No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Mi odisea patológica

Queridos lectores, 

Si ayer, en las dos últimas horas de clase de la mañana, algún otro miembro académico de mi universidad hubiera sentido el repentino impulso de abandonar la comodidad de los ascensores y explorar la universidad desde el primer hasta el tercer piso por las escaleras de incendios se hubiera encontrado con una chica armada con maleta y mochila tumbada en un banco de madera con muchos pañuelos alrededor y usando la manga de su chaqueta como paño de agua fría (le iba echando agua de una botella)

Sí, esa era yo. Porque, como siempre, y sobre todo siendo viernes y pasando lista en las primeras horas, me obcequé en no faltar a clase. Os cuento mi odisea patológica. Me desperté a eso de las 6 de la mañana presa de los más viles escalofríos. Mi cuerpo ardía, pero parecía que el frío había encontrado algún recoveco a mi interior bypasseando la piel, era, como dicen las abuelas, lo de "tener el frío en los huesos". Con esta mente prodigiosa que tengo, decidí que me daba igual si me subía la fiebre porque lo que yo quería era dejar de sentir el frío. Así que me acurruqué, me arropé con todo lo que encontré a mi alrededor, pero no era suficiente, seguía temblando sin control. Con mis últimas fuerzas, me levanté de la cama lo justo para encender el radiador eléctrico y volver a taparme. 

No fue la mejor idea que he tenido en mi vida, pero actuaba movida por la necesidad. Supongo que la fiebre me subió mucho porque luego me encontraba fatal. Me costaba hasta incorporarme de la cama, no digamos ya ponerme en pie y andar. La distancia desde mi casa a la universidad, que es muy corta, me parecía extenuantemente larga y no me veía con fuerzas de andar hasta allí con mi maleta, porque los viernes me vuelvo al pueblo directamente desde la universidad. 

Aún así, logré levantarme, vestirme y abrí la ventana dejando que el frío entrara por fin. Por una parte, tengo que decir que mi terquedad sobre no faltar a clase me vino bien en ese aspecto, si no me hubiera insistido tanto a mí misma en levantarme y prepararme, no sé si habría sido capaz de salir de la cama con todo eso tapándome y la fiebre no habría bajado.

Sí, sí, salí a la calle y el aire gélido de la mañana me recibió enfriando mi rostro. Aunque la vista se me nubló en más de una ocasión en el trayecto, no me desmayé ni nada. 

Aguanté las dos primeras horas como una campeona. El problema fue que en clase hacía mucho calor y yo me sentía ardiendo. Llené una botella de agua y me la iba poniendo por el cuerpo, incluso me mojaba los dedos y los pasaba por la cara y los brazos. Pero al final mi cuerpo no dio para más y no lograba verme aguantando las dos últimas horas. La idea de volver a casa andando y luego volver a la universidad también me parecía una hazaña titánica, no podía andar. Así qeu cogí mis cosas, me metí en la escalera interior o de incendios y me tumbé en el suelo en un rincón. Cuando recuperé fuerzas, subí los dos pisos que faltaban y me tumbé en el banco de madera y así pasé dos horas enteras. Sin fuerzas para subrayar, leer, escribir ni nada que no fuera estar tumbada. 

De hecho, creo que aunque me hubieran mensajeado mis amigas para decirme que en esas clases a las que estaba faltando a pesar de estar en la misma universidad estaban pasando lista yo no habría sido capaz de moverme para llegar a clase. 

Por suerte, ya estoy en casa. Sigo enferma, pero he dormido como 10 horas y me encuentro algo mejor, más descansada. 

Ahora es cuando pensáis que estoy totalmente loca u os preguntáis ¿por qué narices soy tan testaruda y me empeño en no faltar a mis obligaciones estando tan enferma? Pues creo que es que tengo que demostrar que soy fuerte, qeu soy digna, siempre es así. Vengo de una familia bastante humilde, históricamente pobre, mis abuelos eran jornaleros en el campo sometidos a los caprichos de algún Señor ególatra y ellos iban a trabajar de sol a sol y sin descanso enfermos, embarazadas, a punto de dar a luz... nada los detenía, no podían. Mi padre no es jornalero pero sigue teniendo un trabajo con un jefe déspota que, sobre todo ahora con la nueva ley de trabajo, puede hacer con él lo que le dé la gana y él también estaba enfermo, mi padre, y su trabajo es mucho más cansado que ir a clase y sentarse en una silla fingiendo atención. Él va y trabaja. Lo mínimo que puedo hacer para honrar el sacrificio que hace para mantenernos es estar a la altura y ser fuerte. 

Supongo que es un punto de vista algo extremo, pero tristemente, yo no me crié conociendo los derechos de los trabajadores. Desde que era pequeña, mi padre ha tenido que trabajar enfermo e incluso cuando le dieron la baja médica por un accidente tuvo que comenzar a trabajar antes de tiempo porque se lo exigía el jefe. Ese es el mundo en el que me he criado, uno en el que los derechos son para quien puede pagarlos. Ese el mundo en el que vivimos todos, no creáis, Y yo no me quejo porque, por lo menos, mi padre tiene un trabajo, yo puedo estudiar y comer, pero hay mucha gente en el mundo que no tiene esa suerte y siguen luchando cada día, enfermos o no, por sobrevivir. 

Viendo lo que pasa últimamente en nuestro país, con corrupción en cada noticia, con personajes millonarios que se ríen de la justicia y el mundo entero, pues creo que una gripe no es para tanto. 

Hay que ver lo profunda que me pongo cuando estoy enferma. Será por pasar tanto tiempo tumbada y sin hacer nada. Abrigaos y tomad mucha vitamina C que con una enferma hay suficiente ;)

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