No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Culpa a las bacterias...

Queridos lectores, 

Tengo el firme convencimiento de que mi madre quiere acabar conmigo, matarme, destrozarme, ser mi total y completa ruina... y lo es. ¿Recordáis mi enfermedad? Pues digamos que era una cuadro pseudogripal que, probablemente, se complicó con infección bacteriana pero el médico que me visitó se perdió hablando con mi madre sobre que yo estudiara medicina, que fue lo primero que dijo ella al entrar en la consulta, y el tío se olvidó de explorarme, así que me fui sin antibiótico. Mi tía, que es médica, vino a verme pero no con el propósito de ver cómo estaba, sino para que le ayudara en la parte oral de un examen para un título de idiomas que tenía el día siguiente. Yo apenas podía hablar en castellano así que no digamos en valenciano. Total, que con sus nervios, no me hizo ni caso y tampoco me dijo nada de antibiótico y como yo soy asi de bien mandada, si no me prescriben nada no me lo tomo porque, realmente, no me gusta meterle a mi pobre hígado más cosas de las absolutamente necesarias, sobreviví a la sobreinfección bacteriana con mis propias defensas. Efectivo, pero lento. Por lo que sigo algo enferma, moqueando y tosiendo, pero sin rastros de infección ya. 

Aún así, mi madre me llevó al médico otra vez e hizo a venir a mi tía dos veces a mi casa, hasta que logró que, por cansancio, me mandaran un antibiótico que no creo necesitar. Se lo dije y se lo repetí, pero se empeñó y con mi madre es imposible razonar, asi que le pedí disculpas a mi hígado y empecé con el antibiótico. ¿Qué he logrado? Pues el resfriado aún lo tengo pero me ha matado la flora intestinal, cuyos resultados son de largo más desagradables que el moqueo. Solo me lo he tomado dos veces y es suficiente, no voy a seguir tomándome un medicamento innecesario para contentar a mi madre. 

Aunque cuando he visto que realmente mi madre quiere enloquecerme ha sido cuando, hace un minuto, he ido a coger un cable del móvil y no estaba en su sitio. Deducción lógica: mi madre ha hecho limpieza. Ha cogido una cosa que no molestaba y la ha guardado en un sitio completamente nuevo y desconocido, porque eso es lo peor, cuando ella guarda algo luego nunca se acuerda de dónde estaba. He tenido que rastrear todos los cajones de mi cuarto para dar con el puñetero cable. 

Lo peor es que últimamente lloro por todo (culpo a las hormonas) y me he echado a llorar como una idiota porque no encontraba mi cable. Ya no sé ni por qué lloro, hoy he tenido varios momentos. Uno ha sido porque no me traían a Brave, lo habían dejado donde los caballos y cuando he ido a verlo y no me dejaban traerlo a casa para estar con él todo el día he tenido que aguantar el llanto. Y así cada día por las cosas más idiotas que os podáis imaginar. Por si alguien tiene dudas, no estoy embarazada, lo siento, pero segurísimo que eso no es. Lloro porque estoy triste casi siempre aunque ya ni sepa por que. Simplemente porque estoy triste y así es mi vida y lo veo todo negro últimamente. 

Se acercan los exámenes y ahora recuerdo que tendría que haberme dedicado a estudiar y no a escribir o a leer novelas, como he estado haciendo, pero sigo dedicando más tiempo a leer que a estudiar por puro egoísmo y es que leyendo un buen libro o una buena historia es el único momento en el que encuentro algo de paz o de alegría. Ya casi no me permito pensar ¿para qué? Estoy leyendo, me sumerjo en la historia y dejo que las redes que el autor ha creado me atrapen alejándome de mi propia existencia, y, cuando no puedo leer, me pongo música, me dejo llevar por los rítmicos compases y, de nuevo, no pienso. Es un gran remedio para alejar la tristeza, pero es transitorio, es un mero parche. 

Hablando de tristeza, ¿os habéis preguntado alguna vez qué es la alegría? El otro día recordé que cuando tenía unos 15 años, en el colegio, nos mandaron una redacción sobre "qué era la felicidad" y recuerdo que, tras mucho pensarlo, yo escribí que la felicidad no existía, que era un estado entre ciertas dichas momentáneas y la tristeza basal del ser humano. Y lo expresé así "que las personas debíamos conformarnos con esos momentos en el medio que dan una tranquilidad duradera, es lo máximo a lo que podemos aspirar" Y es así de triste, a los 15 años pensaba que no existía la felicidad y era, simplemente, porque en 15 años de vida no la había experimentado. Lo peor es que esa "certeza" por decirlo de algún modo, me acompañó varios años más, en los que crecí sin saber lo que era ser feliz, al parecer, y pensando que lo mejor era aprender a conformarse con una vida normal. 

Pero entonces llegué a la universidad, conocí gente, hice amigas y lo sentí, la felicidad, momentánea, pero completa, la de sentirse integrada, parte de algo, la de reír sin preocupaciones; y lo vi, porque las veía felices, imaginaba lo que se sentía, casi podía sentirlo también. Y mi mundo se ha ido trastornando desde entonces, derrumbándose desde los cimientos, porque todo lo que creía sobre mi y sobre el mundo es falso. Existe la felicidad, hay más trabajos ademas de ser funcionarios y ganar dineros como decía mi padre, hay muchas formas de vivir y de ser. Y yo no quiero seguir conformándome con vivir a medias, con sentir a medias. Claro que es difícil cambiar lo establecido y como me conozco, sé que soy demasiado cobarde como para cambiar todo de raíz y de golpe, así que poco a poco. 

Se acercan los exámenes y eso quiere decir que mi búsqueda de la felicidad tendrá que esperar hasta febrero, cuando acaben. Pero si llevo retrasándolo más de veinte años imagino que soportaré unos meses más. 

¡Ánimo a todas las que tengáis que estudiar!

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