No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 23 de julio de 2014

El País de las Maravillas 2

Queridos lectores, 

Nuestro cuerpo nos da pequeñas señales que nos dicen lo que tenemos que hacer, nos da pista y hasta consejos. El problema es que nosotros no siempre estamos dispuestos a escuchar. Lo pienso ahora que sé que estoy incubando algo, que en unos días me pondré un poco enferma con el típico resfriado por culpa del aire acondicionado imagino. Lo noto en pequeños detalles, esos pequeños indicios que me da mi propio organismo. Por ejemplo, me apetece comer más y además comidas especificas, hidratos de carbono energéticos o muchas vitaminas, como si mi cuerpo me quisiera decir que necesita energías y reservas para enfrentarse a los puñeteros microorganismos que van a intentar derrotar. Luego son pequeñas cosas, ligeros mareos al levantarme, una vaguería demasiado arraigada... cosas que pasan desapercibidas a un observador externo pero que a mí me llaman la atención porque sé que no es lo normal. 

Y me pregunto si nuestro cuerpo nos puede dar pistas en otros aspectos de la vida aparte de en la salud y la enfermedad. Por ejemplo, me pregunto si las mariposas en el estómago que sentimos frente a ciertas personas son una indicación. Puede ser que nuestro cuerpo sepa antes que nosotros lo que sentimos. Tiene sentido porque el instinto primitivo no está contaminado por los pensamientos. Sí, digo contaminados como si pensar fuera algo malo, pero realmente a veces lo es, sobre todo, en lo concerniente a los sentimientos, pensar solo complica las cosas, y lo dice alguien con mucha experiencia en cagarla. ¿Es un error dejarse llevar por los pensamientos? ¿Es un error dejarse guiar por el corazón? ¿Cuál es la mayor locura, cuál es el mayor error? Sentir sin pensar o pensar sin sentir. Supongo que lo mejor será llegar a un equilibrio pero me he dado cuenta de que soy una chica de extremos y puedo hacer de todo menos ser equilibrada. 

Bien pues lo que voy a decir ahora no sé de dónde sale, desde luego no de la lógica y la razón, pero hace un par de días que he visto pasar por mi calle corriendo a... a alguien que despierta las mariposas de mi estómago. Y mi mente está barajando la idea de salir con Brave, con la excusa de estar paseando el perro, y esperar hasta que vuelva a pasar, preferiblemente más cerca de por donde él va corriendo. ¿Locura verdad? El caso es que sabéis quién es, no es otro que Zacarías, el chico por el que estuve colada todo el colegio e instituto hasta que llegué a la universidad, pasé años sin verlo y pensé que ya se me había pasado ese estúpido amor infantil sin fundamento. Hasta que tuvo que aparecer corriendo por la calle de enfrente, apenas unos segundo, ni siquiera un saludo, ni siquiera unas palabras, y ya me encontré temblando y analizando la ropa que llevaba en aquel momento. Pensando si él me habría visto o no. Penoso ¬.¬' lo sé. 

Bueno, dejemos esos rollos para otro día. Por ahora quedaros con la duda, la misma que tengo yo, de si esta tarde reuniré el valor para hacerme la encontradiza. 

En cuanto al relato, bueno pues es e último como dije y es el más distinto desde el punto de visto narrativo porque está en primera persona, es como si la Reina Roja escribiera su propio diario, su propia historia, y por un casual, nos encontramos el cuaderno en que ha escrito y lo leemos. Esta historia, la verdad, es que decidí escribirla en primera persona porque es un personaje que escribí para mi misma. No sé si conocéis la serie de "Érase una vez" pero a mí me encanta y en un día de estos de aburrimiento, decidí inventarme un personaje para colarlo en mis fantasías mentales de cómo sería la cuarta temporada y poder verlo desde dentro. Como yo soy muy buena persona, y por buena persona me refiero a muy pava e inocente, creé la historia de Gwen y los comienzos de la Reina Roja. Lo explicaré más a fondo cuando conozcáis más la historia, pero como en principio, el personaje lo inventé poniéndome a mí en su piel pues pensé que sería divertido escribirlo en primera persona. Espero que os guste :)

El País de las Maravillas

CAPÍTULO 2

El País de las Maravillas. El lugar donde todo era posible. Allí aterricé siendo tan solo una niña que huía de su padre. Me levanté del suelo sin dar crédito a lo que mis ojos veían. Había hierbas de color arco iris, el agua fluía contracorriente, el aire olía a azúcar. Aquello debía ser un sueño, me dije al principio. También consideré la posibilidad de haber muerto y estar en alguna especie de cielo, pero me seguían doliendo los pies y los arañazos que había sufrido en mi intensa carrera, así que supuse que seguía viva. Deseé en aquel instante que mi piel se recuperase para no sentir tanto dolor y, al menos, poder andar con facilidad y, para mi sorpresa, todas las heridas de mi cuerpo se cerraron con una brillante luz. Aquel fue mi primer contacto con la magia, claro que entonces no sabía que gracias al corazón de mi madre me había convertido en una poderosa hechicera.

Entonces solo era una niña en un mundo extraño. E hice lo que hacía siempre que me encontraba perdida o abatida, miré al cielo y busqué la estrella de mi madre. Pero no estaba, aquel cielo no era el mío, porque (y realmente pensé que estaba loca, pero era real) ¡las estrellas se movían! Como peces que buscan su lugar en el gran océano del firmamento. Las constelaciones cambiaban de posición y hasta parecían discutir entre ellas por quien se colocaba en cada lugar.

Tragué saliva sin atreverme a moverme, hasta que me dije que era una locura permanecer allí, tenía hambre y sueño y todas aquellas cosas tan raras me estaban volviendo loca. Todo era, simplemente, tan distinto, tan luminoso. Eché a andar cuando una voz me gritó.
—Eh, gigantona, ¿qué crees que estás haciendo?
—¿Yo? ¿Eh?
A mi alrededor no había nadie. Pero no era junto a mí, sino debajo de mí. Una pequeña oruga azul estaba fumando con una pipa y yo casi lo había pisado.
—Disculpe, no lo había… visto.
—Ya, claro. Has estado a punto de pisarme como si fuera un vulgar bicho.
—Es que eres una oruga.
—¡Oh, niña insolente! Soy el señor Oruga para ti y resulta que yo lo sé todo.
—Seguro que desde ese ángulo ves muchas cosas—Me era imposible no bromear, estaba hablando con una oruga fumadora y parlante, el humor era mi mejor opción.
—Pero serás… Pues resulta Gwen que sé más cosas de las que crees. Puede que yo tenga todas las respuestas que buscas sobre este nuevo mundo.
—Pero eres una oruga —Dije sin comprender —Esto debe ser un sueño, una pesadilla ¿o estoy muerta? Ya no entiendo nada.
—¿En serio? Y se supone que tú eres la salvadora.
—¿Qué yo qué?
Realmente, la oruga nunca ha sabido comunicar las noticias con tacto. A día de hoy sigue igual o peor. En aquel momento, el pequeño bicho mordió un pedazo de la seta en la que estaba sentado y creció dos metros ante mis ojos convirtiéndose en un enorme gusano gigante que fumaba en pipa.
—¿Cómo has hecho eso? —Pregunté asombrada.
—Yo, Gwen, soy el oráculo de esta tierra. Lo sé todo, lo veo todo y llevo mucho tiempo esperándote.
—¿A mí?
—Sí, a ti, pequeña niña irrespetuosa. Ahora calla y déjame acabar. Te encuentras en el País de las Maravillas, un mundo mágico muy distinto al oscuro mundo del que provienes. En esta tierra, la magia abunda en el aire y cualquier cosa es posible si se cree en ello. Durante siglos, solo aquellos puros de corazón que creían de verdad podían llegar a este mundo huyendo de los horrores que los perseguían. El País de las Maravillas se convirtió en el refugio de todos los seres buenos de los distintos mundos, todo tipo de criaturas que no has podido siquiera imaginar. No has de perder de vista que este es un mundo de magia que ha dado la bienvenida a todas las almas desesperadas en sus momentos más oscuros, dándoles asilo y un lugar en el que todo fuera posible. Pero, tiempo atrás, hubo una grieta en la frontera. Un ser cruzó a nuestro mundo sin ser verdaderamente puro de corazón. O, quizás sí que lo era y fue aquí donde se corrompió. Sea como fuere, al llegar al País de las Maravillas, ver la magia que esta tierra escondía e imaginar el poder que su control podría darle sobre ella, lo hizo enloquecer por la ambición. Comenzó a esclavizar a las criaturas mágicas que vivían en paz en nuestro mundo, quiso hacerse con el control de la magia que poblaba el aire. Buscaba usar toda nuestra magia, todo nuestro poder para dominar no solo este mundo, si no todos los existentes. Lo que él no sabía era que la magia no es algo que se pueda dominar, ella misma tiene alma y puede decidir quién la posee y quién no. La magia blanca, por ejemplo, solo anida en los corazones puros, mientras que la magia negra, prefiere los corazones rotos.
—Mi madre me dijo eso. Me dijo que yo podía tener magia.
—Y la tienes Gwen. Por eso te necesitamos. La magia del País de las Maravillas logró refrenar las ansías conquistadoras de este ser, pero a cambio pagó un alto precio, pues la única forma de contenerlo fue convirtiendo su exterior en lo que reflejaba su alma: en un monstruo. Las gentes de por aquí lo llama el Galimatazo. La criatura más temible y feroz que hayas podido contemplar. La magia lo retiene en esa forma inhumana y él así no puede recordar sus deseos de controlarla para apoderarse de los mundos, pero su ser corrupto permanece y lleva siglos asolando el País de las Maravillas.
—¿Y qué pinto yo en todo eso? Solo soy una niña.
—Pero eres una niña especial, ¿verdad? Una niña nacida y criada en un poblado celta, una tierra de magia y misterio, sabes lo que la oscuridad puede hacerle a las personas, y tienes un corazón especial ¿no es cierto?
—No… no lo sé. Eso creo.
—Lo tienes. —Inhaló de su pipa y dibujó círculos de humo—Puedo leerlo en el humo. Solo el portador del Corazón de la Estrella podrá derrotar al Galimatazo.
—El Corazón de la Estrella. —Mi mano fue inconscientemente al bolsillo donde guardaba la reluciente piedra que mi madre me había dado.
Ella había dicho que aquello era el corazón de una estrella, que sería lo que me daría la magia. ¿Sería cierto?¿Aquella locura era real? Quizás fue porque era una niña, quizás fue porque siempre había creído en la magia, porque mi madre me había enseñado que todo era posible si tenía fe, y yo la tenía. No importa. El caso es que, por alguna razón que aún hoy sigo sin conocer, creí en las palabras de la Oruga como si fuera lo más natural del mundo. De alguna manera, siempre había sabido que había un destino distinto para mí, algo especial que me aguardaba a mí y a nadie más. Que toda aquella fe en la magia tenía un sentido de ser y no existía meramente para llenar mi cabeza de sueños y fantasías.

Yo era la salvadora de un nuevo mundo que apenas había conocido pero que ya consideraba más mi hogar que el mundo que había dejado atrás. Me aguardaban muchos peligros. No podía evitar preguntarme cómo sería aquel Galimatazo, quién habría sido antes de sucumbir a la ambición o si mi fe y mi magia serían suficientes para derrotarlo. Esperaba que así fuera.
—Bien, ¿qué tengo que hacer?
—Prepararte para la lucha, por supuesto. Tiene que estar al caer, siempre llegando tarde…
—¿Quién…?
Pero antes de que pudiera decir nada, un conejo blanco vestido con una chaqueta roja golpeó mi pierna.
—Llegas tarde como siempre, Conejo—Dijo la Oruga.
—Lo sé, perdón. Pero así habéis tenido más tiempo para charlar. Hola, Gwen, yo soy Conejo y te guiaré en tu misión de derrotar al Galimatazo.
—¿En serio? No te ofendas, mas solo eres un pequeño conejo.
—Y tú una pequeña niña. Sin embargo, has huido de un padre oscuro, posees magia y has logrado viajar a un mundo totalmente nuevo. No hay que subestimar las capacidades de una persona por sus apariencias, ni las de un conejo.
—Tienes razón.
—Pues bien, Gwen, ¿estás preparada?
—Lo estoy. 

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