No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Complejo de malabarista

Queridos lectores, 

Ya lo noto, se avecina, ha empezado a colonizarme el germen de la universidad y la infección comienza a extenderse sin remisión. Está bien, a pesar de que lo asemeje con una enfermedad mortal, lo de que me vuelvan las ganas de estudiar, será útil. Hoy, por ejemplo, he atendido en dos de las clases, incluso ahora atenderé un poco, después de escribiros.  

Mientras duré este proceso de infección en el que el patógeno se extiende por el torrente sanguíneo para hacerse con el control de mi sistema nervioso y contagiarme con la irracional necesidad de estudiar, soy dos personas a la vez, luchando en una guerra sin cuartel: mi yo responsable vuelve a la carga y quiere tirar de mi cuerpo a mi yo soñadora. Me gusta pensar en positivo y poder hacerme ilusiones, diciéndome a mí misma que podré hacer las dos cosas a la vez, quiero decir, que podría estudiar y dejarme algo de tiempo para escribir. Pero teniendo en cuenta que mis días de clase van de 7h a 18.30 horas y que, entonces, al llegar a casa, tendré que estudiar y quiero dormir en algún momento, lo veo difícil. Pero no es imposible, algo de tiempo sacaré, seguro. 

Oh, queridos míos, me estoy durmiendo, literalmente. Es que estoy ya en las clases de la tarde (qué rápido se pasa la mañana cuando escribes) y eso de atender y hacer la digestión al mismo tiempo es algo que mi organismo NO puede hacer. Así que se me empiezan a cerrar los ojos, escucho a la profesora como un eco lejano que, de vez en cuando, me va despertando, sobresaltándome.

***

He de confesar que ha pasado un día desde los párrafos anteriores, aunque la situación haya cambiado poco. Vuelvo a estar en clase deseando estar en una cama. Como la tecnología me tiene algo de manía, probablemente, porque no la sé tratar, pues tengo ciertos problemas técnicos de tanto en tanto. Os quería hablar de cosas importantes, pero ahora mismo solo logro concentrarme para pensar en café. Bueno, es mentira, lo cierto es que estoy terriblemente nerviosa, por una parte preocupada por mis problemas técnicos y sus repercusiones en el futuro; y, por otro, por ese germen de la responsabilidad del que os hablaba. Me he dado cuenta de que mi parte responsable, esa que está saliendo a flote ahora mismo (no ahora mismo porque estoy escribiendo en clase, me refiero a estos días) no es tan loable como pueda parecer, sino que tiene miedo. Es el miedo y no la responsabilidad lo que me empuja a refugiarme entre mis montañas de apuntes, protegerme y escudarme en ellos para no enfrentarme al mundo.

Ser responsable está bien, no digo lo contrario, lo soy y quiero serlo, pero no puedo dejar que mi responsabilidad se convierta en un problema si se me presenta la oportunidad de publicar. Porque eso supondrá mucho trabajo, repasar la novela, hacer cambios, alargarla, acortarla (ni idea de qué será), reuniones, viajes... Lo que, con mi súper horario, será mortal, pero no imposible. Las cosas solo se convierten en un problema en la medida en que eres incapaz de solucionarlo. Y yo sé que puedo hacerlo, porque no estamos hablando de cualquier cosa, ni de perder el tiempo por el mero placer de perderlo, sino de la oportunidad de cumplir mi sueño y de hacer lo que siempre he querido. Mi oportunidad para demostrar a mis padres cuán equivocados estaban y que soy capaz de todo, de llevar la carrera, de hacerlo como lo estoy haciendo, porque es una parte de mi vida, pero también de escribir porque, aunque ellos no quieran o puedan verlo, es otra parte igualmente importante.

Dicen que no se puede tener de todo. Yo no lo quiero todo. Pero sí quiero una vida completa, no quiero tener que decidir entre mis dos partes, entre la bohemia y la responsable. Lo cierto es que mi mente zozobra en un vaivén emocional, principalmente por los nervios. La universidad es absorbente, eso es algo que odio. Lo que os quiero decir y que mi caos mental no me permite es que a mí me gusta estudiar medicina, siempre y cuando, pueda escribir al mismo tiempo y quiero escribir teniendo la capacidad de seguir con la carrera. Y si tengo que hacer malabares, haré malabares. Cuando termine de perder la cordura, me iré a vivir a un circo.

Como última postdata, porque quiero cerrar la entrada antes de terminar estar mortal clase de nefrología, quede constancia de lo terriblemente torpe que soy. Porque, al salir de clase antes, me he tropezado con un cable de ordenador O.O que tonta soy...

En fin, deseadme suerte para que no me golpee en la cabeza en el intento de mis malabares ;)

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