No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 4 de junio de 2014

Bella y Bestia X

Queridos lectores, 

Ahora mismo estoy molida, no puedo con mi alma, estoy agotada... ¡hoy he tenido dos por uno! Y no, no me he ido de compras, es que he tenido dos exámenes en el mismo día. Así que perdonadme si digo cosas sin sentido pero con lo poco que he dormido es un milagro que consiga teclear. 

En fin, en el camino de vuelta a casa, en un autobús ponía como propaganda: "El autobús, tu mejor decisión" Un eslogan algo exagerado, pero yo me he puesto a pensar (porque me aburría) cuál habría sido mi mejor decisión. Decidir es una forma de libertad, de ejercer tu libertad, y para ello tienes que tener la valentía de hacer valer tus ideas y creencias. Yo no he brillado nunca por mi valentía : / Me temo que la mayoría de mis decisiones no las he tomado libremente, sino por imposición o influencia de otros, y no quiero señalar a nadie (mis padres) pero es así. Aún así me he dicho que en más de dos décadas de vida, casi un cuarto de siglo, algo habré tenido que decidir por mí misma de lo que me sienta orgullosa. Y he llegado a la conclusión de que mi mejor decisión es aquella que no tuve que decidir: ser escritora. 

Lo siento, sé que me repito, pero tengo un brote de pasión por la escritura. Me gusta tanto que lo tengo que decir. Ser escritora es mi mejor decisión y nunca lo decidí, simplemente lo fui. Empecé a escribir cuentos a los siete años, en parte porque los cuentos para mi edad eran demasiado simples para mí y necesitaba algo más. Pero no me dije "quiero ser escritora", no me lo planteé ni lo decidí, fue innato, salió de mí, porque es lo que soy. Y esto me lo he planteado también muchas veces. Yo tengo muchos pensamientos, una mente que le da vueltas a todo, que sueña, que repasa, que idea... que no para. Escribir es la válvula de escape perfecta para todos esos demonios o ideas que me rondan la cabeza. Así que me he planteado si mi cabeza será así porque estaba destinada a ser escritora o si soy escritora porque mi cabeza es así. Tampoco me entendáis mal, que parece que me las estoy dando de algo que no soy. No soy una gran escritora, ni muy buena, ni siquiera publicada, pero escribir es mi pasión, me hace feliz, me relaja, me completa... y eso me hace sentir escritora (y que vosotros me leáis claro =D) 

Por eso, porque es una sensación muy profunda, un amor intenso por inventar historias y crear cosas, me enfada tanto que mis padres no lo entiendan, que no se alegren mucho por mí cuando hablo del libro, que llamen a mi mayor pasión "esas tonterías". Me enfada, me da rabia y me dura un tiempo, hasta que todo eso se desvanece y me doy cuenta de que lo que me dan realmente es pena. Pena porque si no pueden entender lo importante que es escribir para mí es, quizás, porque no tienen nada que los llene tanto, que los haga sentir bien como a mí escribir. 

Bueno, y tras este rollazo en el que repito lo que ya sabéis, que me encanta escribir, escribiros y que me leáis, os dejo con el relato, ¡que ya se acaba! ;)

Bella y Bestia
—Bella, Bella escúchame. Sé que sigues ahí, en algún lugar.

Pero la bestia en la que se había convertido no atendía a razones y de un zarpazo lo mandó volando a la otra punta de la habitación.

—Aunque no es una lucha justa ¿verdad? —Dijo una de las voces. Una espada se materializó en las manos de Adam—Ahí tienes. De nada. Haremos una cosa. Un pequeño retoque del acuerdo. El primero en morir en esta sala, será el precio. Nos llevaremos su alma y dejaremos al que quede en paz. Ahora decide, Adam: prefieres morir a manos de la bestia o prefieres matarla.

Aquellas insufribles brujas, porque había decidido que las voces pertenecían a mujeres, habían convertido a Bella en una bestia sedienta de sangre. Morir a manos de una especie de lobo gigante no parecía agradable, pero sabía que debajo de todo aquello pelaje, yacía Bella y la única forma de salvarla era dejar que lo matara. El amor conlleva sacrificio.

Notaba el peso de la espada en su mano, ardiendo en su piel, quemando por buscar la sangre de la bestia. Pero no podía hacerlo. Abrió la mano, dejando caer la espada al suelo. No le importaba morir, no le importaba sufrir. Solo quería que Bella, por fin, fuera feliz. La miró a los ojos por última vez. La miró a través de la furia de la bestia, a través de la sed de sangre y el iris rojo, para despedirse de ella, al igual que Bella hizo antes de morir.

—En cualquier vida, Bella, siempre, te elegiré a ti.

Cerró los ojos aguardando lo inevitable. Sentir las afiladas garras del amor de su vida desgarrándole el corazón. Primero sintió su aliento cálido y fétido sobre él, luego la humedad de hocico y, al fin… un ruido distrajo la atención de la bestia. El chirrido de una pesada puerta al abrirse. Adam abrió los ojos justo para encontrarse con la figura engalanada de Gastón.

—Vengo a por Bella. Ya es hora de que…

Sus palabras murieron en sus labios al encontrarse cara a cara con la bestia. Gastón profirió un grito que no hizo sino encolerizarla más. Moviendo la cabeza desesperado, localizó la espada que Adam había tirado y se lanzó a por ella. La cogió, pero no antes de que las garras de Bella le hirieran la pierna. El olor a sangre inundó la estancia y la desquiciada mirada de la bestia se agudizó. Gastón blandió la espada contra Bella ante la mirada de Adam. Era una bestia, pero era su Bella. Gastón estaba aterrado y el filo se acercaba peligrosamente a ella. Haría cualquier cosa, siempre haría cualquier cosa por ella, por salvarla, no importaba que fuera bella o una bestia, era ella. Todo lo que necesitaba, todo lo que amaba.

Por aquella razón, no dudó en lanzarse sobre Gastón cuando vio que la espada brillaba sobre el pelaje de Bella. Su cuerpo se encontró con el gélido filo justo cuando este se aproximaba a la bestia. Al caer, el peso de su cuerpo arrastró la espada, dejando desprotegido a Gastón. Su mirada aterrada se encontró frente a frente con los ojos sedientos de sangre de la bestia.

—No, esto no tiene que acabar así. Tú ibas a ser mía… —Dijo Gastón sin comprender lo que pasaba.
Ni siquiera tuvo tiempo de gritar, de dejar que el miedo escapara de él a través de sus lamentos, antes de que la afilada zarpa de Bella dibujara un profundo surco de sangre en su garganta.

Las tres oscuras figuras que lo habían contemplado todo dejaron escapar un grito de sorpresa. Había acabado. El precio se había pagado. Un alma. Hubieran querido poseer el alma pura de Bella o la enamorada de Adam, pero el primero en morir había sido Gastón, y su alma oscura y podrida había sido el precio a pagar.

La bestia se detuvo como si comenzara a comprender lo que había hecho, lo que estaba pasando. Lentamente, sus músculos fueron tornando a su tamaño, sus dientes a su forma desafilada, las garras desaparecieron. Y volvió a ser Bella.

—Bella… —Un suspiro desgarrado la llamó.

Adam permanecía tendido sobre el suelo, con la espada todavía sobre él y el dibujo de su sangre sobre la ropa.

—Adam, Adam… No te mueras. No…

Las lágrimas comenzaron a anegarle los ojos, impidiéndole respirar.

—Adam…
No podía acabar así, no podía ser que tras todo este tiempo, todos los años que había pasado esperándola, todos los sacrificios… apenas hubieran podido tener unas horas juntos. Y todo porque ella no lo reconoció a tiempo. Todo por su estupidez, porque se había permitido vivir en una mentira. En aquella nueva vida reencarnada a la cual nunca había pertenecido, y lo sabía, sabía que aquella no era su vida, pero en vez de buscarla felicidad, en vez de tratar de encontrar lo que la hiciera sentir feliz, completa, en vez de buscarlo a él, se había dejado arrastrar por la complacencia, por la comodidad y había llevado una vida de mentiras. Por qué le había costado despertar. Por qué no había comprendido nada más verlo de nuevo que él era la razón por la que existía, por la que vivía e, incluso, por la que una vez murió.

—Adam, es todo mi culpa. Yo era una bestia, pero no podía controlarme. Yo, lo siento mucho…
—Shh—Susurró él sin fuerzas—Nada de esto es culpa tuya. Ha sido poco tiempo, lo sé, pero ha merecido la pena la espera. Siempre. Te quiero.

Dichas estas últimas palabras, Adam cerró los ojos y la voz de Bella se quebró en un grito de lamento.

—No… —Se giró de pronto a las brujas recordando que estaban ahí— ¿Contentas? Ya tenéis lo que queríais.
—No, no estamos contentas—dijo una— Te queríamos a ti y en su lugar nos llevamos a Gastón.
—¿A Gastón? ¿No lo entiendo?
—Él ha sido el primero en morir, ese era el trato. Aunque ha resultado ser un precio muy bajo, pues su alma ya era oscura. Él se entregó a la magia negra, como Adam, para vivir hasta que volvieras. Te quería para él en esta nueva vida, como te quiso en la primera. Por eso fue el que le contó todo al padre de Adam, claro que no pensaba que te fueran a matar.
—¿Y Adam?
—Míralo bien. Está vivo, pero es que los enamorados sois unos dramáticos.
—¿Y qué pasará con él, con nosotros?
—Lo que vosotros queráis que pase. El trato ha acabado. Habrá un nuevo punto de comienzo, una segunda oportunidad, lo que hagáis con ella no nos compete.

Bella se quedó mirando anonadada mientras las tres figuras se marchaban desapareciendo en una especie de portal. Y la transformación en bestia debía de haberla afectado más de lo que pensaba porque le pareció que una de ella tenía… ¿tentáculos?

***
Queda un poco que es nada, nada... pero lo pondré luego porque si no este queda demasiado largo. Espero que os haya gustado =)

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