No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 9 de agosto de 2014

El sueño de todo psicólogo

Queridos lectores, 

Para que luego la gente no me diga eso de que "no salgo de casa" me he puesto a escribir en la terraza. Vale que forma parte de lo que es mi casa, pero me da el aire, algo es algo. Aunque ahora mismo estoy adorando y ansiando lo que viene a ser la tranquilidad de mi casa, tranquilidad aparente en el instante en que escribo, y es que esta noche toca la temida cena anual de primos de mi madre en la que mi padre se dedica a llenar la conversación y a mantener el interés de la cena con sus comentarios subiditos de tono con detalles privados de mis padres, que sinceramente, NO necesito conocer. 
Así que este año estoy valorando llevarme unos tapones para los oídos como los que uso para estudiar. El año pasado sobreviví a la cena gracias a que la iba retransmitiendo via whatsapp, este año o engaño a alguien para que me aguante toda una cena escuchando intimidades de mis padres o ¡ya sé! las iré escribiendo para ponerlas mañana. Tengo que ir haciendo registros específicos para que mi futuro psicólogo entienda de dónde viene toda mi locura traumática. Ayy seguro que Freud me entendería...
Lo mejor, hay que admitirlo, de que estos primos vengan a vernos es que traen a sus hijos, primos segundos míos o terceros o alguna movida así. No sé. Solo me importa que son unos niños monísimos y que yo adoro jugar con los niños. Me he dado cuenta, por cierto, que mi camaleonismo característico, eso de que me comporto según con quién estoy y qué leo y todo eso, también se ve afectado cuando paso mucho tiempo con niños y es que ahora no puedo evitar ciertos ademanes de lo más infantiles. Bueno, no, claro, los evito para evitarme de paso una leche cortesía de mi padre por ser una cría, pero vamos, que me sale comportarme, más que comportarme, hablar como una niña. Lo cual contrarresta con mi tendencia a narrar en mi mente como una auténtica escritora que pasa mucho (casi todo) su tiempo leyendo y la mayoría, sí, voy a ser sincera, contiene elementos erótico-festivos. ¿Qué? No me miréis así ¬.¬' Seguro que muchos de vosotros también leéis de eso y lo que pasa es que no lo decís :P... De todos modos, sí, no estoy en condiciones de negar que me engancho con facilidad y me estoy convirtiendo en toda una pervertida.... en el aspecto literario, vale, no penséis tan mal de mí ;)

No todo en esta vida es bonito (casi nada lo es) y ayer tuve un buen susto porque Spirit, el caballo herido, estaba algo tristón, caliente y la herida supuraba lo que me hizo pensar que podría haberse infectado después de todo, pero al parecer se quedó todo en falsa alarma y está bien. 

Volviendo a los niños... ah, sí. Que la lástima es que solo los veo una vez al año o menos y como son pequeños de un año a otro no se acuerdan de mí, por lo que cada año tengo que volver a ganarme su confianza y cariño. Por suerte para mí, no me suele costar demasiado. Solo que es algo descorazonador que no se acuerden de mí y de lo bien que les caía un año atrás. Aunque supongo que viéndolos una semana al año no puedo pedir más. 

En realidad, yo soy una persona muy madura aunque no siempre lo aparente. Soy muy madura, demasiado madura para mi edad y aunque sigo en edad de madurar y aprender y me queda un largo camino, lo cierto es que ni hablo ni me comporto como la mayoría de las chicas que apenas comienzan la veintena por lo que los primos de mi madre, ya más mayores, tienen ciertos problemas en comprenderme y no los culpo. Tiene que ser desconcertante cuanto menos ver a una veinteañera hablando con tu hija de las muñecas, de las princesas, de las Monster High.... siendo una auténtica versada en el tema, viéndola emocionarse cual niña pequeña al nombrar un juego o un color o saltar porque quiere una varita de hada con una estrella y que, de repente, cuando los niños no están alrededor y te pones con esa chica veinteañera de apariencia tan infantil, ella no hable de temas infantiles, ni siquiera juveniles, sino que los temas de conversación en los que más cómoda parece desenvolverse incluyan la literatura, los conflictos en Oriente y el rechazo frente a las actividades taurinas o cosas así... Así que los pobres flipan y no saben por dónde cogerme. 

Me temo que mi propia reacción no dista mucho de la de los niños que de un año a otro se olvidan de mí, porque, aunque yo ya no me olvido de ellos, de un año a otro, pierdo confianza y me cuesta soltarme a hablar de verdad cuando no tengo confianza. Hay veces en las que no me cuesta porque la otra persona lo hace muy fácil o sale un buen tema de conversación, pero otras veces me da toda la vergüenza del mundo hablar y entonces solo me lanzo a conversar de libros o cosas así. 

Aunque creo que me encantan los niños y ser tan infantil precisamente por esa madurez hiperdesarrollada para mi edad. Me permite ver lo bonita que es la infancia....¿Por qué? Por la magia, sin duda, cuando eres niño crees en la magia. Al menos en mi época, porque los niños de ahora se limitan a creer en lo que sale en sus pantallas de PSP, Nintendos o cosas así... Una lástima, era más bonito cuando podías jugar imaginando que tenías una espada que lanzaba fuego y que podías hacer aparecer un dragón dorado de la nada. 

¿Qué más os tenía qué decir? Ah sí, mi pequeño libro que va a morir de la espera a que lo mandemos a una editorial. Pues las últimas que tengo de Ellen es que está todo congelado hasta septiembre o así supongo, cuando abran, porque están todos de vacaciones. No es la mejor noticia del mundo y la verdad me hubiera gustado haber aprovechado el verano para adentrarme en el proyecto del libro. Os he dicho que ser niño es creer y yo soy muy de creer, de hecho sigo esperando encontrarme un hada en los bosques, una sirena cada vez que voy a la playa o un unicornio en la luna llena... y aunque nunca vea nada de eso, seguiré creyendo que existen no porque lo crea realmente sino porque dejar esa pequeña posibilidad abierta hace el mundo un poco más bonito, un poco más mágico. Pero sigo suspendiendo, a pesar de mis esfuerzos en la asignatura de creer en mí misma. Así que con los pocos avances del libro número 1 y los desalentadores ánimos de mis padres, el libro número 2 se ha ralentizado más de lo que querría. No porque no escriba, es algo que hago como quien come pipas, solo que no escribo el libro, demasiados recuerdos sobre mi inminente fracaso. En lugar de eso escribo relatos variados, poesía y hasta canciones, os lo dije ¿verdad? 

Bueno, iré cerrando por hoy porque no me queda mucho rato antes de tener que enfundarme en unos vaqueros, revolverme el pelo y bajar corriendo por las escaleras fingiendo que me he retrasado por arreglarme cuando en realidad estoy escribiendo. Mañana os diré el grado de trauma que ha supuesto esta cena e iré haciendo cálculos sobre cuánto me costará el psicólogo. 

Ciao lovely readers!

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