No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 1 de mayo de 2014

Hacer la croqueta

Queridos lectores,

No estoy en casa en mi propia casa. Mañana me tengo que levantar a las 5.30 a.m para irme a la universidad y casi lo estoy deseando. Mi madre me va a volver loca (más de lo que estoy) con su puñetera pincha en el dedo (es el eufemismo que usaré para una cosa que tiene). Ya sé que en la medicina y en la vida nunca es nada cierto al 100%, que las cosas cambian y algo que era blanco se vuelve de repente negro. Vale, entiendo que cuando te dicen que tienes un quiste o cosas así la mente corra hacia la imagen de un tumor. Pero cuando te demuestran por activa y por pasiva que no es nada malo y sigues, dale que te pego, en que estás malísimo O.O Es que sabe a un 95% que lo que tiene es completamente benigno y punto, pero ella se aferra a ese 5% para pensar que se está muriendo. Pero literalmente. Y yo no puedo estar escuchando cada día cómo se despide de mi hermano y de mí, como si fuera a pasarle algo. No puedo escuchar impunemente como me dice "aunque yo muera sigue estudiando, hazlo por mí" Es demasiado fuerte como para decirlo por una espina en el dedo ¿no? demasiado para decirlo por un 5% de duda que siempre queda, pero que se pone por prevenir más que nada. 

No, es demasiado. Comprendo su tendencia al hipocondrismo porque la comparto en parte; comprendo que sea melodramática; que no pueda controlar los pensamientos negativos; a mí también me pasa. Pero, por favor, es demasiado.  Cuando está cerca y se pone a hablarme de eso siento que me ahogo, me quedo sin aire, antes me entraban ganas de llorar, ahora ya me río porque es absurda toda la situación.

Ahora me gustaría estar en el piso con Anastasio, pero tampoco puedo estar allí. Esa tampoco es mi casa, no es mi hogar. Y no es porque no esté a gusto es que... Bueno, lo diré aún a riesgo de que Anastasio lo lea pero no puedo cambiar lo que pienso o lo que escribo en mi pequeño rincón de libertad de expresión por miedo a quien lo lea. Me duele también estar en el piso porque Anastasio se va de Erasmus y lo pienso y me entristezco. Me he acostumbrado demasiado a estar con él, a contarle todo, a que me haga reír. El año que viene me voy a aburrir en casa. Jo =( Ya no me quedan sitios a los que volver ni a los que huir. Me voy del pueblo para esconderme de mi madre en la ciudad; me voy de la ciudad para huir de todo lo que me recuerda, pero no encajo en ningún sitio, no pertenezco a ningún sitio. 

Toda la vida así, como una perdiz mareada que va de un sitio a otro. Como un ave sin rumbo, una brújula sin norte y avanzo por propia inercia sin saber cuándo podré parar. Me siento como un barco a la deriva, como una pelota de tenis en mitad de un partido, como un gato perdido...

Ya no sé qué hacer. Voy a un sitio, cuando no lo aguanto más, me voy al otro. Y me vuelvo a ir. Huyo haciendo la croqueta, como diría mi querida Ada. 
Creo que debería empezar a preocuparme por tener una tendencia a huir haciendo la croqueta tan arraigada. No se puede huir de la vida por mucho que queramos o nos asuste, no se puede huir de todo. Hay que enfrentarse a las responsabilidades y afrontar lo que hay. Mañana madrugaré, iré a clase, estaré con mis chicas. La semana que viene será casi la última que esté viviendo con Anastasio, así que me quedaré e iré a clase, otra vez. Y, sí, seguiré viviendo por inercia anteponiendo las cosas que tengo que hacer a las que quiero hacer. 

Ahora voy a intentar dormirme antes de cambiar de opinión sobre lo de ir mañana a clase. Ah, me siento muy tonta, ¿habrán inventado alguna medicina contra la estupidez? En cuanto acabe la carrera me pongo con ello. Será útil. 
Buenas noches ;)

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