No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 31 de julio de 2014

El País de las Maravillas 7

Queridos lectores, 

Dos días de ausencia sin escribiros y en esos dos días, afortunadamente, mi rutina cambió un poco. Como os dije, Sadee y Mael vinieron a pasar el día de ayer, primer visita oficial de la pareja :) ¡Yupiii!

Así que el día anterior estuve preparando cositas, y por cositas me refiero a recetas y comidas. Me encanta cocinar, esa es una faceta de mí misma que no tengo demasiado desarrollada porque no estoy acostumbrada a cocinar para mucha gente. Claro que cuando estoy yo sola estudiando entre semana pues me cocino yo, pero en esos momentos todo es simple y rápido porque es solo para mí y la comida se reduce a una obligación, algo que tengo que hacer entre la universidad y estudiar y entre estudiar e irme a la cama, siempre estoy agotada y solo me apetece hacer algo sencillito y rápido para tumbarme. Cocinar en mi casa, para mis padres y mi hermano está bien, pero tiene dos inconvenientes: el primero es que mi hermano se lo come todo y tengo un poco de cargo de conciencia por cebarlo en ocasiones demasiado; el segundo es que mi padre disfruta sacando todos los fallos posibles, él piensa que criticando absolutamente todo lo que hacemos nos ayuda a mejorar, veo que no ha aprendido el valor de un buen cumplido. 

Así que cocinar para Sadee y Mael fue todo un placer. Por la mañana fui de compras, por la tarde me puse a amasar como una loca. Hacía ya tiempo que tenía unas cuantas recetas en mi mente. Os he dicho ya que soy una gran aficionada a la serie de Once upon a time, pues mi personaje favorito, la Reina Malvada aka Regina Mills, tiene dos platos especiales: hojaldres de manzana y lasaña. Exactamente dos platos que me moría por hacer. Comencé por los hojaldres, pero a mí me gusta improvisar así que utilicé parte de la masa para hacer "picoteo" y me inventé unos hojaldres ciertamente raros: comenzando por unos hojaldres de lentejas con un poco de cebolla y queso, suena raro pero a Sadee y a Mael les encantaron; otros cuantos de plátano frito con canela y otros de aguacate, porque a Sadee le encantaba el aguacate y tenía que usarlo en algo. Los hojaldres de manzana fueron entretenidos de hacer, hice cuatro y todos diferentes, uno era solo manzana, otro era manzana y canela, otro llevaba plátano y otro llevaba de todo. 

Pero lo mejor vino al día siguiente. Madrugué para ponerme manos a la masa, nunca mejor dicho, para hacer la lasaña. Una vez más, me inventé completamente la receta. La hice toda de verduras porque mis invitados eran vegetarianos y mi madre no paraba de decirme que a ella las lasañas no le gustaban, porque se deshacían, que no me iba a salir bien, que ella, por si acaso, iba a hacer una ensalada de patatas y a comprar algo más. No me opuse, pero estaba determinada a hacer la lasaña y tras un par de horas en la cocina ¡lo logré! Oh, estoy muy orgullosa de mí misma, estaba buena y encima se mantenía en su sitio, ni se deshacía ni nada por el estilo. 

De todas formas, la cocina no fue lo mejor del día, ni mucho menos, me lo pasé muy bien con la parejita, fue muy bonito verlos interactuar con todo ese amor que desprenden a caudales y yo disfruté mucho de su compañía, de tener alguien más con quien hablar a parte de mi perro y tener la oportunidad de compartir con ellos mi pequeño mundo de montañas y caballos ;) 

Hoy, la historia ha sido muy diferente, no solo porque no he cocinado, sino porque me han llamado unos amigos de mi madre para ofrecerme un trabajillo de traductora. Yo sé inglés y francés, pero nunca he hecho de traductora en serio, para temas formales y oficiales. Así que confieso que esta mañana estaba bastante nerviosa sin saber muy bien qué se esperaba de mí. Al final ha sido una buena experiencia y me han pagado por hablar un rato por teléfono y mandar un mail, por lo que no me quejo, incluso puede que me vuelvan a llamar para algo y me viene estupendamente bien porque tengo que ahorrar para comprarme un fonendoscopio. 

Una última cosa, sobre los relatos. Hablando con Sadee que es la única que se los lee y me dice cosas pensé que había algo que necesitaba cierta explicación. La Sirenita y Mulán las escribí mezclando la historia "real" lo que sabemos que pasa en la película o en el libro mientras intercalaba la historia o el pasado de los malos. En la Bella durmiente y en este relato del País de las Maravillas, las cosas cambian porque me parecía que se hacía más largo y tedioso si contaba las cosas del cuento que ya se sabían. Digamos que en esta historia yo cuento la vida de la Reina Roja mientras que la historia de Alicia va en paralelo. En este punto, en este capítulo es cuando Gwen, la Reina Blanca se vuelve malvada y, como sospecharéis, Alicia tiene gran parte de la culpa. Pero la idea es que esto, todo esto que yo escribo es una parte de la "historia" que se salta la película, esta visita de Alicia es cuando ella es más joven, un primer viaje en la que propicia la maldad de la Reina. Después Alicia la olvidará, años después la pequeña vuelve al País de las Maravillas y ahí es cuando sucede lo que se ve en la película. Este relato sería el por qué de algunas de las cosas que pasan en la película desde mi punto de vista rebuscado. Nada más, gracias por leer :)

El País de las Maravillas

CAPÍTULO 7

El tiempo pasaba, pasaba y se hacía eterno. ¡Estaba a punto de enloquecer! Necesitaba ver a John, saber que estaba a salvo, que estaba bien. Perdí la cuenta de las horas que estuve esperando frente al portal. John había salido a buscar mi Corazón junto con otros soldados. Se suponía que tenían que ir al punto de encuentro, donde Conejo los esperaría para volver al País de las Maravillas. Pero tendría que haber pasado ya, tendrían que haber llegado ya. ¿Por qué estaban tardando tanto? Toda clase de malévolos pensamientos invadían mi mente llenándola de malos presentimientos.

Por fin, el portal se abrió con una brillante luz. Los soldados blancos pasaron unos tras otro. Yo esperaba ver aparecer a John en cualquier momento. Esperaba que entrara andando, quizás herido, con el Corazón en la mano o sin él, no importaba. Esperaba todo menos lo que vi. Unos soldados llevaban su cuerpo mientras el Conejo portaba su cabeza.
—No puede ser —Murmuré.

Lo dejaron tumbado a mis pies, la cabeza unida al cuerpo como si acercándolos pudieran disimular el espacio entre sus vértebras. Estaba muerto.
—¿Cómo… cómo ha pasado? — Conseguí decir entre lágrimas.
—La niña, Alicia— Comenzó a decir Conejo— cogió el Corazón para enseñárselo a su padre y demostrarle que nuestro mundo existía. John la encontró, lo vieron zarandear a la niña para conseguir la roca. Aún así, se la quitó y fue al punto de encuentro con el Corazón en su poder, pero yo… Yo me retrasé —Dijo el Conejo con la mirada arrepentida—Llegué tarde a la cita, perdí la noción del tiempo y lo capturaron. El padre de Alicia lo había denunciado y lo decapitaron por intentar secuestrarla.
—¿Pero por qué Alicia no dijo nada? ¿Por qué no dijo la verdad? Que él no la había atacado.
—La niña no quería que su padre creyera que estaba loca. John intentó explicarles lo que había sucedido, pero lo tomaron por loco y su sentencia se agilizó.
—No… No es posible…—Era lo único que podía repetir.
—Pero hemos recuperado el corazón, Majestad.
—¿El Corazón? No me importa en absoluto ese trozo de roca. Solo quiero recuperar a John.
—Ha muerto, mi Reina, le han cortado la cabeza.
—No. No, me niego a creerlo. Todo es posible en el País de las Maravillas.

Lo creía realmente. Tenía fe. John no podía morir, no podía ser. Concentré toda mi energía, toda mi magia, todo mi ser en que su piel, su carne y sus tejidos volvieran a unirse. Notaba como mi cuerpo se iba agotando, pero me daba igual, no importaba nada. Solo John, solo él. Ante la mirada atónita de todos los presentes, el cuello de John volvió a la normalidad. Esperé. Y esperé. Sin apenas respirar, no era capaz, no volví a la vida hasta que John volvió a respirar. Estaba vivo.
—John, John, ¿estás bien?
—¿Bien? Claro que estoy bien, ¿es la hora del té? ¿Yo tomaré medio?
—¿John?
Algo no iba bien. No era el mismo, sus ojos no eran los mismos, habían perdido su brillo especial.
—¿Quién es John?
—Pues tú.
—¿Yo? ¿Y quién eres tú?
Aquellas fueron las palabras que rompieron mi corazón. John se había puesto de pie, bailando, saltando, había enloquecido, no era el mismo.
—Mi Reina —Dijo el Conejo— El sombrerero ha perdido la cabeza.

Mi corazón benevolente se había roto. Ya sabía lo que se sentía, ya sabía lo que era. La rabia, el odio más profundo y ardiente.
—Ya lo veo. ¿Y de quién crees que es la culpa?
—¿Mi Reina?
El Conejo me miraba con miedo y no era de extrañar. Incluso yo había notado que mi voz sonaba diferente, que mis ojos habían cambiado. Jess, la esposa del Conejo, se puso a su lado.
—Has llegado tarde ¿cuántas veces desde que te conozco has llegado tarde? Y te lo he perdonado, porque eso era lo que hacía, lo que soy. “El corazón benevolente, el perdonador” la que todo lo perdona y a todos quieres. Pues se acabó. Tus ofensas no serán perdonadas por más tiempo.
Con un movimiento de mi mano, convertí a su esposa Jess en un reloj y lo anudé a su cuerpo. El Conejo me miró sin entender lo que pasaba.
—Has condenado a tu esposa por tu impuntualidad. La próxima vez que llegues tarde, esa pequeña maquinaria se hará pedazos.
—El conejo tiene un relojito—Comenzó a gritar John.
No podía verlo así. Ver su cuerpo, su rostro, pero no verlo a él, que no me reconociera.
—Llevaros a ese sombrerero loco fuera de mi vista. —Le dije a unos guardias.

Miré a mi alrededor por primera vez desde que John había vuelto. Hasta entonces nunca había caído en lo blanco que era todo. Mi vestido blanco, las baldosas blancas, las rosas blancas… todo me recordaba a él. No podía soportarlo. No podía vivir en un mundo en el que John estaba vivo, pero no me recordaba, no me amaba.
—¡Guardias! Quitad todas esas rosas blancas, no quiero ver nada más blanco.
—¿Y de qué color las quiere?
Miré mi vestido, manchado de la sangre de John. La sangre me recordaría la rabia, el odio, eso era lo único que me quedaba.
—Rojo. Que sea Rojo.
—Comenzaremos a arrancar las rosas de inmediato. —Dijo uno de los guardias. Pero entonces recordé la promesa que le había hecho a John, le dije que nunca las quitaría.
—No. Arrancadas no. Pintadlas de rojo.
—Pero mi Reina…
—¡Pintadlas de rojo! ¡Ahora! — Grité.

Todos los guardias salieron corriendo, aterrorizados por mi recién encontrada rabia. Solo unos cuantos guardias permanecieron a mi lado. Me acerqué a ellos y al Conejo.
—Y la próxima vez que Alicia ponga un pie en el País de las Maravillas… quiero que le corten la cabeza. 


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