No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 21 de julio de 2014

¡Vivan los novios!

Queridos lectores,

Ya estoy aquí, de vuelta tras mi pequeña aventura por el mundo. Imagino que no me habréis extrañado demasiado. La verdad es, que aunque os hubiera querido echar de menos, no he tenido tiempo yo tampoco. Como ya os dije, eran apenas tres días, un tiempo que se ha pasado volando y, ya está, así de un plumazo y casi sin darnos cuenta, Sadee se ha casado. 

Recuerdo el día, como si fuera apenas unas semanas, en el que me aburría mortalmente en clase (cosa que me suele pasar) y decidí probar mis poderes de adivinación con las chicas. A falta de cartas del Tarot o bola mágica, cogí lo que tenía a mano que, en un estuche de estudiante, no es otra cosa que subrayadores fosforescentes (AKA fosfis). La cosa era sencilla. Cada una cogía con los ojos cerrados un fosfi y en base al color le decía su futuro. La predicción de Sadee no era otra que una boda en las cercanías, una boda a la que, me permití añadir, que me podía invitar jeje. Quizás por esa predicción, el día en el que Sadee y yo estábamos en una práctica de radiología y ella experimentó un ataque de "amor espontáneo" y me abrazó de repente visiblemente contenta y, sin dejar de sonreír, me dijo: "cuando estemos todas os diré una cosa importante" yo en el acto le dije: "si es que te casas, me invitas a la boda". No me dijo nada y no tardé demasiado en pensar que nos querría decir algo del Erasmus. Sin embargo, aquella misma tarde mientras comíamos, las palabras salieron de su boca dándonos la mejor noticia hasta el momento. Una noticia que no se podría superar ni siquiera por aprobado general en microbiología: que se casaba.

Admito que ese día me puse a saltar cual colegiala porque soy muy efusiva, también que me abrumé por mis poderes de adivinar el futuro (aunque era un futuro fácil de predecir) y puede, solo puede, que yo pareciera más contenta y nerviosa que la propia novia (-.-') jaja. 

El caso es que el tiempo ha volado. Apenas puedo creer que ya haga meses desde que Sadee nos dio la noticia, más todavía me cuesta pensar que llegó el momento de viajar a Barcelona, y me tengo que concentrar realmente para darme cuenta de que el fin de semana ha pasado y Sadee está casada. Vaya...

La ceremonia fue realmente preciosa, del tipo de bodas que dejan todos esas escenas romanticonas de Hollywood a la altura del betún. Porque fue bonito, fue emotivo, romántico, pero sobre todo, fue auténtico, real. Y sí, me costó mucho contener las lágrimas cuando el padre de la novia habló y cuando la miraba a ella y la veía a punto de llorar y, más tarde, llorando un poquito, escuchaba su voz temblando al pronunciar sus votos y reírse cuando los decía el novio. Entonces tenía que coger fuerte de la mano a Mérida porque las lágrimas pugnaban por escapar y llevaba demasiado rimel como para permitirlo. Aún así, unas cuantas lágrimas rebeldes consiguieron romper mi cerco sin dañar demasiado el maquillaje. Lo demás fue fácil y casi como un ligero sueño, porque seguía sin hacerme a la idea, por mucho que el cura lo dijera, que mi gran amiga, que esa entrañable persona y mejor compañera estuviera casada. Mi propia felicidad, derivada de su felicidad me abrumaba demasiado como para pensarlo. Y el resto de la noche consistió en reír, bailar y cantar. Me hubiera gustado cantarle a Sadee una canción porque pusieron micros pero Sadee, corazón, ya sabes que me da más vergüenza en público y además sus amigos eran unos portentos musicales. Así que me contento con nuestro karaoke improvisado en la playa durante la despedida de soltera. 

El resto del fin de semana fue entretenido y bastante productivo. He aprendido que el mundo es grande, sí, pero no tiene por qué ser peligroso, puede ser simplemente bonito. No llegamos a ver ni la mitad de cosas de Barcelona, pero disfruté de cada brizna de hierba, de cada parque que vi, de cada losa de piedra de cada construcción y hasta del dolor de cabeza que se apoderó de mí el domingo porque lo hice todo con buenas amigas y sabiendo que lo más importante del fin de semana, la boda de Sadee, había sido perfecta. Barcelona es muy bonita y algunos paisajes me han inspirado. Aunque lo de productivo, realmente ese adjetivo se aplica a las 8 horas totales de tren que pasé sentada con Ada porque gracias a ella he encontrado la continuación de mi libro. Bueno, la continuación ya la sabía pero me pasé el viaje explicándole todas las tramas, los móviles, motivos y razones de cada personaje, también las partes médicas-forenses. Y, Ada, simplemente escuchándome y diciendo un par de frases, solo por ser tan maravillosamente paciente conmigo, consiguió que todo encajara en mi mente y fue como un enorme ¡CLICK! Y me dije CLAROOOO O.O ahora sí. O sea, que este fin de semana me ha venido genial porque aunque no he escrito y he avanzado mucho con el planteamiento de la novela y he afianzado algunas cosas que no tenía muy claras. 

Desde aquí quiero aprovechar para agradecer a Ada su paciencia conmigo. También disculparme con Mérida, Ada y Eire por ser tan tremendamente tonta, quiero decir, no me perdí, pero el día de antes de ir me lo pasé diciendo: "uy que nervios" y luego, bueno, soy una paleta de pueblo, así que gracias por aguantarme y guiarme en Barcelona. 

Así que ya veis, ha sido un viaje corto, pero intenso y muy útil. He aprendido que puedo lograrlo, puedo sobrevivir fuera de casa, y de algún modo, tres días fuera de casa me han ayudado a desintoxicarme de la asfixiante sobre protección de mi madre y me siento más madura, más capaz. Porque el mundo puede ser peligroso, pero si superas el miedo está lleno de maravillas. Porque la vida puede ser dura, pero también puede guiarte al amor, a un amor puro y verdadero como el que he visto entre Sadee y Mael, como el que ellos comparten, la clase de amor que te hacer creer en cuentos de hadas y milagros, en el amor verdadero y en el "felices para siempre". Algo que puedo predecir que ellos tendrán sin necesidad de usar mis fosfis. 


¡VIVAN LOS NOVIOS!

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