No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 2 de junio de 2014

Bella y Bestia IX

Hola queridos lectores =)

No sé muy bien qué deciros ni cómo explicaros lo que siento.  Esta situación de exámenes me tiene continuamente en un vaivén emocional...Aunque no, en realidad, estoy siempre en el mismo estado. Es una sensación de hastía y tristeza, de sentirme derrotada y sin fuerzas para plantarle cara. Siempre es así, en todas las épocas de exámenes, la misma sensación, el mismo deseo de rendirme. Y lo más asombroso es que al final siempre acabo sacando fuerzas, no sé de dónde, pero lo hago. 

Lo peor, ya os digo, es esa sensación de... no tiene un nombre ni entra dentro de ninguna descripción, lo más parecido es el desasosiego, no por los exámenes solo, por todo. Es difícil de explicar. Lo importante es que yo solo quiero sentirme bien. No me importaría tanto estar en exámenes si no fuera por este sentimiento tan desagradable que me acompaña siempre. Y huyo de él. El año pasado, un profesor nos dijo que deberíamos aprender a meditar para calmarnos y yo, que soy muy nerviosa, pues pensé que era buena idea. Así que lo intenté, me concentré y dejar la mente en blanco. Nunca había meditado ni hecho yoga ni cosas por el estilo, pero de repente, estando mi mente en blanco, apareció un paisaje. Un sitio en el que no he estado nunca, no es nada que haya visto con mis ojos, pero que sí que conocía, pues se parecía misteriosamente a uno de los paisajes que dibujo de fondo en todos mis dibujos (¿os he dicho alguna vez que además de escribir, dibujo? pues ya lo he dicho) Pues eso, el fondo de mis dibujos. Lo llamé mi Mundo Interior y no os lo voy a describir exactamente porque es mi mundo y cada uno necesita el suyo. Lo gracioso es que ayer Sadee me dijo que yo tenía un gran mundo interior y sonreí porque no se hace una idea. Después de un año meditando, ese mundo que comenzó como un paisaje austero, ahora está lleno de magia y cosas fantásticas que solo habitan en mi imaginación. Ahí tengo todo lo que puedo necesitar, siempre que me refugio en él estoy tranquila y feliz, me siento en casa. Tanto que, cuando abro los ojos y vuelvo a la realidad, y veo los apuntes frente a mí, me siento muy tentada de volver a cerrar los ojos y ser libre en mi interior. 

Sí, está muy bien tener mundo interior, sobre todo, cuando lo puedes usar para refugiarte de la tristeza. El problema que me empiezo a plantear es: ¿qué haces cuando tu mundo interior es más real que el mundo que te rodea, te hace más feliz y desearías vivir con los ojos cerrados para no salir de ese mundo?

Bella y Bestia

La noche la acompañaba en sus movimientos. Preparándose para el baile, para él. De pronto, nada de lo que tenía alrededor le resultaba extraño, todo era familiar. Era una sensación rara, haber vivido dos vidas, tener el recuerdo de dos familias, de dos infancias y de una muerte. Aunque, al recordar a Adam, esa nueva vida que había vivido en la que él no estaba, parecía irreal, falsa. Un intervalo de tiempo hasta que empezó a vivir de nuevo y el tiempo volvió a correr.

Sabía que había algo que le preocupaba, que no le contaba. Pero estaba tan emocionada con su reencuentro que era incapaz de pensar en ello.

De entre todos los lujosos vestidos que la aguardaban, Bella había elegido uno dorado, como el sol, como el nuevo amanecer de su vida con Adam. Aquel podía haber sido el vestido de su boda, una boda que nunca llegó por la ambición desmedida de un padre que no permitió a su hijo elegir, obligándolo a rebelarse. Adam no le había contado lo que había pasado con su padre, pero cada vez que lo mencionaba, sus ojos se tornaban aún más oscuros, sus músculos se tensaban y las manos temblaban. Bella no quería pensarlo, casi prefería no saberlo, pero en el fondo sabía que Adam la había vengado. Ojo por ojo, muerte por muerte.

Las campanas del reloj la llamaron. Era la hora. Bajo las escaleras del castillo que ahora recordaba como majestuosas, con una gran alfombra roja y escalones de madera, pero que se había tornado oscura y quebradiza. Adam la esperaba abajo con su traje de gala, azul oscuro de solapas doradas como su propio traje. Sus ojos ya no eran tan oscuros, sus garras no eran tan afiladas ni sus dientes tan pronunciados, cada vez se parecía más al Adam que conoció. Aunque poco importaba su apariencia, lo amaría siempre fuera como fuera.

—Estás muy guapa.
—Tú también.
Sin decir más, la música comenzó a sonar. Adam la aferró de la cintura y comenzó a moverse al son que el vals marcaba. Un, dos, tres, un, dos, tres. Sus pies danzaban ágiles sobre el suelo, mientras sus cuerpos se acercaban cada vez más, milímetro a milímetro con cada nueva nota.
—Sigues bailando muy bien, Adam.
—He tenido años para practicar.
—¿Practicar? ¿Y con quién? Si puede saberse.
—Con mi mobiliario parlante.

Bella no pudo ocultar una carcajada. Estar con Adam de nuevo, bailar con él, sentir sus brazos rodeándola, era todo lo que necesitaba. Por primera vez en aquella nueva y falsa vida que había llevado, se sentía completa. Era feliz.

—Aún no me lo has dicho. — Susurró Bella.
—¿Decirte qué? —Contestó Adam distraído.
—El precio de la magia.

Adam paró en seco. La música paró y el silencio inundó el amplio salón.

—Sé que todo tiene un precio. Y mantenerte joven durante siglos ha tenido que resultar muy caro.
¿Debería contárselo? ¿Estropear los últimos momentos que les quedaban con preocupaciones? La miró a los ojos notando el brillo de la curiosidad reluciendo. Era demasiado difícil explicarle que el tiempo se estaba agotando.
—Yo…

Adam iba a decirle la verdad. Pensaba decirle todo, estaba decidido. No podía ocultar por más tiempo la realidad. Sí, Adam estaba convencido de ello. Pero las palabras no llegaron a salir de entre sus labios, pues antes de que pudiera continuar con la frase las campanas del reloj comenzaron a sonar marcando la hora. Y eran cada vez más fuertes, cada vez más insistentes. Lo estaban llamando.

—Adam, ¿qué pasa? ¿Qué es ese ruido?
—El reloj. —Contestó él con la mirada perdida.
—Hombre, hasta ahí llego. Pero ¿por qué ahora? Son las 3.18 a.m. No tendría sonar ahora.
—Es exactamente la hora a la que tenía que sonar. Es la hora exacta en la que desapareciste de mi vida, el momento en el que mi padre te asesinó y yo decidí que haría cualquier cosa por volverte a ver. Y lo hice.
—¿Qué hiciste? —El brillo que antes fue curiosidad, dio paso al miedo.
—Di mi alma a cambio de la tuya.
—No, no puedes.
—Lo siento Bella. Siento que no hayamos tenido más tiempo. Pero ha merecido la pena. Tenía que volver a verte, tenía que decirte que lo sentía, decirte lo que mucho que te amo.
—Adam no dejaré que vuelvan a separarnos. No lo permitiré.
—Conmovedor.

Una voz espectral sonó a sus espaldas. De pronto, el tiempo pareció congelarse. Las luces tintinearon hasta fundirse en la penumbra y un viento gélido les recorrió. Al girarse, Bella se encontró con tres figuras ataviadas con túnicas negras que ocultaban sus rostros.

—Pero inútil, querida. Ha llegado la hora. —Dijo de nuevo la voz.
—Lo sé. Me entregaré.
Adam dio un paso adelante, pero alzando una mano, la oscura figura lo lanzó hacia atrás.
—No es a ti a quien queremos.
—Pero… yo hice el trato… mi alma…
—No. El trato fue un alma a cambio del tiempo para esperarla. Ahora tomaremos el alma que queramos. Y la queremos a ella.
—No lo permitiré. Me entregué a mí, no a ella. —Adam no podía creer que en el intento de salvarla, hubiera vuelto a condenarla.
—Será interesante ver cómo lo intentas. —Se mofó otra de las figuras. —Todo será inútil. Ella ya es nuestra. ¿Quieres verlo?

La figura que hablaba hizo un rápido movimiento con la mano. Adam esperó ser lanzado de nuevo al vacío, pero nada ocurrió. En su lugar escuchó un grito ahogado que provenía de Bella.

—Adam — Trataba de gritar, pero se quedaba sin aire.

Lentamente, su cuerpo mutaba. Su piel y el vestido se rasgaron dando lugar a un espeso pelaje negro, sus ojos se tornaron rojos como la sangre, su mandíbula protruía mientras los dientes se afilaban. Adam observaba horrorizado como su amor, Bella, la chica pura e inocente de la que se había enamorado y por la que había estado dispuesto a dar su alma, se tornaba en un monstruo sediento de sangre.

—Ahí la tienes. —Dijo una de las figuras encapuchadas. — Tan bella y, de repente, tan bestia. 

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