No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 9 de octubre de 2014

Buque insignia

Queridos lectores, 

El lunes pasado fue mi primer día en el nuevo hospital al que estaré yendo todo este año. Y, no contentos con hacerme perder una hora de mi vida con un seminario aburridísimo sobre algo del riñón, nos reunieron para darnos una charla todavía más aburrida. 

Pero, empecemos por el principio, somos el grupo ARA que es el de alto rendimiento (aunque es mentira), pero bueno, el título queda como muy bonito. Claro, el "mejor" grupo de medicina en el hospital más nuevo y recién construido de la ciudad, era algo de lo que dejar constancia. El rector, el consejero de Sanidad y otros tantos personajes que ni conozco ni ya recuerdo, vinieron a congraciarnos con sus palabras. 

Presté atención durante sus charlas, mayormente porque no tenía otra cosa que hacer, y hasta fui tomando apuntes en una libreta para deciros, después, lo que me transmitieron con sus discursitos. Bueno, disculparé primero al jefe de docencia, un doctor que sí me pareció humanamente agradable y más o menos preocupado por las personas en general, que nos aconsejó que fuéramos cabezotas. No creo que deba acatar ese consejo, más que nada porque yo ya soy demasiado testaruda y, a veces, he pensado si ese no será mi problema, si mi testarudez es lo que no me deja aceptar la idea de que si así no soy feliz, debería cambiar mi vida, pero a veces, una pequeña parte de mí, es demasiado orgullosa como para admitir tan abiertamente que se ha equivocado en todas las decisiones que ha tomado en su vida. 

Pero no hablemos de mí, si no de los singulares personajillos que vinieron a vernos. Para los otros dos conferenciantes, el rector y el consejero, tengo básicamente dos palabras: falsedad e hipocresía. Aquello era todo lo que me transmitían sus palabras vacías, sus inmerecidos títulos o sus innecesarios protocolos. Aquello era lo que pensaba cuando se referían al nuevo hospital como "buque insignia", "magnífico", "excelente" y, entonces, recordaba que estábamos en el culo del mundo (con perdón), a las afueras de todo lo conocido y por conocer, y todos los errores en la construción de aquel hospital. 

Porque sí, la fachada era sobria y recatada, la forma curiosamente parecida a la inicial del nombre que se le ha dado, incluso, se le podría llegar a considerar bonita, curiosamente organizada, demasiado grande en mi opinión y hecha para que la gente se pierda por el camino. Pero la estructura no sostiene el peso de las máquinas. ¿No sabéis de lo que hablo? Pues de que el genial constructor que diseñó el hospital pensó en la organización, en la fachada, en los colores, pero no pensó en que era un hospital y el suelo no está preparado para soportar el peso de algunas de las máquinas de medicina nuclear que tuvieron que quedarse en su antiguo emplazamiento. Tampoco se le dejó espacio a algunas cosas de anatomía patológica. Una vez más, con sus palabras tan solo demostraron que lo más importante son las apariencias, la fachada. Llegar para hacerse una foto rodeados de estudiantes en un escenario bonito y dejar los problemas del interior para quien esté dispuesto a solucionarlos. 

Me hizo gracia, además, que lo llamaran "buque insignia" porque tienen más razón de la que querían tener. Me recordó demasiado al Titanic, un barco de gigantescas dimensiones que sirvió para enorgullecer, para posar y aparentar durante unas horas a unas cuantas personas importantes, pero que, a la hora de la verdad, ni siquiera fue capaz de lograr su único objetivo, aquel que compartía incluso con los barquitos más pequeños y humildes, que era mantenerse a flote. 

Por cierto, el consejero era un pésimo orador. Puro paripé, chicos. Nos piden que seamos críticos, ¿no?, incluso cínicos. Pues esa es mi crítica. No creí en ninguna de sus palabras y no sé si el hospital nuevo será o no una maravilla, de lo único de lo que estoy segura es de que voy a estar un año atrapada en este enorme laberinto. 

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