No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 26 de octubre de 2014

Por aquellos que se van, pero siempre permanecen ;)

Queridos lectores, 

He tardado mucho en ponerme a escribiros y es que he tardado mucho en encontrar las palabras adecuadas para expresaros lo que me pasó el jueves. Ese paciente del que os hablé, al que había estado visitando por voluntad propia y con el que había hablado, conocido, a él y a su mujer, y que me había causado tan grata impresión, falleció. 

Yo no lo mediqué, ni le prescribí nada ni lo diagnostiqué. Mi relación como profesional de la medicina con él se limitó a unas cuantas auscultaciones mal hechas y las a muchas charlas de ánimo y confianza que compartimos. Sin embargo, solo por eso, me siento con el derecho (aunque probablemente no lo tenga) de decir que fue mi paciente. Quizás no médicamente hablando, porque ni siquiera soy médica todavía, pero sí fue una persona de la que me preocupé, a la que me apetecía pasar a ver cada día solo para comprobar si había mejorado, a la que sonreía y hablaba y le deseaba lo mejor ¿y no debería ser esa la definición de un paciente para un médico? 

Pues sí, el jueves perdí a mi primer paciente. Y a este le han seguido otros, le precedieron otros, claro, personas a las que, por edad y trayectoria de vida, no les correspondía morir, pero la enfermedad no hace distintivos y le importa bien poco si dejas o no algo atrás. Sí. Pero con él fue diferente, porque solo con su mujer había hablado lo suficiente como para decirme a mí misma que lo correcto era que fuera a darle mis condolencias. Así que sí, allí fui yo, una tonta estudiante de cuarto de medicina que no sirve para nada, científicamente hablando, pero que se sentía en la obligación y que, además, quería poder despedirse de esas personas que habían ocupado diez minutos de mi tiempo cada día y un trocito de mi corazón. Me acerqué a su habitación. Las enfermeras me dijeron que no podía entrar, que los estudiantes no pintaban nada, vamos que me echaban. Pero puedo llegar a ser muy testaruda. Pasé igualmente para encontrarme con la sonriente mujer que había conocido hecha un mar de lágrimas. 

Los hijos, que no me conocían, me miraron sin comprender que hacía allí e incluso con algo de desconfianza al ver otra bata blanca. Pero, por una vez en mi vida, supe lo que tenía que hacer y, sin fijarme en las miradas de los que me rodeaban, me acerqué a la mujer y dejé que me abrazara entre lágrimas. Susurré unos cuantos "Lo siento" y no sabía qué otra cosa decir. Cualquier otra palabra sonaría vana, vacía, sin sentido, excusas manidas que se usan por costumbre. No iba a decirles lo típico de "sé que es duro", porque ni siquiera lo sé, solo puedo imaginarlo; no iba a decirles que les acompaño en el sentimiento porque mi pena no puede compararse ni acompañar a la de un hijo que pierde un padre ni a la de una esposa que pierde a su compañero en la vida. 

Así que me limité a abrazarla, una y otra vez, cada vez que me soltaba, intentaba hablar y volvía a llorar en mi hombro... hasta que la mujer se tranquilizó y me presentó a sus hijos, me dio las gracias por cómo los había tratado y me dijo que les alegraba el día cuando iba a verlos. Poco podían saber que ellos me los alegraban a mí diciéndome que sería una buena médica o haciéndome confesiones sobre su estado que no se atrevían a hacerles al médico, cuando la mujer me cogía del brazo y se ponía a halagarme delante delante del profesor con el que iba cada día. 

No escribo esto para que sintáis pena por mí, ni mucho menos. Yo no merezco la pena que podáis sentir, ellos sí, ellos han perdido a un padre o a un marido. 

¿Qué hacemos como médicos? Nosotros sentimos lástima, pena, sí, llegué a llorar (no delante de la mujer, claro). Pero no nos quedamos con eso. Nuestra vida seguirá. Tendremos más pacientes, muchos, demasiados, tantos que sus rostros terminarán mezclándose o perdiéndose en la memoria. No. Nosotros no nos hundimos por esa pérdida, no podemos hacerlo, no tenemos derecho a hacerlo. Yo me siento afortunada de haberlos conocido, creo que he aprendido mucho con esos diez minutos diarios de hablar con ellos solo para ver cómo estaba y con ese abrazo con sabor a lágrimas. Y sé, al menos me queda eso, que ya no se podía hacer nada por él, que cada día sufría más y que la enfermedad no tenía remisión; sé que no podía curarse y por eso no puedo sentirme culpable (además de que yo no lo traté), pero en el caso de que hubiera sido su médico, no es una cuestión de pena o de culpa. 

Tras la tristeza inicial, yo me siento afortunada por haberlos conocido. No es la pena lo que se queda una vez se van, si no la alegría de poder decirte a ti mismo que, mientras esas personas aguardaban desesperadas su inminente final, tú las hiciste sentir queridas, las hiciste sentir que alguien (aunque fuera una vulgar estudiante) se preocupaba por ellos, que eran especiales y no meras enfermedades terminales encamadas. 

¿Sabéis que es lo que más adoro de mi dualidad médica/escritora? Que quizás como médica estoy más rodeada de muerte, la veo, la siento acercarse, luchar contra ella, en ocasiones la veo vencer y otras, las mejores, la veo ser derrotada. Y, como escritora, todo va de crear. Cada página en blanco es una nueva vida que espera ser escrita, una nueva aventura que espera ser experimentada, un nuevo amor que espera por crecer... Sí, me encantan las páginas en blanco como veis porque, para mí, no son vacíos ni falta de ideas, si no las promesas de grades historias aún por escribir, las señales de lo que está por llegar. 

Pero un final, también puede ser una página en blanco; un final, una despedida, una persona como esta que te ha marcado y de la que te cuesta desprenderte, puede hacer que cambies parte de lo que creías saber hasta el momento, arranques la hoja que has estado creando y comiences una nueva. No tengáis miedo de quedaros en blanco, ese es el momento en el que todo es posible.

Y, en fin, chicos y chicas, mañana volveré al hospital, veré más pacientes, nuevos y conocidos, rostros, historias y momentos que irán llenando lentamente mis días hasta que esto quede muy lejano. Pero aún así, siempre conservaré a este paciente en la memoria como una de esas personas que he conocido en mi corta vida como persona del mundo médico y que atesoro en un lugar especial de mi memoria. 

Me despido de él con estas palabras. Y a vosotros no os digo "adiós", sino "hasta pronto" ;). Ya sabéis, la vida está llena de momentos, elige los buenos y regala sonrisas que, por ahora, sigue siendo gratis :)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Grandes Maestros

Queridos lectores, 

Lo sé, os tengo abandonados. Podría deciros que mi horario es de locos este cuatrimestre y llego a casa a las tantas de la tarde y con las fuerzas justas para entrar en mi cuarto, cambiarme de ropa y tumbarme en la cama, pero ni siquiera eso es excusa. 

Sin embargo, hoy no quiero extenderme en mi triste vida de estudiante de jornadas interminables, sino que quiero hablaros de algo más interesante. Llevo una semana de prácticas en el hospital, casi dos semanas de hecho (que rápido pasa el tiempo) y, desde hace ya varios días que espero encontrar las fuerzas para escribiros esta entrada y explicaros lo más importante que me ha enseñado esta estancia en el hospital. 

Mis queridos lectores, tengo que decir que, cuando estás en un hospital, tu mejor profesor no es siempre el médico, sino que muchas veces es el paciente. La semana pasada, conocí a una mujer increíble. Las personas de bata blanca que se ven en la, más o menos, agradable obligación de soportarme, suelen comenzar una visita explicándome la historia del paciente antes de que este entre. Así que, mucho antes de que esta mujer entrara por la puerta, antes de conocerla y ponerle un rostro a su historia, yo ya sabía que, a una edad demasiado temprana, había sido sometida a múltiples cirugías por varias neoplasias. En fin, no puedo ni quiero entrar en detalles porque la confidencialidad del paciente está por encima de todo, pero hubo algo que llamó mi atención especialmente y que, en cuanto lo leí en su historia, hizo que me diera un vuelco el corazón y es que, debido a esas múltiples cirugías, la paciente se había quedado sin la posibilidad de concebir. 

Me pareció tremendamente duro. Sé que el instinto materno es diferente en cada mujer y no estoy diciendo, ni de lejos, que una mujer necesite ser madre para ser feliz (como algún que otro político retrógrado ha dejado caer). Pero para mí, ser madre es una de las cosas que me mueven hacia delante y me ayudan a seguir en mis días bajos. Es algo que me ilusiona y llena mi hipotético futuro de algo de luz. Así que, cuando mi mente de escritora decidió ponerse en el lugar de aquella mujer, me vi a mí misma tras haber sido sometida a innumerables operaciones, sin saber de dónde sacar fuerzas para seguir con el extenuante tratamiento y sabiendo que esa pequeña esperanza que me había motivado durante toda mi vida había desaparecido. Sabía que no era yo, sabía que era un mero producto de mi empatía demasiado desarrollada, pero me hundí en la miseria. 

Por lo que, para cuando llegó el momento de que mi paciente entrara por la puerta, yo pensaba que me iba a encontrar con una mujer de aspecto triste y más bien resignado. Imaginad mi sorpresa cuando, en lugar de eso, apareció una chica sonriente, resplandeciente, animada, amable... feliz, estaba feliz O.O... Sí, yo flipaba por el enorme contraste entre la realidad y la imagen de mi mente. Y fue cuando me di cuenta de que las personas podemos ser increíbles. Increíblemente fuertes, increíblemente valientes, increíblemente pacientes... Lo son esas personas capaces de encontrar un reflejo de luz en medio de la más densa oscuridad, esas personas que, en medio de su desdicha, logran ver un motivo para seguir sonriendo. Y, por eso, aquella mujer fue mi mejor profesora aquel día porque me enseñó lo fácil que es ser feliz si uno se lo propone y deja de pensar en las cosas que ha perdido para concentrarse en las que ha ganado, en su caso, unos cuantos meses libres de enfermedad hasta el próximo chequeo. 

Y, así, podría seguir enumerando a las personas que he conocido estos días. Algunos de ellos, lo confieso, han inspirado (al menos el físico) de algunos personajes de mi última novela. Sé que este pensamiento no es propio de un médico en absoluto, pero las consultas son un gran lugar para crear personajes. Si te fijas y, más importante, sabes cómo observar, la mayoría de las personas tienen algún rasgo distintivo que las dota de una curiosa realidad y por eso es mucho más realista (valga la redundancia) coger estos detalles de las personas que conoces o has visto que inventarlos y crear una personalidad de cero. 

Pero, volvamos a las cosas bonitas que aprendo en oncología. Hoy, uno de los médicos jefazos no tenía trabajo y nos ha dado una charla sobre lo bonito que es ser oncólogo. Quizás, en otro momento, habría diferido, pero lo cierto es que me han gustado y convencido sus palabras, no para ser oncóloga porque pediatría sigue siendo mi gran pasión médica, pero sí me ha conmovido el cariño que mostraba por sus pacientes y los pacientes en general. Me ha gustado la historia en la que un niño le regala una pequeña nota en la que dice "Gracias por salvar a mi papá"; me ha gustado la visible rojez en sus ojos al hablarnos de una paciente a la que terminó perdiendo tras una gran lucha; me ha encantado ver que hay médicos que no han olvidado para qué estamos ahí, que no es para gastar el dinero de los contribuyentes, ni para ir a congresos pagados por farmacéuticas, ni siquiera para aprender de patología, sino para aliviar el dolor, el sufrimiento de la gente. 

Y, por favor, casi salto y le aplaudo cuando he visto que todos los médicos que he conocido de ese departamento se refieren a sus pacientes como este/a "señor/a tiene un..." y no con la mítica fórmula de "esto es un páncreas, esto es un colon, esto es un adenocarcinoma..." ¿Sabéis a lo que me refiero? Hablo de cuando los médicos y también los estudiantes se fijan en la patología pero no en la persona que la padece, eso es muy triste. Yo puedo sobrevivir sin ver bolsas de colostomía, queridos míos, yo seguiré viviendo muy feliz aunque no me dejen hacerle un tacto rectal a un paciente... quizás mi mente sea poco médica, pero es muy humana, porque con lo que sí que no puedo vivir es sin las sonrisas de agradecimiento y la sensación de confort y orgullo que me invade cuando me dan las gracias, me dan dos besos y hasta me abrazan. Y diréis ¿a santo de qué? Pues será porque soy muy adorable, porque lo que es hacer yo no hago nada, sonrío mucho, los toco si la ocasión lo permite y me parece adecuado y, si es un ambiente distendido, hasta hago alguna broma, pero ya. 

Sí que es verdad que tiendo a quedarme con los pacientes que visito y cuando estoy en sala me quedo con sus habitaciones y me voy preocupando de su progresión, como si fueran pacientes míos. Eso puede llevar a falsos entendidos porque, por ejemplo, tengo un hombre muy simpático con una mujer encantadora al que visité en mi primer día y vi después, como es casi el primer paciente que vi y con el que hablé algo más, pues me pasé un día a verlo así porque me dio la gana a mí yo sola. Y ahora casi paso todos los días por su habitación a ver cómo sigue. Claro que, cuando me preguntan, pues no les sé decir mucho, pero intento animarlos. Eso sí, me sé mejor su historia que algunos de los médicos que lo llevan. Porque el miércoles lo volví a llevar yo y le fui diciendo al médico que lo tenía asignado cómo habían evolucionado sus crepitantes y su saturación de oxígeno. 

Tendría que dormir ¿no? Me cuesta algo porque resulta que ahora tengo insomnio, duermo como cuatro horas al día y el resto de las horas dedicadas a tan relajante actividad me las paso dando vueltas en la cama o, si me siento demasiado frustrada como para intentar atrapar a Morfeo, pues leo o escribo. Quizás eso os ayude a entender cómo he terminado otra novela en apenas dos meses. 

Lo peor es que tengo dos ideas para otros dos libros y lo que no tengo es tiempo. No me entendáis mal, las musas siempre son bienvenidas, pero se agradecería que me visitaran más en verano. En fin, el deber llama y yo me parto en dos si hace falta, pero no quiero renunciar a nada. Ni a escribir ni, muy a mi pesar, a estudiar. 

Oh, tengo un profesor, llamémoslo X, que disfruta martirizando a los pobres estudiantes de medicina preguntándonos con nuestro nombre así, a pelo en clase O.O. ¿Sabéis lo que supone haber dormido dos horas en una noche, llegar a un seminario y que, de pronto, tu nombre resuene por la sala de blancas paredes haciéndote saltar como  hubieran lanzado una granada y tener que pensar? No es recomendable. Un día más, agradezco a quien quiera que descubriese en café, creo que fue un pastor o más bien sus pobres y colocadas ovejas. Pues vivan las ovejas y viva el café. Vaya, ¿estará relacionado lo de contar ovejitas cuando no puedes dormir con que fueran las ovejas las que propiciaron el descubrimiento del café?

Vale, si divago es patognomónico de que tengo que descansar, al menos, intentarlo. 

Suerte a todos en lo que hagáis. Si estudiáis medicina, no lo olvidéis, los médicos pueden ser grandes profesores, pero, si estás atento y sabes escuchar, puedes aprender mucho de los pacientes también. 

miércoles, 15 de octubre de 2014

La excepción que confirma la anormalidad

Queridos lectores, 

Siento mucho el espaciamiento de mis entradas últimamente, pero ya he comenzado las prácticas en el hospital y me dejan total y absolutamente agotada. Me paso toda la mañana en la clínica, por la tarde tengo clase, la segunda parte de la tarde intento estudiar y, si logro arañar algo de tiempo libre, me esfuerzo en terminar el libro que estoy escribiendo para poder concentrarme en el siguiente libro que quiero escribir. 

Pero estoy MUY cansada. Definitivamente, el hospital me agota y me sienta fatal. Cuando llego a casa, a penas me tengo en pie. De hecho, ayer estuve a punto de desmayarme en mitad de una consulta y no por la sangre y otras cosas asquerosas, sino por el propio cansancio, el mundo me daba vueltas. Supongo que mi maravilloso y parcialmente heredado insomnio tiene gran parte de la culpa. 

En fin, lo que llevo queriendo compartir desde el primer día de prácticas, pero que el agotamiento mental no me permitió, es que me gusta bastante el servicio en el que estoy. Cierto, empecemos por ahí (perdón por mi espesor mental). Voy a pasarme cinco semanitas en oncología. Los escasos días que llevo me han sorprendido gratamente porque los médicos son simpáticos con los pacientes. Lo triste es que esto sea una sorpresa y no la tónica general, pero, por mi corta experiencia en hospitales, así es, es raro encontrar un médico que realmente se preocupe por los pacientes. Así que estoy encantada con los profesionales que me han tocado en estas prácticas, al menos, los que he conocido hasta el momento. 

También, está claro, que en oncología tienen lo de la empatía más trabajado que en otras especialidades donde no se les hace caso a los pacientes. Sé que la mayoría de los estudiantes de medicina estarían más contento si ya hubieran palpado muchos hígados, auscultado insuficiencias cardíacas y practicado algún que otro tracto anal, pero a mí me hace mucha más ilusión ver a los médicos hablar amigablemente con sus pacientes, tocarlos, hacer bromas y comportarse como personas humanas. Supongo que no es el enfoque correcto, desde luego, no es el enfoque más extendido, pero yo creo haber aprendido más hoy cuando he contemplado como mi médico asignado le decía a una paciente que su cáncer había ido a peor y que la cosa no pintaba bien, pero que íbamos a seguir luchando por y con ella, que auscultando. Básicamente porque solo oigo ruidos. Bueno, no, que reconocí unos crepitantes, al menos me concederé ese crédito. 

Lo que pretendo decir... ni lo sé, estoy demasiado cansada. Pero sí, que realmente creo que la comunicación con los pacientes es una habilidad médica tan importante como el saber palpar, auscultar o leer ECG. Que, vale, si un hombre te viene en parada cardíaca pues no te vas a poner a preguntarle por sus nietos (entre otras cosas porque no podrá responderte) ahí sí, querido, tendrás que actuar. Pero cuando estás tratando con alguien en una consulta, en un examen rutinario, no tienes que olvidarte de que es una persona y no una patología con patas. 

Por eso no me gusta cuando, al salir de las prácticas, algunos compañeros se ponen a decir: "¿Tú qué has visto?" Y uno dice: "yo, un carcinoma vesical", "pues yo he visto un tumor cerebral o un doble bazo o un linfoma" Y yo fibrilo, refibrilo y vuelvo a fibrilar, con los ojos como platos O.O y a punto de tirarme de los pelos y me dan ganas de gritar: "No, habéis visto PERSONAS con un linfoma, un carcinoma o lo que sea" Pero PERSONAS. No comprendo esa definición de la magnitud/importancia del caso por su patología. 

Pero, otra vez, esto solo demuestra que mi mente dista mucho que ser la de un futuro médico, me temo. Porque, por ejemplo hoy, al salir de las prácticas no he considerado que lo más importante del día hubiera sido las auscultaciones que he realizado, ni la vaga palpación abdominal, ni siquiera el intento de tacto rectal que me ha tocado hacer, sino el momento en el que, al salir de la habitación de un paciente, la mujer del mismo me ha dicho que sería muy buena médica porque soy muy maja y paciente y la mujer no me conocía de nada y yo no he despegado, a penas, los labios en su presencia, pero aún así me ha hecho sentir especial, al menos, que tenía una sonrisa reconfortante y bonita, porque lo más que he hecho ha sido sonreírles. Y eso salva mi día. Eso y la siesta de esta tarde (mi única tarde libre de esta semana) que es lo que me ha permitido reunir las fuerzas necesarias para escribiros. 

Por si la vida fuera poco estresante cuando estudias medicina y no tienes tiempo de descansar, mi profesor de dermatología ha decidido que quiere provocarme un ataque al corazón. Hoy me ha preguntado en clase, así, en voz alta y en oral y con mi nombre (con todas sus letras). Por suerte para mí, he tenido una inspiración (de magnitudes casi divinas para lo que había estudiado) y lo he dicho bien o, al menos, no tan mal como para que me hiciera irme de su clase en un arrebato de indignación. Pero tengo que prepararme para el viernes un caso clínico, maravillas de ser la primera de la lista, junto con otros compañeros. Y ahora es cuando digo yo, mi querido profesor, cuándo pretende que estudie si llego a casa tan cansada que no logro mantenerme erecta en la silla y caigo redonda a la cama en cuanto la veo. Cómo espera que mi mente sea capaz de retener una fracción de información si la pobre viene sobresaturada de fábrica. 

Quiero esconderme debajo de la cama y fingir que el mundo deja de existir cuando la veo, pero, sobre todo, quiero dormir ocho puñeteras horas seguidas. Oh, es que tengo muchas pesadillas últimamente. No me sorprendería nada que, un día de estos, soñase con que mi querido profe me pregunta en clase y estoy desnuda. Aunque mantengo la esperanza de que mis sueños sean algo más originales, por ahora, lo son. 

Más cositas... ¿os he dicho que últimamente escribo mucho? Si lo he dicho sería mentira, porque nunca se puede escribir demasiado, el mucho no existe en esta materia y, encima, el cansancio me limita mucho la inspiración. Mis musas se han ido a un spa, parece ser. Pero sí, tengo otro libro en proceso y otro más tomando forma en mi mente. Mi parte favorita del proceso creativo creo que es esta justo cuando la idea comienza a formarse y puedo pasarme horas soñando despierta, incluso sin escribir, solo pensando cómo son los personajes, qué les gusta hacer, cuáles son sus mayores sueños, deseos, placeres, secretos, cómo eran sus padres, cómo se criaron, qué les gustaba hacer, con qué reían, con qué lloraban. Sé que soy rara, pero me encanta conocer poco a poco a mis pacientes, les voy tomando cariño inconscientemente. 

OHHH y hablando de crear personajes, el otro día me pasó algo muy genial. Encontré en una libreta en la que garabateaba mientras estudiaba, un primer boceto del que sería mi primer gran personaje (boceto por escrito). Quiero decir, que empecé a escribir alguna escena con ella, aunque por entonces todavía no había decidido el nombre e, incluso, la personalidad del personaje era un poco diferente a la actual, me hizo mucha gracia e ilusión leerlo y no pude evitar pensar que era como ver una ecografía del primer hijo, cuando apenas es una mancha en la pantalla. Lo sé, soy rara -.-' Pero me gusta tanto escribir, que cuanto más lo hago más me gusta y cuanto más me gusta más lo hago y más me enamoro del que es ya, decididamente, el mayor amor de mi vida (por el momento), junto con mis animales, pobres, no los voy a dejar atrás. 

No creo que pueda explicar con palabras lo mucho que disfruto escribiendo, aunque las palabras sean supuestamente lo mismo, porque si, en más de viente años, no he logrado que mis padres comprendan lo importante que es para mí, no creo ser capaz de reflejar en un párrafo la intensa emoción, la cálida sensación, la inmensa alegría que me embarga cuando escribo. Incluso cuando tengo que hacerlo, como ahora, tendida en la cama escuchando los rugidos de mi estómago como música de fondo. Así que así estoy, además de con un ferviente deseo de irme a cenar, con muchas ganas de descansar lo suficiente como para poder escribir. Y, en el fondo es culpa mía, porque después de estar tumbada toda la tarde, en un penoso intento de estudiar, y cenar es cuando mejor me encuentro, ergo me pongo a escribir, ergo se me hace un poco tarde, ergo no duermo. Pero merece totalmente la pena. 

A veces desearía no tener que ir al hospital y poder pasarme el día escribiendo, pero en realidad no es así porque aprendo mucho en el hospital. Me fijo en el físico, los tics, la voz, los gestos de algunos pacientes y los transformo en mis personajes. Conozco muchas personas que se enfrentan al dolor de manera diferente y todo eso enriquece mi prosa, creo. 

Pero estoy muy cansada... 

Os escribiré más, pero no mejor, cuando logre volver a tenerme en pie. Deseadme suerte ;)

jueves, 9 de octubre de 2014

Buque insignia

Queridos lectores, 

El lunes pasado fue mi primer día en el nuevo hospital al que estaré yendo todo este año. Y, no contentos con hacerme perder una hora de mi vida con un seminario aburridísimo sobre algo del riñón, nos reunieron para darnos una charla todavía más aburrida. 

Pero, empecemos por el principio, somos el grupo ARA que es el de alto rendimiento (aunque es mentira), pero bueno, el título queda como muy bonito. Claro, el "mejor" grupo de medicina en el hospital más nuevo y recién construido de la ciudad, era algo de lo que dejar constancia. El rector, el consejero de Sanidad y otros tantos personajes que ni conozco ni ya recuerdo, vinieron a congraciarnos con sus palabras. 

Presté atención durante sus charlas, mayormente porque no tenía otra cosa que hacer, y hasta fui tomando apuntes en una libreta para deciros, después, lo que me transmitieron con sus discursitos. Bueno, disculparé primero al jefe de docencia, un doctor que sí me pareció humanamente agradable y más o menos preocupado por las personas en general, que nos aconsejó que fuéramos cabezotas. No creo que deba acatar ese consejo, más que nada porque yo ya soy demasiado testaruda y, a veces, he pensado si ese no será mi problema, si mi testarudez es lo que no me deja aceptar la idea de que si así no soy feliz, debería cambiar mi vida, pero a veces, una pequeña parte de mí, es demasiado orgullosa como para admitir tan abiertamente que se ha equivocado en todas las decisiones que ha tomado en su vida. 

Pero no hablemos de mí, si no de los singulares personajillos que vinieron a vernos. Para los otros dos conferenciantes, el rector y el consejero, tengo básicamente dos palabras: falsedad e hipocresía. Aquello era todo lo que me transmitían sus palabras vacías, sus inmerecidos títulos o sus innecesarios protocolos. Aquello era lo que pensaba cuando se referían al nuevo hospital como "buque insignia", "magnífico", "excelente" y, entonces, recordaba que estábamos en el culo del mundo (con perdón), a las afueras de todo lo conocido y por conocer, y todos los errores en la construción de aquel hospital. 

Porque sí, la fachada era sobria y recatada, la forma curiosamente parecida a la inicial del nombre que se le ha dado, incluso, se le podría llegar a considerar bonita, curiosamente organizada, demasiado grande en mi opinión y hecha para que la gente se pierda por el camino. Pero la estructura no sostiene el peso de las máquinas. ¿No sabéis de lo que hablo? Pues de que el genial constructor que diseñó el hospital pensó en la organización, en la fachada, en los colores, pero no pensó en que era un hospital y el suelo no está preparado para soportar el peso de algunas de las máquinas de medicina nuclear que tuvieron que quedarse en su antiguo emplazamiento. Tampoco se le dejó espacio a algunas cosas de anatomía patológica. Una vez más, con sus palabras tan solo demostraron que lo más importante son las apariencias, la fachada. Llegar para hacerse una foto rodeados de estudiantes en un escenario bonito y dejar los problemas del interior para quien esté dispuesto a solucionarlos. 

Me hizo gracia, además, que lo llamaran "buque insignia" porque tienen más razón de la que querían tener. Me recordó demasiado al Titanic, un barco de gigantescas dimensiones que sirvió para enorgullecer, para posar y aparentar durante unas horas a unas cuantas personas importantes, pero que, a la hora de la verdad, ni siquiera fue capaz de lograr su único objetivo, aquel que compartía incluso con los barquitos más pequeños y humildes, que era mantenerse a flote. 

Por cierto, el consejero era un pésimo orador. Puro paripé, chicos. Nos piden que seamos críticos, ¿no?, incluso cínicos. Pues esa es mi crítica. No creí en ninguna de sus palabras y no sé si el hospital nuevo será o no una maravilla, de lo único de lo que estoy segura es de que voy a estar un año atrapada en este enorme laberinto. 

Mi primera cerveza

Queridos lectores, 

Ayer os escribí (fue ayer, ¿verdad? uy que mal va mi cabeza) pero no os conté lo más importante. El martes llevé a registrar mi última novela. Me sentí muy madura y capaz al lograr hacerlo yo sola, pagar las tasas, rellenar papeles, entregarlos, hacer una fotocopia... buah, soy muy mayor (lo sé, no es para tanto). Lo importante es que mi nuevo libro está en proceso de registrarse y a mí me apetecía celebrarlo. 

Sobre todo, tras la "amistosa" bronca de Adele del lunes sobre que no salía suficiente. Y yo le decía "chica, yo salgo todos los días. Vengo a la universidad, ¿ves? para eso tengo que salir de mi casa. Pues ya está, salgo" Pero, parece ser que mi argumento no terminó de convencerla y no me libré de la charla sobre cómo y por qué debería salir de mi casa para conocer gente nueva y ligar. Bien, pues, no sé si fue por el ánimo de sus palabras o por demostrar (más bien esta) que soy capaz de salir y pasármelo bien, el martes nos hicimos a la idea de salir a celebrar el registro de mi libro. Al final, Adele se retiró porque se encontraba mal. Fue Eire la que salvó mi noche. 

Y digo salvar con todo conocimiento de causa. Pues me encontraba yo tumbada en la cama tras una tarde en la que cualquier intento de estudio había sido infructuoso y mi inspiración había decidido dejarme abandonar. Sin nada con lo que ocupar mi mente, antiguos pensamientos (y digo antiguos porque los tengo desde hace tiempo aunque están siempre presentes) hicieron su gran entrada a mi mente, torturándome de nuevo con todas esas cosas que en realidad no quieres oír, que sabes que son ciertas pero que no quieres recordar. Algunas lágrimas, no demasiadas porque no me gusta que la gente me vea llorar y suelo aguantarlas hasta que me voy a dormir o a la ducha y el agua que cae en cascada sobre mi rostro arrastra consigo las gotas más saladas que salen por mis ojos; habían decidido molestarme. 

Hastiada un poco de todo en esta vida, me levanté de la cama con el firme propósito de buscar alguna cosa que leer o con lo que entretenerme y fue cuando vi el mensaje de Eire diciéndome que ella sí estaba dispuesta a salir, que su compañera de piso y otros amigos iban a tomar algo. Le contesté con rapidez antes de que mi determinación se quebrara del todo, porque la alternativa era pasarme la noche llorando. Cené rauda y veloz para tener tiempo de hacerle un pase de modelos a Anastasio, porque no sabía cómo iba la gente de arreglada a "hacerse algo". Al final, bajé dando saltos por las escaleras los siete pisos que me separaban de la calle, con mis inseparables zapatillas azules, unos pantalones negros, la camisa más oscura que tenía y los labios de rojo (que eso no se lleva, pero a mí me encanta). 

Y así fue como comenzó la noche en la que me bebí mi primera cerveza, que se convirtió en mis tres primeras cervezas, que dieron paso a mi primera borrachera incipiente (soy una floja, pero es que no suelo beber). Aunque he decir que mantuve la compostura y aunque el mundo giraba a mi alrededor yo no me caí al suelo, tampoco me atreveré a decir que me mantuve muy recta, pero para eso es un alivio que el alcohol me vuelva un poco más cariñosa, así podía abrazarme a Eire para disimular mi falta de equilibrio. 

Me lo pasé muy bien y creo que de ahí que llegara a ponerme "contenta". Porque lo que es la sensación de embriaguez que te dan las bebidas espirituosas ya lo había sentido antes, la diferencia es que si, cuando esto me pasa, no estoy a gusto, pues me cierro al ligero vaivén de mi mente, claro, la concentración que me exige esto, me hace estar de mal humor, más taciturna, callada, y es una borrachera borde. Pero como me estaba divirtiendo, pues me solté. Me porté bien, en realidad, solo dije unas cuantas cosas indebidas, otro par indiscretas, algunas tontas y aún logré callarme otras. Laura 1-Cerveza 10... Casi O.o

En fin, no quiero manchar mi imagen de sosa seria y aburrida, pero es lo que hay. Hasta las mojigatas tenemos derecho a divertirnos. 

Hablando de diversión, ¿ya os he dicho que estoy escribiendo una nueva historia, no? Pues me va a matar, porque la protagonista tiene muchas cosas en común conmigo y ahora que estoy escribiendo su crisis de identidad, sus dudas y sus miedos, uso los míos en gran medida para darle realidad y porque así me desahogo yo también. ¿Resultado? El personaje estará muy logrado, pero estoy dejando aflorar demasiadas de mis dudas, lo que no me incita para nada al estudio. Me paso el día leyendo para olvidar (que siempre será mejor que bebiendo para olvidar). Tengo mucho que escribiros, pero entre los horarios interminables, las tardes con mi nuevo libro, las cantidades ingentes de lecturas atrasadas que tengo y mis pésimos intentos de estudiar, no me quedaba tiempo. Por eso puede que os encontréis de vez en cuando, varias entradas seguidas porque voy escribiendo lo que os quiero decir y cuando tengo tiempo lo escribo todo. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

El lobo que habita

Queridos lectores, os dejo otro de mis pésimos intentos de estudiar :)

LUPUS ERITEMATOSO CUTÁNEO

El lupus es un lobo que acecha para devorarnos. La bestia interior que anida y ataca cuando menos te lo esperas. Se cuenta que, en sus ataques, las víctimas sufre lesiones múltiples cutáneas y sistémicas, inflamación sin remisión.

Pero comencemos por el principio. Los lobos prefieren a las mujeres, a ser posible en edad reproductiva, su instinto animal los hace sentirse atraídos por los factores hormonales. Y, es incluso peor, con las personas de raza negra.

Es difícil describir las características de un animal tan complejo. Pues no es un lobo cualquiera, sino… Cierra los ojos e imagina que tu mundo está patas arriba, que todo por lo que luchas se desvanece, que la injusticia te atrapa. Abre los ojos y deja que la rabia te domine por completo. Ya has despertado a tu lobo. En el caso que nos ocupa, podría tratarse parecido. No es una bestia vulgar a la que nos referimos, sino al más prodigioso, dantesco y maquiavélico monstruo al que se podría nombrar y, no es otro, que el que habita dentro de los hombres.

A veces, un mero contacto con el agente infeccioso basta producir la actividad cruzada con un antígeno propio, si existe una predisposición genética favorable que haga a tu lobo despertar. ¿Cuál es el mayor miedo de un pastor? ¿Puede un lobo disfrazarse de oveja? Quizás no las bestias salvajes que nosotros conocemos, quizás ellos no tengan la sagacidad de buscar un subterfugio hacia las filas enemigas. Pero nuestro propio lobo sí, se disfraza de anticuerpos, componentes normales de nuestro organismo que atacan a nuestras defensas, pero no, no son esto, son anti-cuerpos, que una vez han entrado en contacto no dejarán escapar a su presa.

Mas no seguiré más adelante, no me adentraré en el oscuro mundo de estos seres sin antes advertiros que debéis reconocerlos antes de su gran ataque, pues en caso contrario ya no habrá escapatoria. Hay 4 claves que debéis recordar si deseáis conservar la vida: exantema malar, exantema discoide (rojez por la sangre), fotosensibilidad (la oscuridad huye de la luz), úlceras orales (por su entrada putrefacta)

Ahora sí, continuemos. Hay muchos tipos de lobos. El lupus ertematosos cutáneo agudo, es un amante fugaz, que pasa por tu vida para abandonarte, sin dejar cicatriz. Como la pequeña mariposa que se posa sobre una flor para robar su néctar y, después, se marcha. Así, producirá el eritema malar en alas de mariposa o en vespertilo, siempre con preservación del surco nasogeniano y filtrum como los pequeños besos de un amante incierto que rozan, tan solo, las mejillas. Quizás, si tu amante es demasiado intrépido, las lesiones puedan generalizarse a manos y articulaciones, pero siempre respetan las articulaciones. A los lobos les gusta la piel expuesta, devoran con fruición la piel que muestras.

El lupus eritematoso cutáneo subagudo es tan rápido como el anterior, de pasada por tu vida y sin dejar cicatriz. Quizás, solo pequeñas marcas que hace con sus labios, rojizas, redondeadas con centro claro pero borde más edematoso, anulares o psoriasiformes. (Clave: el subagudo hace chupetones)

Aunque el más letal es el lupus eritematoso cutáneo crónico. Los hay de muchos tipos, con muchos nombres. El DISCOIDE tiene una extraña afición por la rojez de los cuerpos una vez golpeados, su maldad no alcanza límites, su sed de sangre es insaciable y lo único que conoce es el dolor. Su mayor placer es producir eritema+hiperqueratosis+atrofia. Las huellas en los cuerpos de sus desprevenidas víctimas son placas eritematosas bien delimitadas, redondeadas, con áreas atróficas, tapones córneos y telangiectasias. Estas curarán, claro, el tiempo lo cura todo, pero dejarán una profunda cicatriz en los lugares rozados por su lengua viperina. Normalmente, se localizan en cara, cuero cabelludo, brazos, la cara anterior del tórax, dorso de las manos, palmas, plantas… cualquier lugar que pueda atacar es aceptable por esta bestia insaciable. Incluso, en el punto álgido de su excitación, disfruta arrancando el cabello a sus víctimas produciendo una alopecia cicatricial.

PANICULITIS lúpica, es el más profundo, llega hasta el interior de nuestras almas o, si solo le ofreces tu cuerpo, hasta el tejido celular subcutáneo. Tiene dos características que lo hacen inconfundible y es que, una vez que decide marcharse, deja a su víctima profundas depresiones por la atrofia del tejido y que tiene una preferencia especial, rozando lo fetichista, por la porción proximal de las extremidades superiores, cara, muslos, nalgas, mamas. A veces, la piel suprayacente es normal o tiene lesiones.

El NEONATAL es un grado de perversión y depravación que no alcanzo a explicar. No tiene compasión ni de los más pequeños. Son las madres las que, sin quererlo, exponen a sus pequeños a estas bestias sedientas de sangre al tener los anticuerpos anti-Ro (pensar en rodens-roedores-que es lo que comen los lobos) y que se transmiten por el embarazo. Así son una presa fácil. Las lesiones cutáneas son transitorias, aunque se den en la cara y cuero cabelludo. El problema es cuando llega al interior de los pequeños y la bestia decide despertar allí provocando trastornos de la conducción cardíaca, afectación hepática y trombocitopenia.

Si buscáis una clave más para lograr identificar al monstruo interior que campa a sus anchas en nosotros, podemos pensar en la histología. Cuando una persona se transforma la piel se endurece (hiperqueratosis folicular y vacuolización de la capa basal), se engruesa (engreosamiento de la membrana basal), se compacta (infiltrado inflamatorio y depósitos de mucina)

Si se mira con atención e IF se verá en la piel afecta depósitos granulares de IgG, IgM y C3 en la membrana basal. En la piel sana expuesta, el fenómeno de lupus band test en el que se muestra depósitos granulares en banda.

Aunque es fácil, a veces, ocultar nuestro verdadero interior, alarmantemente fácil. Ocultamos quiénes somos bajo montañas de formalismos y normas sin sentido, incluso los lobos pueden camuflarse así. Pero habrá algo que no podrán evitar:
·         Anti-DNA de doble cadena: los lobos odian estar encadenados y la plata.
·         Anticuerpos anti ENA:
-          Anti-Sm: S cuando es sistémico y salvajemente imparable.
-          Anti-Ro y anti-La: por los roedores y la lana de las ovejas.
-          Anti-RNP: Reza porque No te Pille.


Así que, ya sabéis, protegeos del lobo que habita en vuestro interior, aunque me temo que a veces ni siquiera los corticoides son suficientes para ocultar la maldad que albergamos. 

domingo, 5 de octubre de 2014

Historia de una nefrona II

Síndrome Nefrítico: GN aguda post-estreptococcica
Medicina para mentes inquietas

Sangre. La aparición brusca de pequeños cilíndricos hemáticos que atraviesan mis túbulos. Los llaman hematuria y es el signo que marca mi perdicón. 

La proteinuria puede sobrellevarla, siempre que no sobrepase los 3-3,5 g/día, de ser así, todo cambiaría y una nueva entidad haría mella en mí. 

Por ahora, el deterioro de la función renal, los edemas por aumento de volemia, la oliguria y la HTA son mis mayores problemas. 

Soy una nefrona y sufreo un Sdr Nefrítico. Peor no siempre fue así. No hace nmucho yo era una más, integrada en un sano riñón. Hasta que sucumbí a la perdición, mis defensas no fueron suficientes. A partir de entonces, una reacción inflamatira se desencadenó en mi glomérulo, la filtración cayó en picado, mi mesangia se lesionó y comenzó el principio fin la hematuria. 

Comencé a cer en una espiral quedé atrapada en un círculo de depravación. Con la caída del filtrado glomerular, el volumen bajaba, con ello, lo hizo la eliminación de sodio provocando HTA. 

Me avergüenzo tanto de ello. Por mi debilidad, puse en peligro a todo el organismo, pero era imposible resistirse a su magnetismo. Y lo peor es que ya me habían advertido. Fueron muchas las nefronas inocentes que fueron corrompidas antes que yo. Para unas, el causante fue un neumococo, uno de aquellso gamberros de pelo punky y cadenas; otras, fueron seducidas por la sinuosidad de una klebsiella. En mi caso, mi pecado tiene un nombre, estreptococo beta hemolítico grupo A.

Todo sucedió tras una infección nasofaríngea o cutánea (no lo recuerdo con claridad). Yo era una inocente nefrona, pero al Strep no le importó. Me encotró, llegó a mí rodeado de sus antígenos, pequeños acólitos bastardos. Su enorme y dura proteína M recorrió mis túbulos despertando y confundiendo a los complejos inmunes circulantes. Me penetró, una y otra vez, sin descanso, desgarrando el epitelio de mi interior y mancillando la integridad de mi función renal. 

El Strept. desapareció poco después, pero quedó una nube de antígenos sin procesar deseosos de emular la acción de su creador. Esos pequeños cabrones se aliaron con los anticuerpos que debían protegerme formando Inmunocomplejos (IC) Strep me había deshonrado, ya no era una nefrona, no era nada. El primer rastro de hematuria fue la prueba de mi pérdida de virtud. Así que ¿qué importaba, eso decían los demás, los que quedaron, si me follaban de vez en cuando, solo para divertirse? Me convertí a la fuerza en la putita de los IC. 

Eran capaces de activar el complemento para lesionar mi mebrana basal, como si no me hubieran hecho ya bastante daño. 

He perdido la cienta de los IC que pasaron por mí. Los hubo pequeños y, estos, apenas los sentí, llegaron a atravesarme por completo y se hicieron subepiteliales. Los medianos, me causaron algo más de dolor aunque se quedaron subendoteliales. Con los grandes, me resigné al sufrimiento, pero no pasaban del mesangio (ancha pero corta)

Al final, era de esperar que el organismo quisiera deshacerse de la nefrona mancillada. Lo que no esperaba era que fuera a ser tan rápido. La proliferación endocapilar y la formación de depósitos antigénicos y lesivos activaron a la properdina (mi verdugo), los que en un día fueron mis aliados, me haían abandonado. C4 estaba normal, C3 sí que estaba algo deprimido por mí. Pero,a ctuaron como superantígenos. 

El acúmulo de complementos alteró mi membraba basal. EN el intento de solucionarlo solo logré formar jorobas en el espacio subendotelial. ¿Un patrón en cielo estrellado? Ja, abandonada por los cielos y me mandan una lesión en forma de astro ¬.¬' que se jodan esos retorcidos sarcásticos. 

En estos momentos son 3 las partes dañadas:
- Mi mesangio (el corazón): hematuria
- Barrera de permeabilidad (virginidad): proteinuria
- Célula endotelial (cuerpo): IR, oliguria, cilindros...

Algunos dicen qeu puedo curarme por completo si me somento a una limpieza por completo y reparación mesangial. Aunque también sé que el 25% de nosotras nunca termina de curar, cuando la podredumbre del pecado ya no puede limpiarse. EN ese caso, muchas se cronifican en GN mesangiocapilares (se hacen putas, por si hay dedos)

No sé qué será de mí. Espero que el ATB baste para curar mis heridas. Ojalá la profilaxis hubiera llegado antes. 

Pero no os apenéis por mí, al fin y al cabo, tan solo soy una nefrona. 

FIN

Historia de una Nefrona I

SÍNDROME NEFRÍTICO
GN Rápidamente Progresiva: la historia que se olvidaron de contar

Mi diagnóstico: presencia de proliferación extracapilar (o semilunas)
Fácil de decir¿verdad? Pero a mí, me ha costado la vida. 
Desde que las tengo he perdido la función renal por la lesión en el endotelio, he sufrido un síndreme nefrítico agudo glomerular y oligo-anuria. 
Soy una nefrona y esta es mi historia.

Todo comenzó el día de la agresión. De pronto, me vi atrapada, mi glomérulo fue lesionado sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Rompieron mi membrana basal con su brutal intrusión. Oportunidad aprovechada por los mediadores inflamatiros y leucocitos para invadir mi espacio de Bowman. Fue cuestión de tiempo qeu la agresión y la diseminación de los mediadores indujeran la proliferación de las células epiteliales y macrófagos. Las semilunas que se comenzaron a formar en mí eran hijas del mal. Destinadas a comprimir y asfixiar hasta la muerte mi glomérulo. 

Podría haberme rendido o resignarme, pero el abandono no era parte de mi carácter. Necesitaba saber quién había sido el causante de mi desgracia. Había sufrido una agresión, eso decían todos, pero ¿por qué? ¿quién era el culpable? 

Tras una ardua investigación elaboré 4 teorías con tres sospechosos: 

- El tipo 1: (GNRP 1) tenía un 20% de posibildiades de ser el culpable. Era un adulto joven que se había expuesto a demasiados tóxicos pulmonares y a infecciones víricas. Esto había hecho mella en su cordura, haciendo que el colágeno IV de su membrana basal alveolar perdiera la razón y se produjeran anticuerpos anti-MBG para controlarla. Se decía que podía atacar con sus anticuerpos al riñón, a la membrana alveolar produciendo hemorragias pulmanares y, cuando sus depravadas acciones se unían, se tornaba en el Sdr Good-Pasture. 

- El tipo 2: (GNRP 2) con sus 20% de posibilidades, era muy parecido al anterior. Capaz de producir una insuficiencia renal que se instaruaba rápidamente. Era un sujeto de infecciones y enfermedades sistémicas que tenía un Citroen 3 bajo (C3 BAJO) en el que circulaba con sus compinches IC y crioglobulinas. 

- El tipo 3 era el peor de todos. De 50-70% posibilidades. Un viejo de más de 50 años, asqueroso, repugnante, que siempre parecía tener alguna especie de cuadro pseudogripal y su rostro aparecía cubierto de petequias. Al ser un viejo sé de él que: 
      Le gusta comer ANCAS de rana
      Tiene un C3 de altura normal
      Le gustaba tejer (provoca vasculitis del ovillo glomerular)

El curso de sus acciones fue el siguiente: primero la agresión (al endotelio), después la penetración (de PMN), la hemorragia local por la rudeza, apoptosis de leucocitos (sentí que algo moría dentro de mí), él se libera en mi interior soltando PrP3 y MPO, trombosis y proliferación (embarazo)

- lA TEORÍA 4 es que el tipo 1 y el 3 trabajaran juntos. 

¿Me sirve de algo conocer quién fue mi agresor? Realmente poco se podrá hacer ya, el daño es irreparable. Pero sé que el riesgo de contraer algo siempre es mayor con los tipos 1 y 2, que son jóvenes. De todas formas, estaré bien, las nefronas somos más fuertes de lo que parecemos. Además, siempre nos quedarán los corticoides. 

¡Tengo un amante O.O!

Queridos lectores, 

Sadee me ha llamado la atención por teneros algo abandonados últimamente, tiene razón y lo siento muchísimo. Quizás alguno pensará que he estado estudiando como una loca súper concentrada, atendiendo a tope en las clases y por eso no he tenido tiempo de escribiros una entrada. Pero no, ni de coña, ha sido todo lo contrario. Tengo tan pocas ganas de estudiar que me pongo a escribir mi nuevo libro, se me pasa en tiempo volando y no me da tiempo a escribiros.

Y es que lo de que el tiempo vuela, tempus fugit, cuando haces algo que te gusta es dolorosamente cierto. Justo, el otro día, llegué de clase a eso de las 18 horas. Me puse a escribir y lo siguiente que recuerdo es a Anastasio llamando a mi puerta a las 22.35 porque ya era muy tarde y quería cenar. Y yo estaba en plan O.O ¿qué narices ha pasado con las horas? Me las han robado. Me parecía imposible que el mismo tiempo que se me hace una eternidad en clase y otra mayor cuando estoy estudiando, se me hubiera escapado de entre los dedos sin apenas notarlo cuando estaba escribiendo. Me parece muy injusto, porque precisamente, cuando quiero una eternidad es cuando estoy escribiendo.

También es cierto que no os he escrito mucho porque os iba a contar lo mismo de siempre y me habia propuesto que este año fuer aun poco diferente. Pero bueno, no puedo negarme al destino. Lo cierto es que cada día me acuesto pensando que lo único que quiero hacer por el resto de mi vida es escribir. Me quedo escribiendo, de hecho, hasta altas horas de la madrugada, unas horas que no tengo y que cualquier mente racional las pasaría durmiendo. Pero yo no soy racional. Yo soy todo sentimientos, insitnto, emociones, pasiones... yo soy escribir y lo que me produce, lo que me da y me hace vivir. No soy otra cosa. No soy medicina, lo siento, pero no soy diagnósticos, listas y protocolos; ni un mundo de reglas que no comprendo. Soy una persona rara, sin llegar a merecerme el eufemismo de especial.

He llegado a pensar qu escribir es, al mismo tiempo, mi bendición y mi castigo. Es mi bendición porque es lo que me hace feliz, lo que me hace libre. Sé que esto aún me va a hacer parecer MÁS rara si es que es posible, pero yo estoy enamorada de escribir. Y es así, no sé si es triste, patético o bonito. Pero cuando estoy escribiendo una escena de amor y pienso en qué se siente al estar enamorada, describo lo que siento cuando escribo; cuando leo esos relatos de amor amoroso 100% lleno de unicornios y arco iris donde los protagonistas quieren una eternidad para amarse yo pienso que la eternidad sería un completo hastío por mucho que quieras a alguien, hasta que me imagino una eternidad escribiendo, en mis mundos ficticios y en mis propias nubes, y entonces me parece bien. Así que he llegado a la conclusión de que la escritura es mi gran amor. ¿Maldición? Pues primero porque tener la mente de escritora hace que enfoques el mundo con otra perspectiva, yo creo, me dedico más a observar y a escribir, que a vivir; segundo, porque no sé si la escritura es un amante celoso o no o si estará dispuesta a compartirme.

En fin, no me tengáis muy encuenta el último comentario, me duele la cabeza y me pongo sentimental. Oh, pero el sábado mismamente, escribí una escena que me salió de las entrañas, del mismo corazón, una que escribía para un personaje, que ponía en otro cuerpo, en otra voz, pero que eran, realmente, mis palabras dirigidas a mis amigas, una pequeña declaración escondida entre mis creaciones, y era tan auténtico, lo sentía tan dentro de mí, lo escribí viviéndolo como algo tan real, que yo sola, en mitad de la noche y en la soledad de mi cuarto, comencé a llorar, pero unas lágrimas densas cuales gotas de lluvia, que recorrían mis mejillas y caían con un sonoro GLOP sobre mis manos mientras escribí. Y la sensación de que te duelan las yemas de los dedos, ¡de que se te duerman las yemas de los dedos! porque llevas horas aporreando el teclado y tus dedos no pueden más, pero tú no lo notas, apenas lo aprecias, y, si lo haces, no le das importancia, porque estás en un mundo en el que el dolor de tu cuerpo no importa. No vives en él, no estás en tu cuerpo.

Creo que podría pasarme la vida escribiendo. Comenzar por la mañana y no detenerme hasta desfallecer de hambre, si las musas me acompañan. Pero la realidad me reclama cada día (de 8 a 18 para ser exactos). Aunque puede que escriba en alguna que otra clase. Oh, fue muy gracioso. Esperad, que os cuento. El viernes, a última hora, ya me había pasado 2 de 3 horas pensando en nuevas escenas subiditas de tono para mi libro erótico (el que estoy escribiendo) y la hora que falta me la pasé escribiendo. Pues cuando llegó la última hora, apareció un profesor que era joven y guapo (especie que se daba por extinta en la universidad) y me empezó a dar la risa tonta porque pensé "llevo todo el día pensando en escenas eróticas y podía alegar que era por el bien de mi arte, porque la clase no acompañaba al erotismo; pero si lo hago en esta clase todo el mundo pensará que es por puro vicio y nadie se creerá lo del arte" Sin embargo, os juro por Snoopi que yo lo hago todo por el arte porque, como he dicho, el escribir es mi gran amor y un profe menos feo que los demás no podrá desbancarlo.

Ahora he encontrado una pequeña manera de engañar a la mente para que se digne a estudiar creyendo que escribe. Me invento cuentos sobre lo que me tengo que estudiar. Hacer un micro relato erótico sobre el Sdr Nefrítico no es... ¿a quién pretendo engañar? Me resultó alarmantemente fácil.  Y me hizo mucha gracia, así que la voy a escribir aquí para que me deis vuestra opinión. Quizás, hasta le sirva a alguien para repasar.

Se me ocurre que escribir relatos médicos es como una manera de que a mi marido impuesto viejuno y que no me atrae en absoluto (medicina) meta en casa a mi amante jardinero buenorro (escritura) Vale, ahora es cuando me doy cuenta de que leo demasiado relato erótico. Me pasaré al histórico en breves.

Voy a proceder a escribiros los relatos-esquemas :)