No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 19 de junio de 2014

La Sirenita. Capítulo 14

Queridos lectores, 

Hoy ha sido un día curioso. Ya estoy en modo lectura on, que quiere decir que paso tanto tiempo leyendo y me meto tanto en el libro que veo la vida como la protagonista. Así que se acentúa mi manía de narrar para mí misma aquello que veo y encima tengo el extraño antojo de darme un baño de espuma con una copa de vino, como la de mi libro. 

Aunque esta mañana me he dedicado a limpiar mi habitación, en la limpieza anual, casi podríamos decir, de lo que vienen a ser mis dominios. Siempre le había dicho a mi madre, en parte como excusa para no recoger, que necesitaba cierto caos creativo para estudiar y escribir, pero el caos estaba comenzando a pasar de creativo a creador de ácaros del polvo. Así que me he preparado poniendo como banda sonora de tan ardua tarea una pista de tres horas y media de canciones Disney. A nadie le sorprenderá a estas alturas que escuche canciones Disney. Lo mejor ha sido sacar todos mis libros y reorganizarlos por temáticas, autores y tamaño.. Aunque lo mejor, mejor, ha sido relegar los libros de medicina al último y más escondido estante de mi estantería. EN un momento dado de la mañana, estaba subida sobre una silla limpiando el polvo de la lámpara cuando ha comenzado a sonar la canción de "Colores en el viento" de la película de Pocahontas. Mi madre no estaba en casa y mi hermano estaba demasiado enfrascado en el ordenador, al verme sola, y encima tan alta en la silla y encantándome esa canción, no lo he podido resistir, me he puesto a cantar a pleno pulmón con el trapo empolvado como micrófono y los colores en el viento como única compañía... O eso creía. Porque mi hermano no estaba tan enfrascado en su ordenador como pensaba. Yo estaba de espaldas a la puerta y con mis voces, no me he dado cuenta de que estaba detrás de mí, escuchándome, hasta que ha terminado la canción y se ha puesto a aplaudir O.O ups... Me ha dicho que por qué estaba cantando tan bien, y le he respondido que era porque pensaba que nadie me escuchaba. Pero ese momento me ha teletransportado a una tarde en la que, yo tenía cinco años o así, mis padres se estaban echando la siesta y yo estaba sola en el comer viendo un programa de videoclips. Solo recuerdo estar en mitad del comedor tratando de copiar los pasos de los bailarines y siguiendo como podía una letra en inglés que además no me sabía. Cuando terminó la canción, mis padres entraron aplaudiendo. Más espías O.O En mi casa nunca hay intimidad (¬.¬')

Otro problema que se me plantea, ahora que mi habitación está más o menos arreglada, es que me está costando ponerme con el nuevo libro. Me pasa lo mismo que el año pasado con el primero. Quiero que cada frase sea perfecta y eso es imposible. ¿Sabéis que me pasó el año pasado? Pues empecé leyendo mucho para coger soltura con mi narración interna, pero leía libros de grandes autores y me entraba el pánico porque jamás de los jamases podría escribir tan bien como ellos, pero si cada puñetera frase que leía era una obra de arte. Y yo, ya me veis, hilo las palabras como puedo. Al final, resultó que el empujón para ponerme a escribir lo me lo dio una novela horrible. Me la leí por pasar el rato, era de asesinatos y era mala, o sea, la historia estaba bien, pero la calidad de la escritura, quizás era cosa de la traducción, pero no estaba demasiado bien. Y me dije: algo así e incluso mejor puedo escribir, así que si este escritor ha podido, yo también. Ese mismo día me puse y escribí once páginas del tirón. Espero que este año me pase algo así. Por el momento, empezaré investigando sobre la época histórica y con algo de suerte, la podré comenzar hoy. 

La Sirenita

CAPÍTULO 14

El sol ya lucía en lo alto del cielo rodeado de gaviotas cantarinas. Aquella mañana, Eric la había despertado temprano para salir a navegar con las primeras luces. Estar en mitad del mar sin estar dentro, sin formar parte de las aguas, era muy extraño para Ariel. Ser, de repente, una mera espectadora del mundo al que siempre había pertenecido la hacía sentir como una traidora, como si estuviera en un lugar que no le correspondía. Y, en cierta medida, era cierto, ella era una sirena, debería estar en el mar. Aquel era su lugar, al menos hasta que Eric le diera un beso de amor verdadero que la convirtiera definitivamente en humana.

En el barco viajaban solos ellos dos, con la compañía de Teech, el fiel amigo de Eric que los seguía a todas partes y su otro amigo peludo, que había resultado ser un perro y no un humano rarito como le había parecido al principio. Teech entretenía al perro mientras Eric le enseñaba a Ariel a manejar el timón. Aunque ella apenas podía concentrarse en el mando del barco o en las inmensas vistas, sintiendo el cuerpo de Eric tras el suyo, tan cerca que podía sentir su respiración pausada sobre su cuello, sus manos sobre su cintura, su pecho rozando su piel. Sí, dificultaba mucho la concentración. Eric susurraba en su oído las directrices que debía seguir para pilotar el navío, ella se giraba lo justo para poder ver su sonrisa con el rabillo del ojo. Aquel era el momento, sus labios casi podían tocarse, apenas unos centímetros los separaban. Estaban a punto, a punto de besarse cuando un dulce canto llegó a sus oídos desconcertando a Eric. El joven príncipe quedó embelesado al escuchar el canto de una sirena. Ariel podía reconocerlo, con aquella suave melodía, con aquella lejana voz, las sirenas atraían a sus presas, a los hombres que querían devorar.

Ariel buscó con la mirada la procedencia de aquella voz, para encontrarse de pronto con una hermosa joven que había surgido de la nada en la superficie del barco. Teech y el perro parecían congelados tras la nueva figura, Eric la miraba con ojos hipnotizados y comenzó a andar hacia ella. Ariel intentó detenerlo, pero era inútil, la magia de las sirenas era demasiado poderosa y ella ni siquiera tenía su voz para contrarrestar. Se fijó por primera vez en la sirena, porque aunque tenía piernas y estaba vestida como una humana, con un traje blanco, Ariel estaba segura de que era una sirena, solo ellas podían hechizar así a los hombres. Tenía el pelo rojo, como ella, suelto, ondeando al viento, se sorprendió al ver en ella un reflejo apenas cambiado de sí misma. Los ojos más oscuros, otras formas en su rostro, otra sonrisa, pero era muy parecida, demasiado parecida.

Eric siguió avanzando impasible hasta ella, sin fijarse en nada más, sin ver nada más. Sin dejar de mirar a Ariel, la sirena desconocida posó una mano sobre el rostro de Eric y dejó que él la besara. Saber que Eric estaba bajo el hechizo de aquella bruja, que no era consciente de sus actos no hizo que fuera menos doloroso el ver cómo entregaba su beso a otra mujer. Cuando sus labios se separaron, la sirena lanzó a Eric con los otros dos y lo inmovilizó.

—¿Ves, mi sirenita? —Dijo una voz que conocía—Los humanos no son de fiar. Te romperán el corazón, es lo único que saben hacer. Únete a mí y, entre las dos, podremos acabar con ellos y ser felices.— Ariel la miró intentando averiguar quién era¿No me reconoces? Es normal, tú solo me has visto así —Y con un gesto de su mano volvió a convertirse en la bruja de los mares que conocía, en Úrsula, solo que estaba vez iba armada con el tridente de Poseidón—Soy yo, tu madre.

Aquellas últimas palabras la dejaron sin aliento. Trató de hablar, pero la voz seguía sin salir de sus labios.
—Cierto, mi pobre niña, te devuelvo tu voz. —Del tridente salió un rayo dorado que llegó hasta ella. Sintió como si inspirara de golpe todo el aire que sus pulmones podían almacenar.
—No… —Susurró reencontrándose con su voz —No, mi madre era Athena, una sirena. Tú eres…
—¿Un monstruo? ¿Así me ves? ¿Eso piensas? Podría comportarme realmente como un monstruo, podría acabar con todas las personas de este barco, con todos los humanos yo sola —A medida que hablaba, un halo oscuro la rodeaba y aumentaba su tamaño. La madera del barco comenzó a crujir bajo su peso hasta que pareció darse cuenta de lo que pasaba y, con otro movimiento de tridente, volvió a su forma humana. —Pero no Ariel. Eso es lo que te han hecho creer. No soy un mosntruo, ni una bruja, en otros tiempos fui una sirena, fui tu madre. Poseidón te arrancó de mis brazos, te dio falsos recuerdos.
—Mientes. Poseidón es duro, pero nunca me hubiera engañado así, él no…
—Recuérdame Ariel. La última vez que te tuve entre mis brazos eras muy pequeña, pero está ahí, en algún lugar de tu mente.

Solo necesitó  un poco de ayuda de su magia, para que la verdad apareciera ante los ojos de Ariel. Escenas de una pelea, de una batalla, de sangre, gritos y miedo, barcos humanos, sirenas muertas… Recuerdos de una madre de cabellos color de fuego que le cantaba canciones y le hablaba de un padre que estaba lejos, pero que volvería con ellas, que las encontraría. Era cierto, tenía que serlo. Úrsula, la bruja de los mares era su madre. Todo lo demás, toda su historia, la que le habían contado sobre Athena y Poseidón, era todo mentira, una farsa para ocultar una realidad demasiado dolorosa.

—¿Me crees ahora?
—No lo entiendo. ¿Por qué me han mentido todos? ¿Por qué nunca has venido a buscarme?
—Me exiliaron, Ariel, Poseidón me prohibió verte, me convirtió en un monstruo para que no me atreviera a buscarte y todo por castigo por confiar en un humano. Un humano que me traicionó, que puso en peligro a las sirenas, a mí y a ti, a su propia hija. Por su culpa hemos pasado todos estos años separadas. Pero ahora que por fin he conseguido el tridente, he podido recuperar mi auténtica apariencia y podremos estar juntas, vengarnos juntas.
—¿Vengarnos? ¿Vengarnos de quién?
—De los humanos, por supuesto. Acabaremos con su raza.
—Eso es una locura. No podemos acabar con una especie. —Ariel no entendía nada.
—¿No podemos? Dime, ¿cuántas especies se han extinguido por obra y gracia de los humanos? ¿Cuánto mundo han destrozado por su ambición desmedida? Tenían la tierra y la esquilmaron, llegaron a nuestros mares y no han descansado hasta acabar con todo, contaminar, ensuciar, pescar sin control. Cuántos años hemos tenido que vivir escondidas de estos seres que solo saben traicionar y matar. ¿No lo ves, pequeña? No será una extinción, será una salvación, la salvación del mundo.
—No, eso no es cierto. Puede que haya humanos así, pero no todos, no Eric.
—Mi dulce Ariel, tu amor te nubla. Mas debes confiar en la experiencia de tu madre. Los humanos no son de fiar, te romperá el corazón. Ven conmigo, únete a mí. Yo soy tu madre, soy lo único que tienes, mi amor es el único verdadero.

Ariel se acercó lentamente a ella. No sabía qué hacer ni qué pensar, todo su mundo se había desmoronado en apenas unos segundos. Todo en lo que había creído se había desvanecido. Tenía a su madre frente a ella, la madre a la que tantas noches en vela había añorado. Pero no era el ser lleno de amor que había imaginado en sus sueños infantiles, sino que era una bruja cuyo corazón se había consumido por el odio y la venganza. Una bruja que quería matar a todos los humanos, a Eric.
—No, no lo haré. —Dijo Ariel al fin, acercándose más a ella.
—¿Cómo dices?
—¡No lo permitiré!

Aprovechando su cercanía, Ariel se lanzó sobre Úrsula desestabilizándola lo suficiente como para que su hechizo sobre los dos hombres y el perro se desvaneciera y pudieran volver a moverse. Eric, libre de su hechizo, no tardó en coger una espada y correr para tomar a Ariel entre sus brazos y protegerla de quién quiera que fuera aquella mujer. Los dos miraban fijamente a Úrsula mientras esta recogía el tridente y, con total tranquilidad, se ponía de pie para volver a mirarlos sin dejar de sonreír. Eric, Ariel, Teech e, incluso, el can la miraban en silencio aguardando su siguiente movimiento. Úrsula solo tenía ojos para su sirenita y el joven humano que la protegía. Lo que desde luego nadie esperaba fue lo que siguió a continuación.
—¿Úr…Úrsula? —Fue Teech, el callado ayudante de Eric, el que habló con la sorpresa en la voz. Úrsula lo miró durante unos segundos antes de abrir los ojos y empalidecer como si acabara de ver un fantasma.
—¿Edward? 

***
¿Cómo os quedáis? Espero que fuera sorpresa, ya dije que este relato me había salido muy telenovelero, pero ha sido inevitable, las ideas me venían solas y no las podía ignorar, era demasiado divertido. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario