No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 10 de agosto de 2014

La alegría de la fiesta

Queridos lectores, 

Me temo que soy una ignorante que se disfraza con un hueco manto de conocimiento. No sé por qué he pretendido creer lo contrario cuando lo cierto es que no soy más que una niña tonta que tuvo la osadía de soñar con una vida que no le estaría permitida. 

Cuando era pequeña, considerada como una "empollona" y sin amigas, me consolaba imaginando un futuro mejor en el qeu sería alguien importante, inteligente, con un buen trabajo que me gustara y en el que destacar, habiendo encontrado el amor que hiciera que todo valiera la pena. Ahora que estoy en ese futuro siento que mis sueños se perdieron en el tiempo. Sigo siendo la misma niña perdida que no encajaba en el mundo. 

¿A quién pretendo engañar? Escribiendo novelas, escribiendo en el blog, aparentando que puedo ser algo que no soy cuando ni siquiera sé qué soy. Una marginada, una empollona, eso sí, seguro, ¿y qué más?

Ayer fui a la cena de los primos de mi madre. Me limité a escuchar a los demás hablar, de vez en cuando dije algo, pero no tenía mucho que opinar. Los temas de conversación no fueron tan verdes como fueron el año anterior y, he de decir, que resultó casi decepcionante, la verdad es que me reí más el año pasado. También porque este año me sentaron cerca del nuevo novio de mi tía y vaya noche me dio (-.-') Hablaré de él más tarde, pero el trasfondo negativo del comienzo de la entrada no viene por él sino por cómo acabó la cena. Después de cenar, fuimos a bailar, ahora hay fiestas y música por todas partes, y yo estaba allí con todos mis añitos, saliendo de "fiesta" con mis padres y tías y me sentía una completa fracasada. Miraba de un lado a otro temiendo encontrarme con mis antiguas compañeras de clase, esperando encontrarme con mis primas que, al menos, son más de mi edad. Ni uno de lo otro. Pasé el rato con mis padres yendo de un lado a otro cual alma en pena. No es que me lo pasara mal, estoy acostumbrada a salir con ellos y estuve en la misma situación con diez años, con doce, con quince, con dieciocho... y entonces no me importaba no salir con amigas y salir con mis padres, casi me gustaba, me sentía una niña buena (era tan tonta). Pero ya no, ya, a esta edad, pensaba que podría ir con mis propias amigas, no con mis padres. Pensaba que ya tendría algo, algo más que deberes y libros por estudiar. Pero no tengo nada. Sí, claro, tengo amigas desperdigadas por distintos puntos de la geografía de la comunidad aunque saber que existen no mitiga el sentimiento de soledad. Tengo una carrera apasionantemente larga y tediosa que me estresa solo con pensar que existe y en la que ni destaco ni valgo. Y ya no me quedan ni vanas ilusiones para pensar en publicar. 

Pues eso, a veces no sé quién soy, a veces no sé en qué me he convertido. Ni siquiera sé por qué tengo la maldita costumbre de pasar por una crisis de identidad cada verano. Será que paso demasiado tiempo encerrada con mis padres. Pero es que ayer, cuando estaba bailando con mis padres (y quien dice bailar dice estar de pie viendo al resto del mundo moverse) miraba a mi alrededor y no veía nada con lo que me pudiera identificar. Había chicas con vestidos tan ceñidos y cortos que me preguntaba cómo eran capaces de caminar, mientras los chicos iban tan cómodos con sus camisetas y sus pantalones, sin necesidad de taconazos, y mirando a todas aquellas chicas, que sí, algunas eran mujeres, pero la mayoría eran chiquillas, adolescentes o poco más, como depredadores que están decidiendo a qué presa devorar y no podía, no podía. Me parecía tan falso y, a la vez, alarmantemente real. Sé que el mundo es así. Que se ha decidido que las mujeres tenemos que vendernos como si fuéramos meras golosinas para los hombres, pero no puedo aceptarlo, cada fibra de mi ser se revelaba ante la visión de esa realidad que todos parecen aceptar sin más. Comprendo que con mi manera de ver el mundo no voy a tener demasiados amigos y, mucho menos, podré tener pareja si hay millones de chicas en minifaldas pegadas a la piel y taconazos mientras yo llevo mis vaqueros y unas Convers. Aún así ¿participar en ese absurdo juego? ¿Exponerme como un trozo de carne? No tengo una gran autoestima, pero sí tengo más dignidad que eso. 

De ahí mismo que el novio de mi tía que os he nombrado se me atragantara un poco. Resulta que ayer por la mañana fuimos a otro encierro camperos de esos porque mis primos y tías querían, así que fuimos. Yo me dediqué a pasar el tiempo con los primitos pequeños y, como siempre, me fui con mi chándal fresquito y unas deportivas. No pensé demasiado en qué ponerme ni le di importancia hasta que por la noche me arreglé para irme a cenar y me vestí algo más decentemente, nada de vestidos ajustados como imaginaréis, pero ir medianamente cómoda no implica no poder estar guapa, hasta me puse unos zapatos que son de cuña, lo que hace que vaya muy cómoda con unos cuantos centímetros de más. No sé por qué a ninguno de mis padres les pareció bien mi atuendo, pero yo estaba cómoda y era lo que me apetecía: unos vaqueros negros, un top blanco palabra de honor con un chalequito negro por encima. Me pinté en tonos oscuros y labios rojos y me gustaba, porque era sencillo pero me veía bien. El caso es que el novio este de mi tía cuando me vio me dijo algo como "has ganado mucho de esta mañana a esta tarde" y me quedé como: "¿Perdona?" 

Disimulé lo mal que me sentó porque no quería amargar la cena a nadie, pero eso junto con otros temas que ha sacado otras veces a relucir, me dejó claro que es de ese tipo de hombres que esperan que las mujeres actuemos como floreros andantes. Probablemente me duraba el enfado cuando esta mañana, comiendo, solo que esta vez con los toros, ha salido cierto tema sobre las corridas y yo no he dicho apenas nada, sobre algo sobre matarlos, sin intención ninguna de entablar discusión o debate taurino, ha sido un mero comentario que le he hecho a mi tía, cuando este mismo "señor" me ha dicho "mejor cállate y no digas tonterías de esas que no, que no, que no quiero escucharlas" (algo así) Pues mira, yo no pensaba hablar pero ha dicho decir eso y entrarme una mala leche

Que entonces me he puesto a hablar. Y cuando hablo enfadada me pierdo un poco. No he dicho nada ofensivo, no me pierdo tanto, pero es cierto que por respeto, al menos a mis abuelos, debería haberme callado, pero no he podido contenerme y he dicho alto y claro lo que pensaba sobre las corridas de toro. 

Gracias por leer mis desvaríos! :*

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