No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 9 de octubre de 2014

Mi primera cerveza

Queridos lectores, 

Ayer os escribí (fue ayer, ¿verdad? uy que mal va mi cabeza) pero no os conté lo más importante. El martes llevé a registrar mi última novela. Me sentí muy madura y capaz al lograr hacerlo yo sola, pagar las tasas, rellenar papeles, entregarlos, hacer una fotocopia... buah, soy muy mayor (lo sé, no es para tanto). Lo importante es que mi nuevo libro está en proceso de registrarse y a mí me apetecía celebrarlo. 

Sobre todo, tras la "amistosa" bronca de Adele del lunes sobre que no salía suficiente. Y yo le decía "chica, yo salgo todos los días. Vengo a la universidad, ¿ves? para eso tengo que salir de mi casa. Pues ya está, salgo" Pero, parece ser que mi argumento no terminó de convencerla y no me libré de la charla sobre cómo y por qué debería salir de mi casa para conocer gente nueva y ligar. Bien, pues, no sé si fue por el ánimo de sus palabras o por demostrar (más bien esta) que soy capaz de salir y pasármelo bien, el martes nos hicimos a la idea de salir a celebrar el registro de mi libro. Al final, Adele se retiró porque se encontraba mal. Fue Eire la que salvó mi noche. 

Y digo salvar con todo conocimiento de causa. Pues me encontraba yo tumbada en la cama tras una tarde en la que cualquier intento de estudio había sido infructuoso y mi inspiración había decidido dejarme abandonar. Sin nada con lo que ocupar mi mente, antiguos pensamientos (y digo antiguos porque los tengo desde hace tiempo aunque están siempre presentes) hicieron su gran entrada a mi mente, torturándome de nuevo con todas esas cosas que en realidad no quieres oír, que sabes que son ciertas pero que no quieres recordar. Algunas lágrimas, no demasiadas porque no me gusta que la gente me vea llorar y suelo aguantarlas hasta que me voy a dormir o a la ducha y el agua que cae en cascada sobre mi rostro arrastra consigo las gotas más saladas que salen por mis ojos; habían decidido molestarme. 

Hastiada un poco de todo en esta vida, me levanté de la cama con el firme propósito de buscar alguna cosa que leer o con lo que entretenerme y fue cuando vi el mensaje de Eire diciéndome que ella sí estaba dispuesta a salir, que su compañera de piso y otros amigos iban a tomar algo. Le contesté con rapidez antes de que mi determinación se quebrara del todo, porque la alternativa era pasarme la noche llorando. Cené rauda y veloz para tener tiempo de hacerle un pase de modelos a Anastasio, porque no sabía cómo iba la gente de arreglada a "hacerse algo". Al final, bajé dando saltos por las escaleras los siete pisos que me separaban de la calle, con mis inseparables zapatillas azules, unos pantalones negros, la camisa más oscura que tenía y los labios de rojo (que eso no se lleva, pero a mí me encanta). 

Y así fue como comenzó la noche en la que me bebí mi primera cerveza, que se convirtió en mis tres primeras cervezas, que dieron paso a mi primera borrachera incipiente (soy una floja, pero es que no suelo beber). Aunque he decir que mantuve la compostura y aunque el mundo giraba a mi alrededor yo no me caí al suelo, tampoco me atreveré a decir que me mantuve muy recta, pero para eso es un alivio que el alcohol me vuelva un poco más cariñosa, así podía abrazarme a Eire para disimular mi falta de equilibrio. 

Me lo pasé muy bien y creo que de ahí que llegara a ponerme "contenta". Porque lo que es la sensación de embriaguez que te dan las bebidas espirituosas ya lo había sentido antes, la diferencia es que si, cuando esto me pasa, no estoy a gusto, pues me cierro al ligero vaivén de mi mente, claro, la concentración que me exige esto, me hace estar de mal humor, más taciturna, callada, y es una borrachera borde. Pero como me estaba divirtiendo, pues me solté. Me porté bien, en realidad, solo dije unas cuantas cosas indebidas, otro par indiscretas, algunas tontas y aún logré callarme otras. Laura 1-Cerveza 10... Casi O.o

En fin, no quiero manchar mi imagen de sosa seria y aburrida, pero es lo que hay. Hasta las mojigatas tenemos derecho a divertirnos. 

Hablando de diversión, ¿ya os he dicho que estoy escribiendo una nueva historia, no? Pues me va a matar, porque la protagonista tiene muchas cosas en común conmigo y ahora que estoy escribiendo su crisis de identidad, sus dudas y sus miedos, uso los míos en gran medida para darle realidad y porque así me desahogo yo también. ¿Resultado? El personaje estará muy logrado, pero estoy dejando aflorar demasiadas de mis dudas, lo que no me incita para nada al estudio. Me paso el día leyendo para olvidar (que siempre será mejor que bebiendo para olvidar). Tengo mucho que escribiros, pero entre los horarios interminables, las tardes con mi nuevo libro, las cantidades ingentes de lecturas atrasadas que tengo y mis pésimos intentos de estudiar, no me quedaba tiempo. Por eso puede que os encontréis de vez en cuando, varias entradas seguidas porque voy escribiendo lo que os quiero decir y cuando tengo tiempo lo escribo todo. 

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