No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 9 de mayo de 2014

Deshojar la margarita

Queridos lectores, 

Otro día de los míos patentados como "Non-Stop". Me he levantado a las 5.30 a.m. para ir a la universidad des el pueblo. Sí, lo sé, parece algo tonto madrugar tanto cuando tendría la opción de quedarme en el piso de estudiantes y levantarme a eso de las 7.00 a.m. Pues puede ser, pero ya sabéis que no aguantaba más sin venir a ver a Brave. Y ¿sabéis qué? Ha merecido la pena. Este pequeño bribón me está robando el corazón casi sin darme cuenta. Aún recuerdo el día en el que os conté que era muy bonito y muy pequeño, pero no era Esmeralda y no lo podría querer tanto. Sigo recordando y queriendo a Esmeralda, pero se puede querer a más de una cosa. Es un cariño distinto porque con Esmeralda me crié de pequeña y era como una hermana o una mejor amiga, y Brave, que me pilla ya crecida y en la edad en el que mi reloj biológico piensa en bebés, pues es casi como mi hijo. 

Ya lo sé, si no estáis acostumbrados a tener mascotas o algo, hablar de querer a un perro os sonará muy raro. Pero chicos, no lo puedo remediar. El miércoles, volviendo a casa, ardiendo en deseos de ver a Brave, sentía una fuerte presión en el pecho, que me llenaba, me henchía tanto que pensaba que me iba a explotar. Y pensaba ¿eso tiene que ser amor, no? Tan fuerte, tan intenso, tan capaz de hacerme sentir completa. Y justo mientras pensaba esto para escribiros la entrada, porque antes de ponerme a escribir como una loca pienso de qué voy a hablar, me he dado cuenta de que no sé realmente qué es el amor. Así que, como buena escritora, he investigado. 

Porque Emile Zola dijo que todo escritor debía ser obervador y experimentador. Yo soy muy observadora y he experimentado algunas cosas solo para poder describirlas. Por ejemplo, fui a una fiesta que consiste en tirarse agua los unos a los otros, por la noche, ir mojados y con frío, calados hasta los huesos, para imaginarme que sentían los soldados de la primera guerra mundial cuando llovía en las trincheras. He probado distintas bebidas espirituosas, no porque me guste beber, que no me gusta, sino para saber a qué sabían para poder describirlo. Lo que no he llegado a hacer ha sido emborracharme porque valoro mi hígado por encima de los placeres de la escritura. Pero he ido preguntando uno por uno a jóvenes en estado más que alegre lo que sentían y lo que se sentía con la resaca. 

Así que ya veis, me lo tomo muy en serio. Y la pregunta de hoy era ¿qué se siente cuando estás enamorado? Ahora que ha llegado la primavera, es época de deshojar margaritas: ¿me quiere? ¿no me quiere?...
Pero la pregunta no debería ser ¿lo quiero yo a él o a ella?... Pues sí, esa sería una buena pregunta en la mayoría de las ocasiones. 

Ya os he dicho lo que sentía yo, esa presión en el pecho que hace que me sienta completa, que se llene el vacío del que os hablo a veces. He ido preguntando y Ada y Sadee me han dicho que ellas no son de pasiones intensas y no sabrían decirme muy bien qué sienten, que es algo de estar bien, estar a gusto con la otra persona. En el caso de Kim, el amor consiste en sonreír cuando encuentras una nevera vacía (porque su novio tiene buen saque) en que "10 minutos solo que tengo que estudiar" se conviertan en dos horas juntos viendo una peli; en que todo te recuerde a él. Y hasta hemos coincidido en varias cosas. 

Os hablé en una ocasión de la patología del amor. Pues bien, a continuación vemos los criterios diagnósticos:
1- El pródromo del enamoramiento consiste en las típicas mariposas en el estómago. Ponerte nerviosa cuando lo ves. Intentar que él te vea en una posición casual pero que está planificada al milímetro. Si te preocupa cómo te ve, ten cuidado, empiezas a infectarte del virus del amor. 
2- A mí me pasa una cosa que me ha dicho Kim. Empiezas a buscar a esa persona inconscientemente allá donde vas. Yo me pasé años bsucando a Zacarías con la mirada y sintiendo un vuelco al corazón cada vez que confundía a alguien con él. 
3- Cuando piensas en él/ella casi a cada hora, a cada minuto y esperas que te escriba, te llame o se acuerde de ti en algún momento. Sobre todo, por no sentirte tú tan mal por no poder sacártelo de la cabeza. 

Pero, sobre todo, sobre todo, tu diagnóstico será irrevocable si prefieres ver a esa persona, antes que estudiar y encuentras siempre una excusa para robarle tiempo al tiempo e ir a verle. 

Así pues, queridos míos, es definitivo, me he contagiado del susodicho virus romanticón, porque yo voy a ver a Brave cada media hora y estudiar pasa a un segundo plano cada vez que se pone a ladrar para llamarme. 
(Buena ilustración que he encontrado por Internet de lo que decía xD)

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