No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 24 de julio de 2014

Sueños rotos. Esperanzas truncadas

Queridos lectores, 

A pesar del empujón de ideas que me dio Ada durante el viaje a la boda de Sadee, lo cierto es que llevo un par de días sin concentrarme en escribir. Porque el lunes, al volver de la boda, había quedado con Ellen para repasar las últimas cosas del libro con ella y mandarlo ya a las editoriales, pero en el último momento me dijo que no podía quedar porque estaba muy liada esta semana. Me desanimé mucho, no os voy a mentir. Solo lo notó Ada porque fue la que estaba en la habitación conmigo, pero mi humor cambió de golpe y me quedé más taciturna y callada de lo que es normal para mí. Disgusto que acabó desembocando en un terrible dolor de cabeza. 

Lo dejé pasar, pensé que lo dejaría pasar, hasta que hoy mi padre me ha dicho que qué pasaba con el libro, que Ellen había hecho que me montara en mi cabeza el cuento de la lechera. Todo porque este año, con todas las prácticas clínicas, he acabado harta de la medicina y he cometido la osadía de decir en voz alta que no me gustaba la carrera. Eso les ha debido sentar fatal a mis padres, que si antes veían mal que escribiera, ahora lo ven como un completo anticristo porque la posibilidad de cumplir mi sueño está haciendo que despierte del sueño profundo en el que siempre he estado dejándome guiar como una sonámbula por la vida. ¿Pero qué podía decirle a mi padre? Si tenía razón, si es cierto que Ellen hace mucho que no me dice nada del libro, si cada día que pasa tengo más claro que todas las esperanzas e ilusiones que he depositado son vanos espejismos. Pues lo único que he podido decirles es la verdad: que sé que todos mis sueños son una tontería, que lo más probable es que nunca me publiquen y, en todo caso, tampoco importaría si me publican o no porque no tendría demasiado éxito y no tendría la posibilidad de dejar la medicina para dedicarme de lleno a escribir. Pero que solo pensarlo, solo imaginarlo, esos minutos que paso despierta soñando que me publican el libro, que se vende, tiene éxito y me convierto en una gran escritora, son los únicos momentos que arrojan algo de felicidad a mi vida, que son los únicos instantes dentro del océano de apuntes y tedio que es mi vida en los que realmente siento y siento algo bueno, felicidad, alegría, dicha y no solo aburrimiento y desasosiego. Esos minutos que paso soñando despierta son los que me dan fuerzas para afrontar el resto de horas del día, son los que me animan a pensar que hay algo más que libros y apuntes. Esos son mis momentos. 

Sueño, sueño despierta, dormida... y ojalá la vida fuera un sueño porque entonces no tendría que despertar ni abandonar mis fantasías. Yo nunca he sido una persona feliz, si lo he sido alguna vez, mi vida, el destino o quien sea, se ha encargado de apagar esa felicidad para que no quedaran rastros de su existencia. Recuerdo que en el instituto, con no más de trece años tuve escribir una redacción sobre qué era la felicidad, qué creía yo que era la felicidad. Recuerdo que dije claramente que, para mí, la felicidad no existía, era una falacia, una farsa, un invento de la mente para soportar los malos momentos; que lo más parecido que podríamos tener a la felicidad eran algunos momentos de alegría que debíamos atesorar porque serían pocos. Pero que eso de "felices para siempre" solo existía en los libros. Y, aunque ahora mi visión del mundo no es tan pesimista, sigo sin creer que yo pueda ser feliz. Quizás el resto del mundo sí, pero yo no me veo feliz, creo que soy del tipo "corazón roto" y, por más que lo intento, cada vez que encuentro algo o a alguien que me hace feliz el resultado es que fracaso, lo pierdo o me abandona. 

En estos términos me ha dejado mi padre con tan solo una pregunta en la que no ha hecho más que exponer la realidad. Porque me ha dicho que si Ellen pensara que mis libros eran tan buenos, como ella había dicho alguna vez, se daría más prisa porque perder el tiempo era perder dinero. Así que no sé qué hacer. No tengo fuerzas, no me apetece enfrentarme al mundo para salir derrotada, no me quedarán energías para volver a levantarme, peor todavía, no me quedarán motivos para levantarme si fracaso en escribir. Pero yo quiero escribir, lo necesito, aunque no sea buena, aunque no me publiquen. Solo necesito una señal para saber qué hacer. 

***

Y ahora es cuando yo os digo que ya comprendo por qué no puedo ser feliz. No he tenido un ataque de inspiración momentánea, casi divina, si no que, estando escribiendo me han llamado para cenar y he dejado la entrada a mitad. Mientras cenaba, mis padres han puesto las noticias para ignorar sistemáticamente lo que pasa en el mundo sin sentise tan culpables por ello, como hace todo adulto que se precie. Pero, al contrario que ellos, yo he sido incapaz de simpemente ignorarlas. No he podido contemplar todas las masacres que están teniendo lugar en la Fraja de Gaza, no he podido ver la sangre en pupitres de un colegio, no he podido ver a padres llevando los cuerpos sin vida de sus hijos... sin sentir deseos de vomitar toda la cena y decirme ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿qué está haciendo el puñetero mundo con su vida? Cómo puede ser que estemos en el 2014 y sigan pasando cosas así... No, esa no es la pregunta, porque mientras haya vida en el mundo, me temo, habrá maldad, ambición, violencia. La verdadera pregunta es qué estamos haciendo el resto de habitantes de este planeta para permitir que eso esté sucediendo. Cómo podemos limitarnos a ver las noticias, dar un par de euros a alguna organización benéfica y pensar que lo que está pasando en cualquier lugar perdido del mundo no va con nosotros. 

Lo peor es que yo también lo hago. Veo las noticias, me horrorizo, siento deseos de vomitar y dejo de comer. Pero sigo ahí, viendo la tele, escuchando las conversaciones triviales del resto de mi familia. Y hay una frase que no deja de dar vueltas por mi cabeza en momentos como este. Una frase que escuché en una película, creo que se llamaba "Hotel Uganda" e iba sobre la matanza que había tenido lugar en aquel mismo país. El protagonista le decía a un periodista que si podía grabar lo que estaba pasando, si la gente lo veía, entonces todos se unirían para detenerlo. Pero el policía le dijo algo que se quedó grabado en mi mente, y es que las personas que vieran las noticias los mirarían por unos segundos, dirían algo como "pobrecitos" y luego seguirían comiendo. 

¿Cómo podemos seguir comiendo? ¿Cómo podemos darnos la vuelta e ignorar una realidad tan espantosamente abrumadora? ¿Es que la vida ya no vale nada? ¿Es que olvidamos la humanidad en algún punto inexacto de la evolución? No me hago demasiadas ilusiones a estas alturas con las personas, empiezo a creer eso de que "el hombre es un lobo para el hombre", sé que hay mucho mal en el mundo, mucha estupidez, demasiados gobernantes que se sienten tocados por una divinidad de dudoso origen y capaces de cualquier atrocidad para continuar con su reinado del terror. Sé que la ambición por el poder, dinero, dominación existe, se arraiga y ha crecido en el interior de las personas. Sé que han roto nuestros sueños y se han truncado nuestras experiencias, que hemos aprendido a base de golpes que no podemos cambiar el mundo. Creedme, lo sé, yo también lo he vivido, también lo he aprendido. Pero aún así no puedo, no quiero, cerrar los ojos a la realidad y dejar que la gente muera mientras yo ceno como si no fueran personas como yo, como si no fueran hijas, hermanas, amigas, como yo lo soy. ¿Qué podemos hacer? ¿La verdad? No tengo ni idea. No lo sé y probablemente no sea la persona más adecuada para dar este tipo de discurso porque no sabría por dónde empezar a arreglar el mundo. Si pudiera hacer algo, si con mis palabras pudiera solucionar algo, convencer a alguien... sé que no será así. Que si ni siquiera mis padres  ven un talento que probablemente no exista en mi manera de escribir es tirando a imposible que escribiendo en mi pequeo blog consiga cambiar algo. Pero es mi voz, es lo que tengo, es ese centímetro de mí que no sucumbirá al miedo, a la represión ni a las obligación.Ese pequeño centímetro que sobrevivirá y quedará y cuando todo se derrumbe, dejará la marca de su presencia. 

Así que ya veis, solo tengo preguntas y ninguna respuesta. Pero, ya puestos, mi última pregunta sería: si fuera al revés, si fuerais vosotros los que aparecéis en televisión, ¿os gustaría que las personas que os están viendo se limitaran a cambiar de canal y seguir con sus cenas?

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