No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 22 de agosto de 2014

De mayor quiero ser artista

Queridos lectores,

Sé que llevo varios días sin escribir. Cuántos exactamente no los recuerdo porque en verano pierdo la noción del tiempo y me cuesta un esfuerzo mental recordar el qué día vivo. Aún así, sé que hace unos días que no escribo, pero tengo una buena noticia....Redoble de tambores... ¡Han vuelto mis musas! Así que llevo estos días escribiendo arduamente, bueno, no tanto, pero al menos sí a un ritmo decente, de esos que tendría que llevar con férrea disciplina desde comienzo de las vacaciones para tener mi libro a tiempo, pero es igual. El caso es que he estado escribiendo, mejor o peor, poco importa cuando la maravillosa sensación de que las palabras fluyen por ti se apodera de mis manos y mis dedos vuelan sobre el teclado. 

Si queréis que os diga a qué se ha debido mi recuperación de la inspiración, bueno, tengo varias teorías. Uno es que he estado saliendo algo más con mis primas y eso y me he reído, la risa es buena. Dos es que he dejado el género de lo erótico y he vuelto con mis novelas de toda la vida, de esas que se expresan con claridad. Tres, que me he pluriempleado en el tema de las artes. 

Sadee siempre me dice que soy una artista aunque, hasta ahora, nunca lo había tenido tan claro. Desde que descubrí la fotografía miro el mundo con otro ángulo, con otra visión y me esfuerzo en ver lo bonito de cada imagen, lo cual me saca bastante del abismo de tristeza en el que mi mente de escritora suele hundirme. Pero vayamos por pasos. El primer día que no escribí lo pasé cocinando y resulta que las personas somos muy raras porque tras un duro día en la cocina, mostré más orgullosa mis "heridas de guerra" que mis platos. Hice una lasaña con verdura y carne y mientras freía berenjena me saltó aceite hirviendo a la mano provocándome una hermosa flictena (bambolla para los profanos) además de otras quemaduras que destacan sobre mi piel todavía blanquecina. 

El día dos creo que fue cuando salí a la calle a pasear con Brave y mi cámara e hice mis primeras fotos, más o menos, artísticas, que supongo que no tienen arte ninguno pero a mí me gustan. Voy a aprovechar que este blog es mío para hacer mi pequeña Primer Exposición Artística Online. Esta es una colección a la que he titulado: "Casi todo está mejor en sepia" ;) A ver qué os parecen, recuerdo que soy escritora, no seáis duros. 






Siento no poder poneros las mejores imágenes, pero mis favoritas son en las que sale gente y no me parece demasiado bien ponerlas sin su consentimiento o incluso con él. Quizás más adelante, cuando mi fotografía no sea algo tan... experimental. 

En fin, sí, sacar fotografías me ha ayudado, definitivamente, a recuperar la inspiración porque ya digo, es como mirar el mundo con otro cristal. Veréis, yo soy una persona alegre, realmente lo soy, creo, en el fondo, en lo que viene a ser mi naturaleza innata. Pero los escritores no pueden ser felices, estoy segura, de hecho, algún escritor lo dijo porque cuando estás feliz no escribes, te limitas a ser feliz, que ya es algo. La necesidad de escribir nace de la necesidad de compartir los sentimientos para que su carga sea menor y normalmente, esos sentimientos son algo lúgubres. A los hechos me remito, y es que ha habido multitud de grandes escritores que han sido adictos a drogas, alcohol o han acabado francamente mal. No es mi casa. Yo solo estoy algo depresiva, a veces. Porque escribo novela negra, eso me hace pensar con un filtro mental que torna mis pensamientos en oscuros para poder plasmarlos en el registro que necesito. No sería creíble que el protagonista de una novela donde acaban de asesinar a no-sé-cuántas personas (sí, es un número) fuera por ahí diciendo: "Oh, qué día tan estupendo. El sol brilla, los pájaros cantan y el mundo es un maravilloso lugar en el que morir" -.-'... No creo...

Sí, escribir es mi arma de doble filo, me alegra, porque es lo que más me gusta del mundo-mundial y, a la vez, es la razón de que tienda a deprimirme. Gajes del oficio, supongo. Por eso está bien que mi vida no se limite a escribir y tenga algo tan distinto como la medicina para contrarrestar. Y, ahora, tengo un nuevo arte, con la fotografía. Porque esta me obliga a mirar los paisajes y ver la belleza que querría plasmar, las historias, incluso busco la tristeza, pero es ya de otro modo. 

Ouch, un puñetero grillo estridente se ha colado cerca de mi ventana y me va a dar dolor de cabeza. En general, los ruidos del campo no me importan y lo que me matan son las obras y el tráfico, pero a este grillo le han dado clases de desafino o algo así, qué penetrante. 

Acabé de divagar. También estoy dibujando, ¿queréis ver?

No se aprecia bien todo el sombreado, me temo, pero la idea es esta: una princesa, alguien normal, se mira en un espejo y la cosa era ¿qué ve en su reflejo? Cuando comencé a pintar a la princesa y después el espejo, sabía lo que quería decir, que hay una gran diferencia entre lo que se ve de nosotros y lo que realmente se podría llegar a ver. Pero no sabía qué era lo que habría en aquel espejo. Pensé que podría haber un monstruo ¿por qué no? Cuántos de nosotros escondemos un verdadero monstruo tras una fachada de falsa cordialidad. Podría ser. Podría reflejar que en el fondo de toda esta sociedad tan preocupada por las apariencias somos tan solo monstruos. Luego pensé que no, yo no me siento un monstruo por dentro y me dije, pues vacío, la nada. Que no haya imagen devuelta por el reflejo. Porque, en el fondo, estamos todos vacíos. A pesar de ser una princesa, o alguien importante, incluso querido o alabado, estamos vacíos. Con eso podía identificarme, pero me parecía soso y al final salió eso. 

¿Qué es el reflejo finalmente? Es la misa princesa que se mira, sí, porque en el fondo no somos tan distintos como nosotros mismos pensamos que podemos ser. Las personas somos mucho más simples de lo que nuestro ego nos impulsa a pensar. No tenemos múltiples personalidades ni dobles vidas, como yo misma digo que tengo a veces, simplemente actuamos y somos todo a la vez. Así que el reflejo no es un monstruo ni es la nada, es ella misma, pero es distinta. Con el pelo despeinado, el vestido ajado, lágrimas y los ojos oscuros, vacíos, sin vida, quiere decir que somos nosotros mismos, sí, pero escondemos en nuestro interior todo: la locura, la pena, el dolor, un pequeño monstruo quizás, a veces, un pequeño vacío. 

Y como no sé si todo eso se iba a poder deducir de un dibujo lo digo con mis palabras, porque por muy artista polifacética que me esté volviendo, la escritura siempre será mi alma mater (o como se diga) En fin tengo sueño, quizás será porque ayer dormí unas tres horas que, a su vez, quizás fue por las dos tazas de café que me bebí antes de ir a la cama... De cualquier modo, espero que os haya gustado mi pequeña exposición a lo Juan Palomo (me lo guiso y me lo como). Puede que haga más, quién sabe, lo mismo un día me vuelvo to loca y os pongo hasta un poema ;)

Buenas noches :)

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