No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 12 de junio de 2014

La Sirenita. Capítulo 7

Hola queridos lectores, 

Hoy me ha pasado algo que ilustra la vida de las personas. Quería escribir la entrada en el blog y un nuevo capítulo del relato y, como tengo que estudiar y escribir es como mi premio diario, quería hacerlo en el mejor momento posible. Y un rato porque había mucho ruido, el otro porque hacía mucho calor o porque tenía poco tiempo... lo he ido retrasando hasta que casi se termina el día sin que se haya presentado ese momento perfecto para escribir. Y eso es exactamente lo que nos pasa día a día. Posponemos nuestros sueños, nuestras metas, pensando que habrá un momento mejor para lograrlas, que hay que esperar al momento adecuado. Pero, queridos, me temo que nunca existe ese momento adecuado o, en todo caso, en contadas ocasiones. Hay que aprovechar la oportunidad, simplemente, y si me apetece escribir, escribo, no necesito más. Porque puede que ahora haya más ruido del que me gustaría o tenga mucha calor, pero se convierte en el instante perfecto porque estoy escribiendo, que es lo que más me gusta hacer del mundo mundial. 

Entra a colación aquí una pequeña charla mantenida esta mañana con Sadee. Retrasar la felicidad, alejarla con excusas depende de uno mismo. La vida no va a ser nunca perfecta, nunca vamos a estar al 100% en todos los campos, siempre hay pequeñas cosas, pequeños detalles. Pero es de necios aferrarse a esos pequeños detalles que te impiden ser felices, cuando tienes miles de cosas más que deberían hacerte sentir afortunada. Os dejo otro poco de relato, espero que os guste =)

La Sirenita

CAPÍTULO 7

Volver al Arrecife había sido tan fácil como huir de él. Nadie reparaba nunca en ella. No le importaba a nadie, no contaba para nada y era invisible. Ariel quería un hogar, un verdadero hogar. Un lugar que fuera para ella, en el que se sintiera querida. No quería ser una más de las miles de sirenas, no quería ser una huérfana, ni hija de los mares, quería alguien que la amara, de verdad, solo a ella. Quería ser especial, por una vez en su vida.

Entrando al castillo de Poseidón, se chocó con Selene, una de las Originales que había estado en su juicio y que ya antes le había prohibido ir a la costa.
—¿Qué haces aquí sirena? —Espetó—¿No estabas castigada como un pequeño boquerón?
—¿Y tú no deberías estar con las algas? Digo, como tenéis el mismo papel decorativo.
—Pero serás descarada, ¿cómo se te ocurre hablarle así a una Original?
—¿Sabes qué sería original? Que dejaras de repetir a todas horas que eres una Original. ¿No ves que eso solo significa que eres más vieja? —Normalmente no se comportaba así, pero estaba enfadada, harta de toda aquella panda de arpías, tenía prisa y odiaba con todas sus fuerzas a esa sirena.
—¿Cómo te atreves? —Selene alzó la mano dispuesta a abofetearla, pero Poseidón llegó justo a tiempo para detenerla.
—¿Qué pasa aquí?
—Esta pequeña sirena descarada me estaba faltando al respeto.
—Ella ha empezado —Se defendió Ariel.
—Selene será mejor que te vayas.
—Pero…
—Ahora. —La voz de Poseidón no dejaba margen a discusión.
—Eres igual que tu madre —Susurró la airada sirena mientras se marchaba.

Poseidón miró a Ariel.

—Bueno, ¿qué pasa?
—He venido como cortesía. A despedirme.
—¿A qué?
—Me voy del Arrecife, no lo soporto ni un minuto más.
—¿Y qué planeas hacer? Una sirena sola por el mundo.
—Nadie ha dicho que esté sola. Solo he venido a decirte adiós. No volveré a ser una molestia. Pero tampoco dejaré que me encerréis.

Terminada la frase, Ariel salió nadando tan rápido como pudo sabiendo que Poseidón no tardaría en seguirla para detenerla. Solo esperaba que cogiera su tridente, el cual nunca solía dejar solo, y que no la alcanzara hasta llegadas las fosas.

—¡Sebastián! —Gritó el dios.
—¿Sí mi señor?
—Ariel ha dicho que se marcha. ¿Crees que será verdad?
—Probablemente solo sea una rabieta de sirenita, señor. Aunque…
—¿Aunque qué?
—Bueno, puede que no sea nada, pero las corrientes me han informado de que hay movimiento en las Fosas de la Bruja. La han visto recogiendo ingredientes y dijeron algo de una visita, pero no pensé…
—¡¿Dices que Ariel puede haber ido a visitar a Úrsula?! Rápido, mi tridente—El tridente voló hasta su mano—Te vienes conmigo y por tu bien espero que la alcancemos antes de que se encuentre con esa bruja.

El dios salió nadando detrás de la estela de burbujas de la sirena. Para cuando consiguió verla, ya estaban en las aguas oscuras. Úrsula estaría cerca y probablemente les estaría esperando.

Ariel llegó casi sin aliento a la cueva de Úrsula.
—Ya está. Ya viene. —Dijo volviendo a respirar.
—Lo sé, dijo la bruja, puedo notar su presencia. Todo está listo Ariel, solo un pequeño detalle. El hechizo no será definitivo, solo te dará tres días. Después de eso, adiós piernas.
—¿Y eso me lo dices ahora?¿Después de haberme expuesto para traer el tridente?
—Bueno, es que hay una manera de que el hechizo se haga permanente.
—¿Cuál?
—Un beso de amor verdadero. Eso puede sellar cualquier hechizo. Recuerda, antes de tres días. Pero, Ariel, ten cuidado, los humanos no son de fiar.
—Eric, sí.
—Que niña más terca. Bien tú lo has querido. La magia más negra yo comienzo a convocar, hechizos marinos acudan a mí.

Invocando la fuerza del tridente que estaba cada vez más cerca, Úrsula vertió todos los ingredientes en un caldero. Un espeso humo verde comenzó a rodear a Ariel. Para cuando Poseidón llegó a la cueva, ya era demasiado tarde, el hechizo no podría detenerse.

—Creo que otra de tus sirenas prefiere tener piernas —Dijo la bruja.
—No —Dijo el dios—No puedo permitirlo, no puedo dejar que reveles el secreto. Lo siento Ariel.

Poseidón elevó su tridente hacia ella. Por un momento, pensó que iba a matarla, a fulminarla con un rayo. Pero en lugar de ello, comenzó a sentir cómo le faltaba el aire, algo la estaba abandonando. Y cuando quiso protestar se dio cuenta de que le había robado su voz.

—No puedo dejar que cuentes lo que somos.

Ariel lo miró con lágrimas en los ojos, no podía creer que el que había sido lo más parecido a un padre para ella le hubiera quitado la voz por proteger un secreto que ella nunca hubiera revelado. Pero ya no pudo decir nada. El humo verde la lanzó hacia arriba y su cola, poco a poco, fue desapareciendo.

El dios y la bruja permanecieron en silencio mientras Ariel desaparecía.

—¿Estás contenta?
—Todavía no, pero lo estaré.
—¿Qué tiburones quieres Úrsula?
—Solo lo que me arrebatasteis.
—Tú te lo buscaste. Conocías las normas.
—También Ariel, y mira a dónde la han llevado tus normas. Otra sirena que huye de ti. Y, por cierto, ya que la has dejado muda, podrías tener la decencia de mandarle al cangrejo plasta ese con ella. Necesitará una voz.

Con un asentimiento de cabeza del dios, Sebastián comenzó a nadar hacia la superficie.

—Nunca quise que esto acabara así, Úrsula. No quería nada de esto. —El dios desapareció de la cueva.

Daba igual lo que él quisiera o hubiera querido, las cosas eran así. Ahora, gracias al poder que había reservado del tridente, su plan estaba un poco más cerca.

***
¿Qué os parece que haya sido Poseidón (AKA Tritón) el que le quita la voz a Ariel? Distinto al cuento original, que de eso se trata en parte, pero me parecía que tenía más sentido y además quedaba mejor.  

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