No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Fin de semana de miedo

"Diez. Respira. Nueve. Tranquila. Ocho. Vamos. Siete. Todo irá bien. Seis. Respira. Cinco. ¡Mierda! Cuatro. ¡Reacciona!. Tres. ¡Joder! Dos. ¡Respira! Uno... Tarde"

Queridos lectores, eso son los apuntes que he tomado en el seminario de hematología de hoy. Claramente no son apuntes, porque la clase no iba de RCP (iba de algo sobre leucocitos). El tema es que me había propuesto atender. De hecho, ni siquiera me he llevado mi libreta de escribir en clase ni el portátil. Pero incluso así, el margen del folio de los apuntes, me ha servido para escribir. Algo raro, pero escribir. Aunque creo que es un párrafo con potencial para comenzar un relato.

En fin, vamos a la historia importante, la de mi desastrosa vida. Este fin de semana ha sido el Día de Todos los Santos, más conocido ahora mismo como Halloween gracias a la ingente cantidad de películas americanas que hay en la tele. En fin, pues este fin de semana de Halloween lo he pasado con mis primos pequeños a los que veo un par de veces al año.

Pero empecemos por el principio. El viernes, antes de irme a ver a mis primos (como pasábamos el finde fuera) me despedí de mi perrito Brave. Sabéis (y si no, lo repito) que esto de criar a Brave desde pequeñito me ha hecho desarrollar una extraña relación en la que casi me comporto como una madre protectora. Lo sé, soy rara, pero mi instinto materno siempre ha estado demasiado desarrollado para mi propio bien. El caso es que estaba con mi pequeño Brave viéndolo correr y jugando con él y comprendí (es raro, lo sé, pero terminar de leer todo antes de juzgarme como a una loca) lo que puede sentir mi madre. Yo, en ese momento, quería ser el centro de la vida de mi pequeñín, como alguna vez antes, cuando era más cachorro y dependía de mí para todo, lo había sido. Pero lo cierto es que, además de ser un perro, Brave ya es mayor y autosuficiente y, aunque me gustaría que jugara conmigo, tengo que entender que muchas veces preferirá jugar con otros animales.

La metáfora aquí es que no puedes intentar atar a tus hijos y obligarlos a que se queden contigo. Son de otra generación, de otra pasta y, la mayoría de las veces, preferirán a sus amigos. Padres e hijos no son de especies distintas, pero muchas veces lo parecen.

Luego está el tema de que Sombra, el nuevo caballo, se ha convertido en el mejor amigo de juegos de mi Brave. Yo que no quería encariñarme con ese caballo porque sabía que, tarde o temprano, uno tendría que desaparecer y no quería que fueran mis pequeñajos; yo que me había esforzado por no dedicarle demasiadas caricias ni pensar en él porque eso solo lograría condenar a mi Estrella definitivamente; yo... me encontré de pronto pensando que ya no podría apartar a mi Brave de su mejor amigo. ¿Y ahora qué hago? En fin, pues nada, resignarme como toda mi vida porque, sea lo que sea lo que hagan con mis caballos, yo no tendré ni voz ni voto.

Por otra parte, y antes de seguir hablando he de advertir de que me acabo de dar cuenta de que las puñeteras hormonas la han tomado conmigo y estoy asquerosamente sensible y probablemente me pondré muy melodramática (quedáis advertiros); tras esta dosis de amor canino me encontré con mi prima de dos años que es un auténtico cielo y todo amor y cosas rosas (*:*) No entiendo por qué me gustan tanto los niños. No lo sé.

Veía a sus padres con tantos niños, con sus hijos, tan felices, tan... familia que sentía una tremenda envidia. Porque yo podría hacerme con el cariño de la niña por dos días, podía conseguir que quisiera que la cogiera en brazos a todas horas y jugar con ella y vestirla, pero al acabar el fin de semana, se la llevaron.

Y, aquí viene lo peor y lo más teatral de todo, que yo quería, deseaba una familia así, tener a mis niños y ser la "mami" y no solo la loca de los niños, pero no sé si podré. Tengo un problema y es que yo no soy fea, objetivamente hablando, no soy idiota perdida, vamos, tengo algunas cosas buenas, pero soy incapaz de imaginar que alguien pueda quererme. Sé que no es así, quiero decir que yo puedo hacer una lista mental de por qué podría gustarle a alguien y racionalmente entiendo que mi sentimiento no tiene lógica y que es un problema de mi mente. Pero no importa cuánto lo debata conmigo misma o cuánto lo intente, porque haga lo que haga sigo sin sentirme merecedora del amor.

¿Quizás por eso me gustan los niños? Porque son tan inocentes que te entregan su cariño incondicional a los dos minutos de conocerte si sabes cómo tratarlos.

Y eso es todo, me he pasado dos días haciendo de niñera rodeada de niños y derritiéndome cada 5 minutos apróx. con mis primas. Me sentí muy bien al ver que alguien comprendía mi pasión irrefrenable por las pompas de jabón aunque fuera una niña de 2 años. Lo más terrorífico que sufrí fue el abrazo de una persona disfrazada de estrella de peluche rosa gigante.

Sobre lo demás, mis traumas y yo seguiremos conociéndonos un tiempo más. Realmente, me gustaría poder extirparlos de mi cabeza. A veces no importa cuánto lo intente, cuánto salga, a cuánta gente conozca... si no logro verme merecedora del amor nunca lo tendré.

PD: pero no os preocupéis por mí, la locura y yo tenemos una vieja amistad :)

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