No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 20 de junio de 2014

La Sirenita. Capítulo 16

Queridos lectores, 

El segundo capítulo de hoy se lo había prometido a alguien como recompensa tras un duro examen, así que espero que lo disfrutéis ;)

La Sirenita

CAPÍTULO 16

Estaba cansada, estaba agotada y las lágrimas se mezclaban con el agua del mar emborronando su vista. De pronto, todo lo que Úrsula había conocido o creyó conocer, todo lo que había tenido se derrumbaba, desaparecía. Todos cuanto habían significado algo en su vida la habían traicionado. Athena y Edward la habían engañado, Poseidón le había quitado a su hija y encima ahora tenía tentáculos. ¿Qué se suponía que era? ¿un pulpo? ¿Un calamar? Úrsula se había cansado de seguir luchando, de ver cómo todos la herían, de sentir aquel intenso dolor en el lugar que un día había ocupado su corazón. Por eso, había nadado lo más rápido que sus tentáculos le habían permitido hasta llegar a la costa, a aquella playa que compartió con Edward y que tantos recuerdos le traía, para quedarse mirando fijamente al sol y esperar que el astro rey acabara con su sufrimiento. Era un ser de agua, al fin y al cabo, tenía la esperanza de poder secarse, de deshidratarse, de morir… y olvidar, y descansar. ¿Por qué seguir en aquel mundo si no le quedaba nada por lo que luchar? Si no había nada que le diera esperanzas, si su final feliz había sido condenado al exilio sin su amor, sin su hija y sabiendo que todo era, en parte, obra de su única amiga. Así que Úrsula esperó y esperó hasta sentir que su piel ardía y que el agua la abandonaba, que sus fuerzas se agotaban y la debilidad nublaba su mente y comenzaba a olvidar
—¿Realmente crees que merece la pena morir? —Dijo una voz a sus espaldas.

Úrsula se giró para ver a una humana desconocida que vestía de negro, con un gran bastón sobre el que se sostenía, un cuervo a su hombro y dos enormes cuernos adornando su cabeza.
—¿A ti que te importa? —Espetó la antigua sirena.
—No demasiado, pero he pensado que podría ayudarte.
—¿Por qué ibas a hacer eso?
—Porque sé por lo que estás pasando, conozco el sufrimiento que estás sintiendo, el dolor, la pena… yo también pasé por ello y conseguí sobrevivir. —Úrsula podía leer la verdad en sus palabras
—¿Quién eres?
—Me llaman Maléfica y puedo darte lo que necesitas.
—¿Una cola o piernas? —Dijo Úrsula con sarcasmo
—Si es lo que deseas. Pero yo vengo a proponerte algo mejor. Puedo darte un motivo por el que vivir.
—¿Y cuál podría ser ese? —Úrsula no acaba de creerla.
—La venganza. Puedo darte el poder necesario para que hagas pagar a todos por el daño que te han hecho, para que los pongas de rodillas ante ti, para que recuperes todo lo que fue tuyo… a tu hija.

Úrsula la miró sorprendida sin saber si sería cierto o no, pero notando una esperanza creciendo en su interior.

—¿Cómo es eso posible?
—En la noche oscura, la magia es tenebrosa. —Dijo Maléfica—Cuando estás desesperado, tu día se acaba, aquellos a los que amaste te han abandonado y solo te queda el odio y la amargura, entonces, solo la magia negra puede ayudarte. Pertenezco a un grupo de magos, la Orden de la Noche. Todos somos almas desesperadas como tú que, en algún momento hemos perdido o nos han arrebatado aquello que amábamos. Todos luchamos por recuperarlo y solo en la magia oscura podemos encontrar un aliado.
—¿Por qué la magia oscura? No sé, yo no quiero volverme oscura, no quiero ser así… por mi hija.
—La magia oscura siempre anida en los corazones rotos, Úrsula. El tuyo lo está, destrozado de hecho, y la magia oscura te ha encontrado. Te quiere y puede ayudarte. ¿De qué te ha servido ser buena hasta ahora? ¿Cómo te ha recompensado el destino por ser buena? Acepta lo que eres, acepta en lo que te han convertido.

Úrsula pensó en lo que Maléfica le estaba ofreciendo. Tenía razón. Estaba cansada de ser buena, de ceder en todo, de aguantarlo todo, de ser sumisa, de perdonar, de confiar. Estaba harta de sentir aquel vacío en el pecho, el vacío que había dejado su corazón roto. No podía soportarlo más, no podía imaginar a Athena feliz con Edward, pensando en los momentos que debieron ser suyos, no podía imaginar a otras sirenas alrededor de Ariel, viéndola crecer, disfrutando de lo que ella iba a perderse. Y no pudo soportarlo, la ira la embargó, la rabia la consumió y el vacío se acrecentó hasta hacerse insoportable.

—Hazlo —Dijo Úrsula por fin— Haz lo que sea. Pero no quiero sentir este vacío. Necesito llenarlo, aunque sea con oscuridad.
—Bebe de esta botella y tendrás el poder que necesitas para tu venganza.

Úrsula tomó entre sus manos temblorosas una botella de cristal que contenía un líquido oscuro con una etiqueta que rezaba “Bébeme”. Quitó el tapón de corcho, cerró los ojos y bebió tanto como pudo intentando no pensar en su amargo sabor, en lo pegajoso del líquido o en la sensación de que algo se iba apoderando lentamente de su cuerpo. Solo pensó en la fuerza que comenzaba a sentir en su interior.

***

Los recuerdos de cómo había conseguido su poder volvieron a la mente de Úrsula. Porque la magia negra solo anidaba en los corazones rotos, pero su corazón había comenzado a sanar al escuchar de Edward una historia que lo exculpaba, al ver a aquella figura que reconocía su culpabilidad y que todos observaban expectantes. Ayudada por los poderes de las sirenas originales, había conseguido elevarse en una masa de agua hasta aterrizar sobre la proa del barco. Ni Eric ni Edward sabían quién era, solo Úrsula y Ariel pudieron reconocerla.
—¿Selene? —Dijeron a la par.

Las dos vieron aquella sirena que no les era del todo desconocida porque habían coincidido con ella en más de una ocasión. Para Ariel, era otra más de las Originales, aunque era una especialmente molesta y crítica con ella, recordaba haberle plantado cara el día que la adrenalina por llevar a Poseidón hacia Úrsula la había dominado. La bruja de los mares había conocido a Selene en sus tiempos de sirena, pero a pesar de haber pasado siglos con ella como hermana, aquella sirena morena y ella nunca habían sido especialmente amigas.

—¿Por qué harías tú todo eso? —Dijo al fin Úrsula —¿Por qué poner a la manada en peligro?
—Es muy incómodo —Dijo Selene sin atender a las palabras de Úrsula—Esto de que todos tengáis piernas menos yo, tener que miraros desde abajo. Y, además, estoy cansada de esta forma. Úrsula, hazme un favor y agita el tridente.
—¿Quieres que te dé piernas? —Preguntó extrañada.
—Tú simplemente dile al tridente que me “devuelva mi verdadero aspecto”

Extrañada y sin saber qué podría pasar, Úrsula siguió sus instrucciones dejando que la magia fluyera a través de ella y hacia el tridente con la orden de devolverle a Selene su verdadera forma. Una luz la rodeo y, poco a poco, la fue transformando hasta que sus cabellos morenos se volvieron rubios y su rostro se tornó en uno que a Edward y Úrsula le era familiar.
—Athena. —Dijo Úrsula sin acabar de creérselo. —Pero tú estabas muerta, yo te vi…
—Tú me viste desaparecer. En realidad, le había pedido a Poseidón permiso para poner su tridente a salvo, así que, cuando el momento llegó, solo tuve que dirigir un rayo hacia una de las sirenas, cualquiera valía en realidad, Selene solo era la que estaba más cerca, convertirla en la gran ola y, antes de que pudieras reaccionar, tomé su forma. Era una pérdida necesaria para salvar al resto de las sirenas de los humanos.
—Pero, no entiendo nada. ¿Cómo sabían los humanos dónde encontrarnos?
—¿Otra vez? —Dijo Athena con gesto cansado—Ya te lo he dicho. Yo se lo dije. Fue la noche del equinoccio, mientras tú tenías a tu sirenita. Fui a la costa, mis piernas aparecieron, comencé a cantar como solo las sirenas sabemos hacer, aguardando a que los hombres llegaran. Eso fue lo más fácil, enseguida tuve a mis pies a la mitad de la armada, a los hombres de Edward. Solo tuve que decirles lo que era, les hablé de los grandes tesoros que las sirenas custodiamos, mentira todo, pero la codicia los consumió al instante. Les dije que su capitán les había mentido, que él conocía todas esas riquezas y las quería solo para él, les convencí de que le preguntaran “amablemente” lo que sabía. Los humanos son tan fáciles de engañar. Solo necesitan un rostro bonito, un par de sonrisas fingidas y la vaga promesa de grandes riquezas para que sus mentes se pierdan para siempre presa de sus más primigenios instintos. Asqueroso… Pero útil. En fin, no tardaron en venir a mí corriendo con la prueba de que lo que les había dicho era cierto, una pulsera de perlas. Los muy tontos me la dieron porque les prometí que habría muchas más. Les dije dónde encontrarnos y cuándo. Y ellos, simplemente, se lanzaron al vacío, derechos a su muerte. Porque, claro, nunca hubiera dejado que vencieran a las sirenas, ellos perecerían. Solo eran una herramienta para que creyeras que tu “querido Edward” te había abandonado. Y lo hiciste —terminó sonriendo triunfante.

No había sido capaz de moverse durante todo el discurso de Athena, incapaz de hablar, incapaz de pensar. Había odiado a su antigua amiga durante dieciocho años pero nunca hubiera imaginado que hubiera llegado a tal grado de maldad. Los pensamientos se nublaban en su mente, y solo era capaz de pensar una cosa.

—¿Por qué? —Susurró.
—Porque tú me arrebataste lo único que deseaba, lo único que siempre había anhelado: el amor de Poseidón. Así que yo te arrebaté lo que tú querías.

Úrsula la miró sin poder ocultar su sorpresa. Una sorpresa que lentamente se fue tornando en furia.

—Dos mil años —Susurró Úrsula quedamente— Dos mil años —Repitió con más intensidad —¡Dos mil años—Dijo esta vez gritando —Fuimos amigas durante más de dos mil años, ¡¿y me estás diciendo que destrozaste mi vida por CELOS?! Estás loca.
— ¿Loca? ¿Sabes lo que es vivir dos mil años a la sombra de alguien? Luchar, esforzarte cada día durante esos dos mil años por ser la mejor, por estar a la altura, sin permitirte distracciones ni alegrías vanas, sin cometer errores, sin poder disfrutar de lo que todas las demás disfrutan a tu alrededor, solamente por ser la mejor, por ser perfecta para Poseidón, para que me quisiera, para que me eligiera ¡a mí! ¿Sabes lo que es sentir que has renunciado a toda posibilidad, a todo retazo de alegría y felicidad por alguien, y que ese alguien prefiera a otra? A otra sirena que es indigna, que ha roto todas las normas, que ha puesto en peligro a las sirenas, que ni siquiera lo ama como yo. No lo entiendes, nadie lo entiende. Durante cada minuto de esos dos mil años, mi único deseo fue que Poseidón me amara y luché con los instintos de sirena para mantenerme equilibrada, y fui responsable y fui cauta y fui todo lo que él quería que fuéramos. Y aún así, él te eligió a ti.
—Sí. Pero yo no lo elegí a él, no lo amaba. Me hubiera marchado con Edward y Poseidón habría quedado libre.
—¿Libre? Hubiera quedado apresado por tu recuerdo o no te hubiera dejado ir. ¿Crees que soy tonta? Podía ver que te amaba y mientras tú estuvieras en su vida, nunca me amaría a mí. Debía hacer algo para que cambiaras a sus ojos, para que dejara de ensalzarte, de considerarte digna de un dios. Si hubieras muerto, simplemente, él nunca te habría olvidado. Le hice ver que eras una traidora, que habías puesto en peligro a las sirenas. Una vez convertida en Selene, yo le di la idea para que te convirtiera en un monstruo para que no viera más tu belleza. Y esperé que, después de eso, pudiera verme a mí, que se enamorara de mí, pero no. De nuevo, cada día de estos dieciocho años, tú estabas en su pensamiento, como un fantasma que nunca me dejaría ser feliz.

Todos se quedaron en silencio ante la crueldad de sus palabras, la ira y el odio que destilaba su voz.


—Ahora te diré por qué he venido —Volvió a hablar Athena, más calmadamente —Poseidón y el resto de las sirenas están abajo y no pararán hasta recuperar el tridente. Todos piensan que tú eres la bruja de los mares que planea acabar con los humanos y hacerse con el dominio de los mares, y es lo que seguirán pensando. Así que te aconsejo que me des el tridente y te rindas.

***

Lo sé, me ha quedado largo. Y como colofón final, tengo que hablar yo. Al igual que Úrsula al principio de este capítulo, yo también estoy cansada de ser buena y no recibir más que golpes como recompensa. Y estoy harta, cansada, agotada y, sobre todo, estoy enfadada. Estoy enfada ¿y sabéis por qué? Estoy enfadada porque soy incapaz de enfadarme. Soy así, tengo lo que he llamado un "forgiving heart" o un corazón benevolente, lo perdono todo y eso está muy bien, pero a veces necesitaría ese arranque de furia, ese momento de enfado para desahogarme y olvidar, y no lo hago. Estoy cansada de ser tan buena que parezco tonta, pero como no creo que aparezca ninguna hechicera con cuernos en la cabeza a ofrecerme la magia a cambio de mi corazón, pues lo seguiré siendo. 

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