No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 25 de mayo de 2014

Deseadme suerte

Queridos lectores,

Estoy muy nerviosa. Mañana es el primer examen y encima de los gordos y, por más que he intentado ser una persona madura y no empezar a fibrilar, me es imposible. Siento la vasoconstricción periférica por todo mi cuerpo, parece que tengo una isquemia aguda en las extremidades porque se me quedan frías y apenas las puedo mover, aparecen síntomas vegetativos, veanse sudores fríos... En fin, que odio esta sensación de miedo incontrolable pre-exámenes. Y digo yo que llevando varios años con esta misma dinámica de exámenes, podría tenerlo un poquito superado ¿no?

En realidad, mis nervios no vienen solo desde la universidad. Ya en el isntituto, cuando lo tenía todo controlado, me ponía muy nerviosa antes de un examen y allí mi mayor miedo era sacar un 9'5 en vez de un 10. El problema era que yo sentía que los exámenes eran todo lo que tenía. Porque no tenía muchas amigas, no salía demasiado lo que dificultaba la búsqueda de un príncipe azul. Y pensaba que sacar buenas notas era lo único que me distinguía, que me hacía especial; pensaba que la alegría al ver un sobresaliente podía paliar la falta de cariño que sentía y me obsesioné un poquito, lo admito. Así que es ya una mala costumbre el que los nervios me atenacen y me impidan sentirme bien cuando hay un examen rondando cerca. Pero esto debe cambiar, porque yo he cambiado. 

Ya no creo que tenga solo las notas, ahora tengo mucho más. Tengo amigas que me aprecian de verdad y que no se reirán de mí si cometo un fallo, si suspendo, sé que me apoyarán si lo necesito y me dirán: "No es el fin del mundo" Y tendrán razón. Ahora tengo mucho más. Tengo mi sueño de convertirme en escritora un poco más cerca gracias a Ellen, mi primer libro escrito, el segundo tomando forma en mi mente. Vale que, en lo que es la búsqueda del príncipe rana sigo un poco atascada, pero al menos ahora salgo y tengo algunos pretendientes. Estoy contenta de tener todo esto, de tener a mi familia, a mis animalitos y a Brave. Él sí que no sabe lo que es un examen. Cuando le digo "chiquitín, me voy a estudiar que mañana tengo un examen" me mira como siempre, con esos ojitos de cachorrito, saltando para que vuelva a tirarle la pelota porque le da absolutamente igual que tenga un examen, dos o un trapecio; no le importa que apruebe, suspenda o me ponga a hacer malabares. Solo quiere que esté con él. 

Y es que, al fin y al cabo ¿qué es un examen? Es solo un papel, un mero y tonto papel que no me dice quién soy, ni si seré buena médica, ni siquiera sirve para saber cuáles son exactamente mis conocimientos porque los exámenes de tipo test son muy dados a la quiniela y se puede aprobar por suerte o suspender por equivocarte al marcar las casillas. 

Así que ya veis, queridos lectores, mi cabeza es un caos de datos inconexos y los nervios van y vienen combatiendo con mi propia determinación a no dejarme vencer por el temor. Porque yo sé que puedo, hay que tener fe porque "Habrá milagros hoy, si tienes fe. La ilusión no ha de morir" (la canción del Príncipe de Egipto) Y si suspendo, pues no pasará nada. Porque los exámenes se recuperan, los años de vida y de salud que me quitan estos nervios, no. 

Deseadme suerte y ya os contaré qué tal ;) Y un ¡ÁNIMO! muy fuerte a todos los estudiantes :D

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