No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 16 de septiembre de 2014

Seguir soñando

Queridos lectores,

Aún no he logrado que el internet de piso funcione, así que os tengo que escribir en clase, chupando la conexión wi-fi de la fuente de sabiduría y tortura, AKA universidad. Pero como tampoco puedo presumir de las velocidades puntas de mi ordenador, me conformaré con escribir en sucio en un Word y luego copiarlo.

En fin, por culpa de la falta de internet no os he podido contar lo que me ha pasado estos primeros días de clase… Vale, no ha pasado nada remarcable, pero me hubiera gustado compartir mis nervios, una vez más.

Las clases han empezado y mientras un hombre con bigotes y calva prominente chapurrea en inglés ciertos datos que no termino de captar sobre el diagnóstico de la deficiencia de vitamina B12 y folato, pues yo os escribo. He de decir que el domingo, antes de mi primer día, tuve un momento de negación absoluta, estaba deseando coger una manta, esconderme de bajo y fingir que, si yo no veo el mundo, este no me ve a mí. Pero el mundo siempre te ve, es como un Gran Hermano (y me refiero a la novela 1984 y no al reality show, quede claro para no perder la poca apariencia de persona medianamente culta que pueda tener). Pues eso, que el mundo te acaba encontrando por hondo que te ocultes con tu pequeña manta y te acaba mandando a patadas para atender en una clase sobre deficiencia de vitaminas. Bueno, atender, lo que se dice atender… jejeje… digamos que el mundo no puede controlarlo todo, para eso está mi madre.

Pequeño inciso: odio que los profesores cambien la diapositiva antes de que me dé tiempo a copiarla, después de que me tome la molestia de intentar prestar atención.

Como os iba diciendo, he tenido momentos de todos en este día y dos horas de clase que he experimentado. Volver a ver a mis chicas, sin duda, me alegró el día y me animó mucho, estaba muy contenta de escucharlas y hablar de mi nuevo libro y todos mis proyectos (porque soy muy cansina con ese tema). También es cierto que, en la reunión informativa y cada vez que las chicas sacaban el tema de clases, optativas apuntes…, me ponía loca-histérica-nerviosa (opción a elegir por el lector xD) Casi se me quitan las ganas de almorzar.

Hablando de arruinar mi apetito… podría perder un par de quilos si tuviera más clases de dermatología al día. No soy demasiado sensible a la hora de imágenes, he de decir, creo que me estoy insensibilizando con la edad, porque estoy viendo un desfile de asquerosidades impresionantes que apenas me han hecho sorprenderme. Pero no hablo ya solo de apetito alimentario… Queridos amigos, la dermatología acaba de arruinar todos mis relatos eróticos. Insertar cara de odio hacia la dermatología

Ahora, cada vez que lea algo en temática erótica va a parecer que estoy viendo una película de terror y comenzaré a hablar con la protagonista para gritarle: “¡No, no hagas eso, ¿no ves que puedes tener un herpes tipo 2 oral?” “Noooo, la papilomatosis acecha”

Definitivamente, a la medicina le gusta fastidiar los pequeños placeres de mi vida (¬.¬) Pero, como decía la Cenicienta, al menos hay algo que nunca nos podrán quitar, seguir soñando y no con novelas eróticas (mal pensados). Me refiero a mantener la esperanza. Hace un año que escribí mi primero libro y ya tengo acabado el segundo, es algo que me enorgullece a mí misma, pero es también un arma de doble filo porque este año de peripecias y maduración como escritora también me ha mostrado lo extremadamente difícil que será publicar. Este hecho solo da fuerza a las molestas voces de mis padre que se han hecho un hueco entre mis demonios personales para decirme que no lo lograré nunca. Sobre todo, ahora que ha empezado el curso y, en apenas dos días, me ha saturado a proyectos, me dice una pequeña voz que tendría que ponerme a estudiar las pocas horas que le quedan a mi días entre las clases y dormir y olvidarme de estudiar. Me digo, sin querer escucharlo que, si no lo voy a lograr no es útil ni práctico perder un tiempo que debería emplear en estudiar, en escribir. Pero no lo voy a hacer, prefiero soñar, que le den al mundo en general, a “lo que debo hacer” en particular. Quiero escribir.


Estoy aprovechando la clase de radiología para tener una pataleta, lo sé, como también soy consciente de que tendré que estudiar quiera o no y que habrá días, a lo largo del curso, en los que será prioritario ponerme al día y no podría escribir, pero voy a seguir escribiendo aunque no me publiquen, aunque no sea una gran escritora, lo haré por una razón muy simple y un poco egoísta: porque es lo que me hace feliz. 

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