con eso y sigues adelante, pensando que es todo lo que hay porque no ves nada más. Porque llegas al metro para ir al trabajo y todo es frío y oscuro. Llegas al trabajo o a las clases y todo es estresante. Vuelves a casa y solo quieres olvidarte del día, pero no puedes, porque el mundo sigue detrás de la ventana, esperando que lo mires. Ahora vivimos una época difícil, donde las injusticias están volviendo a arraigar en el mundo, donde el hambre y la pobreza son la tónica del día y el precio lo acaban pagando siempre los que menos culpa tienen. Por eso es fácil pensar que no queda nada bueno en el mundo, que la maldad de algunos y la ambición de otros muchos, lo ha estropeado todo. Pero solo os diré que, durante el invierno, pensé que el frío, el hielo y la ausencia de luz había matado a mis plantas porque sus hojas se volvieron marrones y quebradizas y las flores se marchitaron. No fue así, ellas seguían ahí latentes, esperando la llegada de la luz para volver a renacer. 

Otra cosa que me preguntaba viendo a toda esa mezcolanza de personas era si los humanos somos buenos o malos. Todo es dual, hemos dicho:  hay bien y mal, luz y oscuridad, frío y calor... El mundo es dual, ¿pero y las personas? ¿Somos buenos por naturaleza y la sociedad nos puede empeorar o al revés? No puedo presumir de haber conocido a muchas personas, pero sí he conocido de los dos tipos: buenas y malas. Al final te das cuenta, de que un solo adjetivo no puede definir a una persona. Somos seres complejos. Los instintos básicos están en constaten guerra con los pensamientos. Creo que ahí radica todo. Quedaros con esto. 

La bondad o maldad del hombre es un tema del que se ha hablado mucho. Veréis, los griegos tienen un mito que me encanta, personalmente. La historia de Zagreo, hijo de Zeus que sedujo a Perséfone (en realidad, se transformó en serpiente y la dejó embarazada) El caso es que tuvieron que esconder a Zagreo de Hera, que era la mujer de Zeus y no estaba nada a favor de los hijos ilegítimos de su marido. Los escondieron con los Curetes, unos guerreros-oradores que cuidaron en su día a Zeus. El rey de los dioses veía en su nuevo hijo a un ser puro y de luz que quería convertir en su sucesor. Pero, al final, Hera lo descubrió y mandó a los Titanes. Estos descuartizaron y devoraron al pobre Zagreo y Zeus, como castigo, los asó a todos con un rayo. Vale, pues, de las cenizas de esos titanes que tenían en su cuerpo al bueno de Zagreo, Zeus creó a los humanos. Estamos hechos de cenizas del bien y del mal, los titanes y Zagreo, el bondadoso hijo de Zeus. Yo voto más por decir que somos duales, sí, pero no porque en nuestro interior haya un titán malote con un dios puro, sino por la evolución. Nuestro instinto de supervivencia es el titán que nos hace sobrevivir a costa de los demás, porque lo importante es salvarte a ti mismo, nos hace ambicionar para poseer más comida, nos hace ser violentos para defendernos. El instinto consiste en mirar por ti mismo y no pensar tanto en los demás. Mientras que, a lo largo de la Evolución, hemos desarrollado el córtex cerebral lo bastante como para desarrollar sentimientos de unidad, de sociedad, para ayudar a los demás, y ese es Zagreo. 

Bueno, es un tema muy complicado y creo que hoy ya me he extendido en temas aburridos. Perdón por divagar :S Hasta pronto ;)


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