No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 13 de julio de 2014

La Leyenda de la Bella Durmiente 3

Queridos lectores, 

Pues ya ha pasado la despedida de Sadee, lo que significa que puedo hablar con libertad sin miedo de estropear ninguna sorpresa, cosa que tengo la mala costumbre de hacer a veces (aunque no a propósito).

Lo cierto es que el tema de la despedida llegó a ponerme un poco nerviosa porque nunca antes había asistido a ninguna despedida de soltera. Principalmente porque ninguna de mis amigas se ha casado y también influye que hasta hace apenas unos tres años tampoco tuviera muchas amigas. Todo lo que sabía sobre despedidas de soltera eran las escenas que he podido ver en películas sobre hombres de uniforme acabando en tanga y cosas subiditas de tono que, estaba claro, que a Sadee no le iban a gustar. Así que me dije que una despedida podía ser simplemente como un cumpleaños, una fiesta sencillita con un regalo y pasarlo bien, sin más tarea. Pero, claro, tampoco ese concepto era el más adecuado porque, aunque quisiéramos algo sencillo, no dejaba de ser una ocasión más especial que un cumpleaños porque años se cumplen (como dice la palabra) cada año, despedidas de soltera solo hay una. Un poco tarde, he de admitirlo (mi mente va con efecto retardado) se me ocurrió buscar en internet "ideas para una despedida de soltera". Había muchas cosas interesantes pero partíamos con dos limitaciones: el presupuesto y, en lo que respecta a mí misma para organizar, mi poco conocimiento sobre la vida nocturna o la vida en general, puesto que la despedida iba a ser en la capital y yo solo me conozco la zona de la universidad. 

Pero Kim propuso la playa, que es gratis, y partimos desde ese punto. No os voy a mentir, fue un poco jaleo organizarlo entre todas con el contacto solo por teléfono porque estábamos cada una en su pueblo y algunas incluso seguían en exámenes. Sin embargo, al final logramos arreglarlo todo lo mejor que pudimos y el resultado no estuvo mal. La suerte nos acompañó un poco y justo el día en el que cenamos en la playa tuvimos una luna llena espectacular, de hecho una que no se repetirá en mucho tiempo por algún asunto de alineaciones de astros que no he escuchado muy bien, hizo muy buena noche y a medianoche hicieron un castillo de fuegos artificiales muy bonito. Detalles que tuvimos gratis pero iluminaron la noche. Lo que sí saqué de esas páginas de internet fue la idea de personalizarlo todo lo máximo posible y me pasé las últimas semanas bordando un pañuelo con sus nombres y una frase "happily ever after" (felices para siempre) porque Sadee (su nombre real) significa princesa, Mael significa príncipe y, como os dije el día que hablé de su boda, parecen tan hechos el uno para el otro que siempre los imagino como la típica pareja Disney. Quizás porque mi mente es muy infantil, quizás porque Sadee encaja con la descripción de las princesas, siempre amable, bondadosa, valiente... El caso es que son mi pareja de principitos y de ahí me vino también la idea de escribirles un relato personalizado. Porque Sadee es la única que conozco que lee mis relatos que voy poniendo aquí y le gustan y pensé "¿y si hago uno especialmente para ella?" Tomé como punto de partida Campanilla y la Hondonada de las Hadas para que pudiéramos salir todas como amigas de Sadee. Al principio pensé que lo imaginaba sin más y después lo contaba, en plan cuentacuentos, pero después, apenas dos días antes, me dije que mejor si lo tenía por escrito y me pegué una panzada escribiendo el relato que ahora voy a ampliar un poco porque he tenido más ideas. Aunque lo que más me costó fue el bordado, también tuve miedo durante una temporada pensando que no lo acabaría a tiempo. Oh y también hice un vídeo con fotos de Sadee con las demás. 

En mi ímpetu por personalizar, hasta reinventé un par de juegos típicos para ella. Eire hizo cócteles sin alcohol para beber algo distinto, todas nos preocupamos de llevar comida vegetariana para Sadee y apta para celíacos por Eire. Adele puso música, Kim nos dejó su casa, Ada puso la seriedad en la organización consiguiendo que sobreviviéramos a mis nervios, Mérida nos hizo de cebo retrasando y llevando a Sadee hasta que todo estuvo listo y Liv usó sus influencias para meternos gratis en una de las mejores discotecas después de la fiesta en la playa. 

Vaya, qué rollazo he metido. En fin, solo quería hacer un repaso mental de todo lo que ha supuesto esta experiencia. Ha sido divertido organizarlo, también un poco estresante a veces, pero sobre todo, fue divertido vivirlo. Una experiencia irrepetible, personalizada, barata pero muy especial, yo creo. Aunque mejor, todavía, será la boda, pero para eso tendréis que esperar una semana más. 

Y ahora, queridos míos, voy a ponerme a escribir porque con tantas emociones he sido incapaz de concentrarme estos últimos días. Os dejo otro poco de relato y espero que os guste :)

La Leyenda de la Bella Durmiente

CAPÍTULO 3

Los días pasaron mientras Sigfrido seguía colmando a Brunilda de atenciones, besos y promesas. Hablaron de lo que harían al llegar a su reino, de su boda, de su nueva vida juntos. Brunilda nunca había sido tan feliz, en toda su vida inmortal nunca se había sentido tan completa, tan viva, como aquellos días con Sigfrido.

Cuando, por fin llegaron al reino de Sigfrido, toda una comitiva de bienvenida los recibió. AL parecer, tan solo el día anterior habían llegado unos importantes visitantes, los gobernantes del reino vecino. Sigfrido le contó a Brunilda que, en el tiempo que había pasado durmiendo, una nueva religión venida desde tierras extranjeras trataba de convencer a los habitantes de aquellas tierras del norte que los dioses con los que habían crecido eran meras invenciones o que eran demonios de los avernos. Se hacían llamar cristianos y según ellos solo había un único dios verdadero.
—¿En serio? ¿Solo tienen un dios? —Preguntaba Brunilda curiosa. —Pues ese pobre dios debe estar agotado si realiza él solo todos los cometidos de los dioses.
—Hace tiempo que los dioses parieron abandonarnos y la gente necesita algo en lo que creer.
—¿Y qué hay de ti? —Preguntó Brunilda.
—Siempre he creído más en la fuerza de mi espada que en el favor de los dioses, hasta que conocí y supe que Odín te había puesto en mi camino —Le dio tierno beso— Además, los cristianos son demasiado intransigentes. Llegan desde tierras lejanas, les dicen a las gentes de aquí que todo en lo que han creído siempre, los dioses a los que sus antepasados adoraron, son demonios y esperan que todos los crean sin más. Aquel que se niega, es eliminado.
—Pues seguro que no les hace demasiada gracia conocer a una valkiria de Odín.
—Eso será lo más divertido. Esta noche cenaremos todos juntos, los gobernantes del reino cristiano y nosotros. Aprovecharé para anunciar mi futuro enlace con la mujer más hermosa de mi reino.

Sigfrido rozó sus nudillos con los labios en un gesto caballeroso.
—Esta noche pues —Sonrió ella— Ahora he de partir. Necesito hablar con las nornas para saber lo que ha pasado en el Asgard durante mi ausencia. Pero volveré para la cena.
—Sí así lo quieres, así será.

Sigfrido la rodeó con sus poderosos brazos y se fundieron en un ardiente beso. Su último beso. Brunilda se marchó para hablar con las nornas. Ellas le mostraron la lucha de Sigfrido con el dragón, le hablaron del debilitamiento de los dioses y de la cercanía del Ragnarok. Les dio las gracias a las tres hermanas y se dispuso a marcharse cuando Skuld, la norna que veía el futuro, la agarró del brazo.
—Cuidado, Brunilda, nuevos peligros acechan. Bajo la blanca máscara, se oculta la oscuridad.

Brunilda no entendió entonces sus palabras. Tan solo al llegar de nuevo al reino de Sigfrido, comenzó a notar que algo iba mal. No le dejaron verlo ni hablar con él. Le dieron un traje con la orden de que se vistiera y acudiera a la cena. Se sentó donde le ordenaron, demasiado lejos de él. Observó con cautela a todos los presentes. Sigfrido con una corona y un manto a sus espaldas, sentado junto a dos reyes de pelo cano y una muchacha pelirroja que parecía ser la princesa del reino cristiano. Tras la cena, Sigfrido se levantó y pidió silencio. Brunilda se preparó creyendo que aquel sería el momento en el que anunciaría su compromiso.
—Hermanos, esta noche no solo celebramos mi regreso a casa, sino también algo mucho más importante. Celebramos que he hallado a la mujer que se convertirá en mi esposa y vuestra reina. Ella me ha hablado sobre los dioses y me ha abierto los ojos a la verdad. Aceptando mi propuesta de matrimonio, me ha convertido en el hombre más dichoso de todos los reinos. Os presento a todos a la mujer más hermosa de estas y cualquier tierra, mi futura esposa — Y Brunilda esperó oír su nombre —Krimilda —Pero no lo hizo— Krimilda, la princesa del reino cristiano, me ha hecho ver la farsa en la que hemos estado viviendo todos estos siglos. Los dioses del Asgard no existen, son meras fantasías, demonios engañosos. Solo hay un dios verdadero, el dios cristiano. Por eso, he decidido que abandonaremos nuestras creencias paganas y veneraremos al único dios verdadero y, como prueba de buena fe, cambiaré mi nombre por uno de origen cristiano. Seré bautizado por el rito cristiano como rey Stephan.

Brunilda se había quedado paralizada. Dónde estaba el guerrero valiente y honorable que había conocido. En una sola tarde la había traicionado, se había prometida con otra sin decirle nada, renegaba de sus dioses e imponía a su pueblo la religión que él mismo había tachado de intransigente. La sala estalló en aplausos más o menos efusivos. La mayoría de los presentes no iba a aceptar de buen grado el cambio en sus creencias, pero ninguno se atrevería a contradecir al rey que había matado a un dragón, como atestiguaba la cabeza de la bestia que Sigfrido… o Stephan, ya había hecho colgar en la pared sobre el trono. Brunilda sintió que todo le daba vueltas, creyó que iba a desmayarse. Pero ella era más fuerte que todo aquello, realmente creía que su amor era más fuerte, tenía que haber una explicación. Se levantó de su asiento y fue a hablar con Sigfrido.
—Sigfrido.
—Stephan —La corrigió con firmeza.
—Stephan—aceptó de mala gana— ¿qué ha pasado? ¿a qué viene todo esto?
—No te entiendo. —No la miraba a los ojos, por qué no la miraba a los ojos.
—Íbamos a casarnos.
—No me hagas reír —dijo él—jamás pensé realmente en casarme contigo.
—Pero me dijiste…
—Te dije lo necesario para que me dieras abrigo durante el viaje, Brunilda. Mi matrimonio con Krimilda estaba más que sellado antes de eso. Es a ella a quien amo.
—No te creo. No puedo creerte.
—Pues deberías. Para mí, eres otro trofeo más de mi aventura. Tienes el mismo valor que ese dragón que cuelga de mi pared.

Brunilda se quedó sin fuerzas para retener las lágrimas. Pensaba que sus rodillas cederían bajo su propio peso. El corazón le dolía demasiado como para seguir latiendo.
—No llores Brunilda. He pensado en ti, después de todo lo que hemos pasado juntos —Dijo guiñándole un ojo obscenamente— era lo mínimo. He concertado tu boda con Gunther, el hermano de Krimilda.
—No puedes hacer eso. Me casaré con quien yo desee.
—Te casarás con quien yo ordene porque, mientras vivas en este reino, yo soy tu rey y me debes obediencia.
—No pienso quedarme aquí, no permaneceré en este lugar ni un minuto más viendo cómo os burláis de mí.
—¿Y dónde piensas ir? Tus dioses ya no te aceptarán, las valkirias deben ser vírgenes ¿recuerdas? Y tú, mi pequeña Brunilda, ya no lo eres.
—Miserable.

Brunilda no pudo contenerse por más tiempo y se lanzó sobre Stephan, golpeando su cara y cualquier parte de su cuerpo que podía alcanzar. Solo duró unos instantes, antes de que una horda de soldados la agarrara y la sacaran a rastras del castillo.

En mitad de la helada noche, Brunilda comenzó a implorar a los dioses.
—Odín, por favor, si alguna vez he significado algo para ti, perdona mis ofensas, acógeme de nuevo. Por favor.
Las lágrimas se congelaban en su rostro aunque ella ya no podía sentir nada. Los dioses no respondieron. Había vuelto a confiar en la bondad de los humanos y habían vuelto a traicionarla. Y, aquella vez, el castigo no tendría fin. Ya no habría un corazón puro que la despertara, nunca lo había habido. Jamás podría volver a ser valkiria porque había caído en los brazos de un hombre; Sigfrido o Stephan la había hecho creer que la quería y la había abandonado. Y lo peor de todo era que ella había sido tan estúpida como para realmente enamorarse de él, como para seguir extrañando sus brazos, como para seguir deseando sus besos. Pero el hombre del que ella se había enamorado, se dijo, nunca había existido. Sigfrido fue una invención, un personaje de una comedia para conquistarla, su verdadero ser, Stephan, había salido a la luz dejando claro que nunca la había amado.

Dos figuras oscuras aparecieron volando, Hugin y Mugin, los fieles cuervos de Odín, parecieron los únicos en escuchar sus súplicas y sentir pena por ella. Serían su única compañía.

Ahora estaba sola, sin lugar al que acudir, sin fuerzas para pelear y solo veía dos opciones. O se quedaba en la fría nieve y moría congelada o volvía al palacio aceptando que Stephan fuera su rey y acatando sus órdenes de casarse con un hombre que no amaba. La idea de morir de frío la asustaba, pero la idea de otro hombre poseyendo su cuerpo la asqueaba incluso más. Así que decidió quedarse allí, a la intemperie, esperando a que el frío hiciera su trabajo.
—Yo puedo ayudarte, Brunilda.

¿Quién había hablado? Miró a su alrededor pero no había nadie.
—Aquí abajo.

Bajó la mirada y, en sus rodillas, había una placa de hielo formada por sus propias lágrimas en la que se veía la imagen de una hermosa mujer de cabellos rubios.
—¿Quién eres? —Preguntó. — ¿Freya?
—No, no soy una diosa. Soy una mujer a la que también rompieron el corazón, Brunilda, y puedo ayudarte.
—¿Puedes hacer que el tiempo vuelva a atrás y que Stephan nunca me despertara?
—No. Pero puedo hacer algo mejor. Puedo darte el poder para que nunca vuelvas a depender de nada ni de nadie, para que hagas las reglas de tu propia vida y no vuelvas a temer a dios ni a mortal alguno. No tendrás que casarte con nadie que no desees.
—¿Cómo?
—Es muy fácil. Yo me encargaré de todo. Te convertirás en una poderosa hechicera y nadie más podrá aprovecharse de ti ni de tu bondad. Podrás doblegarlos con un simple movimiento de tus dedos.

Miró a Hugin y Mugin que se revolvían inquietos en sus hombros, pero era lo mejor. Era lo que necesitaba. El ansía de vengar su ofensa la estaba consumiendo. Ella era una valkiria, una guerrera, no podía quedarse en la nieve y esperar a morir, no, se vengaría de todos aquellos que la habían menospreciado.

—¿Qué tengo que darte a cambio?
—Solo una cosa —dijo la mujer del hielo— Necesito que seas mis manos y mis ojos. Yo estoy atrapada en otro mundo y no puedo llegar al tuyo, por ahora. Necesito que recojas algo especial por mí. No será demasiado duro. Yo te diré dónde tienes que ir y cuándo.
—¿Solo eso? ¿Ser tu recadera en este mundo?
—Solo eso.
—Está bien. Trato hecho. ¿Qué hago ahora?
—Introduce tu mano en el hielo.

Brunilda pensó que estaba loca, pero lo hizo igualmente y se sorprendió cuando, en vez de chocar en la superficie, su mano se introdujo en la superficie del hielo sintiendo que asía algo. Al sacar la mano vio un frasco de cristal con un líquido oscuro.
—Bébetelo.

Brunilda se armó de valor y se lo bebió de un solo trago. Al instante, sintió que algo en su pecho la abandonaba dejando cabida un gran poder. Se sentía más fuerte, casi invencible, de repente, conocía más cosas, como si su mente también se hubiera ampliado y vio que en sus manos se formaban rayos verdes.
—La magia ya está en ti —Dijo la extraña.
—Gracias. —Se miraba con asombro las manos. Su piel parecía estar tomando un color más blanquecino o verde, no estaba segura —Por cierto, aún no me has dicho qué tendré que recoger en este mundo.
—Algo que abunda. Corazones rotos. Ahora haz lo que debas. Contactaré contigo cuando te necesite.

Brunilda se levantó y vio que sus ropajes se habían vuelto más oscuros y ceñidos. Decidió entrar a despedirse de su anfitrión, los cuervos la siguieron.
—Rey Stephan —Dijo entrando de golpe y derribando con un movimiento de su mano a todos los soldados que se acercaron a ella —Vengo a informarte de que he decidido rechazar el matrimonio con Gunther. Tengo nuevas prioridades en mi vida.
—¿Y cuáles son esas? —Dijo el rey sin inmutarse.
—Destruiros a todos. Reza a tu nuevo dios, necesitarás ayuda.

Y con una sonrisa, se volatilizó en una nube de humo verde. A partir de aquel día, las historias sobre ella corrieron sobre la pólvora. Las palabras de Stephan sobre que ella “tenía el mismo valor que el dragón que colgaba de su pared” le dio una idea y añadió a su vestuario dos cuernos sobre la cabeza. Las gentes ignorantes la asemejaron enseguida con la imagen del diablo que los cristianos habían propagado. Brunilda, la valkiria, desapareció bajo aquel manto de oscuridad y Maléfica surgió de sus  cenizas. 

***

Para que no os hagáis un lío, a partir de aquí Stephan = Sigfrido y Maléfica =Brunidal, puedo ir usando uno u otro según el momento, pero son la misma persona. 
Y así es como he conectado el cuento con la leyenda, ¿qué os ha parecido?

No hay comentarios:

Publicar un comentario