No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Tardes de lluvia

Queridos lectores, 

Es extraño como algunos conceptos, en apariencia, sencillos pueden cambiar de unos lugares a otros, casi como si se tratasen de dos mundos distintos. La lluvia, ¿qué hay más simple que la lluvia? Hasta esas ligeras gotas del cielo pueden ser distintas dependiendo de dónde te encuentres. Lo sé porque cuando mis amigas hablaban sobre lo mucho que les gustaba salir a la calle los días de lluvia yo no lo entendía y flipaba en colores O.o. Claro, porque en mi pueblo perdido en las montañas un día de lluvia significa un día de frío. Un frío que te cala hasta los huesos porque, aunque parezca que tu piel permanece, más o menos, tibia, tu cuerpo entero tiembla. No es una experiencia muy apetecible. Y salir a la calle con ese frío y lluvia solo asegura una cosa y es una pulmonía. 

Sin embargo, en la capital valenciana es diferente. Porque aquí puede ser de noche y comenzar a llover, pero la temperatura no baja de los 20º C y la lluvia no te congela, sino que está cálida, cae sobre tu rostro como una humedad purificadora que relaja tu mente y tu cuerpo. Puedes dejar que las gotas caigan impactando contra tu piel, sintiendo su calidez, dejándote llevar por la maravillosa sensación de formar parte de una película de los años cincuenta en blanco y negro, en la que en cualquier momento Gene Kelly puede pasar a tu lado y ponerse a bailar. Así da gusto que llueva y es muy difícil resistirse a dar vueltas en las farolas. 

Conceptos completamente distintos, como veis. 


Hoy ha llovido ligeramente, como podréis deducir, y mientras que venía caminando bajo la lluvia he estado pensando en tantas cosas que ya apenas recuerdo si alguno de mis pensamientos ha tenido en más mínimo sentido, pero sí que ha permanecido la sensación de que tenía que escribir, algo, lo que fuera. Mis musas me han abandonado, quizás aterradas por la cercanía de los exámenes. Las entiendo, yo también huiría si pudiera. 

Me preguntaba si eso sería suficiente, si estos pequeños placeres que te ofrece el mundo como sentir la lluvia sobre tu piel son suficientes para afrontar los problemas del día al día. Ese es el problema de la vida, que puede ser tan maravillosa como dolorosa. Sé que hubo un tiempo, porque recuerdo haberlo pensado, en el que estaba completamente convencida de que merecía la pena vivir simplemente por poder disfrutar de cosas tan sencillas como ver una flor que acababa de abrirse, o ver una puesta de sol o una bandada de pájaros volando. Eso fue en primero de carrera, cuando aún era joven e inocente y, la verdad, salir del instituto y alejarme un poco de mi enclaustrado en torno familiar me dio la sensación de que la vida era bella (como se suele decir).

Desde que aquellos inocentes pensamientos cruzaran mi mente han pasado unos cuatro años y sigo pensando que sentir la lluvia sobre mi piel es maravilloso y que compensa ciertas cosas, también me he dado cuenta de que se necesita algo más para vivir feliz que lluvia y puestas de sol. 

Ahora mismo tengo delante de mí unos apuntes de radiología y definitivamente también necesito algo más que eso para ser feliz y gustosamente lo cambiaría por una tarde de lluvia. Pero, por más que me pese, eso no es posible. 

Oh, pero dile a tu mente que debe estudiar cuando está empeñada en soñar. No es nada fácil que acepte el cambio. ¿Sabéis que todos tenemos un mundo interior? ¿Un lugar especial en el que se refugia nuestra mente para relajarse? Yo pensaba que era solo cosa mía porque estoy un poco loca, a veces, pero hoy he descubierto que más gente lo tiene. Para algunos, la tranquilidad viene imaginándose que está en una playa y puede escuchar el murmullo de las olas mecidas por el viento; para otros la paz viene de la mano de lugares impresos en viejos recuerdos de la infancia en los que fueron felices, con el olor a pino inundando la atmósfera; para algunos no es tanto el dónde sino el con quién estar en ese rincón de paz que es tuyo y solo tuyo y está en lo más profundo de tu mente. Un lugar al que te transportas con tan solo cerrar los ojos y tienes todo lo que necesitas. Yo lo tengo, claro, y en mi caso, hay un cielo cubierto de estrellas, una máquina de escribir antigua (sé que los ordenadores son más fáciles de usar para escribir, pero queda tan bonitas las máquinas antiguas) y tres niños inquietos que siempre me hacen sonreír. 

Es extraño lo poco que necesitamos, a veces, para sentirnos felices y las miles de vueltas innecesarias que le damos a la vida para lograrlo. 

En fin, os dejo con vuestros días lluviosos, yo voy a hacer un esfuerzo por prestarle algo de atención a los apuntes.

2 comentarios:

  1. La imagen y el fondo están muy muy bonitos :)

    ResponderEliminar
  2. Gracias! Me ha inspirado el tuyo, que es mucho más alegre.

    ResponderEliminar