No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 11 de junio de 2014

La Sirenita. Capítulo 5

Hola queridos lectores!

My dearest readers :) En inglés suena bien ¿verdad? No sé si os parecerá un poco raro la forma que he tomado de encabezar las entradas con "Queridos lectores". Supongo que me pareció adecuado teniendo en cuenta que el título del Blog es "Diario de..." Y los diarios se suelen comenzar con "querido diario". Además, que me leáis siempre me hace muy feliz y es inevitable acabar queriendo a las personas que te hacen feliz. 

En otro ámbito de cosas más dolorosas, hoy me duele la cabeza, no me apetece mucho estudiar y encima me he depilado (Au, qué dolor). Sabéis, mi lado más feminista no puede evitar enfadarse con esta situación de la depilación. Porque ahora muchos hombres se depilan, pero no todos. Ellos tienen la elección, deciden si quieren depilarse o no y a nadie le parece mal. Sin embargo, a las mujeres prácticamente nos lo exigen. Los mismos hombres que no se plantearían jamás de los jamases el depilarse son los mismos que critican a las mujeres si tiene vello corporal en exceso. Y eso me enfada mucho. ¿Por qué nosotras no podemos decidir con la misma libertad? Y me enfada tener que someterme a los criterios machistas de la sociedad, pero claro, a ver quién es la guapa que va a una boda o sale a comprarse un vestido sin depilar. Por mucho que mi lado feminista se indigne ante la injusticia, el resto de mi ser es presa de los convencionalismos. 

Bueno, ahí queda. Creo que las mujeres hemos pasado demasiados años, siglos, a la sombra de los hombres, esclavizadas, vejadas, insultadas e ignoradas como para tener que doblegarnos ahora ante sus deseos de que tengamos las piernas más bonitas. Lo peor es que, como dijo Lorca, las mujeres somos a la vez víctimas, testigos y verdugos de nuestra propia condición. Porque probablemente la primera en criticar a una mujer que no se ha depilado sería otra mujer :/ Bueno, chicas, pues yo clamo por un poco más de solidaridad femenina y de igualdad. Que ir depiladas queda más bonito, perfecto, vale, pero en los hombres también. 

Y dicho esto, os dejo con el relato, que me pongo a escribir y me pierdo =)

La Sirenita
CAPÍTULO 5

Era muy hermosa. De cabellos rojos como el fuego y mirada cristalina, ahora teñida de miedo y lágrimas. Ariel permanecía en el centro de la cueva, sumida en la oscuridad en la que Úrsula vivía. Ella, que había aprendido a vivir sin luz, podría verla a través del agua, mientras que Ariel giraba nerviosamente la cabeza tratando de encontrarla.

—¿Por qué tengo el honor de recibir a una sirena de Poseidón en mis dominios?

Dijo lánguidamente la bruja de los mares, mientras se movía de un lado a otro aumentando la confusión de la pobre sirena.

—Ya no—Respondió Ariel sin dudar. La valentía de la muchacha, había que decir, que sorprendió a Úrsula. Como lo también lo hizo su afirmación, había estado tan abstraída en sus recuerdos que no había observado los últimos acontecimientos a través de su cristal.
—¿A qué te refieres?
—Pues a que ya no soy más una sirena de Poseidón. Me he ido.
—¿Y puedo preguntar por qué?

Ariel pareció dudar, pero de perdidos al río, o en su caso, a una fosa tenebrosa.

—Hace poco conocí a un hombre, un humano. No mucho, no he llegado a hablar con él, solo lo vi… y me gustó—Ariel sonrió al recordarlo. — Eric, se llamaba, cruzó con su barco la línea fronteriza y Poseidón desató su cólera contra ellos. Yo los había visto hablando, jugando en su barco, era inocentes, no planeaban asaltar el Arrecife o hacer daño alguno, solo se desviaron un poco de su trayectoria, no merecían morir. Así que los salvé… y Poseidón se enteró. Al volver al Arrecife convocó a las Originales en una especie de juicio amañado, porque ya sabía desde el principio que no tendría oportunidad de defenderme. El castigo por mi desobediencia, por romper las normas, ir a la costa y haber establecido contacto con un humano sería el confinamiento permanente. Ni siquiera tuvieron la decencia de llamar a las cosas por su nombre y decirme que me encerrarían y tirarían la llave, porque técnicamente estaría libre. Pero nunca podría volver a salir del arrecife, ir a la costa o volver a acercarme a un humano.
—No es tan grave, al fin y al cabo, ¿para qué querrías acercarte a uno de esos dos-patas malolientes.
—Quiero volver a ver a Eric. Por eso me he escapado y he venido a verte.
—¿Y qué pretendes que haya yo? ¿Raptar al príncipe y traértelo en una bandeja de plata?
—No… quiero que me des piernas.

Úrsula paró en seco. Aquella pequeña sirena iba realmente en serio. Había demostrado tener valor y estar desesperada, dispuesta a cualquier cosa, así que Úrsula decidió que era hora de dejarse ver.

Ariel había escuchado muchas historias sobre la temible Bruja del Mar, pero nunca habría podido prepararse para lo que encontró al ver la figura que emergía de las sombras. Un rostro, un torso que podían haber sido humanos, de una mujer que podía haber sido hermosa, en otra vida, pero que la oscuridad había consumido tornándolo en tenebroso. Aunque lo que realmente captó su atención fue el conjunto de tentáculos que la rodeaban.

—Así que quieres unas piernas.
—Sí.
—¿Crees que si cambiar partes del cuerpo fuera tan sencillo yo no me habría quitado estos tentáculos hace años?
—Entonces…¿no puedes? —Por un momento, la duda la atenazó. Pensaba que la bruja podría hacer cualquier cosa. Le preocupaba el precio, pero no había temido por la posibilidad de que simplemente no fuera capaz.
—Deja que te vea.

Úrsula se acercó más a ella. La joven sirena permaneció quieta en todo momento, apenas se atrevía a respirar. La dama de los tentáculos se paseó alrededor como si observara algún objeto.

—Dime, Ariel—Dijo mientras permanecía tras ella— ¿Qué te han dicho sobre tu… tu madre?
—¿Mi madre? ¿Qué tiene que ver ella con todo esto?
—Bueno, he oído que ella también se involucró de más con un humano.
—Fue distinto. Ella era demasiado bondadosa y lo dejó vivir sin más. Yo… no conozco a Eric, pero algo me dice que no me traicionaría.
—No conoces nada del mundo de los humanos, pequeña. La mayoría matarían a su madre por un trozo de oro.
—Eric no, lo sé. Mira, mi madre, Athena, confió en quien no debía y decidió inmolarse para salvar a su especie, para salvarme a mí. No pretendo deshonrar su memoria, pero sus errores no tienen por qué ser los míos.
—Athena —Ariel se giró para mirar a la bruja a la cara al escuchar una sombra de tristeza en su voz.
—Ella era mi madre.
—Athena era tu madre…—Susurró. —Bien, pues no perdamos más el tiempo, pequeña. Si tan claro tienes que quieres arriesgarte por ese humano, no seré yo la que te detenga. Aprenderás por tu cuenta que no son de fiar.
—¿Entonces puedes darme piernas?
—Claro que puedo… solo hay un pequeño detalle.
—Ya, claro, el precio. No tengo nada que darte.
—No es el precio lo que me preocupa ahora, ya te pediré eso cuando llegue el momento. El problema es, querida niña, que para obtener lo buscas, se necesita magia muy poderosa.
—Tú eres la bruja más poderosa.
—Me halagas. Pero se necesita algo más, se necesita el poder de un dios.
—¿Quieres el tridente?
—Eso estaría muy bien. Pero, al menos, lo que necesito para que el hechizo funcione es que esté cerca, para poder robar su energía. Cosas de brujas.
—Claro, ¿y pretendes que lo robe?
—En realidad, es más fácil que eso. Basta con que atraigas a Poseidón hasta aquí. Cuando esté lo suficientemente cerca, tendrás tus piernas.
—¿Así de fácil?
—Aún no lo has conseguido.
—Lo haré. Volveré con Poseidón, tenlo preparado.
—A tus órdenes, mi pequeña y dulce niña. Al fin y al cabo eso hago, para eso vivo. Para ayudar a almas en infortunio como la tuya. Sola, triste y sin tener con quien contar—Dijo la bruja con sarcasmo.

Y mientras veía partir a la joven sirena, no pudo evitar pensar que se parecía demasiado a ella. 

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