No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 8 de abril de 2014

Mi calabaza gigante y parlante.

Hola queridos lectores,

Hoy vamos a empezar con un ejercicio de imaginación, ¿vale? Imagínate, por un momento, que un día sales de casa y te encuentras con algo muy raro. No sé, por ejemplo, que en tu puerta hay una calabaza gigante más grande que tú mimo, de estas tipo Halloween con cara recortada y que encima está viva y te saluda cuando pasas O.O

Parece raro ¿no? Pero ahora imagina que esa calabaza ha estado ahí desde que naciste, siempre ha estado. Te has criado, has crecido viéndola cada día y, encima, (compliquemos un poco más la cosa) y digamos que no has estado nunca en casa de otra persona de modo que no has podido comprobar si ellos tienen o no una calabaza en sus puertas. De forma que algo tan raro como una calabaza gigante y parlante puede parecerte lo más normal del mundo porque es tu realidad. 

No, no me he vuelto loca. Este preludio es para explicaros que yo he crecido con muchas calabazas. Con cosas que tomé como ciertas y universales al ser lo que veía, lo único que veía, sin poder contrastarlo con nadie. Por ejemplo, de pequeña pensaba que cuando una perra tenía cachorros, la mayoría siempre morían. Porque cuando una de mis perras tenía cachorros, los míos se morían. Pensaba que era normal porque me lo decía mi padre y yo siempre he confiado en mi padre. Él me decía que era normal, que no todos podían vivir y yo le creía. Cuando le acompañaba a la viña con los cachorritos en una caja de cartón y yo le decía "papá, pero se están moviendo, hacen ruido, están vivos" él me decía "no, eso son gases, están muertos" Y yo me lo creía. No solo porque sea tonta, es que era muy pequeña, desde los tres, cuatro años hasta que comprendí lo que pasaba. Lo que pasa es que a veces hay realidades tan espantosas que te niegas a verlas. Cómo iba yo a pensar que mi padre, al que de pequeña veía casi como a un héroe porque hacía de todo, mataba cachorritos y me llevaba con él para que ahora el recuerdo de esos cuerpecitos peluditos y regordetes me atormente. Así que no veía lo que no quería ver. Y cuando, en la película de los 101 Dálmatas viven los 15 cachorros que tienen al principio yo pensaba que eso era posible solo porque era una película de dibujos y me quedaba más ancha que larga.

También había pensado siempre que lo que hacía mi madre, su sobreprotección era normal. Por mucho que me agobiara o me ahogara en mi burbuja, pensaba que era lo que hacían todas las madres. Pensaba que el ojo por ojo era algo que practicaba todo el mundo y no solo en mi familia. Pensaba que abortar era normal, antes de saber que mi madre había abortado tanto por culpa de la talasemia. Pensaba que las peleas eran normales, los gritos, la tensión. Porque en mi casa siempre han estado ahí. Y, aunque mis padres tienen sus momentos de llevarse bien, cuando se pelean se arma un buen escándalo. Eso no lo veía bien, no es que me gustara esa realidad, pero era la única que tenía delante y pensaba que era normal. Que discutir tanto, ese tipo de relación era la normal, que si me casaba, estaría igual. Siempre pensé que estar hundida, dejar que te hundieran era normal, porque era lo que me habían hecho siempre. Apagar lentamente cada llama de alegría. 

Y así he acabado siendo como soy, una blanda sin opinión firme que se deja deprimir como un trozo de plastelina ( -.-' ). Hubo un tiempo en el que tuve voluntad, un tiempo lejano, pero la vida se encargó de bajarme al suelo cada vez que intentaba volar. Mi madre me reñía mucho porque decía que me creía superior a ella cada vez que intentaba salirme con la mía. No sé si era así, solo que sé que para que dejara de reñirme por creerme superior tuve que ir bajando gradualmente mi autoestima hasta llegar al punto de hoy. Bueno, ahora es más alta, pero sí, mi autoestima se quedó bajo mínimos. Así que ahora no tengo mucha confianza en mí misma. Siempre pienso que lo voy a hacer todo mal, que no sé hacer nada bien. La semana pasada hice un trabajo con Kim y estaba convencida de que la profesora nos iba a cantar las 40 por lo mal que estaba hecho, pensaba que por mi culpa, Kim iba a tener un 0 como una catedral, ya me hacía comprado hasta helados de chocolate para recuperarme cuando la profesora nos mandara su valoración de disgusto. Pues resulta, que le ha gustado y nos ha felicitado. No me lo creía O.O. Y siempre igual, no creo que sea lo bastante buena, no creo que lo vaya a hacer bien y no puedo confiar en mí misma. 

Estoy harta de eso. De no creerme lo suficiente buena para nada. Porque no me siento lista, pero lo soy. No me siento guapa, pero lo soy. No me siento querida, pero lo soy (espero ser todo esto porque sino mi madre tendrá razón y seré una creída). Por eso, entre otras cosas, tengo problemas para lo de tener pareja, porque si no tengo cuidado y me enamoro de quien no debo, acabaré muy mal. Porque yo perdono todos los errores, voy guardando mis sentimientos de enfado y rencor y me obligo a sonreír. 

Y por eso tengo mucho miedo de estar con alguien, en el plano romántico, porque si no tengo cuidado y me enamoro de alguien como mi padre que no piensa en los sentimientos de los demás, de alguien autoritario o que es incapaz de darse cuenta de que yo necesito un empujón cariñoso para abrirme y se limita a ver que exteriormente no estoy mal, me hundiré lenta e inexorablemente. Aunque cuando un chico me halaga en el momento inicial no parece que me guste, porque es la novedad, es raro que alguien me diga algo bueno y me quedo O.O sin palabras, pero es cosa de acostumbrarse. 

Y todo este rollazo viene porque hoy Anastasio quería que le recogiera unos papeles de la universidad donde yo estaba y él no y no lo he hecho xD Soy una malota. Es que hago mis intentos de reafirmarme como persona seria y madura, lo que pasa es que luego me siento muy culpable por no haberle hecho el favor. Me he puesto a pensar en lo fácil que es hacerme sentir culpable, en lo fácil que es hundirme, como un barco de papel en un caudaloso río, y he empezado a pensar en calabazas. 

No siempre lo que nos parece normal es lo que nos parece mejor. 


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