No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mañana será otro día


Queridos lectores, 

Os confieso que no me apetece escribir, pero sé que hace tiempo que no os digo nada y no quería que me extrañarais.

A veces, la vida es una completa mierda. Disculpad mi lenguaje, pero es así. Llevo un par de días viendo a gente morirse de manera espantosa y dolorosa, devorados por la enfermedad, demacrados, cadavéricos en vida. He visto a personas más jóvenes que yo o, más o menos, de mi edad sufriendo y luchando cada minuto por un día más en este mundo. Y he sentido pena, dolor, ganas de llorar pero sobre todo me he sentido culpable. No por su enfermedad, porque yo no tengo culpa en eso. No. Me he sentido culpable porque yo tengo una salud, una vida que no sé aprovechar.

Quizás esas personas moribundas merezcan vivir más que yo, quizás sean más valientes, más bondadosos, más inteligentes... pero están ahí, postrados, aguardando sus muertes o sobrellevando como pueden los estigmas que les quedarán de por vida mientras yo me lamento de mi propia mala suerte en mi la comodidad de mi habitación.

La vida no es justa. Eso no es algo que todos queramos saber o conocer, pero es algo que aprendemos conforme vivimos y nos damos cuenta que todo eso del Karma, de un futuro castigo para los malvados y el final feliz de los buenos solo existe en los cuentos de hadas. Pero la vida no es un libro, ni una historia cuyo final podamos modificar a nuestro antojo u olvidar si no nos ha gustado. No. La vida es lo que es, a veces buena, a veces injusta, otras veces es simplemente una gran putada.

He visto a gente morir en la clínica, he consolado a familias, he observado el dolor en sus rostros y sé que no tengo derecho a compadecerme de mí misma por mis pequeños traumas y mis meteduras de pata. Y, aún así, llamadme egoísta, pero mis lágrimas hoy no son para ellos, si no para mi pequeño sueño lastimado, para mi corazón de escritora en ciernes que ha sufrido su primer rechazo.

No busco consuelo ni ánimo entre estas páginas perdidas de algún lugar del amplio mundo de internet. No quiero compasión ni mensajes de aliento que solo van a lograr recordarme que he fallado.

Solo querría seguir adelante, levantarme, seguir escribiendo y volver a intentarlo. Pero soy tan exigente conmigo misma, tan floja, que las lágrimas siguen fluyendo sin que parezca que algún día acabarán y escribir, de repente duele demasiado porque me recuerda que no soy lo suficientemente buena en lo que más amo. Y así, queridos lectores, es como se ha cumplido mi mayor miedo, el de hundirme y perder mi único salvavidas, porque escribir es lo que me ha salvado siempre de la tristeza, pero si mi tristeza viene de escribir ¿cómo salgo?

Lo sé, lo sé. Al menos, la parte racional de mi mente lo sabe. Que todos los escritores han sido rechazados alguna vez, que hay que seguir intentándolo, que no hay que rendirse tan fácilmente, que era una opción demasiado difícil, casi imposible, que debería de haberlo imaginado. ¡Y lo hice! ¡Lo imaginé! Mil veces pensé en el momento en el que me dirían que no y me prohibí soñar, pero lo hice. Tuve esperanzas y ahora tengo que pagar el precio de aquellos momentos de dicha efímera en los que soñé que lo lograba.

Y lo sé, lo sé. Que tengo que animarme, que debo seguir intentándolo. Y lo haré. Mañana. Lo prometo. Pero hoy no puedo, Hoy solo quiero esconderme del mundo y llorar a gusto hasta poder exorcizar esas voces en mi cabeza, las mismas que aprovechan cualquier error mío para culparme de todo, las mismas que se han colado en mi mente sin mi permiso y utilizan mi debilidad para recordarme que la medicina es lo real, que es lo que me queda. Pero, queridos míos, eso no es un consuelo. Lo cierto es que la medicina me abruma, tanto dolor, tanta responsabilidad. A veces creo que no voy a poder. A veces pienso que este no es mi lugar ni mi mundo. Pero, ah, si no es este ¿cuál es? ¿Tengo acaso alguna otra salida? No. Porque la medicina es lo real. Es lo que me queda.

En cuanto a escribir... ahora duele demasiado. Mañana. El sol volverá mañana. Por hoy, solo quiero descansar.

PD: por favor, gente conocida, absteneros de mandarme mensajes de ánimo o de "venga, Laura, tienes que seguir escribiendo..." porque ahora mismo no podría soportarlo. Lo he contado porque ha pasado. El siguiente paso es olvidarlo y volver a intentarlo. 

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