No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 18 de junio de 2014

Primer día post-exámenes 2.0

Queridos lectores, 

Para aquellos con buena memoria que se hayan leído mis entradas desde el principio (que se merecen un premio por aguantarme) quizás os resulte familiar el título. En el primer día tras los exámenes de enero fue cuando comencé el blog, un 1 de febrero. Aquel día os contaba poca cosa porque aún no me había acostumbrado a lo del blog, era mi primera entrada, pero básicamente os decía que, acabados los exámenes, no sabía qué hacer, que no sabía disfrutar de la vida. Hoy, 108 entradas, cuatro meses y 6 exámenes después, os podría decir lo mismo. Está claro que no sé vivir, no sé disfrutar de la vida. Sin el estrés de los exámenes la vida pierde un poco de emoción, hasta escribir parece menos emocionante. Porque, en realidad, es la excitación de saber que estás haciendo algo prohibido lo que enciende la llama. Como mis padres no me dejan ni leer ni escribir ni hacer nada que no sea estudiar en exámenes, yo leo y escribo igual, pero siempre tengo que estar alerta para, si escucho pasos que se acercan a mi habitación, esconder el libro o cambiar la página del ordenador y que parezca que estoy estudiando. 

Sí, soy una malota y así me siento. Y mola mucho. Sin esa pequeña inyección de adrenalina que siento cuando sé que estoy haciendo lo que no debería se apaga un poco el mundo. Porque parece que tienes más sueño cuando estás en la cama y te tienes que levantar a estudiar, se te pegan más las sábanas y coges más a gusto el sueño que cuando sabes que al levantarte no tienes nada que hacer. Hoy por dormir esos diez minutos de más he comenzado el día con dolor de cabeza. Luego me he ido a pasear con Brave, pero mi madre no me deja ir sola por la vida y se ha venido conmigo y cuando está ella lo organiza todo y ha elegido el camino y todo. Luego, bueno, ayer no os lo llegué a decir, más bien lo escribí y luego lo edité. Resulta que el vestido azul que me compré resultó ser el mismo que el de otra invitada amiga mía a la boda y como yo me lo compré después y ella tiene más exámenes, pues me tenía que buscar otro. Ahora tengo uno coral que es más cómodo, eso sí, aunque no tiene escote por lo que el mundo se perderá parte de mis encantos, aunque lo bueno es que podrá bailar más tranquila sin estar pendiente de enseñar demasiado. Claro que, a comprar el vestido también ha venido mi madre y me ha puesto una cabeza como un bombo, sobre qué vestido llevar, qué zapatos, qué todo... O.O por eso me fui a comprar con las chicas. Y, cuando pensaba que ya lo había superado, cuando ya tenía nuevo vestido y me estaba haciendo a la idea de no ponerme mi bonito vestido azul, ha subido mi madre con otro vestido de una graduación pasada diciendo que ese era el mejor para la boda. Flipas pipas, lo dices después de que me compre no uno, sino dos vestidos (¬.¬'). Ya os contaré qué pasa con los vestidos, es verdad que echo de menos el escote en el vestido coral, pero si pienso en Sadee, la verdad es que el vestido coral es perfecto, me parece que en una celebración para ella, donde ella es la protagonista (ella y Mael), encaja muy bien, porque la verdad es que cuando lo veo pienso en Sadee. Aunque con el azul parezco una ninfa y eso me encanta, tengo que encontrar excusas para salir con vestido. 

En otro ámbito de cosas, y porque no me apetece más calentarme la cabeza con los vestidos, estoy aburrida. Tengo que limpiar mi habitación, que va a ser duro y no me apetece hacer nada. Si el bajón de energías tras los exámenes, el fiasco del vestido y las caminatas de tienda en tienda no fueran suficientes para agotarle la energía a una, ya están los horarios para el año que viene. Tendré que ir al hospital que está más lejos de donde vivo, el más alejado de la facultad. Tendré un montón de semanas de prácticas y no me gusta ninguna asignatura. Y no quiero. Es que no quiero, me entra el agobio, los nervios, el miedo, llamadlo como queráis, pero yo veo todo eso, comienzo a adivinar entre la niebla la silueta de la nueva gran montaña que tendré que escalar y fibrilo. No voy a poder. O podré, vale, pero no quiero. Es tan pesado, tan cuesta arriba. Me gustaría poder pasarme el año que viene haciendo algo que me gustase, pero en lugar de eso estaré de nuevo encerrada. Es una cárcel, eso es, cada año, es una celda de aislamiento en la que solo te dejan estudiar y al salir con tu permiso de vacaciones no sabes qué hacer ni cómo ha seguido el mundo. No sé si es por el cansancio o porque no tengo la motivación de los exámenes para engañarme a mí misma, pero  el año que viene no quiero estudiar medicina =( No puedo, no sé cuánto más puedo aguantar así.

Ahora mismo lo veo todo un poco oscuro, a mi alrededor solo tengo desorden que debo arreglar, trabajo y responsabilidades que había dejado aparcados por los exámenes, tendré que ir al médico con varios familiares para hacer de traductora, Ellen está ocupada y no ha mandado los libros, yo no sé qué quiero hacer. Bueno, eso sí, quiero esconderme debajo de mi cama y no salir nunca más.

Viva la positividad ¿verdad? Ahora os pondré algo de relato, en otra entrada porque el capítulo de hoy es largo y sino ocupa mucho, pero voy a sacar a Brave primero. Que pereza me da solo de pensarlo, tengo los pies hechos polvo :S

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