No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 28 de abril de 2014

Oda a la banalidad

Hola queridos lectores, 

Creo que he batido mi propio récord de días sin escribiros y no ha sido porque no tuviera cosas que contar, porque esa no suele ser un excusa válida, siempre os acabo contando alguna tontería. Así que he decidido que la banalidad no está tan mal. 

Así que os quería contar una cosa graciosa que me está pasando entre ayer y hoy. Normalmente, mis días son aburridos porque las chicas están estudiando y yo estoy menos solicitada que la verdura en un comedor escolar. Miro mucho el móvil, pero nunca tengo ni mensajes ni llamadas ni nada. A veces, tengo la sensación de que mi móvil se va a aburrir de que lo esté mirando cuando sé que no voy a tener mensajes y me va a decir: "No tienes ni un mensaje, pero ni de tu madre, qué triste... ¬.¬" Como en la película de Bridget Jones. Pero justo desde ayer, parece que se han puesto todos de acuerdo. Y con todos me refiero a Agapito, que sigue mandándome mensajes; a Demetrio; a otro chico que conocí en una discoteca, pero ese no cuenta porque solo me manda cosas sobre discotecas en las que las chicas entran gratis o cosas así y yo no soy muy de discotecas; y hasta las chicas estuvieron ayer hablando, de hecho, hasta Anastasio me mandó un mensaje. Y era como "O.O, en serio? Todas las vacaciones esperando algún mensajito y todos el mismo día para estresarme" 

Vale, vale, llamadme malota, pero lo que me hace mucha gracia es tener a tres chicos mandándome mensajes a la vez y mientras le contesto a uno me escribe el otro. 

En fin, con esto no os toméis una imagen distorsionada de mí, ni estoy jugando ni ligando con ellos, yo directamente les digo a todos que estoy estudiando. Pero, entended que, con mi falta de experiencia en estos temas, estar de repente así de solicitada, pues me deja flipas pipas. Pero yo soy muy buena persona. 

En realidad, si esto fuera el típico libro de adolescente, quiero decir, que si lo que os cuento fueran historias inventadas, como si escribiera una historia, y no la realidad de mi vida, pues al final me tendría que quedar con Agapito, ¿no? porque el muchacho es el más constante. Pero, por suerte o por desgracia, esto no es un libro sino la vida misma y en la realidad no se pueden controlar los acontecimientos ni, mucho menos, los sentimientos. Y no podemos controlar de quién nos enamoramos o no nos enamoramos.

Lo siento, preveo que la entrada de hoy irá por derroteros románticos. Es lo que tiene que, como estoy preocupada por lo que os contaba, no paro de darle vueltas y la única manera que tengo de no pensar demasiado es leyendo algo que me guste y siempre acabo optando por los libros de Jane Austen. Y, en ese proceso de no pensar demasiado, me encuentro con frases como esta:
"In vain have I struggled. It will not do. My feelings will not be repressed. You must allow me to tell you how ardently I admire and love you"
Esta es la primera declaración de Mr. Darcy a Elisabeth Benneth y, aunque obviaremos el hecho de que tras esa declaración ella le da calabazas, me parece preciosa. "Cuan ardientemente la admiro y la amo" Ardientemente. Sé que esa palabra ya no se usa, pero a mí me encanta, me emociono y todo. Lo sé, lo sé, leerse a Jane Austen y el resto de la literatura clásica inglesa del estilo no es lo mejor para aprender a ligar. No hace falta que me lo digáis porque, claro, en la adolescencia, que debe de ser la época en la que los y las jóvenes empiezan a tomar contacto con el mundo y a adoptar los patrones de comportamiento de la sociedad en la que se desarrollan, pues yo estaba en mi casa leyéndome estos libros en los que el coqueteo es más bien escaso y, a la que te das cuenta, te están proponiendo matrimonio y que te den un beso en la mejilla ya es un escándalo ¡O.O! Ah, pero lo mejor es el cacao mental que se me ha formado al pasar directamente de esos libros de amor del siglo XIX a literatura erótica, gracias a Mérida. No me extraña que mi visión de las relaciones esté tan distorsionada O.o

Bueno, y aunque las relaciones han cambiado mucho con el paso del tiempo, las personas no hemos cambiado tanto y seguimos teniendo los mismos problemas y las mismas dudas que hace siglos. No sé si conocéis las obras de Jane Austen, pero si tuviera que decir a qué personaje me parezco más, aunque mi favorito es Elisabeth Bennet, me temo que yo sería Fanny Price o Anne Elliot, y de esas, como me gusta más Anne, me tocaría ser Fanny. Sí, siempre me tocan los personajes más pavos y buenazos de los que todos se ríen, buenas personas, dulces y que ligan a última hora y de casualidad. ¿Por qué será? Lo digo porque tengo la pequeña afición de repartir personajes entre las chicas: las winx, las hadas de Campanilla, my little pony... (sí, veo una programación de televisión muy madura) El caso es que el otro día se puso Mérida a repartir y me tocaron a mí las pavas. Pero es que además no falla, si hay algún personaje femenino sin demasiado carácter, dulce, sensible, inocente y que está enamorada de un chico que pasa de ella o la ve como una amiga hasta el final de la película o el libro, cuando descubre milagrosamente que ha estado enamorado de ella toda la obra (pues vaya horas ¬.¬) esa soy yo (-.-'). Eso es lo que le pasa a Fanny Price y lo que le pasó a la que me tocó de X-men.

Así que, como veis, no aceptéis consejos míos en este ámbito, solo este:

Porque como os decía, el tipo de relaciones ha cambiado, pero la esencia de las mismas no. Porque la esencia de las personas no ha cambiado. Todos buscamos algo, algo que nos complemente y nos haga sentir felices. Buscamos algo como lo que vemos en las películas y, en pocos casos, muy afortunados, algo como lo que vemos a nuestro alrededor. Por ejemplo, lo que veo yo al ver a Sadee y Mael o a Kim y Simon. A mí me gusta mucho hacer puzzles (lo sé, soy rara) pero me paso el verano (lo sé, soy rara) haciendo puzzles de varios miles de piezas y al final he llegado a la conclusión de que el amor es como encajar dos piezas de puzzle. A veces, cuando estás haciendo un fondo o una superficie que es del mismo color o cambia poco, puedes poner una pieza y que casi parezca que encaja, pero luego, según sigues avanzando en el puzzle, ves que la cosa no va bien. Te cuesta demasiado encontrar la siguiente pieza, te cuesta demasiado ver el dibujo. Hasta que te das cuenta de que esa pieza que parecía que encajaba, en realidad no lo hacía, se parecía a la auténtica, pero no lo era. Y pones esa pieza, la buena, la verdadera, y hace "click" y después de ese click el resto de las piezas casi parecen ir colocándose solas y todo funciona, todo encaja. Eso tiene que ser el amor, hacer click (no penséis pervertidamente, me refiero en un sentido metafórico). Y cuando alguien me pregunta qué es lo que busco en un chico pues puedo decir una serie de cosas más o menos importantes: que sea divertido, que no se asuste de mi locura... pero en realidad lo que pienso es "que sea mi click" Que con él todo encaje y el resto de las piezas de la vida parezcan tener, de pronto, un sentido y un lugar.

Todavía no he encontrado mi click y, a este paso, si no dejo de pasar mi tiempo haciendo puzzles y leyendo novelas del siglo XIX, no sé si lo haré.

Mañana tengo un día largo, me tengo que levantar a las 5.30 a.m. para ir al hospital y encima por la tarde tengo un examen. La buena noticia es que, después del examen, me voy a ir a la Feria del Libro ¡yupi! No tengo dinero para libros, pero ya mendigaré a mis padres luego. Además, me contento con pasear entre las casetas llenas de libros y aspirar el aroma de las plantas mezclado con los libros nuevos.

Perdonadme si la entrada de hoy ha sido aburrida y/o inconexa, pero inconexos es como están mis pensamientos y no me apetecía ponerme a hablar de cosas más trascendentales. Hoy tocaba oda a la banalidad para poder descansar de las cosas importantes que nos atormentan el resto del tiempo. Para olvidarnos por un momento de todos los problemas que nos asolan. Y si os habéis reído un poco, aunque sea de mí, habrá merecido la pena =)

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