No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 31 de mayo de 2014

Bella y Bestia VII

Hola chicos, 

Aquí estoy otra vez. No es que no quiera estudiar (cosa que probablemente influya) es que me apetece mucho escribir. Hay demasiadas palabras dentro de mí, demasiados pensamientos. A veces no sé muy bien qué decir, qué escribir... como ahora que no sé la dirección que pueden tomar mis pensamientos, solo sé que necesito escribir. Al final, la tinta y el papel o, en este caso, mis dedos y el teclado se compinchan dejándome de lado. Yo no pienso, no me detengo, solo escribo. Una frase se ha formado en mi mente antes de que termine la anterior. Lo peor es que eso me pasa también cuando hablo y termino hablando rápido o mezclando las frases, de forma que nadie me entiende. Escribiendo no me pasa poeque tengo todo el tiempo, todo el espacio en mi papel en blanco para poder poner todo lo que hay en mi mente. Y me ayuda mucho, me ayuda a poner mis pensamientos en orden, a conocerme a mí misma. No han sido pocas las veces que me sentía triste sin saber la razón, sin poder expresarlo con palabras en mi mente. Entonces, cogía un boli y una libreta y me ponía a escribir, casi siempre, alguna poesía hasta que la respuesta aparecía ante mí y escribía lo que no sabía de antemano: la razón de mi tristeza. 

Escribir es, para mí, sinónimo de respirar, de latir: algo que tu cuerpo hace inconscientemente por pura necesidad. 

Y resulta bastante irónico a veces porque escribir no deja de ser imaginar cosas, fantasías, historias que pasan en mi mente. Pues aún así, muchas veces, cuando me planteo si vivo mi vida o la que mis padres quieren que viva, escribir es lo más real que tengo.

Bella y Bestia
(Está todo en cursiva porque toda esta parte es recuerdo de su vida pasada)
Estaban prometidos. Iban a casarse. Parecía imposible, pero era real, era su realidad. Quería a Adam y estaba segura de que él también la amaba. Sería difícil, pero lo conseguirían. ¿Qué importaba que el padre de él fuera un señor del castillo y el suyo fuera jardinero? Eran personas, eran seres humanos. La condición, la posición social, el dinero, eran inventos de los hombres, de aquellos que necesitaban sentirse superiores, sentir que podían dominar al resto. Pero sus corazones se habían reconocido. Ellos no entendían de posesiones, ni de dinero o ridículas convenciones sociales. Se casarían, aunque tuvieran que fugarse. De un modo u otro, acabarían juntos porque sus almas estaban predestinadas y nada podría separarlos.

—¡Bella! —Una voz jadeante la sacó de sus ensoñaciones.
—¡Gastón! —Dijo ella al reconocer la figura de su amigo que se acercaba a ella corriendo.
—Bella, tengo una gran noticia—Dijo él sin resuello.
—Me alegro, pero respira primero o te ahogarás antes de poder contármela. ¿De qué se trata?
—He conseguido un puesto en el ejército real. No gano mucho, por ahora, pero seré libre y no dependeré de un Señor del Castillo. Iré escalando posiciones hasta poder ofrecer a mi familia, a mi mujer, una buena vida.
—Vaya, Gastón me alegro mucho por ti.
—Entonces ¿te parece bien? —Sonreía abiertamente con una emoción que apenas conseguía ocultar.
—Bueno, el ejército es peligroso, pero si es lo que quieres hacer, me parece bien, claro.
—No te preocupes por eso, Bella, te aseguro que no pasará nada. Seremos muy felices.
—¿Seremos…?
Bella apenas tuvo tiempo de extrañarse ante aquella afirmación, pues antes de que pudiera reaccionar, Gastón la atrapó entre sus brazos, ciñéndola contra su cuerpo, buscando sus labios.
—¿Qué haces? Suéltame, animal.
Tras patalear arduamente, Bella consiguió que Gastón la soltase mientras la miraba extrañado.
—¿No te alegras?
—Sí, ya te lo he dicho, pero no por eso puedes ahogarme o intentar besarme ¿qué te crees?
—¡Pues que vamos a casarnos! ¿Cómo no voy a poder besar a mi futura esposa?
—¡¿Casarnos?! ¿Quién ha dicho tal cosa?
Bella tuvo que dar un paso hacia atrás para esquivar los brazos de Gastón que volvían a perseguirla.
—Bella, no te hagas la ingenua. Sabes que siempre te he querido y alistarme en el ejército, lo he hecho por ti, para que no tengas que trabajar a merced de un señor, para que seas mi esposa y no tengas que preocuparte por nada.
—Gastón eres mi amigo y te aprecio, pero no puedo casarme contigo, amo a otro hombre.
—¿Al hijo del señor, es eso? ¿Piensas que él se casará contigo, que te convertirá en su señora? Deja de ser tan estúpida y despierta Bella, él no te quiere, solo te utiliza. ¡Nunca se casará contigo! —De pronto se adelantó hacia ella cerniéndose sobre su cuello, apresándola entre sus manos—Yo estoy aquí, siempre lo estado. Esperándote, vigilándote y serás mía.
—Gastón me estás ahogando…—Pero él no la escuchaba, se había perdido en sus ojos, admirando su piel blanca y sus suaves curvas—Gastón, suéltame.

El aire comenzaba a faltarle, el yugo sobre su cuello no cesaba y sus pulmones comenzaban convulsionar intentando tomar una nueva bocanada. Sus ojos comenzaron a nublarse y supo que estaba a punto de desmayarse, cuando unos poderosos brazos cogieron a Gastón obligándolo a que la soltara. Bella se quedó tirada en el suelo y pronto escuchó una voz conocida. Era Adam.

—¿Pero a ti qué te pasa animal? Estabas a punto de matarla.

Adam le gritaba mientras le golpeaba y Gastón respondía a sus puños con una furia renovada. Los dos hombres se enzarzaron en una lucha que no llevaba pintas de parar pronto. Con las pocas energías que le quedaban, Bella se lanzó sobre Adam y lo detuvo justo antes de que este descargara su puño sobre la cara ensangrentada de Gastón.

—Déjalo, Adam, por favor, era mi amigo. En honor a nuestra antigua amistad Gastón, haré como si esto no hubiera pasado. Adam y yo nos queremos y vamos a casarnos, aunque tengamos que huir de aquí, lo haremos pronto. Tú deberías marcharte también.

Adam la abrazó y ella se dejó llevar lejos de Gastón. Sentía lástima por él, por haberle roto el corazón, pero nunca podría estar con otro hombre que no fuera Adam. Él la hacía sentir completa. Como si todo su vida hubiera estado buscando algo sin saberlo y solo lo encontrara entre sus brazos.

—¿Estás bien? —Le preguntó mientras acariciaba las marcas que las manos de Gastón habían impreso en su piel.
—Sí, tranquilo.

Aquella noche, aquella última noche, la luna estaba pintada en el cielo difuminada por la niebla. Hacía frío, aunque ellos no lo sentían. Adam se había quedado a dormir con ella y, mientras él dormía, Bella disfrutaba recorriendo las formas de sus músculos con el dedo. Era tan guapo cuando dormía, también cuando estaba despierto, pero a veces su mirada era tan intensa que apenas podía mantenerle la mirada sin sentir que le temblaban las piernas. Mientras dormía, estaba a su merced. Sus cuerpos desnudos se abrazaban perdiéndose el uno en el otro. Le retiró un mechón oscuro de pelo que cubría su rostro y al sentir su caricia, Adam comenzó a despertarse.

—Hola—Susurró ella.
—Buenos días, princesa.
—Aún no es de día. —Dijo ella.
—Entonces ¿por qué me despiertas? —Bella lo miró con una sonrisa maliciosa dibujada en la cara —Chica mala.
Adam la rodeó con su cuerpo, pero sus besos se detuvieron de pronto.
—¿Qué pasa?
—Creo que he escuchado algo—Dijo él—Voy  ver.

Intentó protestar, pero él no le hizo caso. Solo mientras él no estaba se dio cuenta de que la noche era fría y oscura, de lo sola que podía sentirse, de lo insegura que podía llegar a estar. Esperaba con ansia a que él llegara ¿qué estaría haciendo? ¿por qué tardaba tanto? Creyó escuchar unos pasos, pero no podía ser él, eran demasiados pasos. Su corazón comenzó a latirle con fuerza. El miedo se apoderó de ella, no podía negarlo, estaba asustada, por ella y por Adam. Los pasos que la habían puesto alerta no tardaron en sucederse por las figuras de varios soldados que entraron en su casa, rompiendo la puerta por la que Adam se había ido. Bella nunca se había sentido tan indefensa, tan expuesta. Desnuda, tapada con unas sábanas, rodeada por cuatro hombres armados que la miraban con lascivia, anhelantes de arrancarle las sábanas a tirones.

—Adam —Primero susurró, porque el miedo atenazaba su garganta y parecía haberle robado la voz. Después, gritó—¡Adam!
—Grita lo que quieras, él no va a salvarte.

Una nueva figura más vieja y mejor vestida que las anteriores, apareció. Bella identificó rápidamente su rostro. Era el padre de Adam, el actual Señor del Castillo.

—Ha llegado a mis oídos lo que mi hijo planeaba hacer contigo. Fugarse —dijo con asco— ¡casarse, mi hijo, el futuro Señor, con la hija del jardinero! Lo siento niña, admito que eres muy guapa, pero no puedo permitir que mi hijo se eche a perder así. Ya tengo planes para él.

Apenas podía creer lo que escuchaba. Iba a morir, aquel hombre iba a matarla ¿y todo por qué? Porque necesitaba a su hijo libre para casarse con una mujer que pudiera darle una nueva fortuna. Aquello era lo que valía su vida: unos cuantos doblones, un cofrecito de joyas. Moriría desnuda, delante de aquellos hombres que la repugnaban y sin poder despedirse de Adam, sin poder decirle que lo quería. Las lágrimas comenzaban a anegar sus ojos. Lágrimas de miedo pero, sobre todo, de rabia de frustración, de impotencia porque el mundo estuviera dominado por personas como aquel hombre decrépito y marchito que prefería arrebatar una vida y hacer desgraciado a su hijo antes que ver mermar su ya cuantiosa fortuna. Podrían matarla, podrían dominar su cuerpo, pero Bella no permitiría que la vieran llorar, no le arrebatarían su dignidad. No apartó la mirada de aquel hombre, con la frente alta y los puños aferrados a las sábanas que la cubrían.

Bella sintió que volvía a respirar, al menos por un momento, al ver entrar a Adam por la puerta abalanzándose sobre varios soldados. Luchaba con una rabia ciega, pero los demás eran demasiados para un solo hombre vestido apenas con unos pantalones y desarmado. Cuatro de los soldados lo apresaron, obligando a que mirara hacia Bella. Le hubiera gustado decirle cuanto lo quería, que había merecido la pena estar allí, morir allí, por haber estado a su lado, por haberlo querida. Y sabía que si volvía a nacer, volvería a amarlo. En cualquiera de sus vidas, en cualquiera de sus formas, lograrían estar juntos porque dos almas afines no se separan nunca. Le hubiera gustado decírselo con palabras y no con la mirada, pero estaba segura de que él la había entendido igual que ella leyó en su mirada lo arrepentido que él estaba por haberla colocado en aquella situación. Igual que leía la rabia, la impotencia y la culpabilidad que Adam sentía, pero Bella no lo culpaba. Le dedicó una última sonrisa mientras unas toscas manos la empujaban haciendo que callera a la cama dejando su cuello al descubierto. Perdió la noción de lo que pasaba alrededor, sus ojos se concentraron solo en Adam que la miraba con lágrimas, que peleaba con todas sus fuerzas, que le gritaba a su padre, que le gritaba a ellas palabras de amor y disculpa que ya no podía escuchar.

—En cualquier vida —Susurró de pronto ella— te elegiré a ti.


Y el filo de una espada surcó el aire hasta cortar su piel, atravesar sus músculos, partir sus huesos, y llevarse en un solo movimiento las alegrías, los sueños y las esperanzas de una vida, de un alma. 

Bella y Bestia VI

Hola queridos lectores, 

¿Sabéis? Mi hermano ha aprendido en informática a usar el fotoshop eses y, claro, estaba clara la broma de "perfecto, este verano ligo por Internet". Y aunque no tengo realmente intención de ponerme a ligar por internet, me he puesto a pensar en cómo sería mi perfil y me ha salido una cosa así:

- Nombre: Laura
- Principal afición: soñar despierta
- Profesión soñada: vivir del cuento
- Ocupación actual: toca-narices de oficio y estudiante a ratos
- Talentos ocultos: ocultar tanto los talentos que luego ni yo los puedo encontrar. 

¿Qué creéis? ¿Ligaré mucho con ese perfil? Tengo mis serias dudas, pero bueno... 
Ay, tengo que algo que me ronda la cabeza desde hace ya muchos días y tampoco lo he querido poner porque me daba algo de reparo, pero creo que necesito desahogarme ya. Es mi madre ¿cómo no? Sigue con sus molestias y cosas de esas, que no es nada novedoso, pero lleva ya unos días sacándome de quicio. Pues es capaz de creer todo lo que encuentra en Internet, prueba todos los remedios caseros que encuentra por tontos que parezcan, pero cuando yo le aconsejo algo o le explico algo, su respuesta siempre es la misma: "¿tú qué sabes´?" O.O Pues nada en absoluto, no sé nada. De hecho, no sé por qué he pasado toda mi vida preocupándome por ella, condicionando mi vida a sus miedos, saliendo menos, teniendo más cuidado para no hacerla sufrir innecesariamente, no sé por qué la he consolado siempre que me ha necesitado y la he apoyado como si yo fuera la madre de esta relación, cuando ella es incapaz de creer y confiar en mí en algo. Pero sí es capaz de confiar ciegamente en todo lo que le dice Internet. Pues estupendo ¬.¬'

En fin, no sirve de nada quejarme de esto, no va a cambiar nada. Os dejo otro poco de relato y espero que os guste =)
Bella y Bestia

La noche había caído rápido. Casi sin darse cuenta, la oscuridad la había atrapado entre sus garras. Él no tardaría en llegar y, no sabía por qué, pero deseaba verlo pronto. Bella esperaba en el salón a que su extraño anfitrión hiciera acto de presencia. El vestido rosa que había rescatado del enorme armario se balanceaba de un lado a otro de su cuerpo barriendo el suelo en el vaivén de Bella, desesperada, harta de esperar. Qué hombre tan poco formal.

Justo mientras aquel pensamiento cruzaba su mente, unos pasos se acercaron a ella por su espalda hasta sentir su aliento en el cuello que su pelo recogido dejaba libre.

—Te estaba esperandoDijo ella tratando de fingir que su cuerpo no estaba reaccionando a la presencia de aquel oscuro hombre.
—Yo también te he estado esperando a ti—Dijo él enigmático, aspirando fuertemente el perfume de Bella.
—No sé de qué hablas—Trataba que su voz no se quebrase, pero la proximidad de aquel hombre era demasiado inquietante. —Yo he llegado pronto.
—Eso es discutible, bonita, pero ahora no importa. Ven conmigo.

Sin esperar contestación ni consentimiento, la tomó de la mano para conducirla al jardín de nuevo. Había anochecido, pero la luna conseguía iluminar toda la extensa propiedad. Siguió los pasos de su carcelero hasta una especie de mirador desde donde se podía contemplar un inmenso lago interior. Increíble, todo aquello era del jardín de un solo hombre.

—¿Te gusta? —Dijo él mirando su cara de asombro.
—No está mal. —Bella fingía un distanciamiento que no sentía.

Él sonrió como si supiera que Bella mentía. Ella no podía dejar de mirar el paisaje, el reflejo de la luna en el agua, los pétalos brillando como estrellas en la noche.

—Bueno, vale, es precioso, debo admitirlo.
—Siéntate conmigo, Bella.
Bella quiso dirigirse a él, pero se dio cuenta de que, después de aquel tiempo, seguía sin saber su nombre.
—Dime primero cómo debo llamarte, ¿señor?
—No —dijo él mirándola apenado—No, no soy tu señor. Llámame por tu nombre.
—No sé cuál es. —Bella desvió la mirada. No sabía su nombre, era cierto, pero solo había uno en su mente, solo podía ser un nombre.
—Elige uno, el que tú quieras.
—¿Quieres…quieres que te ponga nombre?
—Sí—Dijo él serio. Que hombre tan extraño.

Bella se quedó pensando. Trataba de encontrar otros nombres, un nombre distinto del que poblaba sus sueños, pero su boca traicionó lo que se cabeza maquinaba.

—Adam —Dijo en un susurro.
La mirada de Adam se iluminó por completo.
—Sí, sí, ese es. Ese es mi nombre. —Carraspeó para aclarar la emoción que se concentraba en su voz. —Ven, siéntate aquí Bella.

Se sentó a su lado, con la vista todavía clavada en el paisaje. ¿Sería posible que se llamara Adam? ¿Sería él el hombre que aparecía en su sueño? Estaba tan distraída con sus pensamientos que apenas había notado el frío que erizaba su vello.

—¿Tienes frío? —Dijo Adam.

Y antes de que Bella pudiera contestar, él ya se había quitado una cálida chaqueta y colocado sobre los hombros de ella. Se estaba bien allí. Arropada con aquella tela que olía a él, con aquella magnífica vista sus pies, se sentía segura, protegida. Viendo lo abandonado que estaba aquel jardín, tuvo la impresión de que haría siglos que nadie vería la hermosura que ella estaba contemplando. Pero no era cierto, entonces lo recordó. Él había estado con multitud de chicas que había comprado… como a ella. Aquel pensamiento ató un nudo a su estómago.

—Dime…—Había una molesta sensación en su interior que la impulsaba a hacerle aquella pregunta— ¿Has traído aquí a todas las chicas que han pisado tu castillo?
—No, a ninguna.
—¿Y qué…? Bueno, no, no quiero saberlo.
—¿Qué he hecho con las otras chicas? —El cuerpo de Bella se tensó al escuchar aquellas palabras, no sabía por qué le importaba tanto ni quería parar a considerarlo, pero no podía imaginarlo con otras mujeres. —Te lo diré. —Evitaba mirarlo a los ojos, comenzó a respirar con dificultad aferrada con fuerza a la tela de su vestido. — Bajaba al salón cuando llegaba, las veía, les decía que no eran lo que estaba buscando, les daba una bolsa de dinero y les ofrecía un carruaje para devolverlas al pueblo.
—Pero… eso no puede ser. Muchas chicas no han vuelto nunca.
—Eran jóvenes, sus padres las habían vendido y yo les daba dinero. Quizás prefirieron usar ese dinero para ser libres.
—Las que sí que volvieron… mis hermanas… me dijeron… bueno, me dieron a entender que tú…—No entendía nada, entonces ¿sus hermanas le habían mentido?
—Nunca subestimes a una mujer despechada. Soy consciente de los rumores que han corrido sobre lo que hago aquí con las chicas. Muchas vienen pensando que me aprovecharé de ellas y cuando no lo hago, pueden llegar a ofenderse. Otras vienen con la idea de conquistarme para ser las señoras del castillo. Pero no puedo entregarles algo que no me pertenece.
—¿Este castillo no te pertenece? —Un claro alivio inexplicable se había apoderado de su interior al saber que él no había estado realmente con ninguna otra mujer. No entendía por qué sus hermanas le habían hecho creer lo contrario, también cabía la posibilidad de que él mintiera, pero, no sabía por qué, Bella quería creerlo.
—El castillo sí que es mío. Me refiero a mi corazón, a mi alma.

Casi por primera vez desde que habían comenzado a hablar, Bella lo miró a los ojos. Él le devolvía una intensa mirada llena de pasión y deseos velados.

—¿Y de quién es tu corazón? —Apenas podía respirar. Sentía los latidos agitados de su corazón amenazando con estallar en su pecho. El frío que hacía unos minutos la atería había desaparecido por completo. Ya no sentía nada porque, en su mundo, ya solo existía él.
—Tuyo, Bella. Siempre ha sido tuyo.
—¿Siempre? ¿Cómo que siempre? No es posible, nos acabamos de conocer.
—Eso no es cierto, Bella. ¿No te acuerdas? Tienes que recordarlo, bonita, recuérdalo.

Comenzaba a asustarse. Adam la miraba con intensidad, sus oscuros y penetrantes ojos parecían humedecidos por la presencia de lágrimas que no permitía escapar. Bella estaba muy confundida. No sabía a qué se refería, aunque una parte de su mente no paraba de mostrarle imágenes de los extraños sueños que había estado teniendo desde su llegada al castillo. Pero eran solo sueños, ¿no? No podían ser otra cosa. Adam habían enloquecido, no había otra explicación, la soledad y la oscuridad de su alma lo habían enloquecido.

—Recuérdame, maldita sea. Recuerda quién eres.

Adam la agarró de los hombros, zarandeándola sin compasión, mostrando sus afilados colmillos y un extraño brillo rojizo en su mirada oscura. Por primera vez, desde que se habían conocido, Bella sintió miedo. Lo temía y las lágrimas que él retenía acudieron a los ojos de ella. Tenía que escapar de allí, tenía que huir. No sabía lo que estaba pasando, pero necesitaba alejarse de él antes de que la locura lo cegara del todo.

Sin saber muy bien de dónde había sacado las fuerzas, Bella le propinó una buena patada a Adam, aprovechando la confusión de él para salir corriendo. Seguía adelante por puro instinto, casi por inercia. No sabía por dónde iba, pero sus pies la dirigían, esperaba, a la salida. Lejos de aquel hombre que se había convertido de repente en un monstruo, en una bestia. Lejos de su mirada oscura, de sus garras, de su piel mortecina y sus afilados colmillos. Escuchó algo que la alertó e hizo que apretara el paso, una especie de aullido, un desgarrador gruñido y, después, pasos que la seguían. Adam sería mucho más rápido que ella, la atraparía y no quería pensar lo que podría hacerle después. Nunca había sentido tanto miedo como al mirar en aquellos ojos inhumanos y leer la rabia y el dolor en ellos. Pero por difícil que fuera escapar, por más que supiera que él iba a atraparla, Bella no se rendiría. Nunca. Jamás se rendiría ante un hombre, y menos ante él. Seguía corriendo, sintiendo el latido de su pecho en cada trozo de piel, luchando por cada bocanada de aire, limpiándose las perlas de sudor que recorrían su rostro, notando los jirones que las ramas hacían en su vestido. Nada importaba. Nada, salvo la puerta.

La puerta de salida, eso era, por fin la vio. No le quedaba nada. Aunque Adam estaba cada vez más cerca. Podría llegar a la puerta, podría traspasarla. Pero si él la seguía, no llegaría al pueblo. Era demasiado rápido. Aún así, siguió corriendo, llegó a la puerta. Creyó escuchar un grito que la llamaba, pero ella continuó, porque lo único que quería era escapar. Abrió la pesada puerta de un empujón y salió cerrando tras de sí.

Y siguió corriendo. Corrió y corrió, esperando que él la atrapara en cualquier momento, pero no lo hizo. Ya no escuchaba sus pasos siguiéndola, ya no sentía su presencia tras ella. Estaba en mitad del camino que conducía al pueblo y paró para recuperar el aliento. Miró hacia todos los lados esperando verle, pero él no estaba. No la había seguido. No había salido del castillo. ¿Por qué?... No importaba. Mucho mejor. Era libre, pensó, estaba lejos de él, podría continuar con su vida, pero aquel pensamiento la dejó más intranquila de lo que estaba.

Siguió su camino, relajando poco a poco su cuerpo tras la carrera. La noche hacía horas que se había cernido sobre el pueblo. Las casas dormían, la mayoría de las luces estaban apagadas y, por eso, le sorprendió ver que en su casa seguían encendidas. Quizás todos estuvieran llorando su pérdida, quizás no pudieran dormir. Gastón la echaría mucho de menos. Enseguida se sintió culpable por los fugaces momentos en los que se había sentido tan bien con Adam.

Bella podía haber entrado directamente por la puerta, podía haber gritado que había llegado, pero tenía curiosidad por ver a su familia cuando ellos no sabían que estaba allí. Se asomó a la ventana que daba al salón y se encontró con la imagen de Gastón y sus dos hermanas hablando. Era algo tarde para tomar el té, pero seguramente sus hermanas estarían consolando a Gastón. Intentó agudizar el oído para escuchar retazos de la conversación.

—¿Cuándo creéis que volverá Bella? —Preguntó Gastón.
—No lo sé, pero qué más da. Ya tenemos el dinero de su entrega, ¿no? —Bella se quedó horrorizada ante las palabras de su propia hermana.
—¿Cómo puedes decir eso? —Gritó Gastón enfadado, levantándose de golpe y acercándose intimidante hacia su hermana— ¿Es que te has olvidado de que también queremos el dinero que traiga con su regreso?
—Tienes razón.

Ella sonrió y se lanzó a sus brazos con el deseo pintado en los ojos. Gastón la recibió con los brazos y la boca abierta, mordiéndole los labios e introduciendo la lengua en ella, perdiendo sus manos entre los pliegues del vestido de su hermana. No se lo podía creer. ¡Gastón la estaba engañando con su hermana!

—Ey, yo también quiero participar.

Su otra hermana se unió a la pareja haciendo pucheros fingidos hasta que Gastón la tomó con otro brazo y la apretó a su curtido cuerpo.
Vale, la estaba engañando ¡con sus hermanas!

No pudo soportar por más tiempo la visión de Gastón retozando con sus hermanas. La habían engañado, todos la había engañado. Su vida era una mentira. Sus hermanas la habían vendido, su prometido y su padre habían colaborado. Y Adam… había huido de él y no la perdonaría. Lo había abandonado. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro emborronando aquella horrible visión. Comenzó a andar sin tener una dirección. Antes huía pensando en volver a casa, pero ya no tenía una casa a la que volver.

—Mirad que cosa tan bonita hemos encontrado.
Ocupada en sus lágrimas, no se había dado cuenta de que una cuadrilla de unos cinco hombres la estaban acorralando.
—¿Estás sola, preciosa?

¿Por qué las cosas malas no podían pasarle de una en una? Aquella pandilla de sucios y malolientes hombres la miraban con lascivia. El último en hablar, se humedeció los labios con la lengua mostrando las encías vacías donde debería de haber dientes. En sus manos, vio el brillo de un cuchillo. Retrocedía lentamente movida por el miedo. Ellos se aproximaban a ella, cercándola como un depredador a su presa. Pronto chocó con algo que le impedía avanzar. Había avanzado hacia la costa de los riscos. Tras ella se abría el profundo y tenebroso océano y solo una pequeña vaya de piedra la separaba del mortal abismo. No tenía escapatoria. Delante de ella tenía a cinco hombres desalmados que no tendrían comprensión con ella. Detrás, solo le aguardaba la muerte.

Sentía asco y odio por aquellos hombres que solo por el hecho de ser mujer pensaban que podían poseerla sin más, que por ser más débil, podían usar la fuerza con ella para someterla, para tenerla. Pero aquellos sucios tipos no la conocían en absoluto y Bella prefería la muerte a permitir que aquellos seres repugnantes e indignos de ser llamados hombres, la tocaran. Así que, sin dejar de mirarlos fijamente, se subió a la pequeña vaya de piedra. Ya nada la separaba del abismo.

—¿Qué haces? ¿Estás loca? —Gritó uno.

Pero Bella ya no lo escuchaba. Solo escuchaba el mar, las olas rompiendo bajo sus pies. Estaba perdida, sola y confundida. No le quedaba nadie a quién acudir, ya no sabía quién era ni si lo que había dicho Adam podría ser cierto. Solo sabía una cosa, que sus últimos pensamientos, sus últimos suspiros, serían para él.

Abrió los brazos y se dejó caer, sintiendo el viento en su espalda hasta que el agua la golpeó y comenzó a tragarla, atrapándola entre sus húmedos brazos. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Un inciso

Queridos lectores,

Después de escribiros esta mañana, en el autobús de vuelta a casa, me he encontrado con una antigua compañera de instituto y, desde entonces, llevo dándole vueltas a mis pensamientos. Necesito ponerlos por escrito para aclararme conmigo misma. 

¿Os acordáis de lo que dije sobre que este cuatrimestre he estudiado algo menos por hacer cosas que me hacían feliz? Pues ahora que ha llegado la hora de la verdad y se ven los resultados de mi pequeña aventura hacia el bienestar no puedo evitar sentirme una total y absoluta egoísta. Soy mala persona. Le he quitado tiempo a estudiar para poder escribir mi libro porque escribir es lo que me hace sentir mejor, lo que me completa y me hace feliz. Estudiar medicina tiene sus lados buenos y sus lados malos, a mí me gusta a veces porque me gusta aprender en general, y por eso también me parece incompleta. Porque yo necesito aprender más y de todo, saber de historia, de arte, de literatura... y solo medicina, solo medicina... me sentía vacía. Ese vacío se iba agrandando día a día, empeorado por los ambientes que veía en el hospital y no me gustaban. Hasta que el abismo era tan grande que me dominaba, me sentía perdida, con ganas de llorar a todas horas. Y entonces leía, porque no podía soportar tanta tristeza. La misma tristeza que me lleva siempre a escribir. Así que por eso, por escribir, le he quitado tiempo a estudiar. Y no puedo arrepentirme de ello porque haber escrito mi libro, tener un proyecto de futuro, pensar en la posibilidad (por pequeña que sea de publicarlo) me ha dado esperanza. Cuando solo veo medicina y mi futuro depende solo de la medicina, me parece un túnel oscuro y sin fin. Escribir le da luz. 

Pero aún así, aunque no me arrepiento de haber escrito, tampoco puedo evitar sentirme culpable por haber descuidado mis deberes. Me siento una egoísta al pensar que no he trabajado lo que debería solo porque quería ser feliz. Veréis es que en mi familia hemos tenido siempre lo suficiente trabajando mucho. Mis padres ni siquiera tuvieron la oportunidad de estudiar. Y yo he visto que, aunque me han presionado para que estudiara, ellos también se han esforzado mucho para que yo pudiera hacerlo. Han trabajado en lo que han podido y han aguantado sin rechistar los dictados de jefes déspotas porque no podían hacer otra cosa. No había elección. Dicen que el dinero no te hace libre, pero te da más opciones y la libertad consiste en decidir. Mis padres no han podido decidir qué estudiar o en qué trabajar, solo se esfuerzan para conseguir los medios y yo debería haberme esforzado igual, con esa tenacidad ciega, para que mis resultados no se vieran afectados. Porque hubiera perdido mis ratos de felicidad, pero me estoy planteando si merezco ser feliz. 

Voy a plantearlo mejor. No han sido pocas las veces que me he quejado de que mis padres me empujaron a estudiar medicina. Eso es verdad, pero no es tan simple. No lo hicieron por egoísmo o porque no quisieran que yo fuera feliz, al revés. Ellos no han podido buscar su felicidad en el sentido más utópico de la palabra porque primero teníamos que comer y eso era prioridad. No creo que hayan parado demasiado a considerar qué les haría feliz porque no tienen mucha más opción que trabajar. Y la mejor opción que veían para mí, lo que ellos ven que da la felicidad, es el dinero y la posición. Por eso la medicina. Yo también me he criado así, o sea, esa es la mentalidad, como si buscar la felicidad fuera egoísta o demasiado bohemio, hay que ir a lo práctico, que es tener dinero para vivir. 

Me estoy yendo por las ramas. El caso es que, por un momento (que fueron unos meses) olvidé que no puedo hacer lo que me haga más feliz, eso es un privilegio que te da el tener la vida resuelta. Y ahora, por haberlo olvidado voy a hacer que me baje la media y me darán menos beca y haré a todos infelices por mis "momentos de felicidad". 

Así que eso es y no es poco, que ya no sé si tengo o no derecho a ser feliz, pero me siento una egoísta por haberlo intentado. Aún así, repito que no me arrepiento de haber escrito mi libro, es lo mejor que tengo (mis amigas y mi familia también lo son, pero me refiero a lo mejor como algo mío y solo mío que he hecho yo).

La verdad es que a mí me da igual el dinero, ganar más o menos, estoy acostumbrada a vivir con las cosas sencillas y me gusta más de la medicina la oportunidad que te da de ayudar a la gente. Pero eso lo podré decir con total libertad cuando tenga mi propio dinero y no me tenga que sentir culpable por ver como mis padres trabajan para pagarme todo. 

Bueno, espero que no penséis que soy muy mala persona. Intento ser buena, pero tengo mis fallos como todos. Ahora sí que voy a ponerme las pilas y a trabajar duro lo que queda de exámenes y cuando los acabe escribiré y trataré de publicar. Así, si consigo algo de dinero puedo ayudar a mis padres =)

Gracias por escucharme (o por leerme) y siento el rollazo, es que soy de darle muchas vueltas a la cabeza. Luego os pongo más relato ;)

Bella y Bestia V

Queridos lectores, 

Acabo de salir de un examen y qué desastre me parece mi vida ahora mismo. Las notas de este examen y del anterior saldrán en breve y no sé qué pensar, de hecho, prefiero no pensar. Y lo mejor para no pensar es escribir. Estoy agotada, esperando que pase una hora para poder coger un autobús y volver a casa. Tengo la cabeza tan hecha un lío que no sé si quedarme a escribir, irme a mirar vestidos para la boda de Sadee, volver al piso y tumbarme en la cama...

Lo que sé seguro que voy a hacer es poneros un capítulo del relato, ya que estoy aquí. Cruzad los dedos por mí. El futuro pende del hilo de las notas, ¿qué decidirán las parcas? 

Bella y Bestia

Ya comenzaba a hacerlo. Ya comenzaba a cambiar las cosas. Notaba cómo su cuerpo iba volviendo lentamente a los orígenes, a su humanidad. Y, aún así, después de todo el tiempo que había estado esperándola no podía soportar el rechazo de Bella. Su cuerpo reaccionaba solo al estar frente a ella, no conseguía evitarlo, no lograba contener su deseo, su amor. La quería ya. La necesitaba ya. Quedaban apenas cinco noches para que su trato acabara. Ella tenía que quererlo.

***
Los días pasaban, las horas, los minutos, el tiempo… siempre más deprisa cuando él estaba cerca. Cuando podía sentirlo, tocarlo, aspirar su aroma. Quería estar con él a todas horas, porque cuando no lo sentía cerca los segundos vagaban lentamente sin llegar a sucederse unos a otros, todo se detenía y el mundo perdía un poco de color. Incluso las rosas estaban más bonitas cuando él estaba cerca. Sin darse cuenta, sin quererlo, Bella se había enamorado de su señor. ¿Podría irle peor?

—¿Qué haces aquí sola? —Bella no pudo reprimir el salto de sorpresa de su cuerpo al escuchar una ronca voz a sus espaldas.
—Ah, hola —Dijo distraída al ver por encima de su hombro a otro de los jóvenes sirvientes de la casa. Habían sido amigos desde pequeños, los padres de él como los de ella, servían al Señor del castillo y ellos habían crecido entre aquellas paredes y jardines interminables y paradisíacos que nunca les pertenecerían.
—Hola, Bella. Hace tiempo que no te veo —Comentó él acercándose más a ella. Era cierto, las citas clandestinas con Ethan le ocupaban cada vez más tiempo. Pero le gustaban tanto, estaba tan a gusto con él que siempre acababa deseando que su encuentro no acabara nunca.
—Sí, bueno, he estado ocupada con el jardín y eso. Desde que mi padre enfermó, me estoy ocupando yo de todo.
—Es mucho trabajo para unas manos tan delicadas como las tuyas. —Sin su permiso ni consideración alguna, el chico se inclinó sobre ella tomándola de las manos. —Yo podría ayudarte. Si me dejaras, nunca más tendrías que trabajar, yo lo haría por ti.

No era tan inocente como los demás pensaban. Sabía perfectamente que aquel chico, su amigo y vecino de toda la vida, la deseaba, pero ella no lo quería, nunca se había sentido atraída por él en ningún aspecto. Hubo un tiempo en el que pensó que se casaría con él solo por la fuerza de su insistencia, pero aquello fue antes de conocer a Adam, antes de sentir el fuego de aquel amor prohibido que la consumía lentamente.

—Yo…—No sabía qué decir ni cómo decirlo para que él no se sintiera ofendido.
—¡Gastón! —Gritó una voz conocida tras ellos. Al girarse se encontró con la mirada de Adam teñida de rojo por los celos al ver cómo Gastón la tomaba de las manos. —¿Es que no hay trabajo en la cocina para que vengas a molestar a la jardinera? Ves ahora mismo, creo que requieren tus servicios.

Gastón, aquel chico que había conocido desde siempre, que había sido su amigo desde que nacieron, miró a Adam con un brillo en los ojos que Bella no había contemplado nunca y que la dejó helada.

—Sí, señor—Contestó Gastón, mascullando cada palabra. Hizo un leve gesto y se marchó por donde había venido.

Bella volvió la cabeza hacia las flores que estaba arreglando para evitar que la mirada furibunda de Adam la turbara más. Dios, estaba tan guapo con su atuendo de caza que apenas lograba pensar nada más. Sintió sus pasos acercándose a ella, hasta que se arrodilló en el suelo a su lado.

—¿Qué hacías con él? —Preguntó tranquilo, pero con una rabia interna que difícilmente podía ocultar.
—Hablaba. Somos amigos… señor. —él gruñó por lo bajo y Bella apenas pudo contener una sonrisa traviesa.
—Te he dicho que me llames Adam. ¿Y por qué te cogía de la mano?
—Me estaba diciendo algo sobre que le dejara cuidarme—Dijo ella como si tal cosa sin apartar la mirada de la tierra que arreglaba, sabiendo que los ojos de Adam echarían llamas.
—¿Cuidarte? Él no va a cuidarte.
—¿Ah, no? —Contestó ella divertida. Poner a los hombres celosos era tan fácil como entretenido—¿Por qué?
—Porque eso es algo que solo voy a hacer yo.
No esperaba aquella respuesta. Paró en seco lo que estaba haciendo y dirigió su mirada hacia él. Hablaba en serio, podía leerlo en sus ojos.
—¿Qué…? No puedes… Eres el heredero de todo esto y yo soy la hija del jardinero… No puedes…

Antes de que siguiera con su discurso sin sentido, él puso las manos sobre su cara y la atrajo hacia sí uniendo sus labios con los de ella. Era la primera vez que sentía aquel tacto húmedo, cálido, apasionante. Movía los labios con timidez mientras él devoraba su boca, cogiéndole el labio inferior, saboreando su lengua, hasta que ella sintió el valor suficiente para dejar que sus manos exploraran aquel cuerpo curtido y fuerte, lo agarrara dl pelo y uniera su lengua a la de él.

—Puedo hacer lo que yo quiera—Dijo él, dejando que Bella recuperara el aliento—Y te quiero a ti.
Prosiguió con su beso, aunque ella intentaba sin éxito detenerlo, aquello era una locura.
—No puedes quererme, te casarás con otra. No voy a venderme así. No voy a…
—Shh—él la silenció con un nuevo beso—No quiero solo tu cuerpo. Quiero tu mente, tu corazón y tu alma. Quiero que seas mía y solo mía. Quiero que seas mi esposa.

Bella no supo si fue el brillo sincero de sus ojos, el tono ardiente de sus palabras o el deseo que recorría su cuerpo, pero no pudo evitar creerlo. Porque lo quería, porque lo necesitaba, porque aquel fuego que comenzaba a recorrer su piel era insoportable.

Solo las manos de Adam podían calmar su cuerpo, solo sus besos calmaban la sed que la desquiciaba, solo él podía colmar su alma.