No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 8 de julio de 2014

Mulán. Capitulo final

Queridos lectores, 

Creo haberos comentado ya alguna vez que Brave es un perro al que, por raza y naturaleza, se le considera pastor. Así es como se han usado a los perros de su raza durante generaciones. Aunque mi Brave es un perrito especial, pues de ser un perro pastor, lo es con alma de patero. Por patero me refiero a los labradores que se usan para la caza del pato y lo vengo a decir porque a Brave le encanta el agua y nadar, se tira de pancheta y hasta bucea (bueno, mete el morro). La doble naturaleza de mi perro, pastor con alma de patero, es un reflejo más de que cada perro se parece al dueño. Sin duda, la dualidad la ha sacado de mí. 

Sadee me habló un día de mi dualidad malota/más buena que el pan. En realidad, creo que es algo más profundo. En mi mente se concentra un caso grave de múltiple personalidad en la que se enfrentan 2 personas: la persona que soy y la persona que quiero ser o la que los demás quieren que sea. Estoy un poco mal de la cabeza en el sentido de que siempre estoy dudando de mí misma y cuestionándome qué hacer con mi vida. Parte de mi problema con la indecisión insoportable que me caracteriza es que estas dos personas que ocupan mi cabeza son irreconciliables. Y creo que mi problema radica precisamente en que intento encajar en el mundo amoldándome a la forma de los demás. Me temo que estoy hecha de una pasta diferente, para bien o para mal, no me siento como el resto de personas que me rodean, yo miro el mundo desde un cristal distinto. Pero parece que medimos nuestra vida con unos patrones establecidos y, claro, mi vida no encaja con esos patrones. 

Lo que intento explicar, aunque mal explicado porque puede ser que quedarme hasta las 3 a.m. leyendo y luego madrugar para sacar al perro me esté pasando factura, es que desde que era pequeña me he esforzado por encajar en el mundo y ser como los demás. Porque era algo que no me salía de manera natural, no me sabía comportar como el resto de personas, no veía las cosas como ellas, yo le daba mil vueltas a cada pensamiento y lo complicaba todo, lo observaba todo, lo analizaba de manera distinta, simplemente. Pero lo distinto no se acepta de buen grado y se impone la normalidad. Así que me sentía desplazada de todo y de todos e intentaba encajar. Intentaba vestir de la misma manera, intentaba acoplarme a sus temas de conversación y a las cosas que son importantes. Así he creado mi doble personalidad. Una voz es la mía propia y la otra es la voz creada por las normas de la sociedad. Voy a ser un poco menos abstracta. Yo soy escritora, soy observadora, vivo volando y no con los pies en el suelo, me alimento de mi imaginación y me gusta creer en la magia. No sé por qué esto parecía no ser nunca suficiente, pero no lo era y quise poder vivir con los pies en la tierra, ser normal y encajar. Sigo sin hacerlo del todo y empiezo a pensar que no lo haré ni debería hacerlo. Si no encajo en este puzzle quizás es que pertenezco a otro. 

Último capítulo de Mulán, espero que os haya gustado :) le he dado la vuelta totalmente al cuento, lo sé, pero me molaba más así ;)

MULÁN

CAPÍTULO 11

—No —Fue todo cuanto Mulán pudo decir al saber la verdad sobre sus orígenes antes de que la espada de Atila se abalanzara sobre ella.
A duras penas, logró detenerla con la suya, el choque metálico la devolvió a la realidad. Aquello era imposible, Atila, el hombre al que había despreciado toda su vida y al que se había propuesto destruir, era su padre. La confusión que se había apoderado de su mente impedía que se concentrara en la pelea, pronto sintió un puñetazo que la derribaba al suelo, el sabor amargo de la sangre en la boca, todo se había vuelto un poco borroso, pero podía escuchar los pasos de Atila acercándose para asestarle el golpe final.
—Siento no haber sido un buen padre, hija. —Dijo con la ironía pintada en la voz
—¡Mulán! Mulán reacciona—La voz de Mundzuck la despertó. —Dile que él tampoco tuvo un buen padre, vamos, ataca.
—Será…—Estaba muy cansada para hablar— Será porque tú tampoco tuviste un buen padre.
La espada de Atila se detuvo justo antes de alcanzarla.
—¿Cómo…? No importa. No, no tuve un buen padre.
—Di mejor que no tuviste padre —Mulán no entendía lo que decía, se limitaba a repetir las palabras que le susurraba Mundzuck. —Él nunca te quiso.
Atila pareció palidecer y, por primera vez, retrocedió dando a Mulán la oportunidad de alzarse y recuperar su espada.
—Calla, no sabes lo que dices.
—Oh, sé perfectamente lo que digo. ¿Cómo iba a quererte? Si eras un mocoso llorar y ni siquiera eras de su sangre. ¿Qué dirían tus hombres si supieran que no naciste de los suyos? Que, realmente, no eres un Huno.
—Claro que lo soy.

La rabia y la desesperación hicieron que Atila se lanzara sin pensar en sus movimientos, ya no se movía como el guerrero frío y letal que era, sino como un hombre movido por la furia, algo que Mulán podía controlar. Seguía siendo demasiado fuerte para ella, pero no lo suficientemente rápido, sus movimientos se volvían previsibles y ella podía esquivarlos.
—No lo eres Atila. Reconócelo. No tienes su sangre.
—Eso no importa. Tengo su maldad. Vendí mi alma, mi oscuro corazón para lograr el poder.
—Y ni siquiera así pudiste lograr lo único que siempre habías querido, su reconocimiento y su amor.
—Cállate. —Sus movimientos cada vez eran más burdos y dejaba al descubierto los flancos.
—Lo estás haciendo muy bien Mulán—Dijo Mundzuck a su oído, mantente firme, queda poco para que se derrumbe y puedas atravesar su corazón.
—¿La verdad duele no? —Dijo ella.
—Ahora estaría orgulloso de mí. Soy el mejor guerrero que el mundo ha conocido, el más temido, el más sanguinario.
—Solo has conseguido que se avergüence más de ti por ser un hombre sin alma ni compasión.
—¿Acaso él la mostraba? ¿Dónde estaba su compasión cuando me pegaba y torturaba?
—No lo entiendes —Dijo Mulán repitiendo las palabras de Mundzuck— Él ya no la tenía porque era un hombre roto, había amado a su mujer y la había perdido, era incapaz de volver a amar y tú solo le recordabas lo que había perdido. Por eso, nunca podría llegar a quererte no importaba lo que hicieras. Tu padre ya se había condenado a morir tras una botella de alcohol. Así que has desperdiciado tu vida, vendiste tu alma y tu humanidad por un amor que no podía existir. ¿Ha merecido la pena?
—No… —Murmuró.

Atila dejó caer la espada, derrotado por sus palabras. Mulán se abalanzó sobre él clavando el filo en el centro de su corazón descubierto.
—Adiós, padre.
Un humo oscuro pareció abandonar su corazón a medida que su cuerpo perdía la vida. Mulán cayó al suelo exhausta tras tantas peleas y emociones. A sus pies, bajo la colina, la guerra continuaba, pero ella no tenía fuerzas para participar en más peleas sin sentido. Mundzuck se acercó a ella.
—Lo has hecho muy bien. Nosotros ya podemos irnos.

El espíritu de Atila apareció a su lado. Aunque el espectro que veía era distinto al hombre que había conocido, no tenía la oscuridad en la mirada. Mundzuck puso una mano sobre el hombro de su hijo y él sonrió esperanzado. Irónico tener que esperar a la muerte para que se cumpla el dueño de tu vida. Los dos miraron a Mulán, Atila con el arrepentimiento en la mirada, ella se limitó a asentir. Los perdonaba. Ya había pasado todo y solo quería dejar el dolor y la venganza atrás para encontrar una razón para vivir como le había prometido a Mushu.

El sonido del galope de un caballo precedió al capitán Shang. Si venía a por Atila llegaba tarde, como vio al contemplar su cuerpo sin vida, justo antes de posar su mirada sobre Mulán.
—¿Eres una mujer? —Dijo sin dar crédito.
—Sí, bueno, ¿y qué? He acabado con Atila.
—Pero esto es una traición. Las mujeres no pueden formar parte del ejército. Serás condenada a muerte.
—¿No puedes hablar en serio? He luchado honorablemente, os he salvado.
—Las normas son las normas.

Todos los espíritus que la habían estado ayudando aparecieron tras ella.
—Te haremos un último favor, Mulán. Provocaremos una avalancha en la montaña. Sube a tu montura y huye.
Mulán esperó al momento adecuado. Un temblor se extendió bajo sus pies hasta que la nieve comenzó a caer. Entonces subió a su caballo y se alejó al galope, esperando que el capitán Shang huyera a salvar su vida. Pero aquel oficial testarudo, estaba empeñado en ejecutarla, porque la siguió arriesgando su propia vida. La inmensa ola de nieve que se extendía tras ellos, alcanzó al capitán. Mulán se debatió consigo misma, pero no podía dejarlo simplemente morir. Trató de girar a su caballo, pero el animal se negaba a lanzarse hacia una muerte segura, así que se resguardó tras unas rocas lo suficientemente grandes como parar la nieve que iba a aplastarla y esperó a que todo pasara. Cuando las cosas se normalizaron, fue en busca de Shang esperando llegar a tiempo. Su espada había quedado lo suficientemente arriba como para que Mulán la viera y pudiera desenterrar. Su cuerpo estaba helado, maldita sea, se dijo, se arrodilló con él en sus piernas.
—Vamos Shang, vamos…
Trató de calentarlo, pero todo parecía inútil.
—¿Qué ha pasado? —Dijo la voz de Mushu.
—Me persiguió y la nieve lo cogió… Es culpa mía.
—No digas tonterías. Podía haberse salvado, pero lo pudo su orgullo y fue tras de ti.
—¿Puedes hacer algo? —Mulán lo miraba con lágrimas en los ojos.

Mushu acercó su mano al pecho de Shang para buscar un latido y, de golpe, su imagen desapareció con un destello. Mulán se quedó mirando a su alrededor sin poder ver dónde se había metido el guerrero. En sus piernas, el capitán comenzó a toser y a moverse. Al abrir los ojos, la miró sorprendido.
—¿Mulán? —Ella lo miró, las lágrimas corriendo por su rostro sin comprender lo que acababa de pasar.
—¿Mushu? —Él asintió mientras llevaba una mano a su mejilla sintiendo por primera vez su suave tacto, el calor de sus lágrimas. Ella posó una mano sobre la de él. —¿Cómo es esto posible?
—No tengo ni idea.
—Estás vivo.
—Estoy vivo —Dijo él riendo sin saber si creérselo o no.
—Es una segunda oportunidad—Dijo una voz femenina sobre ellos. Mulán miró desesperada por todas partes para ver a la persona con aquella voz que tantas veces había escuchado en sus sueños.
—¿Madre?
Una mujer de cabello oscuro rodeada de un aura de luz la miraba sonriente.
—Es vuestra segunda oportunidad, un regalo del dios Dizang Wang. Tú serás la primera de las nuevas chamanas, Mulán. Estoy muy orgullosa de ti, cariño. Sé feliz.

Las lágrimas ya caían sin consideración por su rostro para cuando su madre desapareció. Mushu la abrazó con fuerza pudiendo sentirlo por primera vez. Su venganza había terminado. La había consumido durante mucho tiempo, demasiado. Pero ahora comenzaría su nueva vida. No había sido necesario desprenderse del pasado que lo lastraba, no quería olvidar el dolor de la pérdida de su madre, ni quería negar que era hija de un hombre que se había vendido a la oscuridad pues por mucho que parezca lastrarnos el pasado, también puede ayudarnos a avanzar, nos hace ser quiénes somos. Sería feliz, ella y su guerrero del dragón, tendrían por fin su final feliz.

FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario