No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 1 de junio de 2014

Bella y Bestia VIII

Hola queridos lectores ;)

Sabéis ese momento en el que te encuentras con alguien y te pregunta "¿Qué tal estás?" Y entonces tú piensas: "Estoy cansada, agotada, con ojeras de estudiar y aún así no tengo ni idea de lo que va el próximo examen. Estoy agobiada, estresada y quemada. Pero lo peor de todo es que la situación en mi casa es insostenible. Desde que a mi querida madre le encontraron casualmente una patología totalmente benigna, como quien tiene una astilla en el dedo, ha vivido obsesionada con ello. No descansa ni nos deja descansar, siempre le duele algo, lo busca por internet, cada día se levanta con nuevos síntomas. No puedo salir de mi habitación porque cuando me ve empieza a saturarme con nuevos datos de sus dolores, parece que el mundo se haya detenido por su astilla en el dedo porque si hacemos algo que nos alegre o nos entretenga se ofende porque no somos conscientes de la gravedad de su situación. Gravedad que no ven ninguno de los médicos a los que ha ido, ni mi tía que es médico ni yo que estudio medicina, solo ella. También se pasa el día, por cierto, quejándose de que mi tía no le hace suficiente caso, que la ignora y la evita y encima tiene la indecencia de decir que es una cansina. Y creo que voy a explotar porque no puedo aguantar un comentario más sobre astillas en el dedo, ni una página más de remedios caseros inútiles, ni un solo comentario despectivo más sobre mis conocimientos cada vez que le digo algo que está en contra de sus ideas preconcebidas. Y encima me siento culpable y mala hija por no tener más paciencia con ella, pero esto llega ya a la cifra de meses con el mismo cuento y ahora, en plenos exámenes, tengo demasiadas preocupaciones como para esforzarme en fingir lo que ella quiere que finja. ¡No puedo más!"... Todo eso pasa por mi cabeza en ese minuto que me quedo pensando al escuchar la pregunta, pero al final, lo único que sale de mis labios es un: "Bien, estudiando" Y me resigno a que mis problemas sigan siendo míos. Menos aquí, donde puedo desahogarme con algo más de tranquilidad. 

Aprovecho para agradecer a Sadee que se preocupe por mí y sea la que me ha preguntado qué tal estoy, pero como ves corazón, era demasiado largo para un telegram. Y de todas formas bastante tenéis todas con lo que tenemos que estudiar. Los temporales de mi casa los capeo bien, ya tengo experiencia. Otro problema es lo de sentirme culpable por hablar así de mi madre y su tendencia al hipocondrismo. Lo siento mucho y en el alma, pero no podía estar más tiempo en silencio, sin quejarme al menos un poquito, ya que no lo puedo decir en voz alta porque hay una especie de ambiente de represión en mi casa, al menos, lo digo aquí, en mi trocito de libertad. 

Bueno, desfogado mi espíritu con los pensamientos que me atormentaban hoy, os dejo con otro trozo del relato, que ya está casi terminando. Espero que os guste =)

Bella y Bestia
Una gran bocanada de aire helado entró de golpe en sus pulmones haciendo que vomitara el agua salada que había tragado por error. Sentía la ropa empapada cerniéndose en su cuerpo ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? Era de noche, estaba mojada. Se llevó las manos al cuello, había muerto, pero su cuello seguía entero. Ahora lo recordaba todo, y Adam, su querido Adam ¿dónde estaba?

—Ya respiras, menos mal.

Una voz femenina habló a sus espaldas haciendo que Bella se girase y viera por primera vez dónde estaba. Era el jardín de Adam, estaba sentada junto al lago que lo decoraba y en él, una chica de cabellos color fuego la miraba divertida.

—Tú debes de ser Bella, Adam me ha hablado mucho de ti, pero no me dijo que estabas loca ¿a quién se le ocurre tirarse al mar desde los acantilados?

Tirarse al mar. Se había lanzado justo antes de que aquellos bandidos la cogieran, después de ver a Gastón con sus hermanas y entonces, en aquel momento de inconsciencia submarina, lo había recordado todo, había visto su vida anterior. Su vida con Adam. Él tenía razón, ya lo recordaba.

—Gracias por salvarme, esto…
—Ariel, me llamo Ariel.
—¿Pero cómo has podido…?

Antes de que terminara la frase, la chica de mirada juguetona levantó una inmensa cola de sirena que brillaba bajo la luz de la luna.

—Pero…—Después de todo lo que había descubierto en una noche, que una sirena la hubiera salvado de las profundidades marinas era casi lo más normal.
—Me tengo que ir, dale recuerdos a Adam de mi parte.
—¿Y de qué conoces tú a Adam?
—Digamos que tenemos amigos comunes. Hasta pronto Bella y cuidado: en la noche oscura, la magia es tenebrosa.
—¿Qué?

La sirena desapareció de su vista antes de explicarle lo que significaba aquella última frase. Pero no importaba. Tenía que encontrar a Adam, tenía que volver a verlo ahora que ya sabía la verdad, tenía que saber que había pasado, cómo había vuelto  la vida.

***
Había sido un estúpido. La había asustado, había corrido demasiado y ahora la había perdido. Adam se movía de un lado a otro de su habitación como un tigre enjaulado. Y así era precisamente como se sentía, enjaulado, atrapado… y solo. Ahora que la había perdido sin tener oportunidad de explicarle quién era, cuánto la amaba, solo le quedaba el tiempo que seguía corriendo en su contra. Porque el precio tendría que ser pagado incluso si Bella no había llegado a recordarle, incluso si, aquellas horas por las que él había estado dispuesto a cualquier cosa por volver a verla con vida, hubieran acabado con ella alejándose de su lado para ir a los brazos de otro. Nada importaba, el precio se pagaría. Ese era el trato.

Un sonido familiar llamó su atención. El quejido de la pesada puerta de la entrada cediendo al empuje de alguien. Adam no imaginaba quién pudiera ser, pero tampoco le importaba. No quería ver a nadie más, no quería encontrarse con ninguna otra mujer como las que había conocido mientras la buscaba a ella, solo a ella. Pero había algo más y su corazón se detuvo por un instante al aspirar el aroma a rosas.

—¿Adam?
Era ella, era su voz. ¿Pero era posible? Que fuera ella, que hubiera vuelto. No. Debía ser un truco de su mente o la magia oscura que pretendía confundirlo.

—Adam.
Y, sin embargo, allí estaba ella. Bella. Mucho más hermosa de lo que su nombre pudiera hacer pensar, con el brillo de la inteligencia en la mirada, su cabello castaño y mojado ocultando parte de su cara. Era tan bonita y pura, tan sincera y valiente, que parecía estar hecha de luz.

—¿Bella? ¿Eres realmente tú? ¿Y estás mojada?
—Sí, eso me temo. Ya lo recuerdo Adam. Unos hombres me atacaron, caí al mar y mientras me ahogaba lo recordé todo. Te recordé a ti.
—¿Te atacaron y te caíste al mar? —Dijo alarmado.
—Sí, pero estoy bien. Y por cierto una tal Ariel te manda recuerdos. En fin… explícamelo. ¿Cómo es posible? Me mataron. Sentí como el filo de metal atravesaba mi cuello—no pudo evitar llevar las manos a donde todavía podía sentir el frío acero. —¿Cómo puede ser que esté aquí, que tú sigas vivos? Han pasado casi siglos.

Las explicaciones le daban igual, lo único en lo que era capaz de pensar era en que ella lo recordaba, lo reconocía. Se lanzó hacia Bella, ocultando su delicado cuerpo entre sus brazos, hundiendo el rostro en su cabello húmedo que olía a rosas mojadas, sintiendo cada uno de sus relieves. Cuando su alma consiguió saciarse un poco con el calor de su gran amor, Adam buscó desesperado sus labios para beber de ella, para saborearla de nuevo y dejarse arrastrar por la pasión.

—Adam, Adam. —Consiguió decir ella entre jadeos —Explícamelo.
—Hice un trato.
—¿Con quién?
—Con unos magos muy poderosos, se hacen llamar la Orden de la Noche. Los invoqué desesperado tras perderte. Me dijeron que ningún poder podía devolver la vida, pero que, como todo, era un ciclo natural y tu alma volvería a reencarnarse algún día. Me concedieron la inmortalidad o más o menos. Detuvieron el tiempo en este castillo, y a mí me hicieron unos pequeños cambios —dijo señalando los colmillos y los ojos negros— para poder soportar los siglos de espera. Fue un truco sucio porque en tiempo solo se detiene aquí, si salgo de mis dominios, me convertiré en polvo, que es lo que debería de ser ya. Así que la única manera que tenía de buscarte era que tú vinieras.
—Por eso todo el rollo de la compra de chicas.
—Sí, era lo único que podía hacer. No creo que hubieras respondido al anuncio de: Se busca a Bella, ven inmediatamente a un castillo oscuro y tenebroso a encontrarte con una bestia desconocida.
—Tú no eres una bestia. Eres mi príncipe, mi señor del castillo.
—Bella llevo tanto tiempo esperando este momento. Tenía que decirte cuanto lo siento, tu muerte fue culpa mía. Si te hubiera dejado, si hubiera antepuesto tu seguridad a mi felicidad.
—No te hubiera dejado. Adam, mírame. No me arrepiento de nada. Te quería… te quiero —se corrigió— y por mucho que hubieras intentado alejarme, no lo hubieras logrado.

Volvió a sepultarla en su abrazo.

—Bella
—Dime
—Prepárate. Esta noche daremos un gran baile. El que tendríamos que haber celebrado la noche de nuestra boda. Ponte el vestido que más te guste. Yo lo prepararé todo. Tú y yo, y lo que debió haber sido. 

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