No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 4 de agosto de 2014

El País de las Maravillas 9

Queridos lectores, 

Creo que tengo síndrome de personalidad múltiple o alguna movida de esas. Ay señor... mi madre me va a volver loca, no para de hablar mientras que escribo, no sabe hacer otra cosa que hablar y hablar y hablar y marearme... Eso no venía a cuento con la primera frase, pero se ha puesto a gritar mientras escribía. 

Comencemos de nuevo. Creo que tengo el síndrome de personalidad múltiple por lo que he podido deducir esta semana. Es algo que ya había sospechado, pero se ha acentuado esa impresión. Lo supe ayer. A pesar de que Spirit estaba convaleciente y yo no me quería ir a ninguna parte para tenerlo en observación todo el día, mis padres se empeñaron en ir a pasar el día al río (no me hizo ni puñetera gracia) para empeorar la situación, se nos acoplaron varios miembros familiares, entre ellos una de mis primas mayores. Yo no tenía muchos temas de conversación, mi vida es muy aburrida y no me apetece hablar de nada, por lo general, solo hay un par de temas de los que me apetece hablar verdaderamente, que hacen que mis ojos brillen mientras lo explico: uno, por supuesto, son mis libros y las historias que escribo, pero nunca le interesan a nadie, no de mi casa al menos, y al ver, en el mejor de los casos, la falta de interés o los comentarios mordaces para recordarme que mis esfuerzos son inútiles y aún no he publicado, casi prefiero aguantarme y no hablar de eso. El segundo tema de conversación que me alegra es hablar de mis amigas. Mi prima me preguntó por ellas y yo me entusiasmé contándoles cómo eran una por una, lo que más me gustaba de ellas, lo que las distinguía. Sin darme cuenta, fui poniéndolas a cada una un adjetivo que la definía: "la intelectual", "la más dulce"... y cuándo me preguntó quién era yo pensé durante unos segundos y respondí: "la que hace las locuras" ella me miró muy raro y yo insistí "sí, sí, soy muy divertida". Al parecer esa imagen de mí no encaja con lo que los demás piensan de mí porque al final de la tarde mi prima le comentó a mi madre que yo era "más sosa incluso que ella misma"(¬.¬) Pues perdona si mi estado de ánimo no es el mejor mientras mi caballo se recupera de una herida por asta de toro. 

En fin, esto no deja de ser anecdótico, pero es verdad que me comporto de manera muy distinta en un lugar o en otro y no lo hago a propósito. No penséis que soy falsa o hipócrita, de hecho, no sé fingir, se me da fatal y se me nota muchísimo si estoy de buen o de mal humor. Puedo forzar una sonrisa para no preocupar a nadie, pero se me nota que no sonrío de verdad; puedo sostener las lágrimas con todas mis fuerzas, pero mis ojos se ven acuosos; puedo tratar de contener mi efusividad explosiva y no saltar de alegría cuando estoy contenta, pero los temblores de mi cuerpo me delatan. No sé fingir, no sé actuar y soy en cada momento como los demás me hacen ser. Por eso cuando estoy en la universidad con las chicas y les digo que yo soy una persona seria, tirando a sosa, no me acaban de creer, cuando digo que soy una borde (espero) no lo comparten, porque con ellas me siento más a gusto, más contenta y soy de otra manera. Soy bromista e inquieta, a veces rozando lo insoportable. Mientras que en mi casa, aquí con la familia, soy una chica callada, sosa, que se encierra a leer y a escribir, que apenas sonríe y, si lo hace, es por cordialidad. 

Así que he deducido que tengo doble personalidad porque autodiagnosticarme una enfermedad siempre es mucho más fácil que hacer comprender a las personas que puedo ser distinta a la imagen que tienen férreamente asociada a mi persona. 

El País de las Maravillas

CAPÍTULO 9

No me rendiré, eso lo sé. Jamás lo abandonaré, pase lo que pase. Funcione o no. Volveré a intentarlo una y otra vez, porque nunca me rendiré. Él es todo lo que tengo, es lo que más quiero y pienso recuperarlo, cueste lo que cueste.

Como  Cheesire dijo, no era un hechizo fácil. Me ha llevado años, siglos en mi mundo, obtener todos los corazones rotos que necesitaba para el hechizo. Aunque el último ingrediente es el más difícil de obtener. Al obtener el poder de los corazones rotos, la oscuridad se guardaba en las cajas que le di a Maléfica y que ella fue completando por mí. Pero las personas que me daban su corazón roto no se quedaban sin él. En realidad, a pesar de lo que creían, lo seguían teniendo, solo que la magia negra lo adormecía. Aún así, podían sanar sus corazones, podían volver a amar y algunos lo hicieron. Lo que yo obtenía era la energía que se liberaba al romperse un corazón y no el corazón en sí. Pero todo ese poder solo sirve para que el verdadero ingrediente surta efecto. Hay que sacrificar un verdadero corazón, un corazón palpitante, el corazón del culpable.

Esperé durante tanto tiempo que perdí la cuenta para que Alicia, la culpable de que mi John muriera, volviera al País de las Maravillas, porque sabía que volvería. Y no me equivocaba. Alicia volvió lo que, en tiempo de su mundo, fueron unos cinco años después. Nos había olvidado, no recordaba haber estado allí antes, en el mejor de los casos todo le parecía una pesadilla demasiado real. Pero yo sí que la recordaba a ella, yo la recordaba demasiado bien. Volvió y yo ordené a todos los seres que habitaban el País de las Maravillas que me la trajeran, que le arrancaran el corazón, que le cortaran la cabeza. No me importaba. Solo quería su corazón, vivo o muerto, para completar mi hechizo. ¿Pero acaso me escucharon? No. La dejaron escapar, una vez más y esa cría no será tan tonta como para volver.

Me sentí morir de nuevo al ver que mi única oportunidad para salvar a John escapaba por una de las madrigueras de ese maldito conejo. Pero juré no darme por vencida y no lo he hecho. John, no me he dado por vencida. Hay alguien más que es responsable de que John perdiera la cabeza. Él abandonó la protección de este mundo para recuperar mi corazón, para salvarme a mí. Murió por mí. Y, cuando regresó a casa, yo no pude aceptar que estuviera muerto y sané sus heridas sin darme cuenta de que así no podría recuperarlo. Yo fui la culpable de que enloqueciera, es mi culpa que hoy el hombre al que más he amado no sea más que un demente fantasma de lo que fuera. Será mi corazón el que haga que el hechizo funcione. Y yo moriré. Pero no me importa, porque tan solo quiero que John viva de nuevo, que sea él mismo, que recupere su cordura y pueda leer estas palabras que he escrito. Que lo lea y sepa que nunca dejé de luchar por él, que nunca me rendí, que di mi vida por él y volvería a hacerlo mil veces. Quiero que sepa que estoy muy arrepentida, siento mucho que muriera por mi culpa, por salvarme a mí, pero yo lo salvaré a él, lo salvaré del pozo de locura en el que lo hundí.

Ahora mismo, el Sombrerero Loco, John, está frente a mí, en una mesa de mi jardín derramando el té sobre mis rosas antiguamente blancas y ahora con pintura roja por encima. Siempre cumplo mis promesas, John, te dije que no las arrancaría y no las arranqué, pero no podía estar rodeada de todo lo blanco que me recordaba a ti y cómo te había perdido por mi desmesurada y estúpida bondad.

Para cuando leas esto, para cuando cualquiera lea esto, probablemente ya habré muerto, mi corazón habrá ardido en el hechizo que hará que John se recupere y sea el mismo de siempre. Lo siento, John, siento no haber encontrado otra manera para que estuviéramos juntos. Pero si tengo que elegir entre mi vida y la tuya no hay ninguna decisión que tomar. Serás siempre tú, siempre tú. Porque te amo con todo mi corazón, ya sea benevolente, roto o aplastado, con todo él, con todo lo que tengo, con todo lo que soy y sin ti esta vida no es vivir. No puedo superarlo, no puedo olvidarte. Espero que tú seas más fuerte que yo y puedas continuar con tu vida. De verdad, quiero que seas feliz. No te sientas culpable, esto es lo que quiero hacer. Un último acto de sacrificio para borrar un poco del daño que he causado estos últimos años, todos los corazones que he roto para poder recuperarte.

Como te dije al principio, no me enorgullezco de todos mis actos, pero tampoco me arrepiento. Todo ha sido necesario y habrá merecido la pena si eres tú el que estés leyendo estas palabras y soy yo la que muere en tu lugar. Porque, mi querido John, la chica inocente que tú conociste, Gwen; la benevolente monarca conocida como la Reina Blanca, todas ellas han muerto. Murieron contigo y han seguido muriendo cada día que no estabas. Ya no queda nada de ellas. No queda bondad ni inocencia, tan solo dolor, tan solo una Reina Roja que ha torturado y matado. Nadie me echará de menos y el mundo ganará un fantástico sombrerero.

Ha llegado el momento. Voy a hacerlo. Solo, concédeme una última voluntad a pesar de que, probablemente, no me la merezca. No quiero morir como la Reina Roja, tampoco como la Reina Blanca. Nunca quise ser reina, si no lo hubiera sido, si no hubiera tenido el Corazón de la Estrella, tú nunca te habrías ido de mi lado y ahora estaríamos juntos. Hoy, mi último día, quiero ser simplemente aquella niña que miraba a las estrellas y pensaba que todo era posible si tenías fe. Hoy tengo fe, en nosotros y en ti.

Por favor, no me odies.  

Tuya siempre, Gwen. 

***

¿Fin? Pues depende de vosotros. Creo que este cuento me ha quedado algo raro, distinto, digamos, pero era lo que me salía al escribir. Gwen, la Reina Roja/Blanca, era una buena persona, muy buena persona, que se dejó la piel por todos, pero nunca fue feliz, sus esfuerzos jamás fueron recompensados y lo único que alguna vez quiso le fue arrebatado, todos sus sueños truncados. Como habéis visto, con esta serie de relatos he intentado explicar que la vida no es blanca y negra, ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. La desesperación nos arrastra a la oscuridad porque en la noche oscura, la magia es tenebrosa. Ella es así, todos mis "malvados" suelen ser así, no sé si es algo profético o lo pienso simplemente, pero no son despiadados por naturaleza, sino que el mundo los hace ser así. A veces, un pequeño acto de ambición, un pequeño acto de celos, puede romper un corazón y generar toda una ola de sucesos, es un efecto mariposa. El caso es que Gwen era buena persona, después lo perdió todo y se consumió por el odio. Hizo cosas horribles, se convirtió en la Reina Roja o de Corazones que hemos visto en la película y que odiamos de pequeños. Mi pregunta es: ¿creéis que merece un final feliz? ¿una segunda oportunidad? Este puede ser el último capítulo. John recupera la cordura, lee el diario igual que vosotros y sigue con su vida, o puede pasar algo que le devuelva la esperanza. Yo tengo escrito el final alternativo y, sinceramente, soy más proclive a los finales felices. Pero la realidad y los finales felices no suelen casar. Decidme que pensáis. Supongo que tendré que esperar a que lo lea Sadee que es la única que conozco que se lo lee :) Ya me diréis. 

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