No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 16 de agosto de 2014

Cómo sobrevivir a una manada de niños

Queridos lectores, 

Me encuentro fatal. Y es que solo a mí se me podría ocurrir bañarme en un río helado para hacerme la "guay" con mis primos de seis y ocho años... En fin, me encantan los niños pero serán mi perdición. 
Empezando la historia por el principio, sabéis que están aquí mis primos pequeños, los únicos que tengo chiquitines y a los que veo una vez al año, con suerte. Así que, y como me encantan los niños, quiero caerles bien enseguida, el problema es que de un año para otro pues me olvidan o crecen y es difícil competir con una Nintendo o con una Play Station así que tengo que usar mis armas de chiquilla en cuerpo de adulta y ser lo más divertida posible. El pequeño problemilla es que desde hace unos días tenía el típico resfriado/dolor de garganta cortesía de todos esos establecimientos donde te ponen el aire acondicionado para que al salir a la calle te mueras del calor o por el aire del coche también.

En cualquier otra situación me hubiera cuidado el resfriado pero no cuando tenía tantos niños para cuidar. Primero fuimos a pasar el día a la piscina donde tenía una niña de dos años para vigilar junto con otros cuatro chicos a los que, por suerte para mí, podía dejar más libertad. No salí de la piscina pequeña que, afortunadamente, es la más calentita aunque sospechaba que mi garganta se resintiría. Aún así, no me importaba en absoluto. Valió la pena. Bueno, yo tenía a la pequeñaja de dos años y resulta que su juego favorito era el de capuzarme por lo que me pasé como media hora (no exagero) entrando y saliendo el agua cada vez que me empujaba para dentro y se moría de la risa cuando yo me hacía la enfadada al salir del agua con lo que me ganaba otro chapuzón. Y ¿os acordáis de otra entrada en la que hablé que tenía un imán para los niños? Pues empiezo a pensar que estaba en lo correcto porque otros tres niños se unieron para venir a jugar con nosotras. Había un niño monísimo que no me conocía de nada pero se ponía a abrazarme y yo encantada de la vida, qué le iba a hacer. Acabé jugando a que era un tiburón y persiguiendo a media piscina de niños que no conocía. Lo mejor era que todos se dejaban atrapar porque cuando los cogía les daba vueltas en el aire y los volvía a sumergir. El niño este que os digo, totalmente bonito, empezó a regalarme globos de agua y entonces llegaron el resto de mis niños (primos) para jugar con los globos de agua. 

Hubo helados, que no me debería haber comido pero mi prima se empeñaba en darme del suyo y a ver cómo le dices a una niña tan encantadora de dos añitos que no quieres un poco de su Frigopie, imposible. Después de todo el día en la piscina cuidando de los pequeñajos, me los trajeron a mi casa y la niña se quedó dormida en mis brazos por lo que estuve una hora o así con ella en brazos si apenas moverme para no despertarla. Acabé con un brazo dormido y babas por encima, pero fue adorable, es tan bonita. La acunaba en brazos y me imaginaba cómo sería si fuera mi hija y me llamara mami. 

Por la noche la cosa solo mejoró para mi resfriado cuando fuimos a cenar en el sitio donde tengo los caballos. Llegaron más de mis primos, incluyendo otra niña de dos años y otro de cuatro. Ocho niños en total con los que jugar de diversas edades y ahí sí, las Nintendos vienen bien porque tenía a los chicos entretenidos mientras yo cuidaba a las niñas. Al principio, no me conocían y se iban con sus madres pero a mitad de la noche las dos querían que las cogiera en brazos y cuando digo las dos, digo las dos y a la vez. Menudos bíceps estoy haciendo en estas reuniones familiares. Una de las niñas quería ver a los gatitos o "mimis" como ella los llama, la otra quería darle de comer a los caballos. Las dos se querían acercar a los animales, pero les tenían miedo y las tenía que coger en brazos. Y, claro, toda la noche para dentro, para afuera, me pongo la chaqueta, me la quito, le grito a las niñas para que no se separen y no perderlas de vista. 

De repente, uno de mis primos de 6 años decidió que quería jugar conmigo a las espadas imaginarias y tenía que ir gritando "pues ahora te lanzo una bola de fuego", "pues ahora tengo un escudo dorado", "pues ahora mi dragón de fuego te ataca"... porque yo tenía una espada de fuego, vale; él se pidió la dorada de luz. Y a todas estas, se lanzaba a por mí dando puñetazos y corriendo y las niñas que lo veían y lo querían imitar y entonces me encontraba con tres niños lanzándose encima mío... adorable o.O. 

Mejor todavía, cuando cogía a la más pequeña de todos y le daba vueltas en el aire y después los demás me veían y querían "volar" también, y con niñas de dos años pues no problem, pero conforme vinieron los mayores lo tomé por tarea imposible. 

Bueno, esa noche fue muy divertida, pero acabé con un dolor de garganta importante solo soportable gracias a muchos caramelos de menta. Y me queda ayer por contaros, vaya aventura. 

Fuimos a ver otro de esos encierros camperos que le gustan a mi padre, solo que esta vez fue divertido porque iba con mis primos. La más pequeña de todas decidió que me prefería a mí antes que a su madre (bien por mí! ^^) aunque creo que es solo porque como a mí me ha visto con caballos y eso, cuando ve animales alrededor piensa que conmigo está más protegida. Bueno, yo la llevé casi todo el encierro enseñándole el toro y los caballos, los perritos y hasta saltamontes, de todo valía. Además llevaba a Brave por lo que jugábamos con él.

Comimos todos juntos y como yo como poco de la fritanga que ponen en los bares no tardé mucho en levantarme para coger a las niñas e ir detrás de ellas por todo el bar o cortarles y darles la comida, cualquier cosa, soy una madre en potencia. Tanto debe ser así que, cuando los niños acabaron de comer y los mayores estaban con el café, me cogí a alas niñas que estaban muy aburridas y las llevé al coche, donde estaba Brave. El resto de los niños no tardaron en venir y entonces llegó mi padre a decirme que los vigilara a todos y a soltar a Brave para que lo cuidara también. Ocho niños y un perro todos para mi, ¡genial! 

Aunque fue muy gracioso porque una señora mayor salió a la puerta de su casa, oiría a los niños y el jaleo, y me preguntó si eran todos míos y yo ¡¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!! Ni uno solo señora, cómprese unas gafas! Bueno no, la verdad es que me hizo gracia que me preguntara si eran mis hijos, solo que ocho eran demasiado, solo faltaba que se pensara que el perro también era hijo mío (¬.¬')

Y llegando al colofón final para mi garganta: el río de aguas heladas cual cubitos de hielos en mitad de la estepa glacial. No sé si lo que he dicho existe, pero vamos, muy fría. No me debería haber metido, yo sabía que no debía, pero como todos los chicos se tiraban, no quería ser menos. Luego estuve jugando con las niñas pero el mal ya estaba hecho. 

Conclusiones: llegué a mi casa estando realmente exhausta y tras ocho horas de sueño y tres tazas de café sigo tan agotada como cuando llegué. 


Me duele la garganta una barbaridad y apenas me tengo en pie. Pero, mereció la pena ;)


PD: Spirit sigue evolucionando favorablemente aunque aún le queda mucho reposo y dosis de antibiótico pero espero que lo peor haya pasado. 
Y os tengo que contar muchas cosas más, pero es que me caigo del sueño y tengo que aprovechar el día libre por enfermedad para escribir un poco. 

Muchos besos lovely readers =)

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