No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 12 de mayo de 2014

El mundo del corazón roto

Queridos lectores, 

El domingo escribí una entrada, pero no me atreví a publicarla. Os decía en esa entrada, que técnicamente es esta pero la estoy editando, que previo a los exámenes las dudas sobre mi estancia en esta carrera se acentúan. Unas dudas, que si me habéis ido leyendo sabréis que son el tónico de mi vida. Yo dudo de todo, es la verdad. Dudo que sean fuego las estrellas, dudo que el sol se mueva, dudo que la verdad sea mentira (parafraseado de Shakespeare) pero, sobre todo, dudo del camino de mi vida.

Muchas veces, hemos pensado que la vida es complicada. La vida es dura, al fin y al cabo, te acaba matando. Muchas veces complicada, a ratos jodida, a ratos alegre, difícil. Y hemos deseado tener unas instrucciones que nos explicara cómo funcionamos. Yo no pido tanto, no quiero unas instrucciones, solo un mapa para saber hacia donde va el mundo, hacia donde voy yo.

Porque creo que los dos estamos igual de perdidos. ¿Sabéis lo que ha pasado, lo de la presidenta de un partido que han asesinado a tiros? Perdidos en un mar de confusión y de rabia, cegados por la pena y la miseria, devorados por el propio hambre y viendo el destino de un país que les había abandonado en las manos que estaban apretando sus cuellos. Así, más o menos, debían de sentirse los campesinos franceses sobre el año 1789, desesperados, sin nada que temer porque no tenían nada más que perder. Y si algo tiene la Historia es que es como la morcilla del pueblo: se hace con sangre y se repite. Espero que esta vez no rueden cabezas.

¿Qué dirección tomamos, qué camino escogemos cuando todo está perdido y nos dirigen como animales a un matadero? Yo me quejaba en esa entrada que quedará en el limbo de las entradas de que estudiaba medicina porque mi madre quería una médica en la familia para su hipocondrismo, de que, aunque le he dicho varias veces que estaba pensando en cambiarme, no ha dejado que me lo planteara. Me quejaba de que me hiciera sentir ya una responsabilidad que no puedo asumir llamándome "doctora" y contándome cada vez que me veía el nuevo dolor que la acuciaba. He acabado escondiéndome en mi propia casa. Y me quejaba, ya por vicio, por imaginarme un futuro negro en el que viviría perseguida por el fantasma de los dolores de mi madre con interminables años de una carrera que, no es que no me guste, es que no he elegido libremente. Me quejaba por sentirme perdida, pero entonces levanté la cabeza de mi ensimismamiento y me di cuenta de que el mundo entero parecía tan perdido como yo.

No porque el pobre tenga que elegir una carrera, sino un futuro, un devenir de los hechos, las nuevas palabras que se escribirán en los libros de Historia de nuestros hijos, y nosotros somos los protagonistas. Nosotros decidimos qué pondrá en esas páginas. No podemos dejarles un legado escrito en sangre. La desesperación lleva a la rebelión, porque cuando la noche es oscura nos envolvemos en tinieblas. Yo entiendo muy bien las ansías de rebelarse, pero ese no es el camino porque lo que empieza con sangre acaba con sangre. La Revolución Francesa, la Revolución de Octubre (rusa)... todas comenzaron matando a los dirigentes anteriores y, aunque puede que eso aliviara momentáneamente al pueblo, las muertes solo llevaron a más muertes. Reinaba la paranoia, no había seguridad porque se había cruzado la línea de la moralidad y no podías confiar en nadie. Es una especie de pendiente resbaladiza, una vez que empiezas a bajar no puedes parar. La violencia que se sembró con años de injusticias, dio amargos frutos, la injusticia siguió reinando, los que llegaron al poder se olvidaron de sus promesas y el infierno contra el que la gente había reunido el valor para luchar volvió con nuevos demonios. En cambio, mirad la Segunda República en España, se instauró ganando limpiamente unas elecciones en 1931 y fueron buenos años, acabó también en guerra, pero los años que estuvo la República hubo paz y no ese ambiente conspirador que se instaura cuando todos quieren mandar y la  forma de conseguirlo es decapitar al actual mandatario.

Así que el mundo está tan perdido como yo, la Historia se repite y yo, que también me repito, he estado mirando el horario del grado de Historia para hacer el año que viene las dos carreras a la vez pero Sadee me ha dicho que no me pagarían esa matrícula con la beca y yo no puedo pagarme dos matrículas (casi no puedo pagarme una, así que lo dejamos en stand-by por ahora)

No me entendáis mal. Hay días que me gusta, lo podéis leer también. Cuando pienso que sería buena pediatra, como hoy que he visto muchos niños. Cuando hablo con la gente, la tranquilizo y al salir de la consulta me dan las gracias a mí, en lugar de al médico que las ha tratado. Ahí me gusta, me siento especial, pienso que podría encajar. Pero luego están los largos días de estudio en los que se suceden ante mí páginas y páginas de información que me resulta aburrida y tediosa; en los que mi madre viene diciéndome "Doctora, pues me duele aquí, me duele allá" Esos días en los que me aterra ver que todos esperan una solución mágica de mí cuando apenas estoy en tercero de carrera. Y os decía en esa entrada que estoy cansada de sentirme sin poder de decisión sobre mi propio futuro, de sentirme sin fuerzas para plantar cara, de aceptar lo que todos me imponen, lo que los demás me dicen. Estoy cansada de ser la chica del corazón roto...en un mundo roto, tan cansado como yo. 

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